dissabte, 31 de desembre de 2011

2012





No siempre encontramos las palabras adecuadas. En ocasiones éstas se desvanecen antes de llegar. Se produce entonces una sensación incómoda de incomunicación. Lamentamos no haber sido capaces de verbalizar lo que pensamos o sentimos. Todos necesitamos de alguien que nos hable, que nos abrace, que nos descubra. Convivir y compartir sin apenas decirnos nada acaba por impedir los sueños y los deseos que nos completan en compañía del otro.



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