dissabte, 19 de març de 2011

Rabindranath Tagore

 
En mi cielo al crepúsculo
Paráfrasis del poema 30 de “El jardinero”

 En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces
y viven en tu vida mis infinitos sueños.
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios,
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.


 
 
Me dijo bajito: “Amor mío, mírame en los ojos.
Me dijo bajito: “Amor mío, mírame en los ojos.
“Le reñí, agria, y le dije: “Vete.” Pero no se fue.
Se vino a mí y me cogía las manos… Yo le dije: “Déjame.”
Pero no se fue.
Puso su mejilla en mi oído. Me aparté un poco,
me quedé mirándolo, y le dije: “¿No te da vergüenza?”
Y no se movió. Sus labios rozaron mi mejilla. Me estremecí,
y le dije: “¿Cómo te atreves, di?” Pero no le dio vergüenza.
Me prendió una flor en el pelo. Yo le dije: “¡Es en vano!”
Pero no cedía. Me quitó la guirnalda de mi cuello, y se fue.
Y lloro y lloro, y le pregunto a mi corazón:
“Por qué, por qué no vuelve?”

Rabindranath Tagore

Me llaman loco... y me alegro

Vuelo


Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.

Amar ... Pero, ¿quién ama? Volar ... Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.

Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.

Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.

Triste instrumento alegre de vestir; apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.

No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.

Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.

Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. EL cielo se eleva. El aire mueve.

Miguel Hernández 

 

Miguel Hernández

Miguel Hernández 
 (1910-1942)

 En Orihuela, un pequeño pueblo del Levante español, rodeada del oasis exuberante de la huerta del Segura, nació Miguel Hernández el 30 de octubre de 1910. Hijo de un contratante de ganado, su niñez y adolescencia transcurren por la aireada y luminosa sierra oriolana tras un pequeño hato de cabras. En medio de la naturaleza contempla maravillado sus misterios: la luna y las estrellas, la lluvia, las propiedades de diversas hierbas, los ritos de la fecundación de los animales. Por las tardes ordeña las cabras y se dedica a repartir la leche por el vecindario. Sólo el breve paréntesis de unos años interrumpe esta vidad para asistir a la Escuela del Ave María, anexa al Colegio de Santo Domingo, donde estudia gramática, aritmética, geografía y religión, descollando por su extraordinario talento. En 1925, a los quince años de edad, tiene que abandonar el colegio para volver a conducir cabras por las cercanías de Orihuela. Pero sabe embellecer esta vida monótona con la lectura de numerosos libros de Gabriel y Galán, Miró, Zorrilla, Rubén Dario, que caen en sus manos y depositan en su espíritu ávido el germen de la poesía. A veces se pone escribir sencillos versos a la sombra de un árbol realizando sus primeros experimentos poéticos. Al atardecer merodea por el vecindario conociendo a Ramón y Gabriel Sijé y a los hermanos Fenoll, cuya panadería se convierte en tertulia del pequeño grupo de aficionados a las letras. Ramón Sijé, joven estudiante de derecho en la universidad de Murcia, le orienta en sus lectura, le guía hacia los clásicos y la poesía religiosa, le corrige y le alienta a proseguir su actividad creadora. El mundo de sus lecturas se amplía. El joven pastor va llevando a cabo un maravilloso esfuerzo de autoeducación con libros que consigue en la biblioteca del Círculo de Bellas Artes. Don Luis Almarcha, canónigo entonces de la catedral, le orienta en sus lecturas y le presta también libros. Poco a poco irá leyendo a los grandes autores del Siglo de Oro: Cervantes, Lope, Calderón, Góngora y Garcilaso, junto con algunos autores modernos como Juan Ramón y Antonio Machado. En el horno de Efén Fenoll, que está muy cerca de su casa, pasa largas horas en agradable tertulia discutiendo de poesía, recitando versos y recibiendo preciosas sugerencias del culto Ramón Sijé que acude allí a visitar a su novia Josefina Fenoll. Desde 1930 Miguel Hernández comienza a publicar poemas en el semanario El Pueblo de Orihuela y el diario El Día de Alicante. Su nombre comienza a sonar en revistas y diarios levantinos.

Primer viaje a Madrid y Perito en lunas
Poseído por la fiebre de la fama, en diciembre de 1931 se lanza a la conquista de Madrid con un puñado de poemas y unas recomendaciones que al fin de nada le sirven. Aunque un par de revistas literarias, La Gaceta Literaria y Estampa, acusan su presencia en la capital y piden un empleo o apoyo oficial para el "cabrero-poeta", las semanas pasan y, a pesar de la abnegada ayuda de un puñado de amigos oriolanos, tiene que volverse fracasado a Orihuela. Pero al menos ha podido tomarle el pulso a los gustos literarios de la capital que le inspiran su libro neogongorino Perito en lunas (1933), extraordinario ejercicio de lucha tenaz con la palabra y la sintaxis, muestra de una invencible voluntad de estilo. Tras este esfuerzo el poeta ya está forjado y ha logrado hacer de la lengua un instrumento maleable. En Orihuela continúa sus intensas lecturas y sigue escribiendo poesía. También sus amigos le preparan alguna actuación en público. En el Casino de Orihuela recita y explica su "Elegía media del toro". Otra vez, en abril de 1933, es en Alicante donde interpreta la misma elegía después de una docta charla de Ramón Sijé sobre Perito en lunas. La prensa local se hace eco del acontecimiento literario alimentando en el joven poeta el ansia y sed de celebridad.
 


Segundo viaje a Madrid
Un día, al salir de su trabajo, en una notaría de Orihuela, conoce a Josefina Manresa y se enamora de ella. Sus vivencias van hallando formulación lírica en una serie de sonetos que desembocarán en El rayo que no cesa (1936). Las lecturas de Calderón le inspiran su auto sacramental Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras, que, publicado por Cruz y raya, le abrirá las puertas de Madrid a su segunda llegada en la primavera de 1934. Allí se mantiene con un empleo que le ofrece José María de Cossío para recoger datos y redactar historias de toreros. En Madrid su correspondencia amorosa no se interrumpe y la frecuente soledad inevitable en la gran ciudad le hace sentir nostalgia por la paz e intimidad de su Orihuela. Las cartas abundan en quejas sobre la pensión, rencillas de escritores, intrigas, el ruido y el tráfico. Así es que en cuanto le es posible vuelve a su pueblo para charlar con los amigos, comer fruta a satisfacción y bañarse en el río. Aunque lentamente, va creándose en Madrid su círculo de amigos: Altolaguirre, Alberti, Cernuda, Delia del Carril, María Zambrano, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda. Entre ellos trata de vender algunos números de la revista El Gallo Crisis, recién fundada por Ramón Sijé, pero tienen que constatar que ésta no gusta a muchos de sus nuevos amigos. Neruda se lo confiesa abiertamente: "Querido Miguel, siento decirte que no me gusta El Gallo Crisis. Le hallo demasiado olor a iglesia, ahogado en incienso". Ramón Sijé teme perder a su gran amigo para sus ideales neocatólicos, pero pronto tienen que constatar que el ambiente de Madrid puede más que los ecos de la lejana Orihuela. Pablo Neruda insiste en sus ingeniosos sarcasmos anticlericales: "Celebro que no te hayas peleado con El Gallo Crisis pero esto te sobrevendrá a la larga. Tú eres demasiado sano para soportar ese tufo sotánico-satánico". Si Ramón Sijé y los amigos de Orihuela le llevaron a su orientación clasicista, a la poesía religiosa y al teatro sacro, Neruda y Aleixandre lo iniciaron en el surrealismo y le sugirieron, de palabra o con el ejemplo, las formas poéticas revolucionarias y la poesía comprometida, influyendo, sobre todo Neruda y Alberti, en la ideología social y política del joven poeta provinciano. Superada esta crisi, Miguel Hernández es ya un poeta hecho y comienza a crear lo más logrado y genial de su obra.
 

La Guerra Civil
El estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 le obliga a tomar una decisión. Miguel Hernández, sin dar lugar a dudas, la toma con entereza y entusiasmo por la República. No solamente entrega toda su persona, sino que también su creación lírica se trueca en arma de denuncia, testimonio, instrumento de lucha ya entusiasta, ya silenciosa y desesperada. Como voluntario se incorpora al 5º Regimiento, después de un viaje a Orihuela a despedirse de los suyos. Se le envía a hacer fortificaciones en Cubas, cerca de Madrid. Emilio Prados logra que se le traslade a la 1ª Compañía del Cuartel General de Caballería como Comisario de Cultura del Batallón de El Campesino. Va pasando por diversos frentes: Boadilla del Monte, Pozuelo, Alcalá. En plena guerra logra escapar brevemente a Orihuela para casarse el 9 de marzo de 1937 con Josefina Manresa. A los pocos días tiene que marchar al frente de Jaén. Es una vida agitadísima de continuos viajes y actividad literaria. Todo esto y la tensión de la guerra le ocasionan una anemia cerebral aguda que le obliga por prescripción médica a retirarse a Cox para reponerse. Varias obritas de Teatro en la guerra y dos libros de poemas que han quedado como testimonio vigoroso de este momento bélico: Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939).
 

El poeta en la cárcel
En la primavera de 1939, ante la desbandada general del frente republicano, Miguel Hernández intenta cruzar la frontera portuguesa y es devuelto a las autoridades españolas. Así comienza su larga peregrinación por cárceles: Sevilla, Madrid. Difícil imaginarnos la vida en las prisiones en los meses posteriores a la guerra. Inesperadamente, a mediados de septiembre de 1939, es puesto en libertad. Fatídicamente, arrastrado por el amor a los suyos, se dirige a Orihuela, donde es encarcelado de nuevo en el seminario de San Miguel, convertido en prisión. El poeta -como dice lleno de amargura- sigue "haciendo turismo" por las cárceles de Madrid, Ocaña, Alicante, hasta que en su indefenso organismo se declara una "tuberculosis pulmonar aguda" que se extiende a ambos pulmones, alcanzando proporciones tan alarmantes que hasta el intento de trasladarlo al Sanatorio Penitenciario de Porta Coeli resulta imposible. Entre dolores acerbos, hemorragias agudas, golpes de tos, Miguel Hernández se va consumiendo inexorablemente. El 28 de marzo de 1942 expira a los treinta y un años de edad. 



Amistad





El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarle, se sabe el valor que tiene.

El amigo es aquel que acude en los buenos momentos al ser llamado y también en los malos momentos sin necesidad de ser llamado.

Un amigo ha de ser como la sangre que acude a la herida sin tener que llamarla.

Los amigos son como ángeles que nos prestan sus alas cuando nos hemos olvidado de volar.

El que dice tener un amigo tiene dos almas gemelas.

La Amistad es como la Vida, alguien te la da y tu te encargas de tratar de hacerla mejor cada día de tu existencia.

El verdadero amigo es aquel que lo sabe todo de ti y sigue siendo tu amigo.

Tu mejor amiga es la conciencia.

Si yo fuera una rica poderosa y mi amiga una esclava a ser vendida, la compraría para estar toda la vida plenamente a su servicio

En ocasiones la vida es tan dura que sólo un amigo puede ayudarte a soportarla.

Un amigo no es una palabra, es un hecho.

Cuando la voz de un enemigo acusa, el silencio de un amigo condena.

Un buen amigo en la juventud, es el mejor paso hacia la madurez.

No es por fastidiar, pero la amistad es un sentimiento tan grande que no se puede medir con ninguna frase

El que tiene un amigo, tiene un tesoro.

Quizá no sea la mejor amiga del mundo pero quiero estar a tu lado en aquellos momentos en los que incluso a mí me odies.

Un amigo es alguien con quien se puede reír a menudo y llorar de vez en cuando.

Un amigo es un amigo, me dijo un amigo mío, que era tan amigo mío y tanta amistad la nuestra, que no supe que pensar, pero le dije muy dolido: un amigo de verdad, no lo dice y lo demuestra...

El amigo no es aquella persona que te pregunta como estas, sino la persona que espera tu contestación

Un amigo es aquel con el que se puede pensar en voz alta.

Un amigo es aquel que conoce tus defectos, y, a pesar de ello, te quiere.

Refranes (B3)

Boca que no habla, Dios no la oye.
Boca seca hace bolsa llena.
Boca sin dientes, casa sin gente.
Boca sin muelas, molino sin piedras.
Boca sucia no habla limpio.
Bocadito regular, que se pueda rodear.
Bocado comido no guarda amigo.
Bocado de pan, rajilla de queso y de la bota un beso.
Bocado engullido, su sabor perdido.
Boda de hongos, llámala bodorrio.
Boda sin borracho tenla a milagro.
Boda y mortaja, del cielo baja.
Bodas en mayo, males las llamo.
Bodas y aguas, como son guiadas.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
Bollo crudo, engorda el culo.
Bollo de monja, carga de trigo.
Bolsa de pedigüeño siempre vacía.
Bolsa llena, quita las penas.
Bolsa que mucho clama, pronto se acaba.
Bolsa, mujer y espada, no quiere andar prestada.
Bolsillo lleno no tiene dueño.
Bolsillo vacío, trapo le digo.
Bondad y dulzura, mas que donaire, hermosura.
Bonita y fina me haga Dios; que rubia y blanca me haré yo.
Bonita, buena y rica con seso, bocadito sin hueso.
Bonitas palabras al más listo engañan.
Bonito era el diablo cuando niño.
Boñiga de vaca en quemadura, pronto la cura.
Boñigas hacen espigas.
Borrachez, de agua; que la de vino es cara y sale a la cara.
Borrego recién pelado, no lo lleves al mercado.
Borregos al anochecer, charcos al amanecer.
Borregos al atardecer charcos al amanecer.
Borriquillo moruno, vivo cual ninguno.
Borrón de escribano no es sin engaño.
Borrón y cuenta nueva.
Bota vacía la sed no quita.
Botas y gabán encubren mucho mal.
Botella vacía y cuento acabado, no valen un cornado.
Boticario que equivoca el tarro, manda al enfermo a mascar barro.
Boticario sin botica, nada significa.
Brasero que calor no da, ¿para qué está?
Breve habla el que es prudente.
Brindo y bebo, y me quedo convidado para luego.
Bromas y chascarrillos para los amiguillos.
Bromeando, bromeando, amargas verdades se van soltando.
Bruto animal es el que no busca deleite espiritual.
Buen abogado, mal cristiano
Buen abogado, mal vecino.
Buen abogado, mal vecino.
Buen alimento, mejor pensamiento.
Buen amigo es el dinero.
Buen amigo es el gato cuando no araña.
Buen amigo ni buen yerno se hallan presto.
Buen amigo y compañero, pero sin tocar el dinero.
Buen amigo, el ya probado en el peligro.
Buen amor y buena muerte, no hay mejor suerte.
Buen arte es el médico que sotierra su yerro.
Buen atiento, poner la capa según viniere el viento.
Buen caballo, buena espada y buena mujer, ¿qué más has de apetecer?.
Buen cazador, mal labrador.
Buen comedor, buen dormidor.
Buen comienzo, agüero de buen término.
Buen compañero, sólo Dios del cielo.
Buen corazón quebranta mala ventura.
Buen disimulo, se tapaba la cara y enseñaba el culo.
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.


Mujeres