dijous, 3 de novembre del 2011

Infancia


Maravilloso mundo el de la infancia,
mundo de inocencia y fantasías,
mundo de juegos, mundo de hadas,
mundo de fantásticas mentiras.

Mundo de los cuentos increíbles,
mundo de color y maravilla,
mundo de las noches estrelladas,
mundo donde el sol siempre nos brilla.

Mundo de los sueños inocentes,
mundo feliz, mundo sin prisa,
mundo de las vidas incipientes,
mundo que al crecer se nos retira.

Mundo al que nos trae el nacimiento,
mundo que por un tiempo disfrutamos,
mundo de ilusiones, mundo contento,
mundo que un buen día abandonamos.

Si pudiéramos parar el tiempo
y en la infancia quedar eternizados,
disfrutaríamos por siempre el bello sueño
que a la infancia le ha sido regalado.

Cástulo Gregorisch


Las palabras

Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan...
Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito...
Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen...
Vocablos amados.. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces. son espuma, hilo, metal, rocío...
Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema...
Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes. ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas...
Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, lasliberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció...
Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se
les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces...
Son antiquísimas y recentísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos...
Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas...
Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma.

Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el
oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras.

 Pablo Neruda - Confieso que he vivido - Memorias


Culpable


Yo me declaro culpable
de acelerar en bajada,
de sentirme enamorada y
de amar sin precaución.

Yo me declaro culpable
por sentirme adolescente,
por creerme suficiente
y no prestarte atención.-

Yo me declaro culpable
de mis sueños moribundos,
de mis silencios profundos,
de todo cuanto elegí.

Yo sólo pido perdón
por las cosas que no hice,
por aquello que no dije,
por todo lo que no fui.

Yo sólo pido perdón
por los besos que no he dado,
por no haberme enamorado,
por todo lo que perdí.

Mas yo no pido clemencia
por haberte amado tanto
ni por quebrarme en el llanto
aquel día en que te vi,
que te ibas para siempre
y me partías el pecho
para quitarme el derecho
de volver a ser feliz.

Tampoco tengo evidencias
para alegar la locura
ni culpar a la amargura
que mutiló mi inocencia;
yo sé bien que fue tu ausencia
que me robó la ternura.

Mi pena es la desventura,
mi celda es vivir sin ti.
Pagaré como se pagan
las condenas de por vida
que quien las hace, las paga,
sin llantos ni despedidas.

Y si me toca morir
en manos de algún verdugo,
por piedad, es muy seguro
que nadie rece por mí.

Desconozco el autor