dissabte, 23 d’abril de 2011

La leyenda de Sant Jordi

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Según la tradición popular, San Jorge era un militar romano nacido en el siglo III en la Capadocia (Turquía). El santo, que servía bajo las órdenes del emperador Diocleciano, se negó a ejecutar un edicto del emperador que le obligaba a perseguir a los cristianos y por esta razón fue martirizado y decapitado por sus coetáneos. Muy pronto se empezó a venerar como santo en la zona oriental del Imperio Romano y enseguida aparecieron historias fantásticas ligadas a su figura.
La gesta de san Jorge y el dragón se hizo popular en toda Europa hacia el siglo IX bajo el nombre de "Leyenda áurea" y fue recogida por el arzobispo de Génova, Iacopo da Varazze, más conocido como Iacobus de Voragine, en 1264, en el libro 'Legenda sanctorum'. En esta versión, sin embargo, la acción transcurría en Libia.
La versión de la leyenda más popular en Cataluña explica que en Montblanc (Conca de Barberà) vivía un dragón terrible que causaba estragos entre la población y el ganado. Para apaciguarlo, se sacrificaba al monstruo una persona escogida por sorteo. Un día la suerte señaló a la hija del rey, que habría muerto de no ser por la aparición de un bello caballero con armadura que se enfrentó al dragón y lo mató. La tradición añade que de la sangre derramada nació un rosal de flores rojas.
Esta misma leyenda, con ligeras variaciones, se repite en las tradiciones populares de Inglaterra, Portugal y Grecia, entre otros países.


Resulta peculiar ver a todo el mundo paseando tranquilamente por la calle con una rosa y mirando grandes librerías al aire libre.
¿Qué pasa el 23 de Abril en Catalunya, en Valencia y en Mallorca?
Pues que es la Diada de Sant Jordi, el patrón de los Países Catalanes.
La tradición de la rosa y el libro es muy antigua y está muy arraigada en toda la sociedad y en todas las edades
Las mujeres reciben una rosa de su amado y ellos son recompensados con un libro.
Es usual regalar la rosa a todas aquellas personas que quieres.



La tradición del libro es sencilla de explicar; en este día se conmemora la muerte de dos grandes plumas de la Historia de la Literatura: Miguel de Cervantes y William Shakespeare.

Esta fecha está declarada por la Unesco como el día del libro. La historia de la rosa, es más compleja, pero está rodeada por una aureola de romanticismo que la hacen especial.
Todo nace a partir de una leyenda medieval:
  

Había una vez un monstruo que vivía en un lago al lado de una pequeña ciudad. Su presencia tenía atemorizada a toda la población y su aliento llegaba hasta el interior del recinto amurallado. Para evitar su ira y no tentar su ferocidad, los ciudadanos tenían que llevarle cada día dos ovejas.

Pero las ovejas se acabaron y el cruel animal amenazaba con atacar y arrasar toda la población.


Por eso el rey decidió que se le iban a entregar personas.
Mandó que todos los padres diesen a sus hijos, uno por uno, a la fiera.
Siguiendo un sistema de azar; pero un día, por este sistema, le tocó a la hija del rey.
Este, lleno de pesar, dijo al pueblo que repartiría todos sus bienes si la princesa era dispensada de su muerte segura.

El pueblo no lo quiso, incluso amenazaron con quemar el palacio real, por eso aceptó y libró a su hija a la bestia.
Cuando la princesa ya había hecho gran parte del camino sola, pasó por allí un caballero sobre un gran corcel blanco.

Este, viendo a la doncella desconsolada le preguntó qué le pasaba.
Ella se lo explicó y, cuando se percató de que el dragón se acercaba hacia donde estaban, el caballero tomó la lanza y se enfrentó con la cruel fiera.
  
Sant Jordi, que era el caballero, hirió gravemente la bestia, la ató con el ceidor de la princesa y lo pasearon por toda la ciudad como un perro indefenso para demostrar que estaba vencido.
Finalmente, el caballero le clavó con fuerza la lanza y lo mató definitivamente.

De su sangre, nació un rosal bellísimo, del cual cortó la rosa más hermosa para entregársela a la dama.

De aquí nace la tradición de la rosa como presente del día de Sant Jordi.












Nuestro amor es verdadero

Nos amamos de verdad,
somos de aquellos
que encontraron
a la persona
para amar
y ser amado...
Nuestro amor
es verdadero,
es simple, sincero,
no tiene nada
de espectacular,
nos nace en forma
totalmente natural,
el amarnos con el alma,
el querernos sin mirar,
porque nos brota
como si fuera
una primer gota
de una vena expuesta
que sangra felicidad...
Nuestro amor
es tan verdadero
como el amanecer,
como el alba,
como el fluir del agua,
de los ríos o las montañas...
Nuestro amor es
de ligítimo sentimiento,
no nos presionamos,
no nos obligamos
nunca a nada...
Cada uno vive
el sentimiento del otro,
porque compartimos
nuestros corazones
que laten
con iguales emociones,
porque nos une,
nada menos y nada más
que este amor
que nació y
está echo a medida
de los dos...
Somos seres afortunados,
porque gracias
a este amor verdadero,
nos seguiremos amando

Nada en común tenemos


Nada en común tenemos; sin embargo
te escucho emocionada;
va tejiendo la luna hebras sutiles
en su telar de plata.
     
Abre la noche su corola fresca,
húmeda y constelada
en el círculo inmenso del espacio...
Y las horas se paran.
     
Canta el viento andariego cantos locos
que aprendió en la montaña;
peina la cabellera de los pinos
y brinca entre las zarzas.
     
Los arrayanes florecidos sueltan
su más rica fragancia
y en la pelusa de los llanos verdes
las luciérnagas bailan.
     
Mientras hablas, escondo mi tristeza
y te escucho, callada.
Eres tan claro y tan sencillo, tienes
transparencia de agua.
     
Despliega la ilusión en tus pupilas
su red de luces mágicas
y en tus labios agita el beso tímido
alas atolondradas.
     
Adivino el impulso que sofocas.
¿Dijiste que me amabas?
¡Niño, qué mal comprendes el sentido
que encierra esa palabra!
     
Raíz que viene del profundo abismo
de las vidas pasadas,
con sus menudas flores de mentira
y sus frutas amargas.
     
Aún no miran tus ojos jubilosos
detrás de tu mirada;
se alcanza a ver el fondo de las cosas
después de muchas lágrimas.
     
¿Qué podría ofrecerte? ¿Qué sabrías
de mi pena apretada,
de mi amor mutilado y retorcido,
que sabrías de mi alma?
     
¿De mi canción que vuela hasta el lucero
y camina descalza?
¿De mi sed de belleza? ¿De mi ensueño
que me duele y me salva?
     
Nada entiendes de mí. Sólo me quieres.
Me codicias por rara.
¡Juventud delirante que desea
siempre lo que no alcanza!
     
Deleita tu palabra de ternura
en mi oído enredada
y la quietud de seda que nos une
cuando tu voz se calla.
     
Quisiera florecer en esta noche,
reír con risa franca,
abrir los brazos a la dulce vida
y encender mi esperanza.
     
Pero ya ves, tú empiezas el camino,
yo regreso cansada;
y dolores y sombras y recuerdos,
me persiguen y atajan.
     
La verdad en voz baja:
Por eso el quieto corazón te dice
Nada en común tenemos. El encanto
de esta noche no basta.

Claudia Lars



José Zorrilla

José Zorrilla 
(1817-1893)
 
José Zorrilla nació en Valladolid (1817). Su padre, José Zorrilla, era hombre de rígidos principios, absolutista y partidario del pretendiente don Carlos; su madre, Nicomedes Moral, mujer piadosa, sufrida y sometida al marido. Tras varios años en Valladolid, Burgos y Sevilla, la familia se estableció en Madrid, donde el padre ejerció con gran celo el cargo de superintendente de policía y el hijo ingresó en el Seminario de Nobles.

Estudió leyes en las universidades de Toledo y Valladolid (1833-36), con nulo aprovechamiento. Durante unas vacaciones se enamoró de una prima, a la que evoca en "Recuerdo del Arlanza", era éste el primero de una larga lista de amores.

Huyó de la casa paterna (1836), refugiándose en Madrid, donde la fama lo sacó súbitamente (1837) de una vida oscura y llena de privaciones: Zorrilla, un joven delgado y pálido, como lo han retratado varios contemporáneos, se reveló como poeta al pie del sepulcro de Larra, leyendo emocionadamente una composición en honor del suicida, cuando toda la capital se hallaba reunida en el cementerio para rendirle el último tributo. 


 
Se casó con Florentina O’Reilly (1839), viuda bastante mayor que él y con un hijo. No fue el dinero el motivo de la boda, pues estaba arruinada. Aparte la edad, varias causas concurrieron a hacer infeliz el matrimonio: la antipatía del hijo hacia el intruso, las riñas entre mujer y suegra, la desaprobación del padre.

Viajó a Francia (1845), asistiendo en París a algunos cursos de la Facultad de Medicina y relacionándose con Dumas, George Sand, Musset y Gautier. Ese mismo año murió su madre, dejándole profunda melancolía.

De regreso en Madrid (1846), recibió varios honores dos año más tarde: se le nombró miembro de la Junta del recién fundado Teatro Español; el Liceo organizó una sesión para exaltarle públicamente; la Real Academia lo admitió en su seno, aunque sólo tomaría posesión en 1885. Pero la muerte del padre (1849) le causó un duro golpe: su progenitor se negó a perdonarle la huida y la boda, dejando un enorme peso en la conciencia del hijo. Por otro lado, le legó considerables deudas.

Huyendo de su mujer, se estableció en París (1851) y Londres (1853), a donde le acompañaron los inseparables apuros económicos. En París endulzó sus penas Leila, a quien amó apasionadamente. En tanto que en la capital británica hizo amistad con el famoso relojero Losada que le ayudó.

Embarcó, por fin, rumbo a México ( 1854-66), interrumpiendo su estancia allí para pasar un año en Cuba (1858). Llevó en aquel país una vida de aislamiento y pobreza, sin mezclarse en la guerra civil, que dividía a federales y unitarios. Cuando Maximiliano ocupó el poder (1864), Zorrilla se convirtió en poeta áulico y fue nombrado director del Teatro Nacional.

 
Muerta su esposa, regresó a España (1866), donde se le admiraba, pero se le creía superado. El fusilamiento de Maximiliano, abandonado a su triste suerte por el Papa y Napoleón III, le produjo una profunda crisis religiosa.

Casado de nuevo con Juana Pacheco (1869), siguió en permanentes apuros económicos, de los que apenas lograrían sacarle ni una comisión gubernamental en Roma (1873) ni una pensión nacional otorgada tardíamente.

Se hizo famoso dando recitales públicos y obtuvo numerosos honores entre los que sobresalen su nombramiento de cronista de Valladolid (1884) y su coronación como poeta nacional en Granada (1889).

Murió en Madrid (1893), tras una intervención quirúrgica para extraerle un tumor cerebral. Su entierro fue un gran homenaje de admiración.

Hay en la vida de Zorrilla algunos detalles de gran interés para comprender la orientación de su obra. En primer lugar, las relaciones con su padre. Hombre éste despótico y severo, rechazó sistemáticamente el cariño de su hijo, negándose a perdonarle sus errores juveniles. El escritor cargaba consigo una especie de complejo de culpa, y para superarla decidió defender en su creación un ideal tradicionalista muy de acuerdo con el sentir paterno. Dice en Recuerdos del tiempo viejo: "Mi padre no había estimado en nada mis versos: ni mi conducta, cuya clave él sólo tenía".

Importante es destacar su temperamento sensual, que le arrastraba hacia las mujeres: dos esposas, un temprano amor con una prima, amores en París y México, dan una lista que, aunque muy lejos de la de don Juan, camina en su misma dirección. El amor constituye uno de los ejes fundamentales de toda su producción.

 
 No es ocioso preguntar, como tercer factor condicionante, sobre la salud de Zorrilla. A cierta altura de su vida, en efecto, se inventó un doble, loco (Cuentos de un loco, 1853), que aparece casi obsesivamente después. En Recuerdos del tiempo viejo habla de sus alucinaciones y sonambulismo. ¿Cuándo apareció el tumor cerebral y cómo afectó su comportamiento? Quizá el papel predominante de la fantasía en el escritor encuentre una explicación por este lado.

De su carácter ha dicho su biógrafo Narciso Alonso Cortés que era ingenuo como un niño, bondadoso y amigo de todos, ignorante del valor del dinero y ajeno a la política. Conviene resaltar, además, su independencia, de la que se sentía muy orgulloso. En versos que recuerdan a los de Antonio Machado, confesó que a su trabajo lo debía todo, y llegó a rechazar lucrativos puestos públicos por no sentirse preparado: "Yo temo -afirma en sus Recuerdos...- que nuestra revolución va a ser infructífera para España por creernos todos los españoles buenos y aptos para todo y meternos todos a lo que no sabemos".

Texto extraido de: http://www.los-poetas.com/

Amistad (14)


Al amigo que te demuestre su amistad, sujétalo al alma con aros de acero.

La verdadera amistad es como el mar, se ve el principio pero no el final.

No me importa que las cosas que me dices a veces sean hirientes, lo que me importa es que las dices tú, mi amiga. Perdóname si alguna vez he hecho lo mismo contigo, pero nunca dudes de mi amistad y de mi cariño.

Un verdadero amigo no es el que te mira sino el que te protege, te cuida y te aconseja

La amistad es estar ahí en cada momento del día, con lo brazos abiertos, esperando tanto los buenos como los malos momentos.

Amistad, farsa mayor, crees que ahí está, pero no, cuando te das la vuelta ves que ya está muerta.

La amistad, cuando se alcanza, se guarda en el corazón.

Amistad: Malos momentos juntos, buenos recuerdos, gente inolvidable que se te queda clavada en el corazón, gente que te quiere con locura, gente que saben apreciar lo más maravilloso de tu vida: la amistad

Amistad, que hermosa palabra, pero qué difícil sentirla hasta lo más profundo de tu alma.

Las columnas se derrumban y el amor se acaba, pero la verdadera amistad sólo la muerte separa..

Gracias amigo por ser realmente tú quien con mucho aprecio y cariño dedicó días conmigo. Un amigo está siempre ahí, tu lo hiciste muy bien, gracias por haber estado en las buenas y en las malas no olvides que te quiero mucho.

Su compañía me hace sonreír y los recuerdos de nuestra amistad me hacen fuerte en las tempestades.

El tiempo es el único testigo de todas las tempestades que ha pasado nuestra amistad, sin embargo está cada día fresca como en primavera.

El esplendor de la amistad no radica en quien te ayuda o te da consejo, sino en aquella que te da su confianza.

La amistad es un don que se consigue con simpatía, pero una amiga como tú no se consigue todos los días.

Sólo las lágrimas del corazón puede secarlas un amigo de verdad.

Día a día nada define tan seguramente la calidad de nuestras vidas como la firme convicción en los ojos, en las voces, en la presencia de nuestros amigos. Es a través de ellos que en realidad empezamos a conocernos a nosotros mismos y es su afecto lo que nos asegura nuestra dignidad y valor

Refranes (C1)

Caballero en buen caballo; en ruin, ni bueno, ni malo.
Caballo ajeno, ni come ni se cansa.
Caballo alquilado, nunca cansado.
Caballo andador tropezador.
Caballo chiquillo, siempre potrillo, caballo grande aunque no ande.
Caballo chiquito, siempre es potrito
Caballo corredor pronto se cansa.
Caballo cosquilloso no lo compres, aunque sea hermoso.
Caballo de andadura poco dura.
Caballo de buena medra, no se cansa ni se arredra.
Caballo de muchos amos, siempre muere de gusanos.
Caballo de regalo, tenlo por bueno aunque sea malo.
Caballo grande, ande o no ande.
Caballo hermoso, de potro sarnoso..
Caballo manco no sube escalera.
Caballo que alcanza, pasar querría.
Caballo que ama al dueño hasta respira como el.
Caballo que con tres años, ve a una yegua y no relincha, o no le gusta la yegua o tiene prieta la cincha.
Caballo que de joven no corre, dentro lleva la carrera.
Caballo que ha de ir a la guerra, ni le come el lobo, ni le aborta la yegua.
Caballo que no sale del establo, siempre relincha.
Caballo que vuela no quiere espuela.
Caballo que vuela, no necesita espuela.
Caballo sin espuela, barco sin remos ni vela.
Caballo viejo no aprende trote nuevo.
Caballo viejo no soporta montura nueva.
Cabello crespo, calvo presto.
Cabello luengo y corto el seso.
Cabellos y cantar no es buen ajuar
Cabellos y virgos, muchos hay postizos.
Cabeza calva, peinada desde el alba.
Cabeza casposa, poco piojosa.
Cabeza grande, talento chico.
Cabeza grande, y gran cabeza, son dos cosas muy diversas.
Cabeza loca no quiere toca.
Cabeza loca, la pierde su boca.
Cabeza para naciente y pies para poniente.
Cabeza sin seso, como hueca, tiene poco peso.
Cabeza vana no cría canas.
Cabra coja no quiere siesta, y si la tiene caro le cuesta.
Cabra coja, mal sestea.
Cabra de manada, no se halla encerrada.
Cabra en un sembrado, peor que un nublado.
Cabra loca, desgraciado al que le toca.
Cabra manca, a otra daña.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
Cabra por viña, peor es que tiña.
Cabra que cojea, o mal come, o mal sestea.
Cabra que tira al monte, no hay cabrero que la guarde.
Cabras y cabritos, a todos nos traen fritos.
Cabrito ganso y lechón, de la mano al asador.
Cacarear y no poner huevo no es nada bueno.
Cacarear y no poner huevos, cada día lo vemos.
Cacarear y no poner, si malo en la gallina, peor en la mujer.
Cacera y pesquera, a la vejez piojera.
Cachetón en cara ajena, cara cuesta la docena.
Cada abeja viva en su colmena y no se meta en la ajena.
Cada agujetero alaba sus agujetas.
Cada altar tiene su cruz.
Cada año trae su daño, y cada día su acedía.
Cada año, calzones de paño.
Cada balanza tiene su contrapeso.
Cada bota huele al vino que tiene.
Cada burro apechuga con su carga.
Cada casa es un caso.
Cada casa es un mundo, y cada cabeza una alcancía.
Cada cosa a su tiempo, y los nabos en adviento.