dilluns, 14 de març de 2011

Candados del amor

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El Ponte Milvio es el puente más antiguo de la ciudad de Roma y cruza el río Tíber. Se ha vuelto un atractivo turístico por la costumbre de los enamorados colgar candados en los faroles. Las parejas escriben su nombre en el candado con inscripciones como “te amo” y “por siempre” y luego lo cierran en una cadena, lo colocan en el farol y tiran la llave al río.
El Ponte Milvio fue construido originalmente por Nerón en el 206 antes de Cristo, pero el puente de ahora es del año 1429. Su reciente popularidad se debe a una novela llamada Tengo ganas de tí que vendió 1,1 millones de ejmeplares y que después tuvo una versión cinematográfica. En internet existen también los candados del amor virtuales en la página web Luccettipontemilvio.com, en el que cualquiera puede tener su propio candado.
En la novela Federico Moccia, el autor, relata cómo un joven enamorado convence de su amor a una mujer con una leyenda inventada en la que los novios colocan un candado y una cadena en el tercer farol del lado norte del puente, y después de cerrar el candado, tiran la llave al río Tíber.
El éxito del libro y de la película atrajo a muchas jóvenes parejas a quienes les encantó la historia. Las consecuencias fueron que los faroles fueron cediendo debido al peso. Las autoridades tuvieron que colocar seis juegos de pilares con cadenas para no interrumpir el ritual amoroso y evitar el daño al puente.






CANDADOS DEL AMOR EN OURENSE:

La moda de los candados llega a Ourense!!
Estos candados los ponen las parejas en los puentes donde pasa un río por debajo. Valen para explicar que su amor durará por siempre, cerrado en ese candado. Ponen una frase o sus nombres en el candado, lo ponen en alguna parte del puente, lo cierran y y las llaves las tiran al río.
Mi opinión: para mí, es muy romántico que representen su amor de esa manera y que tengan esperanzas sobre que su amor durará mucho tiempo. Este tipo de gestos suelen hacerlos las parejas por San Valentín.





Huangshan, la montaña amarilla

Para subir a Huangshan, la mágica montaña amarilla, hay varios telesillas en distintas zonas para acceder a sus innumerables picos. También hay escaleras. Sí, escaleras. En China, civilización antigua donde las haya, ya se adelantaron hace muchos cientos de años a la globalización. Y que mejor forma de globalizar una montaña que llenarla de escaleras, con miles de peldaños.

¿a qué pico quieres subir? Pues nada, coges y te subes 7,8 ó 9 kilómetros de escaleras. Sí, escaleras. Un peldaño tras otro, sin descanso. ¿qué elegimos mi compañera de viaje y yo? ¿el telesilla? Pues no, obviamente. Las escaleras. Un calor del demonio, una humedad infernal. El guía, con su sonrisa china de oreja a oreja, nos desea suerte y se dirige a coger el telesilla para esperarnos arriba, mientras nos dice al alejarse: “… un americano el año pasado subió los 8 km de escalones en 2 horas…”. Serás capullo, por qué lo has tenido que decir…..
Si no hay muchos chinos subiendo, las escaleras son más o menos transitables. Nosotros subimos un viernes …. para nuestra suerte. Pero el sábado, ay el sábado, una horda de chinos vociferantes, gritando por el móvil, sudando las especias que se cenaron el día anterior, eructando, escupiendo, la mayoría al borde del infarto, y pegados unos contra otros como un rebaño de borregos, literalmente colapsan las escaleras. ¿por qué suben por la escaleras y no por el telesilla? ¿alguna promesa, alguna tradición? Sencillamente, porque es más barato. Definitivamente, es peor bajar, que subir.
 Por el camino, subiendo, te cruzas continuamente con los pobres porteadores que suben escaleras arriba todo tipo de cosas: sacos de comida, bultos con sábanas, cajas de bebida, maderas, … y algunos, incluso chinas orondas que se cansaron de las escaleras. Sí, estos pobres diablos suben escalera arriba todos los víveres y utensilios que necesitan los varios hoteles que existen arriba, donde el rebaño chino, por la noche, comerá lo que estas pobres gentes suben con el sudor de su frente. ¿alguien se imagina subir 50 kilos a la espalda por unas escaleras de 8 km? A 10 euros cada subida.
Y, a parte de ver el paisaje, ¿a qué sube el rebaño chino a esta montaña? Principalmente a las dos cosas que les venden en la agencia de viajes.La primera, bien romántica: a poner un candado del amor por cualquier lado que perpetúe el amor de las parejas que suben metidas dentro del rebaño.



 Cuenta una historia, que un marido deseando el divorcio, subió a la montaña a buscar el dichoso candado para quitarlo y que con él, también desapareciera su esposa. Pero había tantos, que no fue capaz de encontrarlo, y así se le hizo de noche desesperado en su búsqueda. La noche era tan cerrada, que buscando el camino de vuelta, se despeñó. Y así consiguió el divorcio tan deseado. Pobre infeliz, no sabía que los guardas los quitan de vez en cuando para hacer sitio ….

http://lamiradaturbiayfria.blogspot.com

El monje y la mujer




De camino hacia su monasterio, dos monjes budistas se encontraron con una bellísima mujer a la orilla de un rio. Al igual que ellos, quería ella cruzar el rio, pero éste bajaba demasiado crecido. De modo que uno de los monjes se la echó a la espalda y la pasó a la otra orilla.

El otro monje estaba absolutamente escandalizado y por espacio de dos horas estuvo censurando su negligencia en la observancia de la Santa Regla: ¿Había olvidado que era un monje? ¿Como se había atrevido a tocar a una mujer y transportarla al otro lado del rio? ¿Que diría la gente? ¿No había desacreditado la Santa Religión? Etcétera.

El acusado escuchó pacientemente el interminable sermón. Y al final estalló: "Hermano, yo he dejado a aquella mujer en el rio ¿Eres tú quien la lleva ahora?

Dice el místico árabe Abu Hassan Bushanja: "El acto de pecar es mucho menos nocivo que el deseo y la idea de hacerlo. Una cosa es condescender con el cuerpo en un placentero acto momentáneo y otra cosa muy distinta es que la mente y el corazón lo estén rumiando constantemente.
Cuando las personas no dejan de darles vueltas a los pecados de los demás, uno sospecha que esa insistencia les proporciona más placer que el pecado proporciona al pecador"


(otra versión)
Dos monjes estaban peregrinando de un monasterio a otro y durante el camino debían atravesar una vasta región formada por colinas y bosques.
Un día, tras un fuerte aguacero, llegaron a un punto de su camino donde el sendero estaba cortado por un riachuelo convertido en un torrente a causa de la lluvia. Los dos monjes se estaban preparando para vadear, cuando se oyeron unos sollozos que procedían de detrás de un arbusto. Al indagar comprobaron que se trataba de una chica que lloraba desesperadamente. Uno de los monjes le preguntó cuál era el motivo de su dolor y ella respondió que, a causa de la riada, no podía vadear el torrente sin estropear su vestido de boda y al día siguiente tenía que estar en el pueblo para los preparativos. Si no llegaba a tiempo, las familias, incluso su prometido, se enfadarían mucho con ella.
El monje no titubeó en ofrecerle su ayuda y, bajo la mirada atónita del otro religioso, la cogió en brazos y la llevó al otro lado de la orilla. La dejó ahí, la saludó deseándole suerte y cada uno siguió su camino.
Al cabo de un rato el otro monje comenzó a criticar a su compañero por esa actitud, especialmente por el hecho de haber tocado a una mujer, infringiendo así uno de sus votos. Pese a que el monje acusado no se enredaba en discusiones y ni siquiera intentaba defenderse de las críticas, éstas prosiguieron hasta que los dos llegaron al monasterio. Nada más ser llevados ante el Abad, el segundo monje se apresuró a relatar al superior lo que había pasado en el río y así acusar vehementemente a su compañero de viaje.
Tras haber escuchado los hechos, el Abad sentenció: "Él ha dejado a la chica en la otra orilla, ¿tú, aún la llevas contigo?".

Vivir en el pasado no deja que disfrutes del presente. 




Paz ,amor y esperanza

Si yo,tú

 
Si yo, tú.
Si caes, yo contigo,
y nos levantaremos juntos
en esto unidos.

Si me pierdo, encuéntrame.
Si te pierdes, yo contigo,
y juntos leeremos en las estrellas
cuál es nuestro camino.
Y si no existe, lo inventaremos.

Si la distancia es el olvido,
haré puentes con tus abrazos,
pues lo que tú y yo hemos vivido
no son cadenas...
ni siquiera lazos:
es el sueño de cualquier amigo
es pintar un te quiero a trazos,
y secarlo en nuestro regazo.

Si yo, tú.
Si dudo, me empujas.
Si dudas, te entiendo.
Si callo, escucha mi mirada.
Si callas, leeré tus gestos.

Si me necesitas, silba
y construiré una escalera
hecha de tus últimos besos,
para robar a la luna una estrella
y ponerla en tu mesilla
para que te dé luz.

Si yo, tú.
Si tú, yo también.
Si lloro, ríeme.
Si ríes, lloraré,
pues somos el equilibrio,
dos mitades que forman un sueño.

Si yo, tú.
Si tú, conmigo.
Y si te arrodillas
haré que el mundo sea más bajo,
a tu medida,
pues a veces para seguir creciendo
hay que agacharse.

Si me dejas, mantendré viva la llama
hasta que regreses,
y sin preguntas, seguiremos caminando.
Y sin condiciones, te seguiré perdonando.
Si te duermes, seguiremos soñando.
que el tiempo no ha pasado,
que el reloj se ha parado.

Y si alguna vez la risa
se te vuelve dura,
se te secan las lágrimas
y la ternura,
estaré a tu lado,
pues siempre te he querido,
pues siempre te he cuidado.

Pero jamás te cures de quererme,
pues el amor es como Don Quijote:
sólo recobra la cordura
para morir.
Quiéreme en mi locura,
pues mi camisa de fuerza eres tú,
y eso me calma,
y eso me cura...

Si yo, tú.
Si tú, yo.
Sin ti, nada.
Sin mí, si quieres, prueba.
 Txus Di Fellatio
 
 

Miguel de Cervantes Saavedra "Cervantes"

Miguel de Cervantes Saavedra
(1547-1616) CERVANTES

Miguel de Cervantes Saavedra  nació en Alcalá de Henares (Madrid).
Instalado en la capital, desde 1568 cursó estudios en la escuela de López de Hoyos, donde escribió sus primeras poesías. Después, hirió en duelo a un tal Antonio de Sigura, lo que pudo pagar con diez años de destierro y con su mano derecha, pero huyó de España.

En 1570, se halla en la Roma del cardenal Acquaviva, entre lujos y refinamientos. Pronto, cambia de vida, alistándose en la expedición contra los turcos. Así quedaría absuelto de su crimen. En 1571 participó, enfermo, en la batalla de Lepanto, donde perdió el uso de su mano izquierda. Aun así, continuó en otras expediciones navales.

Cuando decide regresar a España en 1575, con cartas de recomendación de Juan de Austria, piratas berberiscos atacan su galera cerca de Barcelona. Lo capturan, junto a su hermano Rodrigo, y encierran en las prisiones -baños- de Argel. Por sus cartas de recomendación o por su atractivo personal, sobrevivió a cuatro intentos de fuga -1576-77-78 y 79-, cada uno de los cuales se castigaba habitualmente con pena de muerte.

Cuando sus hermanas y los frailes trinitarios lo rescatan en 1580, Miguel se encuentra confundido en su propio país, del que se ausentó doce años antes. En 1584 nace Isabel, de sus relaciones con Ana Franca, y contrae matrimonio con Catalina Salazar. Un año después publica La Galatea (1585), novela pastoril, con éxito, lo que no logró en el teatro.

Tras algunos tanteos, acepta en 1587 requisar trigo en Sevilla para la Armada Invencible y otras comisiones por Andalucía. La falta de puntualidad en el pago de su salario y la inestable fortuna en el juego le llevan en 1597 a la cárcel de Sevilla, donde debió conocer personajes que retrató en sus obras.

En 1604, vive en Valladolid, ultimando la primera parte de su gran obra. Un penoso episodio, en el que murió Gaspar de Ezpeleta, hace que la familia Cervantes quede arrestada y se insinúe que algunas de sus mujeres mantienen relaciones con ciertos personajes. Liberados, deciden instalarse en 1607 definitivamente en Madrid, donde ya en 1605 había aparecido la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Su éxito fue arrollador y animó a Cervantes a publicar otros escritos: en 1613, las Novelas Ejemplares, primera obra que en castellano se adscribe al género novela. Enseguida, su poema Viaje del Parnaso y sus Ocho comedias y ocho entremeses nunca antes representados, ambos de 1614.

La publicación en 1615 de la segunda parte de El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha confirma el éxito obtenido con la primera. Sin embargo, la situación económica de su autor era aún precaria. Nunca olvidó su idea de marchar a Nápoles como secretario de su virrey, el Conde de Lemos, al que dedicó su novela póstuma Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617).
Un año antes fallecía en Madrid el 22 de abril.

Nunca estuviste segura de mí


Nunca estuviste segura de mí
nunca supiste a ciencia cierta si te amo
Nadie te garantiza si regreso a ti cada noche
o me marcho para siempre al día siguiente
la incertidumbre te desvela
te mantiene alerta
y eso es bueno amor mío
es bueno para nuestro amor
pues, por si no lo sabes
en la certeza y en la seguridad
el amor, hasta más grande perece.
No estés nunca segura de mí
no me hagas creer que eres mía eternamente,
la misma eternidad es dudosa;
déjame pensar que no soy
el único en este mundo
porque tú no eres la única para mí;
déjame tener esas pequeñas dudas
Eso es lo mas cierto de los sentimientos.
No te quiero hábil como un artesano,
ni inteligente como una computadora,
no te quiero prolija como una costurera
ni haciendo méritos como una secretaria;
no te quiero todo el día en la cocina,
ni solícita como una mucama,
no te quiero amor, madre inmaculada,
ni tampoco te quiero maestra jardinera;
te quiero, sencillamente, Mujer
nunca estuviste segura de mí
nunca supiste a ciencia cierta si te amo,
¡Pero cuánto te amo!

Gian Franco Pagliaro 


Barba azul

En otro tiempo vivía un hombre que tenía hermosas casas en la ciudad y en el campo, vajilla de oro y plata, muebles muy adornados y carrozas doradas; pero, por desgracia, su barba era azul, color que le daba un aspecto tan feo y terrible que no había mujer ni joven que no huyera a su vista.
Una de sus vecinas, señora de rango, tenía dos hijas muy hermosas. Pidiole una en matrimonio, dejando a la madre la elección de la que había de ser su esposa. Ninguna de las jóvenes quería casar con él y cada cual lo endosaba a la otra, sin que la otra ni la una se resolvieran a ser la mujer de un hombre que tenía la barba azul. Además, aumentaba su disgusto el hecho de que había casado con varias mujeres y nadie sabía lo que de ellas había sido.
Barba Azul, para trabar con ellas relaciones, llevolas con su madre, tres o cuatro amigos íntimos y algunas jóvenes de la vecindad a una de sus casas de campo en la que permanecieron ocho días completos, que emplearon en paseos, partidos de caza y pesca, bailes y tertulias, sin dormir apenas y pasando las noches en decir chistes. Tan agradablemente se deslizó el tiempo, que a la menor pareciole que el dueño de casa no tenía la barba azul y que era un hombre muy bueno; y al regresar a la ciudad celebraron la boda.
Al cabo de un mes Barba Azul dijo a su esposa que se veía obligado a hacer un viaje a provincias, que a lo menos duraría seis semanas, siendo importante el asunto que a viajar le obligaba. Rogole que durante su ausencia se divirtiese cuanto pudiera, invitara a sus amigas a acompañarla, fuera con ellas al campo, si de ello gustaba, y procurara no estar triste.
-Aquí tienes, añadió, las llaves de los dos grandes guardamuebles. Estas son las de la vajilla de oro y plata que no se usa diariamente; las que te entrego pertenecen a las cajas donde guardo los metales preciosos; estas las de los cofres en los que están mis piedras y joyas, y aquí te doy el llavín que abre las puertas de todos los cuartos. Esta llavecita es la del gabinete que hay al extremo de la gran galería de abajo. Ábrelo todo, entra en todas partes, pero te prohíbo penetrar en el gabinete; y de tal manera te lo prohíbo, que si lo abres puedes esperarlo todo de mi cólera.
Prometiole atenerse exactamente a lo que acababa de ordenarle; y él, después de haberla abrazado, metiose en el carruaje y emprendió su viaje.
Las vecinas y los amigos no esperaron a que les llamasen para ir a casa de la recién casada, pues grandes eran sus deseos de verlo todo, que no se atrevieron a realizar estando el marido, porque su barba azul les espantaba. Acto continuo pusiéronse a recorrer los cuartos, los gabinetes, los guardarropas, siendo sorprendente la riqueza de cada habitación. Subieron enseguida a los guardamuebles, donde no se cansaron de admirar el número y belleza de los tapices, camas, sofás, papeleras, veladores, mesas y espejos que reproducían las imágenes de la cabeza a los pies y en los que los adornos, los unos de cristal, de plata dorados los otros, eran tan bellos y magníficos que iguales no se habían visto. No cesaban de ponderar y envidiar la dicha de su amiga, que no se divertía viendo tales riquezas, pues la dominaba la impaciencia por ir a abrir el gabinete de abajo.
Empujola la curiosidad, sin fijarse en que faltaba a la educación abandonando a sus amigas, bajó por una escalerilla reservada, con tanta precipitación que dos o tres veces corrió peligro de desnucarse. Al llegar a la puerta del gabinete detúvose algún tiempo, pensando en la prohibición de su marido y reflexionando que la desobediencia podía atraerle alguna desgracia; pero la tentación era tan fuerte que no pudo vencerla, y tomando la llavecita abrió temblando la puerta del gabinete.
Al principio nada vio, debido a que las ventanas estaban cerradas. Al cabo de algunos instantes comenzaron a destacarse los objetos y notó que el suelo estaba completamente cubierto de sangre cuajada y que en ella se reflejaban los cuerpos de varias mujeres muertas y sujetas a las paredes. Estas mujeres eran todas aquellas con quienes Barba Azul había casado, a las que había degollado una tras otra. Creyó morir de miedo ante tal espectáculo y se le cayó la llave del gabinete que acababa de sacar de la cerradura.
Después de haberse repuesto algo, cogió la llave, cerró la puerta y subió a su cuarto para dominar su agitación, sin que lo lograse, pues era extraordinaria.
Habiendo notado que la llave del gabinete estaba manchada de sangre, la enjugó dos o tres veces, pero la sangre no desaparecía. En vano la lavó y hasta la frotó con arenilla y asperón, pues continuaron las manchas sin que hubiera medio de hacerlas desaparecer, porque cuando lograba quitarlas de un lado, aparecían en el otro.
Barba Azul regresó de su viaje la noche de aquel mismo día y dijo que en el camino había recibido cartas noticiándole que había terminado favorablemente para él el asunto que le había obligado a ausentarse. La esposa hizo cuanto pudo para que creyese que su inesperada vuelta la había llenado de alegría.
Al día siguiente le dio las llaves y se las entregó tan temblorosa, que en el acto adivinó todo lo ocurrido.
-¿Por qué no está con las otras la llavecita del gabinete? -Le preguntó.
-Probablemente la habré dejado sobre mi mesa, contestó.
-Dámela enseguida, añadió Barba Azul.
Después de varias dilaciones, forzoso fue entregar la llave. Mirola Barba Azul y dijo a su mujer:
-¿A qué se debe que haya sangre en esta llave?
-Lo ignoro, contestó más pálida que la muerte.
-¿No lo sabes? -replicó Barba Azul-; yo lo sé. Has querido penetrar en el gabinete. Pues bien, entrarás en él e irás a ocupar tu puesto entre las mujeres que allí has visto.
Al oír estas palabras arrojose llorando a los pies de su esposo y pidiole perdón con todas las demostraciones de un verdadero arrepentimiento por haberle desobedecido. Hubiera conmovido a una roca, tanta era su aflicción y belleza, pero Barba Azul tenía el corazón más duro que el granito.
-Es necesario que mueras, le dijo, y morirás en el acto.
-Puesto que es forzoso, murmuró mirándole con los ojos anegados en llanto, concédeme algún tiempo para rezar.
-Te concedo diez minutos, replicó Barba Azul, pero ni un segundo más.
En cuanto estuvo sola llamó a su hermana y le dijo:
-Anita de mi corazón; sube a lo alto de la torre y mira si vienen mis hermanos. Me han prometido que hoy vendrían a verme, y si les ves hazles seña de que apresuren el paso.
Subió Anita a lo alto de la torre y la mísera le preguntaba a cada instante.
-Anita, hermana mía, ¿ves algo?
Y Anita contestaba:
-Sólo veo el sol que centellea y la hierba que verdea.
Barba Azul tenía una enorme cuchilla en la mano y gritaba con toda la fuerza de sus pulmones a su mujer:
-Baja enseguida o subo yo.
-¡Un instante, por piedad! -le contestaba su esposa; y luego decía en voz baja-: Anita, hermana mía, ¿ves algo?
Su hermana respondía:
-Sólo veo el sol que centellea y la hierba que verdea.
-Baja pronto, bramaba Barba Azul, o subo yo.
-Bajo -contestó la infeliz; y luego preguntó-, Anita, hermana mía, ¿viene alguien?
-Sí, veo una gran polvareda que hacia aquí avanza...
-¿Son mis hermanos?
-¡Ay!, no, hermana mía; es un rebaño de carneros.
-¿Bajas o no bajas? -vociferaba Barba Azul.
-¡Un momento, otro instante no más! -exclamó su mujer; y luego añadió-: Anita, hermana mía, ¿viene alguien?
-Veo -contestó-, dos caballeros que hacia aquí se encaminan, pero aún están muy lejos. ¡Alabado sea Dios!, exclamó, poco después; ¡son mis hermanos! Les hago señas para que apresuren el paso.
Barba Azul se puso a gritar con tanta fuerza que se estremeció la casa entera. Bajó la infeliz mujer y fue a arrojarse a sus pies llorosa y desgreñada.
-De nada han de servirte las lágrimas, le dijo; has de morir.
Luego agarrola de los cabellos con una mano y levantó con la otra la cuchilla para cortarle la cabeza. La infeliz hacia él volvió la moribunda mirada y rogole le concediese unos segundos.
-No, no, rugió aquel hombre; encomiéndate a Dios.
Y al mismo tiempo levantó el armado brazo...
En aquel momento golpearon con tanta fuerza la puerta, que Barba Azul se detuvo. Abrieron y entraron dos caballeros, quienes desnudando las espadas corrieron hacia donde estaba aquel hombre, que reconoció a los dos hermanos de su mujer, el uno perteneciente a un regimiento de dragones y el otro mosquetero; y al verles escapó. Persiguiéronle tan de cerca ambos hermanos, que le alcanzaron antes que hubiese podido llegar a la plataforma le atravesaron el cuerpo con sus espadas y le dejaron muerto. La pobre mujer casi tan falta de vida estaba como su marido y ni fuerzas tuvo para levantarse y abrazar a sus hermanos.
Resultó que Barba Azul no tenía herederos, con lo cual todos sus bienes pasaron a su esposa, quien empleó una parte en casar a su hermanita con un joven gentilhombre que hacía tiempo la amaba, otra parte en comprar los grados de capitán para sus hermanos y el resto se lo reservó, casando con un hombre muy digno y honrado que la hizo olvidar los tristes instantes que había pasado con Barba Azul.

De lo dicho se deduce, 
sique al curioso los disgustos
el cuento sabes leer,
suelen venirle a granel.
 
La curiosidad empieza,
nos domina, y una vez
satisfecha, ya no queda
de ella siquiera el placer,
pero quedan sus peligros
que has de evitar por tu bien.

Charles Perrault 

 

Refranes (B2)

Bendita sea la mata de Mayo que se seco lloviendo
Bendito sea el mal que a los nueve meses se ha de quitar.
Bendito sea San Bruno, que da ciento por uno.
Bendito y alabado; que amanezco vestido y calzado.
Beneficio recibido, del hombre libre hace cautivo.
Beneficio recibido, luego se da al olvido.
Berenjena, ni hincha ni llena.
Berza vuelta a calentar y mujer vuelta a casar, al diablo se le pueden dar.
Berza, ¿por qué no cociste? Cochina, porque no me revolviste.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
Berzas y tocino, manjar de vizcaíno.
Besos a menudo mensajeros son del culo.
Besos y abrazo no hacen niños, pero tocan a vísperas
Besos y abrazos no hacen muchachos.
Bestia alegre, echada pace.
Bestia buena, se vende sin ir a la feria.
Bestia es, y no persona, quien de lo ganado no goza.
Bestia sin cebada, nunca buena cabalgada.
Besugo de enero vale un carnero.
Bicho malo, nunca muere.
Bien a bien o mal a mal, llena tu costal.
Bien ama quien nunca olvida.
Bien aprende quien buen maestro tiene.
Bien barato estaría el pan, si no lo comiera el holgazán.
Bien canta Marta después de harta
Bien canta Marta después de harta.
Bien cantas, pero mal entonas.
Bien está cada piedra en su agujero.
Bien está San Pedro en Roma.
Bien gobernar y no mucho bailar.
Bien guardar no es poco ganar.
Bien haya quien a los suyos se parece.
Bien le huele a cada uno el pedo de su culo.
Bien me quieres, bien te quiero; no me toques el dinero.
Bien o mal, casado nos han.
Bien o mal, te casarás, sea con Pedro o sea con Juan.
Bien ora quien bien obra.
Bien parece cuanto en la olla cuece.
Bien parece la moza lozana, cabe la barba cana.
Bien parece y bien están el asno en la cuadra y la mujer en el hogar.
Bien predica quien bien vive.
Bien sabe el asno en qué casa rebuzna.
Bien sabe la rosa en qué mano posa
Bien sabe la rosa en que mano se posa.
Bien sabe lo que dice el que pan pide.
Bien se disculpa el picar, por el gusto de rascar.
Bien se está San Pedro en Roma.
Bien se lava el gato después de harto.
Bien te quiero y mal te hiero.
Bien te quiero, bien te quiero, mas no te doy mi dinero.
Bien urde quien bien trama.
Bien vayas donde mal no hagas.
Bien vengáis, con tal que algo traigáis; y mal, si algo os queréis llevar.
Bien vestido, bien recibido.
Bien vestido, bien visto.
Bien viene el don con la veinticuatría, y mal con la sastrería.
Bien vive quien Dios quiere; y quien no, viviendo muere.
Bien vivió quien bien se escondió.
Bien y pronto, sólo lo intenta algún tonto.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Bigote al ojo, aunque no haya un cuarto.
Blanco o negro, el perro siempre es perro.
Boca abierta, dientes de oro.
Boca cerrada y ojo abierto, no hizo jamás un desconcierto.
Boca cerrada, mas fuerte es que muralla.
Boca con boca se desboca.
Boca de verdades, cien enemistades.
Boca que mucho se abre, o por sueño o por hambre.

Amistad


Amigas no son aquellas que te hacen reír con mentiras, son aquellas que te hacen llorar con verdades

La mano de un amigo nunca pesa.

Un amigo es quien te comprende, te quiere y te respeta.

Amigo es la persona con la que puedes pensar en voz alta.

Los mejores amigos se conocen en las peores situaciones.

Los amigos son como los melones: para encontrar uno bueno hay que probar cien

Una amistad sin confianza es como una flor sin perfume.

Es más vergonzoso desconfiar de los amigos que ser engañado por uno de ellos.

Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta...

La comunicación es la base de toda relación sea amistosa o amorosa.

Acepta la ayuda que te ofrezcan pero no la perjudiques bajo ningún concepto.

Puede que no te lleves bien con los familiares, pero no permitas que te pase lo mismo con las amistades puesto que eres tu quien las eligió.

Un amigo fiel es la medicina de la vida.

Un amigo no es aquél que te apoya, ayuda y está contigo en los malos momentos, sino quién estos evita.

Nunca dejes escapar un amigo, te necesita seguro.

La amistad es un don que se consigue con simpatía, hay amigos que no se consiguen todos los días

No nos quejemos de nuestras malas amistades, pues somos nosotros quienes los elegimos, y eso es lo que debemos valorar.

La confianza corrompe la amistad, el mucho contacto la consume, el respeto la conserva.

Un amigo es aquel que te coge de la mano, y te esta tocando el corazón

Un amigo es aquel que entra cuando todo el mundo sale.

Cuando un amigo te pida dinero, piensa que quieres perder: el amigo o el dinero.