divendres, 29 de juliol de 2011

La fábula de la tortuga


Las tortugas de agua dulce, durante muchas generaciones, habían vivido quietas, pegadas junto a las rocas, usando el mimetismo como medio de defensa contra la voracidad de los tiburones. Una tortuga muy joven veía pasar con recelo a las serpientes marinas haciendo arabescos en las corrientes internas para lanzar destellos de placer. El llamado era tan intenso que nuestro animal, con grandes esfuerzos, se desprendió de su caparazón y se fue a danzar con los alargados peces sintiendo ondulaciones de vida en lo que antes era su adormecido cuerpo. Las tortugas mayores, dando alaridos de horror, la persiguieron. “¡Descarriada, insensata: estas dando un mal ejemplo a las otras jóvenes!” Más el deseo de danzar era tan intenso que nadie pudo impedir que ella lo hiciera. “Si es así -dijeron las mayores- tenemos que protegerla. Si las nuevas generaciones siguen el ejemplo de esta tonta y quieren salir al mundo, que lo hagan, pero bien defendidas. ¡Nosotras sabemos, porque tenemos experiencia!” Obligaron a la libertina a cubrirse el cuerpo con una espesa malla de acero. Cuando quiso bailar, a causa del peso, en lugar de brillar en las corrientes como un prisma vivo, la joven tortuga se hundió en el légamo y pereció ahogada.
Si las tortugas mayores, en lugar de agobiar a la menor con defensas que correspondían a la antigua realidad mimética, le hubieran enseñado a adquirir la agilidad de las serpientes no sólo para danzar sino también para huir, cosa necesaria en la nueva realidad, ésta se hubiera salvado. Junto a las rocas, la mejor defensa es el lento disimulo, pero en las corrientes marinas se salva el pellejo por la velocidad.
La realidad social, al igual que el universo, está en constante expansión y cambio. Persistir en una situación y no avanzar, es retroceder, porque en un mundo cambiante, lo que no se transforma es lastre… muchas veces con el afán de "proteger" apartamos a muchas personas de la realidad y no les permitimos defenderse. Si la ayuda no corresponde a la realidad del medio, en lugar de salvar, hunde.
Cundo hablamos de cambio, no recomendamos “cambiar una cosa por otra” en el mismo nivel de conciencia. Nos referimos a una mutación profunda del espíritu. Expansión que no significa apoderarse de más, sino alejar nuestros límites, aquellos que impiden que vivamos a la altura de nuestros valores auténticos.

A.Jodorowski

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