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dimecres, 25 de maig del 2011

Un recuerdo y un suspiro

 
¡Corazón que no has amado,
tú no sabes el dolor
de un corazón acosado,
carcomido y desgarrado
por amarguras de amor!

No sabes como se llora
con la noche y con la aurora,
con ese llanto que quema;
con ese sol que colora
en la frente un anatema.

Se llora con el placer,
se llora con el pesar,
con el recuerdo de ayer,
y mañana...hay que llorar
si nos ama una mujer.

Tú, velado a la tormenta
de borrascosa pasión,
no sabes como se aumenta,
cómo inflamada revienta
la pena en el corazón.

Cómo le devora eterno
ese esperar indeciso;
cómo abraza el fuego interno
de tener un infierno
donde estuvo un paraíso.

¡Amar y no ser amado!
¡Sentir y no consentir!
¡Morir viviendo olvidado!
¡Ay! ¡Morir de enamorado
y no poderlo decir!

¡Bullir en el pensamiento
el bello ser de otro ser...
y ese roedor tormento
que hemos bebido en el viento,
en la voz de una mujer!

Sí; mis oídos la oyeron,
mis ojos la contemplaron;
era hermosa, y la creyeron...,
mis oídos me mintieron
o sus ojos me engañaron

Era un ángel tal vez; descendió al suelo
para dejar sobre la tierra limpia
alguna oculta maldición del cielo
y un reguero de luz y de armonía.

La amé al pasar, y me dejó pasando;
y por único alivio de mi honda pena
"Canta", me dijo; y la visión flotando,
se deshizo en la atmósfera serena.
 
José Zorrilla
 
 

dijous, 17 de març del 2011

José Zorrilla (1817-1893)

Nació en Valladolid, el 21 de febrero de 1817. Allí transcurrieron los primeros años de su vida, para trasladarse luego a Burgos y Sevilla. Cuando contaba 9 años, se mudó con su familia a Madrid, donde estudió en el Seminario de Nobles, dirigido por los jesuitas.
Fue enviado a estudiar Derecho a Toledo, pero ante el fracaso en sus estudios, regresó a Valladolid. Su pasión se combinaba entre la literatura, el dibujo y las mujeres. Por lo tanto, su padre, hombre severo e inflexible, tomó una drástica determinación: enviarlo a Lerma a cavar viñas. Ante esa decisión, huyó a Madrid, donde se dedicó al arte, pasando miseria.
Su prestigio comenzó con el homenaje leído en memoria de Mariano José Larra, donde cayó desmayado de emoción. Reemplazó al citado escritor como redactor del periódico “El Español” y también escribió para “El Porvenir”.
En julio de 1839 se estrenó su primer drama: “Juan Dándolo” escrito junto a García Gutiérrez. A ésta le siguieron otras obras dramáticas basadas en el estilo del Siglo de Oro español, y plenas de suspenso: “El puñal del godo” (1843), “Don Juan Tenorio” (1844), “Más vale llegar a tiempo que rondar un año” (1845), “El rey loco” (1847), “La creación y el diluvio universal” (1848) y “Traidor, inconfeso y mártir” (1849).
En 1849, fue nombrado miembro de la junta del Teatro español y de la Academia. En 1850 se dirigió a Francia y en 1855, a México, donde fue nombrado director del Teatro Nacional por el emperador Maximiliano.
En sus obras refleja su catolicismo, su españolismo, su inspiración fácil, una musicalidad y plasticidad maravillosas, colorido, energía y vistosidad espontáneas.
Él mismo señaló sus defectos y virtudes en el logro del éxito:
“He aprendido desde joven una cosa muy difícil de poner en práctica: el arte de hablar mucho sin decir nada, que es en lo que consiste generalmente mi poesía lírica…”.
“Mis obras son muy numerosas, pero son las más incorrectas de las producidas por los poetas de nuestro siglo: Me complace y me duele hallarme en esta ocasión de declararlo espontáneamente. Deben mis obras su fama a la época innovadora en que las empecé a publicar, a los alardes de religión y de españolismo de que están salpicadas, a los asuntos populares que tratan, a mi larga ausencia de mi país, a lo novelesca que supone el vulgo mi vida en regiones remotas, y más que todo esto, a la fortuna que a mi ignara osadía acompaña desde mi juventud”.
Sus poemas líricos, fueron publicados en varias colecciones tituladas “Poesías”, en siete volúmenes, que se conoció en 1837, “Cantos del Trovador”, en tres volúmenes (1840-1841), “Vigilias del estío”, “Recuerdos y fantasías” (1844), “La azucena silvestre” (1845), “El desayuno del diablo”, “Un testigo de bronce” y “El cantar del romero” (1886).
Sus leyendas épico-líricas, que él tituló “Leyendas y tradiciones”, constituyen la parte más famosa de su poesía no dramática. Están escritas en romances con los títulos de: “Una aventura de 1360”, “A buen juez, mejor testigo”, “Para verdades: el tiempo, y para justicias: Dios”, “Justicias del Rey Don Pedro” y “El capitán Montoya”. Merece entre estas obras destacarse “Granada”, un extenso poema inconcluso en el cual pensaba evocar la dominación árabe. Publicó dos volúmenes en París, pero nunca lo concluyó.
En 1889, fue homenajeado como poeta laureado de España en Granada por el duque de Rivas.
Víctima de un tumor cerebral, muere durante la intervención quirúrgica que intentaba extraérselo, en 1893, en Madrid.