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dilluns, 18 de gener del 2016
El hombre que busco
En una breve conversación, un hombre le pregunta a una mujer:
-¿Qué tipo de hombre estás buscando?
Ella se quedó callada un momento antes de verlo a los ojos y le preguntó: -
¿De verdad quieres saberlo? Él respondió: - Sí
Ella empezó a decir: -Siendo una mujer en esta época, estoy en una posición de pedirle a un hombre lo que yo sola no puedo hacer por mí. Yo pago todas mis facturas, yo me encargo de mi casa sin la ayuda de un hombre, yo estoy en la posición de preguntar: '¿Qué es lo que tú puedes aportar en mi vida?'
El hombre se le quedó mirando y pensó que ella se estaba refiriendo al dinero. Ella, sabiendo lo que él estaba pensando, dijo: -No me estoy refiriendo al dinero, yo necesito algo más. Yo no necesito un hombre que luche por la perfección en todos los aspectos de la vida. Yo busco a alguien que luche por superarse, a alguien con quién conversar y que me motive a ser cada vez mejor. YO NO NECESITO A ALGUIEN MENTALMENTE SIMPLE E INMADURO.
Quiero a alguien a quien admirar y que me admire por mí misma. Yo estoy buscando a alguien que luche por la tranquilidad espiritual, porque yo necesito a alguien con quien compartir mi Fe en Dios; un hombre que me ame, pero que ame a Dios por encima de todo.
No necesito a un hombre que luche por la perfección financiera, porque yo no busco riquezas.
Busco a alguien que se esfuerce y trabaje hombro a hombro conmigo para sostener nuestro hogar, que no sea una carga más en espera de ser 'mantenido'. Yo necesito a alguien lo suficientemente sensible para que me comprenda por lo que yo paso en la vida como mujer, pero lo suficientemente fuerte para darme ánimo y no dejarme decaer.
Yo estoy buscando a alguien a quien pueda respetar. Para poder apoyar a ese hombre, debo respetarlo y que me respete por lo que valgo.
Busco a alguien en quien pueda confiar, que me respete como su pareja y mejor amiga. No a un hombre infiel, con un alma tan pobre que se irrespete a sí mismo entregándose a cualquiera solo por un momento de placer banal y animal.
Busco a un hombre que pueda ser digno ejemplo para nuestros hijos, más no una vergüenza para ellos. Yo aspiro a atender a mi pareja, simplemente él tiene que merecérselo. Dios hizo al hombre y a la mujer en iguales condiciones para apoyarse mutuamente.
Yo no puedo ayudar a un hombre inútil, que no se puede ayudar así mismo. Yo busco a un hombre sensible y con buenos sentimientos, porque él conocerá mis sentimientos con sólo mirarme a los ojos. Busco ternura
. Cuando ella terminó lo miró a los ojos y él se veía muy confundido y con interrogantes. Él le dijo: -Estás pidiendo mucho. Ella le contestó: -Yo valgo mucho.
Fuente de la historia: Anónima
El amor no debe ser una imposición; debe ser una decisión. Puedes disfrutar de tu soltería tanto como de una relación de pareja, pero eres tú quien decide en qué momento cambiarás de estado, porque siempre puedes escoger cómo vivirás tu vida emocional. Las guías prácticas de Walter Riso muestran diferentes técnicas para entender que el amor no es una necesidad sino una elección que debe enriquecer la vida en todo momento.
dissabte, 26 de gener del 2013
La paz perfecta
Había
una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que
pudiera en una pintura dibujar la paz perfecta.
Muchos
artistas lo intentaron y presentaron sus obras en el palacio del rey,
el gran día había llegado.
El
rey observo y admiró todas las pinturas, pero solo hubieron dos que
a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La
primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto
donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo
rodeaban.
Sobre
estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas.
Todos
quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz
perfecta.
La
segunda pintura también tenia montañas pero estas eran escabrosas y
descubiertas.
Sobre
ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero
con rayos y truenos.
Montaña
abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua.
Todo
esto no se revelaba para nada pacifico.
Pero
cuando el rey observó cuidadosamente, miró tras la cascada un
delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto
se encontraba un nido.
Allí,
en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado
plácidamente un pajarito en el medio de su nido ...
Paz
perfecta ... el pueblo entero se preguntaba que cuadro elegiría el
rey?
El
sabio rey escogió la segunda, y explicó a la gente el
porque...
"Porque,"
explicaba el rey, "Paz no significa estar en un lugar sin
ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa
que a pesar de estar en medio de estas cosas permanezcamos calmados
dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la
paz."
Y
tú... ya has encontrado la verdadera paz del corazón, entre
tanto bullicio?...
dimecres, 16 de gener del 2013
¿Qué es el amor?
-Maestra... ¿qué es el amor?
La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura de la pregunta inteligente que había formulado.
Como ya estaban en hora de recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajesen lo que más despertase en ellos el sentimiento del amor.
Los chicos salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:
-Quiero que cada uno muestre lo que trajo consigo.
El primer alumno respondió:
-Yo traje esta flor, ¿no es linda?
Cuando llegó su turno, el segundo alumno dijo:
-Yo traje esta mariposa. Vea el colorido de sus alas; la voy a colocar en mi colección.
El tercer alumno completó:
-Yo traje este pichón de pajarito que se cayó del nido, hermano: ¿no es gracioso?
Y así los chicos, uno a uno, fueron colocando lo que habían recogido en el patio.
Terminada la exposición, la maestra notó que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido quieta durante todo el tiempo.
Parecí avergonzada porque no había traído nada.
La maestra se dirigió a ella y le preguntó:
-Muy bien: ¿y tú? ¿no has encontrado nada?
La criatura, tímidamente, respondió:
-Disculpe, maestra. Vi la flor y sentí su perfume; pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que exhalase su aroma por más tiempo.
Vi también la mariposa, suave, colorida, pero parecía tan feliz que no tuve el coraje de aprisionarla.
Vi también el pichoncito caído entre las hojas, pero... al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre
y preferí devolverlo al nido.
Por lo tanto, maestra, traigo conmigo el perfume de la flor, la sensación de libertad de la mariposa y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito.
¿Cómo puedo mostrar lo que traje?
La maestra agradeció a la alumna y le dio la nota máxima, considerando que había sido la única que logró percibir que sólo podemos traer el amor en el corazón.
Sabes, esto me lo envió quien me enseñó, que el amor no es... Tomar, Arrancar, Capturar, Forzar, Ganar o Perder.
Amar es llevar en el alma, es Recordar, es Disfrutar,
Amar es ser LIBRE Y DEJAR LIBRE.
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diumenge, 13 de novembre del 2011
El joven y el paracaídas
Un joven turista se encontraba en las playas de Cancún y era la primera vez que subiría en un paracaídas jalado por una lancha. Si conoces la playa, sabes que los lancheros prestan ese servicio, que consiste en que un paracaídas es amarrado por una cuerda a una lancha.
Entonces, la lancha inicia su recorrido mar adentro, con el turista sujeto al paracaídas con un arnés. Este corre con el paracaídas en la playa por unos instantes, hasta el momento en que el turista despega los pies del suelo, el paracaídas se eleva hasta el cielo y la persona junto con el.
Imagínate, el joven no sabía nadar y tenía las siguientes preguntas en su cabeza:
¿Qué pasará si la lancha me arrastra mar adentro, antes de que me eleve el paracaídas?
¿Qué tal si una vez en el cielo, me caigo de semejante altura?
A pesar del miedo, decidió actuar y confiar en la incertidumbre. Sabía que era una experiencia nueva y era natural tener miedo. Pero también sabía que la vida es eso, experiencias nuevas y que tenía que estar abierto ante la vida.
Se puso el arnés. Escuchó con nerviosismo las últimas indicaciones del instructor. “Ruuuuuum” se escuchó el sonido del motor de la lancha que iniciaba su recorrido al mar. El joven comenzó a caminar al principio y después a correr a medida que la velocidad aumentaba.
Y llegó el momento en que tuvo que pegar un salto para evitar caer al mar “¡Guuuuuaaaaaauuuuuu!” no lo podía creer, el paracaídas se elevó y en cuestión de segundos, estaba a muchos metros encima, viendo el mar y los hoteles de la ciudad, como si fueran casas de juguete. Y sintió paz.
“Qué emocionante, nunca me hubiera imaginado que sería tan fácil y divertido” y disfrutó de la hermosa vista desde el cielo.
¿Qué podemos aprender de este joven? Es natural tener miedo ante lo desconocido. La imaginación crea mil y un fantasmas pero son eso. Fantasmas. No existen en realidad y son auto-creados.
Mi pregunta es: ¿Cuántos de nosotros evitamos tener experiencias nuevas por temor a lo desconocido?
Aún más fuerte: ¿Cuántos miedos imaginarios has acumulado durante tu vida, que te han evitado experimentar cosas nuevas y ser feliz?
“Muchos sinsabores he tenido en la vida, la mayoría de los cuales nunca me han ocurrido”. Exacto. Si analizas tu vida a la luz del pasado, descubrirás que lo que más temes nunca pasó y cuando sucedió, resultó ser una experiencia única y placentera.
Te invito a que busques dentro de ti, aquello que has evitado hacer por mucho tiempo, por culpa de esos fantasmas imaginarios y lo hagas.
¿Y quién sabe? Quizás disfrutes de una hermosa vista del cielo, como el joven de la playa.
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diumenge, 23 d’octubre del 2011
Historia de un feo (basada en hechos reales
Ayer mientras hacíamos el vago post-fiesta del día anterior en un pub, vimos al hombre más feo del lugar. Y no me saco de la cabeza la idea de como debe de condicionar toda su vida el hecho de ser feo.Es evidente que un feo tiene que saber hacer uno sobreesfuerzo para escapar de su condición de feo. Este feo no lo hacía: era feo y gordo y mal vestido. Descuidado, desgarbado, pero sobre todo y probablemente como causa y consecuencia de todo cuanto le genera ser feo: inseguro.
Mirad, todos tenemos muy bien aprendida la lección que dice que lo que importa lo llevamos dentro. También acostumbramos a aconsejar que cada cual potencie lo mejor que tiene para difuminar los defectos a nivel físico. También conocemos todos el típico feo con morro que por lo visto liga mucho.Pero cuando te encuentras un extremo, todo debate se despeña contra las paredes.
La primera reacción al verlo aparecer fue reír (sería muy injusto que no lo reconociese), pero lo que vi después me dio tanta lástima que no quedó más mofa para hacer.
El chico feo apareció con dos amigos, también feos, pero mucho más integrados en esta especie de media imaginaria que todos llamamos "el montón". Prácticamente parecía que el chico feo ayudaba a los dos amigos que, orgullosos, veían como las chicas del grupo se arremolinaban a su alrededor para evitar bailar cerca de la órbita del feo, que parecía absorto y ajeno a todo ello, por suerte.
Los dos amigos optaron por presentarlo a las chicas. Dos de ellas se miraron con cara de espanto después de darle dos besos con una velocidad que ni el coyote. Pero lo peor llegó con la aceleración de la música.
Uno de los amigos logró triunfarse una de las morenas, el otro no, pero parecía el más feliz del mundo sabiéndose la única posibilidad para las chicas, en aquel momento.
El feo bailaba intentando que alguien o algo lo integrase en el grupo. Muy predispuesto y optimista.
Cuanto más bailaba más evidente se hacía su inseguridad y más ridículos sus movimientos, que se desacompasában a través de su cuerpo imposible. Aun así, él intentaba esconder todo ello con una cara de convencimiento impasible y una expresión que no dejaba de velar por que se mostrara un mensaje facial de "me lo estoy pasando muy bien".
La vida en su geografía tomaba cada vez un carácter de injusticia más bestia. Es lo que más me impactó. Como debe de tener que vivir con la absoluta consciéncia de llevar un inconveniente como armazón, uno sanbenito que le persigue y, sobre todo, le precede.
A nadie parecían quedarle ganas de conocer quién había dentro, precisamente perque el exterior destilava complejos e inseguridad por doquier.
Su condición de feo lo ha arrastrado a todo el resto de condiciones.
No me viene a la cabeza qué le diría, y mira que siempre es lo primero que tengo claro en casi todas las situaciones.
Me supera la vertiente dramática de su existéncia, aunque ya sé que podéis estar pensando que seguro de que no hay para tanto.
Ya lo sé: Le diría...
"Querido feo,Rebelate contra lo que te pasa, lucha, corre, ríe, habla...Haz lo que sea, pero intenta que sean los demás los que se sientan por debajo... por una vez.
Ánimo! "
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dijous, 13 d’octubre del 2011
Paciencia
Un pastor tenía dos ovejas y estaba contento porque las dos ovejas habían parido y tenían unos hermosos y juguetones corderitos.
Durante la noche el pastor encerraba sus dos ovejas en un corral que tenía muy cerca de la casa. Así aseguraba que lobos y zorros no las mataran.
En las horas del día las soltaba para que fueran a pastar por los cerros. Y aquel día las soltó, como siempre y dejo a los corderitos en el corral. Es muy riesgoso soltarlos tan pequeños.
Las dos ovejas cruzaron el río caminando sobre su firme lecho de piedras. Las aguas del río eran poco profundas y ellas lo cruzaban a diario. Pero al poco tiempo se desato un temporal muy fuerte y la lluvia fue repentina y torrencial. Las aguas descendieron de los cerros, se volcaron torrentosas en los pequeños arroyos y el río se desbordó.
El pastor salió hasta la orilla, porque sabía que se acercaba la hora en que sus ovejas regresarían, para amamantar a sus críos y pasar la noche en su corral y vio que sería imposible cualquier intento por cruzar aquel torrente de aguas, sin exponerse a ser arrollado y golpeado contra las piedras.
Una oveja se puso a pastar paciente en la orilla, esperando que las aguas bajaran, la otra se impacientó y comenzó a lamentarse:
-Esta agua no descenderá y mis hijitos morirán de hambre, aquí nos sorprenderá el lobo y nos moriremos.
La compañera trato de calmarla:
-No te impacientes, recuerda que ya vimos muchas crecientes en el río y siempre vimos las aguas descender, no nos pasará nada malo y mañana amamantaremos a nuestros hijos.
De nada valieron sus reflexiones, la oveja se lanzó al río. El pastor la miraba impotente desde la otra orilla. La pobre oveja avanzó unos pocos metros, pero las aguas la vencieron y la arrastraron rìo abajo, el pastor y la compañera vieron como el cuerpo de la desdichada era llevado por la corriente, que lo golpeaba contra todas las rocas salientes.
Al anochecer las aguas ya habían descendido bastante, pastor y oveja se miraban desde las dos orillas, el pastor que conocía bien los pasos menos riesgosos, entró al agua y lenta y cuidadosamente, llego hasta la otra orilla, ató una cuerda al cuello de su oveja y ambos volvieron a cruzar el río.
Los corderitos balaban en el corral, el pastor hizo que los corderitos mamaran de la oveja sobreviviente, que se constituyó en la madre de todos.
“Sin esperanza es imposible tener paciencia, porque nadie espera lo imposible y la esperanza más hermosa es la que nace en situaciones más desesperantes. La impaciencia, con la que quieren alcanzarlo todo hoy, es la que hace perder la oportunidad de alcanzarlo mañana”.
Autor Desconocido.
dissabte, 24 de setembre del 2011
Papel arrugado
Un niño que tenia un carácter impulsivo y lo hacia reventar en cólera a la menor provocación.... la mayoría de las veces después de unos de estos incidentes se sentía avergonzado y se esforzaba por consolar a quien había dañado. Un día su maestro, que le vio dando excusas después de una explosión de ira, le llevó al salón y le entregó una hoja de papel lisa y me dijo: - ¡Estrújalo! Asombrado obedeció e hizo con él una bolita. - Ahora -volvió a decirle- déjalo como estaba antes. Por supuesto que no pudo dejarlo como estaba, por más que trato el papel quedó lleno de pliegues y arrugas. - El corazón de las personas -le dijo- es como ese papel... La impresión que en ellos dejas, será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues. Aprende a ser más comprensivo y paciente. Cuando sientas ganas de estallar, recuerda ese papel arrugado. La impresión que dejamos en los demás es imposible de borrar...Más cuando lastimamos con nuestras reacciones o con nuestras palabras... Luego queremos enmendar el error pero ya es tarde.
Moraleja:
Aprenda a ser más comprensivo y paciente.... cuando sienta ganas de estallar recuerde ese papel arrugado..... La impresión que dejamos en los demás es imposible de borrar..... Mas aun cuando lastimamos con nuestras reacciones o con nuestras palabras..... Luego queremos enmendar el error, pero ya es tarde y todo se hace más difícil.
"Habla cuando tus palabras sean tan dulces como el silencio"...... porque es preferible el silencio del sabio a las palabras del necio.... dice mas el sabio callado que el necio hablando... aquel guarda silencio para preguntar lo que ignora y este ultimo multiplica las palabras para decir lo que no sabe......
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divendres, 9 de setembre del 2011
El hombre que me comienza los sueños
Tengo cuarenta y dos años, la vida me persigue día a día y me empuja, seguramente hacia la muerte y el olvido. Es así y no puedo más que lamentarlo cuando lo pienso. Si no lo pienso, no creo que me haya distraído y haya ganado un tiempo de sosiego. Muy al contrario, creo que me he engañado, malgastado esperanzas vanas. Por las noches, cuando el tedio del insomnio amenaza con hacerse más amargo; cuando no quita el desasosiego mirar una película, por más absorbente, salvaje o porno que sea; para no hablar de las pocas opciones de un libro de versos poderosos, ni del diario del día, ya acabado, ni de una revista casual; cuando se piensa que pensar resulta innecesario y que el amor sólo le despista minutos a la pobre noche. Perdidas todas las esperanzas de hallar el hilo cálido del sueño y de no desear ni soltar en la víspera de nadie humo de maría, acechando las ventanas iluminadas de las casas de enfrente que juegan a on-off. Por no pasar nada, ni coches pasan, ni llueve. Tampoco suena el teléfono (¿por qué habría de hacerlo a tamañas horas de la noche?), ni hay tarea en que ocuparse (¿para qué, si mañana será todo mañana para hacerla?). No sirve de nada contar segundos sin equivocarse, porque siempre son los mismos. Puede que se diferencien menos que una hora de otra hora y, sin ninguna duda, que un día de otro día. Aunque a los cuarenta y dos años se confunden los días y los segundos y hasta algún que otro año.
Es entonces cuando recuerdo al hombre que me comienza los sueños. Hace más de treinta años y no he perdido su viva imagen. No tuvo prisa en que yo cenase, no tiene prisa en que me acueste. Más adelante, no la tendrá en que me duerma. Porque lo que le agrada es convencerme de que las cosas pasan incluso si uno no lo quiere. Las buenas, las malas y, aún más, las de todos los días. Como el tiempo necesario para que un niño pequeño cene, se desvista, se ponga el pijama, se acurruque en su cama y comience a escuchar cómo le comienzan los sueños. El hombre que me comienza los sueños no me persigue por los pasillos ni me llama al orden. No mira con impaciencia el reloj que hace rato ha marcado la hora en que los niños se van a la cama. Ni siquiera hace caso de mis gestos lentos y distraídos que alargan el tiempo, que lo estiran contra mí mismo, contra el sueño que tendré mañana cuando el hombre que me comienza los sueños encienda la luz de la habitación, se siente a los pies de la cama y diga como quien ha pasado la noche velando un cuerpo:
—Es hora de comenzar a contar las horas que tiene el día que comienza.
Y yo, cada día, pensaba en las muchas horas que había para contar las horas que en el día había, y lamentaba, sin encolerizarme, que fuese justamente aquél el momento en que debía comenzar a perseguir las manecillas de los relojes. Del nuevo reloj de pulsera, a las ocho. Del despertador de cuerda de cada noche, a las ocho y cinco. Del reloj de pilas de la cocina, a las ocho y cuarto. Del reloj de cuerda suizo del comedor entre y veinte e y veinticinco. De los relojes de péndulo del recibidor, sonando la media... Ahora conozco el tiempo. Sé lo que dura un segundo y soy capaz de contar hasta doscientos con un pequeño error de tres o cuatro de más o de menos. Puedo vivir media hora con los ojos cerrados sin equivocarme más de medio minuto si imagino que son las ocho, las ocho y cinco, las ocho y cuarto, las ocho y veinte, y veinticinco. El reloj de péndulo anuncia las ocho y media, es justamente el momento en que salta la cuerda y se libera el percutor de otro reloj de pared, que arranca un sonido grave a la espiral metálica que vibra por primera vez y es golpeada y produce un segundo toque de ocho y media. Son las ocho y media.
Antes de que suene, ya puedo advertir en el reloj del despacho una energía viva segundos antes de que anuncie la media y la muerte de su anuncio. Y después oigo cómo lo oye el vecino. Ya tengo cuarenta y dos años, acabados de sonar y un poco más. Hay quien me ha felicitado por mi cumpleaños, hay quien no lo ha recordado y lo hará mañana o el año que viene, si es que lo recuerda. La mayoría, sin embargo, no pueden imaginarse a sí mismos felicitándome porque ni siquiera saben que existo y que vivo en esta calle —a la que muchos conocen más que a mi existencia— de esta ciudad —que casi todos conocen—. Y no es más grande, ni más elegante, ni más alegre, ni más histórica que cualquier otra, pero todos saben como mínimo su nombre, y muchos pueden decirte en qué país está, situarla en un punto del mapa y dar las instrucciones necesarias para llegar a ella. Pero no saben que son muchas las noches en que los pienso, uno por uno. En ellos, que no me conocen y que pueden vivir sin que les pase un relámpago de mí por el cerebro, a diferencia de lo que me pasa cuando me encandila la sensatez de pensarlos, uno por uno.
Sólo si puedo recordar al hombre que me comienza los sueños la noche se vuelve más plácida y breve, como la ilusión de un día luminoso de verano que se cuenta a los amigos.
Jaume Capó Frau
Jaume Capó Frau
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dimarts, 6 de setembre del 2011
El idioma secreto
En las cuevas de L’Oiseau, al norte de Francia, se encontraron dibujos y una estela con signos repetidos y asociados con ellos. Eran incisiones en la piedra de la gruta. Posiblemente las figuras tuvieron color, pero la humedad del mar cercano lo hizo desaparecer, impregnando las superficies de sal.
Los arqueólogos, el doctor Gunnar Palm entre ellos, estaban limpiando las ranuras con suaves pinceles, como si pintaran la Capilla Sixtina. Fotografiaron cada signo y luego los rearmaron sobre una mesa. En la tienda estuvieron tres meses, aprovechando el clima benigno de verano. En otras estaciones era difícil trabajar. Los fríos intensos entorpecían la vida de campo y las fotografías se deterioraban. De modo que seguían el trabajo al amparo del confort en la ciudad, en Estocolmo.
Lo que más les llamó la atención fue descifrar un lenguaje de sólo tres palabras. Las encontraron repetidas en escenas y pudieron así reconstruir la vida de relación de ese grupo que habitó las cavernas hace cincuenta mil años. Denominaron el lenguaje «Poe-L’Oiseau» en homenaje al escritor que le gustaba descifrar enigmas.
Las tres palabras eran: «sí», «no», «infinito», y los arqueólogos explicaron su uso del siguiente modo: cuando se recibía comida se agradecía diciendo «infinito», porque esa palabra abarcaba todos los sentimientos de gratitud que se querían manifestar. Si una mujer estaba embarazada, como una de las figuras de la gruta, se decía «infinito» al mirar su vientre, porque escapaba a la comprensión de dónde venía ese nuevo ser, ya que no establecían conexión entre la sexualidad y el embarazo.
A veces usaban dos palabras. Por ejemplo: «sí» y «no» quería decir tal vez, o «infinito» y «no» quería decir «morir»; «infinito» y «sí» significaba el sol. El «sí» afirmaba la vida y el «no» implicaba su ausencia. «Infinito» era todo lo misterioso, las fuerzas naturales que no tenían explicación y que excedía los monosílabos.
Acostumbrados a los largos fríos y las vidas breves, no conocieron la vejez degradante. En un escenario de lucha frontal por la subsistencia, los más aguerridos cazadores pintaban lumbres en su pecho, como una invocación al fuego, que todo lo devora, para que les prestara su poder en las cacerías. (El ocre encontrado en pequeños cuencos de hueso lo afirma.) Parte del trofeo se le entregaba para que lo consumiera. Un grito surgía cuando la llama se alzaba alta sobre la ofrenda. Algo gutural resonaba en el vacío, mientras las criaturas gorjeaban fascinadas. El fuego también necesita alimento. Aprendieron que la brisa lo aviva, que es enemigo del agua y que calcina la tierra que lo sostiene. Sin embargo, como un pequeño sol calentó en las cavernas los dolientes fríos del norte, ahuyentó a las fieras y dio luz en las gargantas oscuras de la roca. Las mujeres lo atizaban, como un rito, y a su calor armaban túnicas con la piel de los animales. Debajo, sus cuerpos desnudos brillaban con la grasa de las presas que el fuego derretía.
Las criaturas que sobrevivían aprendían temprano a buscar alimento cuando el pecho materno se había secado. Arañaban la tierra, seguían al hombre que les enseñaba el acecho paciente y viril de matar un animal más grande que él. El niño se hacía hombre a imagen de otro, con miedos que conjuraba el fuego, con victorias que inundaban la caverna de grasa ritual, con la muerte de la bestia o la propia. Estos seres compartieron con la naturaleza sus mismas leyes, las acompañaron, pero fueron destruidos por ellas, a pesar de que no las contradecían, porque en su mismo ser estaba el «infinito» como principio y como fin.
Gunnar, que llegó a esta interpretación, se quedó mirando por la ventana cómo caía la nieve sobre los pinos. El «sí infinito» alumbraba tenuemente el invierno.
Por la mañana, cuando sus compañeros aparecieron en el laboratorio y le trajeron el material ordenado, agradeció con un «infinito». Ellos rieron porque sabían de qué se trataba, pero a medida que pasaron las horas, no lograron arrancarle más que los sabidos monosílabos. Se despidieron con «infinito» y Gunnar volvió a su casa. Caminaba como si hundiera por vez primera las botas en el suelo blanco. El viento helado le castigaba el rostro sin que él lo impidiera. Con cierto desgano abrió la puerta y el tintineo de la campanilla lo anunció. Cuando vio las imágenes en el televisor y a sus hijos como hipnotizados, lo apagó de un golpe y se fue a su cuarto. Mientras los chicos lloraban, su mujer quiso saber:
—¿Qué pasa, Gunnar? —No obtuvo respuesta.
Luego bajó a comer. Algo aún respondía a los hábitos. En la mesa miraba los cubiertos, los platos, pasaba el dedo por el borde. Se detuvo en el vaso con agua. Una parte del río estaba ahí, con nostalgia de nieve y de montaña, una parte de «infinito» para beber. Comió en silencio. Silencio de presagio, como la quietud en las copas de los árboles que en breve se van a sacudir con la tormenta. Al levantarse de la mesa tan sólo dijo «infinito». Ella lo miró asombrada. Él se acostó en otro cuarto, puso el colchón en el piso y durmió.
Al día siguiente no fue a la oficina sino a caminar por la orilla del río. Cruzó el puente que, como una giba, tendía su armadura de hierro. Bajó unos pasos sobre la orilla y se sentó sobre una piedra a mirar cómo el agua discurría entre escarchas o hacía rulos al pasar, repitiendo el mismo dibujo. Siguió caminando sin rumbo en la esperanza de hallar un refugio, ¿una cueva?, pero sólo encontró edificios y luces artificiales en la larga noche, que lo encandilaban más que la luna y las estrellas. El hambre empezó a afilar sus agujas y buscó un pez por las orillas, un cangrejo, pero no encontró nada. El río ya no tenía vida. Estaba contaminado. Cuando fue «no», la noche temprana del norte, se arrinconó bajo un alero y se durmió. El frío lo despertó abrazado a unas maderas que logró juntar antes de quedarse dormido. Buscó cómo prenderlas y por más que frotó una contra otra no logró arrancar la chispa que le diera fuego. Había olvidado que llevaba una caja de fósforos en el bolsillo. Amaneció débilmente, y se despertó con un hambre punzante, que lo hizo correr hacia un negocio en que vio panes tras una vitrina. Entró y tomó uno, pero al grito de su dueño tuvo que escapar. Pálido y tiritando se sentó bajo un puente. No había fuego, ni compañía, ni comida. Las lágrimas caían por sus mejillas barbadas y mansamente murmuró «no infinito».
Con sigilo, un foco lo buscó bajo el puente y se detuvo sobre su cuerpo ovillado. Su mujer gritó:
—¡Gunnar!
Él levantó con esfuerzo la cabeza y con un viejo cansancio dijo «no» y se dejó caer. Su nombre le sonaba lejano, como eco que golpeaba en el murmullo del agua.
Ya no tenía más palabras para nombrar el mundo que «infinito no», «infinito no»... mientras el día asomaba su «sí» en un gajo de luz cerca del río.
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diumenge, 4 de setembre del 2011
El Rey y la mendiga
Cuentan que había una vez un rey muy apuesto que estaba buscando esposa.
Por su palacio pasaron todas las mujeres más hermosas del reino y de otros más lejanos;
muchas le ofrecían además de su belleza y encantos muchas riquezas, pero ninguna lo satisfacía tanto como para convertirse en su reina.
Cierto día llegó una mendiga al palacio de este rey y con mucha lucha consiguió una audiencia.
_¡No tengo nada material que ofrecerle; solo puedo darle el gran amor que siento por usted!,le dijo al rey; _¡puedo hacer algo para demostrarte ese amor!.
Esto despertó la curiosidad del rey, quien le pidió que le dijera que sería eso que podía hacer.
-¡ Pasaré 100 días en tu balcón, sin comer ni beber nada, expuesta a la lluvia, al sereno, al sol y al frío de la noche!.
Si puedo soportar estos 100 días, entonces me convertirás en tu esposa.
El rey, sorprendido más que conmovido, aceptó el reto. Le dijo:_¡¡acepto!!.
Si una mujer puede hacer todo esto por mí, es digna de ser mi esposa.
Dicho esto, la mujer empezó su sacrificio. Empezaron a pasar los días y la mujer valientemente soportaba las peores tempestades... muchas veces sentía que desfallecía del hambre y de frío, pero la alentaba imaginarse finalmente al lado de su gran amor.
De vez en cuando el rey asomaba la cara desde la comodidad de su habitación para verla y le hacía señas de aliento con el pulgar.
Así fue pasando el tiempo... 20 días...50... la gente del reino estaba feliz, pues pensaban "por fin tendremos una reina!!"... 90 días... y el rey continuaba asomando su cabeza de vez en cuando para ver los progresos de la mujer.
_¡¡ Esta mujer es increíble!!, pensaba para si mismo y volvía a darle alientos con señas.
Al fin llegó el día 99 y todo el pueblo empezó a reunirse a las afueras del palacio para ver el momento en que aquélla mendiga se convertiría en esposa del rey.
Fueron contando las horas... a las 12 de la noche de ese día tendrían reina ...
La pobre mujer estaba muy desmejorada; había adelgazado mucho y contraído enfermedades.
Entonces sucedió. A las 11:00 de la noche de aquél día 99, faltando a penas una hora para que llegara el día 100, la valiente mujer se rindió... y decidió retirarse de aquel palacio.
Dió una triste mirada al sorprendido rey y sin decir ni media palabra se marchó.
La gente estaba conmocionada, nadie podía entender por qué aquella valiente mujer se había rendido faltando tan solo 1 hora para ver sus sueños convertirse en realidad.
¡¡Había soportado tanto!!
Al llegar a su casa, su padre se había enterado ya de lo ocurrido.
Le preguntó:
_¿Porqué te rendiste a tan solo instantes de ser la reina? y ante su asombro ella respondió:
Estuve 99 días y 23 horas en su balcón, soportando todo tipo de calamidades y no fue capaz de liberarme de ese sacrificio. Me veía padecer y solo me alentaba a continuar, sin mostrar siquiera un poco de piedad ante mi sufrimiento. Esperé todo este tiempo un atisbo de bondad y consideración que nunca llegaron.
Entonces entendí: una persona tan egoísta, desconsiderada y ciega, que solo piensa en sí mismo, no merece mi amor.
Moraleja: Cuando ames a alguien y sientas que para mantener a esa persona a tu lado tienes que sufrir, sacrificar tu esencia y hasta rogar... aunque te duela, RETÍRATE
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dissabte, 3 de setembre del 2011
Los tres gusanos
“El poder de la imaginación” es el título de un breve cuento sobre tres gusanos de seda: pesimista, realista e idealista que enfocan la Vida y los momentos de cambio con visiones distintas.
Con esta metáfora se trata de explicar hasta qué punto las creencias nos limitan y condicionan nuestro futuro que tiene muchas más posibilidades de lo que creemos con mentes encorsetadas.
Los cambios producen miedo y resistencias a todos los niveles, pero, sabiendo que las crisis son oportunidades de transformación, es mejor cultivar un optimismo constructivo y fluir.
En estos tiempos agitados ¿con qué tipo de oruga nos identificamos cada uno?
Érase una vez tres gusanos de seda que ignoraban su futuro como mariposas. Sus nombres eran: Pesimista, Realista e Idealista. Se les acercaba la hora de su transformación y empezaron a sentir los primeros síntomas….
Su voraz apetito fue desapareciendo, su movilidad menguaba a gran velocidad y, finalmente, sintieron como el capullo les aislaba del mundo conocido, de la seguridad de lo cotidiano. En la oscuridad del misterio de su futuro, tuvieron pensamientos distintos:
Pesimista se dijo a sí mismo que estaba viviendo el final de su vida, y en lo más profundo de su sentir, se despidió de los buenos momentos.
Realista se dio ánimos diciéndose que todo aquello sería momentáneo y que, tarde o temprano, todo volvería a la normalidad.
Idealista sintió que, aquello que le estaba ocurriendo, podría ser la oportunidad para que se cumpliese su sueño más preciado: poder volar. Y aprovechó la oscuridad para perfeccionar sus sueños.
Cuando los tres capullos se abrieron, dejaron ver tres realidades iguales y distintas, a la vez…
Pesimista ,era una bellísima mariposa, pero…. estaba muerta… Había muerto de miedo.
Realista, era una hermosísima mariposa, pero…. a pesar de ello, empezó a arrastrarse como cuando era gusano. Con satisfacción, dió las gracias al cielo por haber podido seguir igual.
Idealista, nada más ver la luz del día, buscó sus alas… y al verlas, su corazón rezumó alegría, emprendió el vuelo, y dió las gracias, repartiendo su dicha por todo el bosque.”
YO ME IDENTIFICO CON LA ORUGA IDEALISTA, BUSCO MIS ALAS PARA VOLAR , PARA IR SIEMPRE DONDE ESTÁS TÚ, CUBRIRTE CON ELLAS Y VOLAR JUNTOS, ¿HACIA DONDE? A DONDE TÚ ME LLEVES.
dimecres, 31 d’agost del 2011
El poder de las palabras
Cuenta la historia que en cierta ocasión, un sabio maestro se dirigía a su atento auditorio dando valiosas lecciones sobre el poder sagrado de la palabra, y el Influjo que ella ejerce en nuestra vida y la de los demás. "Lo que usted dice no tiene ningún valor"- lo Interpeló un señor que se encontraba en el auditorio. El maestro le escuchó con mucha atención y tan pronto terminó la frase, le gritó con fuerza: "Cállate y siéntate, idiota, estúpido”.
Ante el asombro de la gente, el aludido se llenó de furia, soltó varias impresiones y, cuando estaba fuera de sí, el maestro alzó la voz y te dijo: "Perdone caballero, le he ofendido y le pido perdón; acepte mis sinceras excusas y sepa que respeto su opinión, aunque estemos en desacuerdo".
El señor se calmó y le dijo al maestro: "Le entiendo, y también pido disculpas y acepto que la diferencia de opiniones no debe servir para pelear, sino para mirar otras opciones".
El maestro te sonrió y le dijo: "Perdone usted que haya sido de esta manera, pero así hemos visto todos del modo más claro, el gran poder de las palabras: Con unas pocas palabras te exalté, y con otras pocas le calmé"
Las palabras no se las lleva el viento, las palabras dejan huella. Tienen poder e influyen positiva o negativamente...
Las palabras curan o hieren a una persona. Por eso mismo, los griegos decían que la palabra era divina y los filósofos elogiaban el silencio. Piensa en esto y cuida tus pensamientos, porque ellos se convierten en palabras; por lo que cuida tus palabras porque ellas marcan tu destino.
Medita sabiamente para saber cuándo y cómo hay que comunicarse, y cuándo el silencio es el mejor regalo para ti y para los que amas.
Eres sabio si sabes cuándo hablar y cuándo callar.
Piensa muy bien antes de hablar, cálmate cuando estés airado o resentido. Habla sólo cuando estés en paz. Recuerda que las palabras tienen poder y que el viento nunca se las lleva.
Recuerda:
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La ratonera
Cierto día un ratón, dispuesto a salir de su agujero en la pared, observó a los dueños de la casa, un granjero y su mujer, como se apresuraban para abrir un paquete que le habían enviado.
El ratoncito sintió una gran curiosidad por el contenido de dicho paquete y allí escondido se quedó mirando.
Quedó aterrorizado cuando descubrió el contenido, ya que era ¡¡una ratonera!!.
Corrió todo lo que pudo y salió de la casa gritando para advertir a todos los animales de la granja:
.-¡¡¡Hay una ratonera en casa, una ratonera, una ratonera!!!.
La gallina que estaba cacareando y picando algún que otro grano de trigo, levantó la cabeza muy tranquilamente y dijo:
.-Discúlpeme Sr. ratón. Yo entiendo que es un gran problema para usted y que se pueda poner muy nervioso, pero el problema es suyo y no entiendo el escándalo que está montando, a mí una ratonera no me perjudica para nada, vamos que no me importa...
El ratón viendo que en el corral no le hacían caso, se dirigió a un cordero que se encontraba tranquilamente saciando su sed y le dijo:
.-¡¡¡Hay una ratonera en casa, una ratonera, una ratonera!!!.
.-Discúlpeme Sr. ratón, usted con esos gritos me había asustado, no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que será recordado en mis oraciones.
El ratón se dirigió entonces a la vaca que se encontraba pastando y la señora vaca le dijo:
.-Pero ¿acaso yo estoy en peligro?. Pienso que no, es más ... estoy segura que no, ni ahora ni nunca...
Entonces el ratón volvió a casa, preocupado y abatido. Se metió en su boquetillo y pensó que tendría que andarse con muchísimo cuidado y afrontar el problema el solo.
Aquella noche, de pronto, se escuchó un gran barullo... como el de una ratonera atrapando a su víctima.
La mujer del granjero corrió para ver lo que la ratonera había atrapado. En la oscuridad de la noche, ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una cobra venenosa, y la cobra mordió a la mujer.
El granjero la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con mucha fiebre y su marido decidió hacerle un buen caldo para mejorarla. El, cogió su hacha y se dirigió al corral para hacerse con el ingrediente principal de la sopa: la gallina.
Como la enfermedad de la granjera continuaba y no mejoraba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos, el buen hombre decidió matar el cordero.
A los pocos días, la pobre mujer acabó muriendo y el granjero entonces, vendió la vaca para cubrir los gastos del funeral.
¿Sabéis quién se quedó sólo en la casa?
La próxima vez que escuches que alguien tiene un problema y creas que como no es tuyo, no le debes prestar atención ... piénsalo dos veces.

diumenge, 28 d’agost del 2011
Lágrimas de plata
Fue en un pueblo pequeño, bañado por la inmensidad del mar. Durante el día, el mar se alejaba de los habitantes del lugar para que pudieran hacer sus vidas con total normalidad, sin ser interrumpidos con el vaivén de sus olas. Durante la noche, se mostraba en toda su plenitud. Sus aguas crecían e inundaban parte del pueblo (aunque los ciudadanos ni se inmutaban).
El mar pensaba que no era observado por los hombres, que podía hacer lo que quisiera. Podía llevar a sus arrecifes de corales hasta la orilla para que vieran lo que había en el exterior. Podía dejar que todos los animales que habitaban en ella salieran a pasear sin temor a ser pescados. Y no se equivocaba. Al menos, no del todo. Había alguien que durante la noche no descansaba. Se quedaba en vela sólo para ver esa actuación tan maravillosa de las olas.
Era la luna, que desde aquella distancia tan lejana se dejaba embriagar por el delicioso olor que desprendía el mar. Lo observaba todas las noches, sin que él lo supiera. Pero, sin darse cuenta… ¡Se enamoró de él!
“Dios… ¡Qué horror vivir un amor tan desafortunado! ¿Qué voy a hacer yo ahora, sin poder rozarle puesto que estoy muy lejos y sin ni siquiera poder explicarle que por él vivo y por él muero porque jamás me oirá?” Se lamentó la luna. Era tan grande el dolor que sintió, que las lágrimas brotaron de sus ojos como si de un diluvio se tratara.
Sus lágrimas eran de plata y tenían poderes maravillosos. Cayeron sobre los campos y consiguió que la cosecha fuera magnífica todo el año. Cayeron sobre los ríos, y la sequía se acabó. Algunas de esas lágrimas, cayeron sobre el mar y lo dotó de una larga visión y de un afinado oído. Podía escuchar sonidos que estaban muy lejos de este planeta. ¡Tan lejos como estaba la luna!
“Qué lamento tan desagradable… ¿Quién estará llorando de esa manera? ¿Qué dolor tiene en sus adentros que le amarga tanto?” El mar miró hacia arriba y vio a la luna. Vio como las lágrimas de plata caían de sus tristes ojos.
-¿Por qué lloras, amiga luna? –Preguntó el mar.
-Pero… ¿acaso puedes verme? ¿Acaso puedes oírme? –Se extrañó la luna.
-Claro que sí. Ese lamento tan sentido se puede oír a miles de leguas de aquí. Pero dime, ¿qué te atormenta tanto, preciosidad de plata?
-El amargo sabor de tener que vivir un amor desafortunado. Un amor no correspondido.
-¿Con el sol? ¿Le has explicado tus sentimientos? Seguro que él también siente lo mismo por ti.
-No… Con el sol no. Es con alguien que está muy lejos de mí. Alguien que jamás podré rozar, que jamás podré besar, que jamás podré estar junto a él.
-Vaya… Entonces sí que es triste ese amor. Pero aún así, pienso que si no has hablado con él deberías hacerlo. Tal vez, te lleves una sorpresa.
-Tienes razón… ¡Eso voy a hacer ahora mismo! Ese amor que me trae por la calle de la amargura… Eres tú, mi amado mar. Te observo cada noche. Veo como te engrandeces cuando yo aparezco por encima del horizonte. Veo como tus olas llegan hasta casi las calles del pueblo. Veo los paseos de los peces, los juegos de los arrecifes… Te veo a ti. Veo cómo sonríes, cómo te muestras majestuoso ante la oscura noche. Y no he podido evitar enamorarme de ti y de tu grandeza.
-Pues sécate esas lágrimas. Sé perfectamente que me observas desde hace meses. Que te quedas todas las noches en vela para ver mis olas. Que suspiras por no estar cerca de mí… Lo sé todo. Yo sufro el mismo mal de amores. Cada noche, intento hacer un espectáculo nuevo para que tú sonrías, para que no dejes de estar enamorada de mí pese a la distancia. Y no sé si lo consigo…
-Pero… ¿acaso puedes verme? ¿Acaso puedes oírme? –Se extrañó la luna.
-Claro que sí. Ese lamento tan sentido se puede oír a miles de leguas de aquí. Pero dime, ¿qué te atormenta tanto, preciosidad de plata?
-El amargo sabor de tener que vivir un amor desafortunado. Un amor no correspondido.
-¿Con el sol? ¿Le has explicado tus sentimientos? Seguro que él también siente lo mismo por ti.
-No… Con el sol no. Es con alguien que está muy lejos de mí. Alguien que jamás podré rozar, que jamás podré besar, que jamás podré estar junto a él.
-Vaya… Entonces sí que es triste ese amor. Pero aún así, pienso que si no has hablado con él deberías hacerlo. Tal vez, te lleves una sorpresa.
-Tienes razón… ¡Eso voy a hacer ahora mismo! Ese amor que me trae por la calle de la amargura… Eres tú, mi amado mar. Te observo cada noche. Veo como te engrandeces cuando yo aparezco por encima del horizonte. Veo como tus olas llegan hasta casi las calles del pueblo. Veo los paseos de los peces, los juegos de los arrecifes… Te veo a ti. Veo cómo sonríes, cómo te muestras majestuoso ante la oscura noche. Y no he podido evitar enamorarme de ti y de tu grandeza.
-Pues sécate esas lágrimas. Sé perfectamente que me observas desde hace meses. Que te quedas todas las noches en vela para ver mis olas. Que suspiras por no estar cerca de mí… Lo sé todo. Yo sufro el mismo mal de amores. Cada noche, intento hacer un espectáculo nuevo para que tú sonrías, para que no dejes de estar enamorada de mí pese a la distancia. Y no sé si lo consigo…
Tras aquella larga conversación, el mar y la luna se juraron amor eterno. Cada noche, la marea del mar sube para que lo vea mejor su amada luna. Y cuando ves la furia del mar en alguna tempestad, es porque el mar está demostrándole todo su amor a la luna. Es entonces, cuando ellos hacen el amor. Alguna vez, cada mucho tiempo, la luna consigue bajar… Y llega a estar en el horizonte, justo encima del mar. Besos, caricias, abrazos, susurros enamorados, se dan en ese instante mágico. Aquello fue un amor verdadero. Y por suerte, hoy aún existe y siguen igual de enamorados que en aquellos tiempos remotos.”
El sabio,el generoso y el bueno
En una jânaqa, un maestro sufí les explicaba a los discípulos y amigos allí reunidos, durante un sohbet:
- Un hombre bueno es aquel que trata a los demás como a él le gustaría ser tratado. Un hombre generoso, por su parte, es aquel que trata a otros mejor de lo que él esperaría ser tratado. Pero, un hombre sabio es quien sabe de qué manera él mismo y los otros deberían ser tratados; de qué manera e incluso hasta qué punto.
Alguien entre los presentes (dado a juzgar y clasificar, a lo visto), preguntó:
- Pero, maestro, ¿qué es mejor: ser bueno, generoso o sabio?
El maestro, sin apenas pestañear, contestó:
- Si eres sabio, no tienes que estar obsesionado todo el día con ser bueno o generoso. Sólo estás obligado a hacer en cada momento lo que es necesario.
No es la mano la que es generosa, sino el ojo, la vista. Lo único que importa en el camino interior es ver, para discernir; y el sabio es el que ve. Quien ve, el sabio, el hombre de conocimiento, actúa más allá de cualquier juicio. Hace en todo momento lo que tiene que hacer, lo que hay que hacer.
dimecres, 10 d’agost del 2011
4/ Sentimientos del Heroe
A pasado un día, en casa de los Montalvo, reina la calma, (esa calma ficticia y engañosa que cada uno intenta disimular como mejor puede y sabe) Satur, intenta adivinar que esta pasando por que el Amo, apenas habla, Y cuando se viste de Aguila, no deja que le acompañe en las misiones, y regresa de madrugada, serio, triste, cavizbajo, como si llevara una pesada losa cargada a sus espaldas, Margarita apenas habla, se ha contagiado del maestro, pero al contrario que este, desde el día anterior que la sintió llegar poco antes que al Maestro, luce una extraña sonrisa en su cara, Alonsillo ( como esta creciendo este muchacho ) los mira, cuando se reúnen a la mesa , y calla, cosa extraña en el.
Ella da las buenas noches, sube la escalera y en la soledad de su habitación. Piensa
El recuerdo del sueño, la enciende toda, la enerva el alma, el de la noche anterior la calma.Siente la brisa de la noche, entrar por la ventana, un deseo oculto, aún no comprendido, la empuja hacia el tejado, no se pregunta por que, no quiere contestarse, se sienta admirando la noche, lo busca, sin querer reconocer, con su mirada.
Avanza la noche, ya no espera nada, la luna esta oculta, y de pronto la brisa se para, una voz rompe el silencio.
--¿Sola?Ya no lo esperaba, intentando esconder la turbación que le causa, se encoge de hombros y responde, con voz de no darle importancia
--A no ser que quieras acompañarme.
El leve gesto de cabeza que el hizo parecía mostrar reticencia, pero inmediatamente se coloco cerca de ella, a su espalda. Su presencia era peculiar y le impedía concentrarse, especialmente en esos momentos en que él se encontraba tan cerca, con una mano apoyada en la parte alta del tejado, Ese hombre desconocido en todos los aspectos para ella, musculoso, de mirada cautivadora y de un atractivo adivinado, la mira, mientras ella cruzando los brazos, se refugia en su toquilla, intentando disimular ese temblor inoportuno, que se apodero de ella, al recordar su dulzura, el calor de sus brazos
--Tienes frío
Margarita negando sonrió, se llevo una mano hasta un mechón que se le había desprendido, del recogido, y se lo colocó detrás de la oreja. Aguila siguió con la mirada el movimiento de su mano, y sus ojos se detuvieron, en la suave mancha roja que tenia bajo la oreja.
Los recuerdos le golpean, la noche en su habitación, su piel, su aroma, vuelve a sentir el calor de su cuerpo, la pasión, siente un nudo en el estomago, una mordaza en su corazón y aún así con un hilo de voz le pregunta
--¿Qué te ha sucedido?
--Oh, nada—contesto ella, sintiendo como el rubor subía a sus mejillas—Es solamente un arañazo, gajes de venir andando entre los matorrales.
Margarita se rió, un poco nerviosa, porque de repente el se estaba acercando mas a ella con una expresión muy seria en el rostro. Con un solo paso se colocó justo delante de ella. Su tamaño, su fuerza—que resultaba evidente—era abrumadora. A esa corta distancia Margarita pudo ver los músculos bien dibujados que se marcaban y se movían debajo de su camisa negra.Y su olor era increíble, noto un ligero aroma a cuero y a piel, y a algo mas denso, como una especie exótica que no conocía. Fuera lo que fuese, ese olor invadió todos sus sentidos como algo elemental y primitivo e hizo que se acercara todavía mas a él en un momento en el que lo que debería haber hecho era apartarse.
El alargo la mano y Margarita aguantó la respiración al notar que le acariciaba la línea de la mandíbula con la yema de los dedos. La desnudez de ese contacto irradió calor sobre su piel, que se extendió hacia su cuello mientras el le acariciaba con la mano la sensible piel de debajo de la oreja y la nuca. Le acarició la mancha de su cuello con el dedo pulgar, esa tierna e inesperada caricia la hizo sentir una cálida languidez y un lento dolor que se arremolinaba en lo mas profundo de su cuerpo.
Se coloca a su espalda y Para su sorpresa, él se inclinó hacia delante y le dio un beso en el lugar donde tenia el supuesto arañazo. Los labios de él se entretuvieron en ese punto un instante, el tiempo suficiente para que ella comprendiera que ese gesto era preludio a algo mas.
Margarita cerró los ojos, sentía el corazón desbocado. No se movió y casi ni respiró mientras notaba el contacto de sus labios que se dirigían hacia su oreja, hacia su nuca La besó con intensidad, y noto el latigazo del deseo a pesar de la suavidad y la calidez de los labios de él.
Margarita abrió los ojos y vio que él la estaba mirando, la suave tela negra volvia a tapar sus labios Los ojos de él tenían una expresión salvaje y animal que le provoco una corriente de ansiedad que le recorrió toda la espalda.Cuando finalmente fue capaz de hablar, la voz le salió débil , casi sin aliento.
--¿Tienes que hacer esto?
Esa mirada penetrante permaneció clavada en sus ojos
--Oh, si.
El se inclino hacia ella otra vez y le acaricio las mejillas, la barbilla y el cuello. Ella cerro los ojos, suspiro y el atrapo ese aire con un profundo beso, penetrándole la boca con la lengua.
Margarita lo recibió, vagamente consciente de que las manos de él se encontraban sobre su espalda ahora y que se deslizaban por debajo de la blusa. El le acaricio la espalda, recorriendo la columna con la yema de los dedos. Esa caricia se desplazo con un movimiento perezoso hacia abajo y continuo por encima del tejido de su falda. Esas manos fuertes se acoplaron a la curva de sus nalgas y se las apretaron ligeramente. Ella no se resistió. El seguía besándola profundamente, y la atrajo despacio hacia si hasta que la pelvis de ella entró en contacto con la dureza de su cuerpo.¿Que diablos estaba haciendo?, ¿estaba utilizando la cabeza?
--No—dijo ella, intentando recuperar el sentido común—No, un momento.¡ Para !– Dios , detestó como había sonado esa palabra, ahora que la sensación de los labios de él sobre los suyos era tan agradable—¿Estás………estás seguro?
--Mira a tu alrededor, Margarita—Le pasó los labios por encima de los de ella mientras se lo decía y ella se sintió mareada de deseo
—Estamos solamente tu y yo.--No hay nada mas.“Solamente tú ” Ella no se atrevió a abrir los ojos, solo escuchó el hechizo de su voz, estaba bastante segura de que el no había pronunciado esas dos últimas palabras, Pero Margarita las oía en su cabeza, oía su eco cálido y provocador, venciendo todas sus resistencias.
“”O él resulta muy convincente”” O quizá era que ella estaba tan desesperada por él, por su contacto, que esa simple y única señal era suficiente. Esa y la que combinaba esas manos suaves, y esos cálidos y hambrientos labios. A pesar de todo, ella le creyó sin sombra de duda.
Sintió como si todos y cada uno de los sentidos de él estuvieran concentrados en ella. Como si solamente existiera ella, solamente él, y ese momento deseado y profundo que había entre ellos.
Seguía con los ojos cerrados, no quería romper el misterio del héroe, la magia que les rodeaba
Seguía con los ojos cerrados, no quería romper el misterio del héroe, la magia que les rodeaba
--Oh—exclamo ella mientras exhalaba todo el aire de los pulmones con un largo suspiro. Ella se apretó contra el disfrutando de la sensación de notar esas manos sobre su piel, acariciándole la garganta, el hombro, el arco de la espalda-- ¿ Que estamos haciendo,? preguntó
El emitió un gruñido divertido que ella sintió en el oído, grave y profundo como la noche
--Creo que ya lo sabes.
--Yo no se nada, nada cuando haces eso……….Gonzalo--.susurró
El dejo de besarla de inmediato, abrió los ojos, solo vió, la estela de su capa, perdiéndose en la noche,……….. el frío la envolvió,
Huía, una vez mas huía, de ella, de su embrujo, de su voz, su miedo era casi irracional, su nombre, su propio nombre, que en otro momento, le hubiera vuelto loco escuchar, en aquel susurro, con aquel dulzor, le hacia daño, sintió como si un puñal se clavara en sus entrañas, no era posible, era una locura, sentía celos, miro al cielo, sin terminar de entender sus sentimientos, como si el cielo pudiera contestar a su locura
Tengo celos de mi, y me hago daño, lo se, tengo celos de mi, que no debería de sentir,
Cabalgo, con furia, como si todos los hombres del comisario le persiguieran, pero su perseguidor era mucho mas implacable, era su propio sentimiento, irracional, aquel que ya una vez le dejo sin ella, sonó su risa hiriente en la noche, tenia celos, y esta vez no podría matar al causante de los mismos, sentía celos de si mismo, las estrellas en la noche como únicos testigos, al alejarse, le vieron llorar.
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