diumenge, 15 de maig de 2011

Canción de Otoño en Primavera


Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...


Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.


Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.


Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...


Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...


Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.


Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...


En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...


Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...


Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.


Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;


y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...


Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.


¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.


En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!


Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!
Ruben Darío



Carta de un hijo

CARTA DE UN HIJO A TODOS LOS PADRES  DEL MUNDO

No me grites
Te respeto menos cuando lo haces. Y me enseñas a
gritar a mí también y yo no quiero hacerlo.

Trátame con amabilidad y cordialidad igual que a
tus amigos
Que seamos familia, no significa que no podamos ser
amigos.

Si hago algo malo, no me preguntes por qué lo
hice
A veces, ni yo mismo lo sé.

No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que
(aunque sea para sacarte de un apuro)
 Haces que pierda la fe en lo que dices y me
siento mal.

Cuando te equivoques en algo, admítelo
Mejorará mi opinión de ti y me enseñarás a admitir
también mis errores.

No me compares con nadie, especialmente con
mis hermanos
Si me haces parecer mejor que los demás, alguien va
a sufrir (y si me haces parecer peor, seré yo quién
sufra).

Déjame valerme por mí mismo
Si tú lo haces todo por mí, yo no podré aprender. No me des siempre órdenes
Si en vez de ordenarme hacer algo, me lo
pidieras, lo haría más rápido y más a gusto.

No cambies de opinión tan a menudo sobre
lo que debo hacer
Decide y mantén esa posición.
Cumple las promesas, buenas o malas
Si me prometes un premio, dámelo, pero
también si es un castigo.

Trata de comprenderme y ayudarme
Cuando te cuente un problema no me digas:
"eso no tiene importancia..." porque para mí sí la
tiene.

No me digas que haga algo que tú no haces
Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas,
aunque no me lo digas. Pero nunca haré lo que
tú digas y no hagas.

No me des todo lo que te pido
A veces, sólo pido para ver cuánto puedo
recibir.

Quiéreme y dímelo
A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas
necesario decirmelo.




Te deseo


Te deseo primero que ames,
y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es,
sepas ser sin desesperar.
Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes sean valientes y fieles,
y que por lo menos haya uno en quien confiar sin dudar
porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestionen tus propias certezas.
Y que entre ellos,haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro.
Te deseo además que seas útil,más no insustituible.
Y que en los momentos malos,cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.
Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,porque eso es fácil,
sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente,
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.
Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer y su dolor
y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.
Te deseo de paso que seas triste.No todo el año,
sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena,
que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.
Te deseo que descubras, con urgencia máxima,
por encima y a pesar de todo,
que existen,y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.
Te deseo que acaricies un perro
alimentes a un pájaro
y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera, sentirás bien por nada.
Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea,
y la acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuantas vidas está hecho un árbol.
Te deseo, además, que tengas dinero,porque es necesario ser práctico,
Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero
frente a ti y digas: "Esto es mío".
sólo para que quede claro quién es el dueño de quién.
Te deseo también que ninguno de tus defectos muera,
pero que si muere alguno,
puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.
Te deseo por fin que,
siendo hombre, tengas una buena mujer,
que siendo mujer,
tengas un buen hombre,mañana y al día siguiente,
y que cuando estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.
Si todas estas cosas llegaran a pasar,
no tengo más nada que desearte.

Victor Hugo