diumenge, 7 d’agost de 2011

ROMANCE DE LA NOVIA ABANDONADA


  Sus ojos se hicieron verdes
de tanto mirar el mar,
que antes, sus pupilas eran
como miel de colmenar.
Pero una tarde de enero,
su amante se fue a viajar
dijo que a correr fortuna
para poderse casar;
y los ojos de Mercedes
en un continuo llorar,
íbanse palideciendo
como las olas del mar.

Así los años se fueron,
después de un mes, otro mes,
las pupilas de Mercedes
 perdieron su limpidez.
Sus mejillas antes frescas,
se marchitaron también,
sus labios llenos de besos,
se curvaron al desdén,
su talle fino y esbelto
perdió su erguida altivez,
sin que regresara el barco
trayendo al ansiado bien.

Trepada en alto peñasco
iba la niña a mirar
los veleros, que cruzaban
la quieta extensión del mar...
Igual que blancas gaviotas,
que se aprestan a volar,
se abrían las albas velas
bajo un cielo de cristal;
pero la noche llegaba,
con ella, la oscuridad,
y nada la paz turbaba
de la negra inmensidad.

Mar que mi amor te llevaste
¿no me lo devolverás?

Niña, no llores la ausencia
del amante que se fué,
que la juventud es breve
y es muy larga la vejez.
Niña, si te dejan sola,
abre tu pecho a otro amor,
porque en la vida, florece
sólo una vez, la ilusión;
y aunque él te jure que vuelve
no te pongas a esperar
ni mires las olas verdes
ni pidas consuelo al mar!

   (Rosario Sansores)
 
 

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