El amor mata asesinos
dimecres, 6 de juliol del 2011
Una historia
En cierta ocasión se reunieron todos los dioses y decidieron crear al hombre y la mujer; hacerlos a su imagen y semejanza, entonces uno de ellos dijo:
- Esperen. Si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra, debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no ser así, estaríamos creando nuevos dioses.
Debemos quitarles algo, pero, ¿Qué les quitamos?
Después de mucho pensar uno de ellos dijo:
- Ah!! ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la encuentren jamás.
Propuso el primero:
- Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo; a lo que inmediatamente repuso otro:
- No, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien subirá, y la encontrará, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está.
Luego propuso otro:
- Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar, y otro contestó:
- No, recuerda que les dimos inteligencia, alguna vez alguien construirá una esquina por la que pueda entrar y bajar, y entonces la encontrará.
Uno más dijo:
- Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.
Y le dijeron:
- No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien construirá una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la descubrirá, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a nosotros.
El último de ellos, era un Dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo:
- Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren.
... todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono:
- ¿Dónde?
- La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola afuera, que nunca la encontrarán.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así.
El hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo mismo...
- Esperen. Si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra, debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no ser así, estaríamos creando nuevos dioses.
Debemos quitarles algo, pero, ¿Qué les quitamos?
Después de mucho pensar uno de ellos dijo:
- Ah!! ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la encuentren jamás.
Propuso el primero:
- Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo; a lo que inmediatamente repuso otro:
- No, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien subirá, y la encontrará, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está.
Luego propuso otro:
- Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar, y otro contestó:
- No, recuerda que les dimos inteligencia, alguna vez alguien construirá una esquina por la que pueda entrar y bajar, y entonces la encontrará.
Uno más dijo:
- Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.
Y le dijeron:
- No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien construirá una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la descubrirá, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a nosotros.
El último de ellos, era un Dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo:
- Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren.
... todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono:
- ¿Dónde?
- La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola afuera, que nunca la encontrarán.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así.
El hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo mismo...
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Dale vida a tus sueños
Dale vida a los sueños que alimentan el alma,
y aunque tu mente sienta necesidad humana,
de conseguir las metas y de escalar montañas,
nunca rompas tus sueños,
porque matas el alma.
y aunque tu mente sienta necesidad humana,
de conseguir las metas y de escalar montañas,
nunca rompas tus sueños,
porque matas el alma.
Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco,
no los dejes que mueran de hastío,
poco a poco,
no les rompas las alas que son de fantasía,
déjalos que vuelen contigo en compañía,
no los dejes que mueran de hastío,
poco a poco,
no les rompas las alas que son de fantasía,
déjalos que vuelen contigo en compañía,
Dale vida a tus sueños y, con ellos volando,
tocarás las estrellas y el viento susurrando,
te contará secretos que para ti ha guardado,
y sentirás el cuerpo con caricias bañado,
del alma que despierta para estar a tu lado.
tocarás las estrellas y el viento susurrando,
te contará secretos que para ti ha guardado,
y sentirás el cuerpo con caricias bañado,
del alma que despierta para estar a tu lado.
Dale vida a los sueños que tienes escondidos,
descubrirás que puedes vivir esos momentos
con los ojos abiertos y los miedos dormidos,
con los ojos cerrados y los sueños despiertos.
Mario Benedetti
descubrirás que puedes vivir esos momentos
con los ojos abiertos y los miedos dormidos,
con los ojos cerrados y los sueños despiertos.
Mario Benedetti
Significado color de las rosas
Rosa Roja
Principalmente, las rosas rojas son el símbolo del amor, sobre todo los enamorados las eligen para regalárselas a su pareja, pero también se pueden emplear como regalo a un amigo como muestra de respeto. Las rosas rojas no sólo son símbolo del amor, un simple amigo se las puede enviar haciendo halago a la belleza y al respeto que los une. Se trata de uno de los colores más excitantes y pasionales en una rosa.
Rosa Blanca.
Son el símbolo de la pureza y de la inocencia. Normalmente, es el color elegido por las novias para sus ramos, porque significa que durará toda la vida. Las rosas blancas también están unidas al amor. Una pareja que se regala este tipo de rosas quiere demostrarle que esperan un futuro sólido con ella. Significan amor puro, feliz y para siempre. Además, si una persona cercana está enferma, este es el color de flor que deberá regalar para de mostrarle que se está pendiente de ella.
Rosa Rosa.
Regalar una Rosa rosa es la forma, mediante flores, de agradecer un favor importante. También significa el aprecio que se tienen por alguien. El rosa lleva consigo el significado de ausencia de maldad, es decir, no hay ninguna doble intención en la persona que se las ofrezca. Por eso, la persona que regala este ramo de flores es de fiar. Si el color del ramo de flores es de color rosado suave, significa admiración y simpatía.
Rosa Amarilla
Suele ser la rosa ideal para regalar a un adolescente. Para los más supersticiosos, este color trae consigo una advertencia. Si la persona que las regala no es muy cercana, puede tener una segunda intención tras su sonrisa. Sin embargo, para la gente escéptica, las rosas amarillas significan satisfacción y alegría y son una buena forma de festejar entre amigos un cumpleaños o un día significativo.Rosa Naranja
Es un color que simboliza joya alegría y la satisfacción para un éxito ya conseguido.Es el color del fuego flameante ha sido escogido como señal de precaución. También a nivel sentimental expresa un amor ya consolidado y pleno.
Rosa azul.
Significa confianza, reserva, armonía y afecto.El azul es el color del cielo, por lo que transmite sentimientos de libertad y franqueza. Las flores azules son muy relajantes y tranquilizantes.
Si le regalas Rosas azules a alguien que se siente ansioso o nervioso lo ayudarás a sentirse más tranquilo.
Rosa verde.
Significa esperanza, descanso juventud y equilibrio.Rosa lila.
El color lila representa seducción, deseo, es un color noble.Las rosas lilas son muy femeninas, las cuales son perfectas como regalo para una mujer.
Rosa Negra.
Significa separación y tristeza, muerte y nocturnidad.
Rosa Gris.
Significa desconsuelo, aburrimiento y vejez.dimarts, 5 de juliol del 2011
Una mujer sabe
Una mujer sabe de escalofríos,
de noches silenciosas que arrugan el alma
y vuelven de algodón, las esquinas de una alcoba solitaria y húmeda.
Una mujer, sabe cuando debe de callar las caricias
que se agolpan en las manos
y mientras, duerme los sentires , así, suave-mente
¡cómo sabe una mujer!
Una mujer despierta en la noche y siente frío;
está sudando la piel, (añeja de memorias y olvidos)
pero siente el frío de quien conoce el destino de los sueños.
Una mujer, jamás dirá que ha soñado,
se limitará a sonreír y en esa sonrisa
tal vez, logre acompañar a la quimera del deseo cumplido
y deje, al fin,
de acariciar mañanas solitarias y noches pueriles.
Una mujer no ignora cuando debe de permitir a los labios que derramen las palabras olvidadas.
Mientras,
-esa mujer-
seguirá muriendo
porque sabe que debe morir y no teme al cancerbero de la niebla
que acuna los susurros de la nana de vida.
Pero no dirá nunca que está amando porque esa mujer conoce, los desencantos y el miedo del mundo;
del mundo que se sabe enamorado de esa mujer.
Una Mujer sabe que debe esperar cuando ha visto una mirada.
¡Lo sabe!
Del libro:"Una mujer sabe"Juana Corsina
de noches silenciosas que arrugan el alma
y vuelven de algodón, las esquinas de una alcoba solitaria y húmeda.
Una mujer, sabe cuando debe de callar las caricias
que se agolpan en las manos
y mientras, duerme los sentires , así, suave-mente
¡cómo sabe una mujer!
Una mujer despierta en la noche y siente frío;
está sudando la piel, (añeja de memorias y olvidos)
pero siente el frío de quien conoce el destino de los sueños.
Una mujer, jamás dirá que ha soñado,
se limitará a sonreír y en esa sonrisa
tal vez, logre acompañar a la quimera del deseo cumplido
y deje, al fin,
de acariciar mañanas solitarias y noches pueriles.
Una mujer no ignora cuando debe de permitir a los labios que derramen las palabras olvidadas.
Mientras,
-esa mujer-
seguirá muriendo
porque sabe que debe morir y no teme al cancerbero de la niebla
que acuna los susurros de la nana de vida.
Pero no dirá nunca que está amando porque esa mujer conoce, los desencantos y el miedo del mundo;
del mundo que se sabe enamorado de esa mujer.
Una Mujer sabe que debe esperar cuando ha visto una mirada.
¡Lo sabe!
Del libro:"Una mujer sabe"Juana Corsina
A pesar de todo
A pesar de que se duermen mis sentidos por rutina.
A pesar de esta apatía que bosteza enmohecida.
A pesar de muchas broncas que quedaron escondidas.
A pesar de mis fracasos, mis pecados, mis caídas.
A pesar ya de ilusiones que están por siempre dormidas,
y de fantasmas internos prendidos de mis pupilas.
A pesar de que me invento muchas veces la sonrisa.
A pesar de que me trague mis verdades, mis mentiras.
A pesar de mis defectos, de mi cólera, de mi ira,
de mis eternos miedos que desde mi alma silban,
y que viva disfrazando mis pequeñas cobardías.
A pesar de mi pasado que me espía a escondidas.
A pesar de mis angustias que rasguñan mis costillas.
A pesar de mi energía que se agota, se termina,
y del paso de los años, de mis luchas, mis heridas.
A pesar de todo eso... sigo apostando a la vida.
A pesar de esta apatía que bosteza enmohecida.
A pesar de muchas broncas que quedaron escondidas.
A pesar de mis fracasos, mis pecados, mis caídas.
A pesar ya de ilusiones que están por siempre dormidas,
y de fantasmas internos prendidos de mis pupilas.
A pesar de que me invento muchas veces la sonrisa.
A pesar de que me trague mis verdades, mis mentiras.
A pesar de mis defectos, de mi cólera, de mi ira,
de mis eternos miedos que desde mi alma silban,
y que viva disfrazando mis pequeñas cobardías.
A pesar de mi pasado que me espía a escondidas.
A pesar de mis angustias que rasguñan mis costillas.
A pesar de mi energía que se agota, se termina,
y del paso de los años, de mis luchas, mis heridas.
A pesar de todo eso... sigo apostando a la vida.
Carlos Alberto Boaglio
A buena altura sobre el bosque y ocultos detrás de la densa pantalla de las nubes, el sol y el viento seguían su discusión, que sostenían desde tiempo inmemorial, sobre cuál de ambos era más fuerte.
-¡Claro que lo soy yo! -insistió el sol-. Mis rayos son tan poderosos que puedo chamuscar la Tierra hasta reducirla polvo.
-Sí, pero yo puedo inflar mis mejillas y soplar hasta que se derrumben las montañas, se astillen las casas convirtiéndose en leña y se desarraiguen los grandes árboles del bosque.
-Pero yo puedo incendiar los bosques con el calor de mis rayos -dijo el sol -y yo, hacer girar la vieja bola de la Tierra con un solo soplo -insistió el viento.
Mientras estaban sentados disputando detrás de la nube, y cada uno de ellos profería sus jactancias, salió del bosque un granjero. Vestía un grueso abrigo de lana y tenía calado sobre las orejas un sombrero.
-¡Te diré lo que vamos a hacer! -dijo el sol-. El que pueda de nosotros dos arrancarle el abrigo de la espalda al granjero, habrá probado ser el más fuerte.
-¡Espléndido! -bramó el viento y tomó aliento e hinchó las mejillas como si fueran dos globos.
Luego, sopló con fuerza… y sopló… y sopló. Los árboles del bosque se balancearon. Hasta el gran olmo se inclinó ante el viento cuando éste lo golpeó sin piedad. El mar formó grandes crestas en sus ondas, y los animales del bosque se ocultaron de la terrible borrasca.
El granjero se levantó el cuello del abrigo, se lo ajustó más y siguió avanzando trabajosamente.
Sin aliento ya, el viento se rindió desencantado. Luego, el sol asomó por detrás de la nube. Cuando vio la castigada tierra, navegó por el cielo y miró con rostro cordial y sonriente al bosque que estaba allá abajo. Hubo una gran serenidad y todos los animales salieron de sus escondites. La tortuga se arrastró sobre la roca que quemaba, y las ovejas se acurrucaron en la tierna hierba.
El granjero alzó los ojos, vio el sonriente rostro del sol y, con un suspiro de alivio, se quitó el abrigo y siguió andando ágilmente.
-Ya lo ves -dijo el sol al viento- A veces, quien vence es la dulzura.
FÁBULA ESOPO
dilluns, 4 de juliol del 2011
Los tres hermanos
Un viejo guerrero Samurai, que en su juventud logró sobrevivir a los embates de diversas guerras entre señoríos, presintió que sus días en este plano de vida se terminarían, y decidió dar lo poco que tenía a sus tres únicos hijos, los cuales también eran samurais, pero de un nivel de pelea muy básico.
Como él presentía que su destino con el TAN TIEN se acercaba decidió que no sería posible enseñar Kenjutsu por completo a sus tres hijos y esto lo puso muy triste pues sin duda después de su partida ellos serían presa fácil de otros guerreros de mayor nivel.
Mientras se preparaba espiritualmente en meditación para su partida, le llegó una visión y una forma de dar el último legado a sus jóvenes hijos.
Mientras hacia un recuento de las posesiones en armas que tenía y al observar las flechas que había forjado años antes como regalo para sus hijos, (las flechas tienen una simbología muy particular para los Japonese pues denotan el vehículo con que se trasladan los deseos y las metas, y su objetivo es no regresar del lugar donde salieron) así comparó los deseos que dejaría como último legado para sus tres hijos.
Días mas tarde convocó a los tres para dar sus bendiciones y para heredarles lo que les correspondiese a cada uno y durante ese momento dijo: "Sé que ustedes seguirán mis pasos como guerreros y se que aún son muy jóvenes e inmaduros en las artes del sable, no obstante que sus técnicas son complementarias y que solo les enseñe a atacar y no a defender, les tengo una herencia mas por darles.
Sepan que en estas flechas esta el secreto para que ustedes puedan ser invencibles a pesar de que solo saben técnicas de ataque."
Los tres muchachos se quedaron sorprendidos, se miraban entre si, pues no sabían como tres flechas habrían de hacerlos invencibles. El anciano se sonrió y les entregó una flecha a cada uno de ellos. Los chicos las miraron y quedaron mas confusos pues las flechas no parecían tener alguna cualidad superior y uno de ellos dijo:
"Padre gracias por tu regalo y por entregarnos estas flechas, pero dime ¿Cómo es que esta simple flecha me va hacer invencible?
El anciano le dijo:
"Si decides romper esta flecha con tus propias manos seguramente lo lograras sin ningún tipo de problema pero si juntas las tres te será parcialmente imposible romperlas, júntalas de una sola vez e intenta romperlas tan solo con tus manos."
El chico comprobó que su padre tenía razón pues a pesar de que eran simples flechas, estaban hechas de maderas duras y al juntar las tres no se podían romper.
El anciano sonrío de nuevo al ver que ninguno de los tres pudo romper el grupo de flechas y continúo diciendoles:
"Así como el estilo de estas tres flechas es el de solamente atacar su objetivo, el de ustedes es igual, pero pongan atención pues esta es la herencia más importante que les dejaré. Las flechas son indestructibles si se juntan pero si se deja una sola cualquiera podrá romperla, estas flechas representan a sus cualidades y a sus personalidades de combate, de igual manera, para que ustedes sean invencibles, siempre deberán pelear juntos y atacando de una manera definitiva y sin titubear , pues el día que decidan pelear solos será el último: rota una de las flechas las otras son mas fáciles de romper. Esta es la manera de que los tres sean invencibles a pesar de que solo saben ataques y no defensas."
Desde entonces ninguno de los tres hermanos se atrevió a pelear solo y desde ese momento juntos fueron invencibles.
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Te deseo lo suficiente
Hace poco tiempo cuando estaba en el aeropuerto escuché por casualidad a una madre e hija que se
estaban despidiendo. Cuando anunciaron la partida del vuelo ellas se abrazaron y la madre dijo:
- "Te amo y te deseo lo suficiente".
La hija respondió:
- "Madre, nuestra vida juntas ha sido más que suficiente. Tu amor es todo lo que he necesitado.
También te deseo lo suficiente". Ellas se saludaron con un beso y la hija partió.
La madre pasó muy cerca de donde yo estaba sentada y noté que ella necesitaba llorar.
Traté de no observarla para no invadir su privacidad, pero ella se dirigió hacia mí y me preguntó:
- "Alguna vez se ha despedido de alguien sabiendo que era para siempre?".
- Sí, lo he hecho - respondí. Perdón por preguntar - contesté -, pero ¿por qué esta despedida es para
siempre?
- Yo soy una mujer vieja y ella vive muy lejos de aquí. La realidad es que su próximo viaje será para mi
funeral, dijo.
- Cuando se despidió de ella escuché que le dijo "te deseo lo suficiente". ¿A qué se refiere?
Comenzó a sonreír. Eso es un deseo que hemos transmitido de generación en generación. Mis padres
solían decirlo. Ella hizo una pausa y miró hacia arriba como si tratara de recordarlo en detalle, luego
sonrió aún más.
- Cuando decimos "Te deseo lo suficiente", deseamos que la otra persona tenga una vida llena de sólo lo suficientemente bueno para vivir.
Entonces, dirigiéndose hacia mí, ella compartió lo siguiente como si lo estuviera recitando de memoria:
"Te deseo que tengas suficiente sol para mantener tu espíritu brillante",
"Te deseo suficiente lluvia para que aprecies aún más el sol" ,
"Te deseo suficiente felicidad para que tu alma esté viva"
"Te deseo suficiente dolor para que las pequeñas alegrías de la vida parezcan más grandes"
"Te deseo que tengas suficientes ganancias que satisfagan tus necesidades"
"Te deseo suficientes pérdidas para que aprecies todo lo que posees."
"Te deseo suficientes bienvenidas para que logres soportar las despedidas".
Luego ella comenzó a llorar y se alejó.
Se dice que toma un minuto encontrar a una persona especial, una hora en apreciarla, un día para amarla, pero una vida para olvidarla.
Toma el tiempo necesario para vivir.
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diumenge, 3 de juliol del 2011
Claudia Lars
Claudia Lars
Nacimiento:20 de Diciembre de 1899
Defunción:22 de Julio de 1974
Claudia Lars, seudónimo literario de la poeta salvadoreña Margarita del Carmen Brannon Vega, nació en 1899 en la ciudad de Armenia, Sonsonate.Su padre de origen irlandés y su madre salvadoreña, le confiaron sus primeros estudios a una reconocida educadora. Posteriormente los continuó en la ciudad de Santa Ana. A la edad de veinte años publicó sus primeros poemas y luego se radicó en Nueva York donde contrajo matrimonio en 1923. Vivió algunos años en Costa Rica, México y Guatemala, y sólo hasta 1946 ya separada de su marido, regresó a su país donde vivió hasta su muerte ocurrida en 1974.Recibió numerosas distinciones y antes de su muerte le fue concedido el doctorado Honoris Causa por la Universidad José Simeón Cañas.
Su obra, caracterizada por el dominio de la métrica, la profundidad en la expresión de sus sentimientos y la pureza del lenguaje, la convierten en una de las grandes exponentes del panorama poético hispanoamericano.«Estrellas en el Pozo» en 1934, «Romances de Norte y Sur» en 1946, «Donde llegan los pasos» en 1953, «Sobre el Angel y el Hombre» en 1962, «Del fino Amanecer» en 1964 y «Poesía Última» en 1972, hacen parte de su excelente producción literaria.
Sobre rosas y hombres
I
Está mirando el cielo,
pero se apoya en una escala de ceniza
y define su invencible linaje
antigua en ella misma
y pasajera.
Sé que retorna para el breve latido
entre gorriones y niños sin tiempo,
derramando su cintura de ráfaga,
su piel de olor y su cercana muerte.
¿Puedo guardar mi labio
cuando ella quema su tiernísimo cuerpo
y prepara las órbitas del suspiro
y dispone de la abeja geométrica?
A su cautivo fuego
llega mi fuego libre, con su entrega de llamas,
y toca las orillas de un aromado incendio
y recibe su júbilo y su alianza.
Mientras todo lo vivo tiene sombra en el rostro
ella, la embellecida, arde en el suyo para siempre.
¡Mirad el eslabón de su primer mañana,
su panal voluntario y su viaje sediento!
De un deshecho arrebato
vuelve a su reino por azul semilla
y en ciudadela de aire se defiende
y convoca puñales y violines.
Esposa renovada
que salta del olvido con su paso de miedo.
¿Dónde sus verdes ángeles nupciales,
su llave de oro y su misterio?
¡Ah, ceñidla de asombro!
¡Buscad su noche ardiente y su combate!
Yo podría decir su lámpara de pétalos.
Ella dirá, tal vez, mi tiempo de rosales.
II
Porque guardo la rosa:
porque la llevo, adentro,
como una llama dócil que obedece
a un fuego nunca visto
y a un coral encendido entre mareas.
Su corazón eterno
vive bajo mi pecho y mi palabra.
Su profunda raíz, color de vino,
estalla siete veces
en siete nuevos trajes del aroma.
Conozco el río interno donde canta
y el barquero dormido
que la trae a mi labio, dulcemente.
Conozco su silencio
y también su lenguaje melancólico.
De su torre de espinas
brota un clima de luz que me sostiene;
un maduro recuerdo del recuerdo,
con sus nombres caídos
y sus puertas a orillas del sollozo.
¡Qué soledad de flor puede saberla
como yo... como el gajo
de estas ascuas pequeñas que me llevan
buscándola, llamándola,
hasta encontrar su rama enajenada?
nos hermana un secreto:
tal vez todo el amor que va conmigo.
Ligaduras de edades nos acercan.
Inmóviles palomas nos vigilan.
Suelta corre en mi sueño,
inaugurando tiernos horizontes,
y a mi deseo sube, sin decirlo,
con su licor de meses
y su jardín de cuerpos y abandonos.
Creo que puede ser mi propia sangre,
mi perdido planeta,
este bulto de cálida alegría
y esta mina de fuego.
Para marcar su sitio,
su vestido de rosa entre las rosas,
estoy aquí, viviéndola en mi tacto,
en numerosas muertes
y en la sien desvelada en ruiseñores.
III
Estoy hablando de la rosa
con un hombre dormido.
¿Sabéis que escucha el hombre, en su trasmundo,
como se escucha el mar a medio sueño,
y apenas sabe que la rosa vive
perdida en mi palabra
y en el alcance oscuro de su cuerpo?
Duerme el hombre -mi hombre-
sobre la fiel presencia de la rosa
y sus limpias bondades.
Duerme sobre el abril de las semillas,
sobre su guerra joven
y su memoria de divinos pájaros.
Las sábanas recogen
el goce balbuciente, el "yo te amo",
y alzan una región de dulces pliegues,
secreta, preferida,
donde la rosa casi le despierta.
Yo interpreto la rosa,
pero cae a sus pies y no la mira.
Una extraña vergüenza nos aparta.
Una súbita helada nos castiga.
El hombre duerme y duerme...
Nocturnamente busca lo que es suyo
Tanteando va, por valles de alimento,
y apaga las señales
y encuentra su cabeza en mi cintura.
¿Cómo explicar la rosa y su destino?
¿Su incendio azul y su ribera frágil?
¿Cómo decirle, sin herir su lecho,
mi patria solitaria?
A la tiniebla el paso.
Mi pequeñez tras los sombríos muros.
Ya vendrán voces nuevas, nueva casa,
y el horizonte que me entregue el mundo.
¡Primavera colmada,
para vivir la rosa del dormido!
Dos torcaces mellizas le consienten
y un adiós le desangra
en la rosa humillada y fugitiva.
IV
Cuando vuelvo a tu nombre
hallo mi rosa solitaria
como llama en desvelo.
También en juventud de mil jardines,
sedienta, de tan joven.
Tu sitio de laurel, tu aislada torre,
-entre verdad y nube para el sueño-
permanecen a orilla de los pájaros
que daban corazón a la hojarasca.
Me pongo a ver mi cuerpo de aquel jueves
y mi pañuelo blanco.
Si del adiós venía, sin camino,
¿qué cruz de azar me señaló tu casa?
Porque tú estabas en esbelta sangre
alumbrando secretos en los libros,
midiendo el tiempo con estrellas altas,
huido y buscado dentro del suspiro.
¡Ah, mi asombro dichoso, mi pregunta,
tu voz de caracol, llena de mares!...
Ya estoy al pie del aire, en lo terrestre.
Ya por mis piernas suben los manzanos.
Quería descansar en tu silencio,
ir por tus venas hasta el niño de antes;
tal vez medir el río verde-lágrima
que te pone en los ojos ese bosque.
Y miraba lo tuyo como tuyo:
tu alero y tus ventanas,
la compañera de tu noche antigua,
las tres ángelas, siempre en delantales.
Pero dolía todo por gozoso,
por su virtud de vida,
porque era yo como un panal colmado,
como una luna libre.
Demonios pequeñitos instalaron
aquella niebla en medio de nosotros
y fui, desde la nuez de la tormenta,
la siempre agitadora.
Donde apenas tocamos nuestro suelo
de casi paraíso
¡qué límite cerrado, qué metales
para mi nueva herida!
Sin embargo, mi cielo penetrante
te deja una paloma,
y mi sal, tan amarga y tan activa,
un ramito de aljófar.
Para tu puerta esta señal de ola
y este idioma de olvido para el mundo
¿Hacia dónde mi paso sin deseo?
¿A quién este abandono?
Entre rosales vienen los amantes
con su rosa del día.
Sobre la muerte caen, inmortales,
con sus rojas espinas.
V
Es cierto que llegaste de tu arrojo
hasta mi cuerpo dulce y sorprendido.
Amor había estado entre mis lágrimas.
Nunca en la oscuridad de mis raíces.
Llegaste con tu incendio sobre el agua,
con tu pecho de sal y tu camisa.
Yo habitaba el solar de los recuerdos
y era mi corazón como una isla.
De pronto te miré, dándome el mundo,
sin más poder que tu bandera libre.
¿Qué arboleda lloraba en tu silencio
y qué historia de oleaje en tus heridas?
Sudoroso de fuerza y de trayecto,
íntimo del adiós y del peligro,
en mi suave verano por las rosas
fuiste cálidamente precedido.
Yo adivinaba los secretos gajos
y el hondo valle, más que paraíso...
Todo el horario de palomas súbitas.
Todo el abrazo de mi propio abismo.
Pero la tierra no me aprisionaba
con el nudo caliente de sus limos.
Era del sueño, como flor de nubes,
y era del aire, como golondrina.
Alarmó mi quietud aquel llamarme,
aquella fuerza tuya, detenida.
¿Cómo negar que en el convulso encuentro
tuve la luz terrible y la ventisca?
¡Qué importa que tu rosa nos dejara
tan sólo su aromado torbellino
y que perdure, en el correr del tiempo
el corazón punzante de la espina!
Hablaré de mi suelo poderoso,
de la angustia, la sangre y el olvido.
Tendré un país dorado en la memoria
y en la frente un camino de ceniza.
VI
Veinte rosas han muerto entre mi pulso,
¡veinte cálidas rosas!
Hubo todo un rosal de fuegos altos,
con su frágil aroma.
La nube me dejó sus leves ascuas,
sus deshechas alondras;
y algún amor que va por su misterio
sin la estrella vehemente
ni la antigua corona.
Sigo siendo la fiel... ¿quién ha podido
decir que le traiciono?
¡Cómo no ver que crezco en esta muerte
secreta y poderosa!
La ausencia canta y llora su vacío.
Llora y canta mi rostro.
Vine para sentir, como la brisa,
que por libre estoy sola.
Estas huellas olvidan aquel paso,
aquel puerto de hojas.
Estas manos borraron en el tiempo
las erguidas bellezas
y los pequeños nombres.
¡Ah, sentidme cabal por mi arrebato!
¡Coged mi tarde de oro!
Funda mi voz el peso de mi angustia
en el día de todos.
Estoy de pie porque rompí las redes,
porque huí con mi sombra.
Estoy de pie porque salvé del miedo
el reino de mi frente
y la palabra joven.
Hasta un altar de invierno me dirijo,
hasta una luna sorda;
pero un ramo de paz, un ramo dulce
me sale de la boca.
¡A ti, rosa del aire, rosa pura,
perpetuamente rosa,
las inasibles llamas de mi pecho,
los íntimos silencios
y el ay de mi derrota!
No seré lo que fui: bulto agitado
en medio de las cosas.
El alma libre definió sus rutas
por altos miradores.
Subiendo para hallar nuevos rosales
-ya con clima de otoño-
en delirante viaje voy, de prisa,
al eco de mi labio
y al corazón del polvo.
Por corrientes audaces mi regreso
volverá de la noche.
Dando un largo rodeo sobre el viento
despertará dormidos
mi palabra de ahora.
Hablo al que entiende, nunca al que se queda
apenas en el goce:
detrás de mi laurel baja el camino
que aflige y sobrecoge.
Entre su limpio verde nadie mira
las oscuras memorias,
ni las negadas arpas, ni los hielos
o las muertas palomas.
Ya no tengo mi suave primavera
ni las manos que exploran.
Comprendo que hay un algo no aprendido
debajo de mi paso
sumiso o victorioso.
¡Solitario tormento, casi lágrima,
alcanzando horizontes!
El que dice que me ama, el más amante
de mí sabe tan poco.
Que la desnuda vida, por desnuda
ciega orgullos y ojos.
¡Leed este poema en la mañana
y cortad otra rosa!
pero se apoya en una escala de ceniza
y define su invencible linaje
antigua en ella misma
y pasajera.
Sé que retorna para el breve latido
entre gorriones y niños sin tiempo,
derramando su cintura de ráfaga,
su piel de olor y su cercana muerte.
¿Puedo guardar mi labio
cuando ella quema su tiernísimo cuerpo
y prepara las órbitas del suspiro
y dispone de la abeja geométrica?
A su cautivo fuego
llega mi fuego libre, con su entrega de llamas,
y toca las orillas de un aromado incendio
y recibe su júbilo y su alianza.
Mientras todo lo vivo tiene sombra en el rostro
ella, la embellecida, arde en el suyo para siempre.
¡Mirad el eslabón de su primer mañana,
su panal voluntario y su viaje sediento!
De un deshecho arrebato
vuelve a su reino por azul semilla
y en ciudadela de aire se defiende
y convoca puñales y violines.
Esposa renovada
que salta del olvido con su paso de miedo.
¿Dónde sus verdes ángeles nupciales,
su llave de oro y su misterio?
¡Ah, ceñidla de asombro!
¡Buscad su noche ardiente y su combate!
Yo podría decir su lámpara de pétalos.
Ella dirá, tal vez, mi tiempo de rosales.
II
Porque guardo la rosa:
porque la llevo, adentro,
como una llama dócil que obedece
a un fuego nunca visto
y a un coral encendido entre mareas.
Su corazón eterno
vive bajo mi pecho y mi palabra.
Su profunda raíz, color de vino,
estalla siete veces
en siete nuevos trajes del aroma.
Conozco el río interno donde canta
y el barquero dormido
que la trae a mi labio, dulcemente.
Conozco su silencio
y también su lenguaje melancólico.
De su torre de espinas
brota un clima de luz que me sostiene;
un maduro recuerdo del recuerdo,
con sus nombres caídos
y sus puertas a orillas del sollozo.
¡Qué soledad de flor puede saberla
como yo... como el gajo
de estas ascuas pequeñas que me llevan
buscándola, llamándola,
hasta encontrar su rama enajenada?
nos hermana un secreto:
tal vez todo el amor que va conmigo.
Ligaduras de edades nos acercan.
Inmóviles palomas nos vigilan.
Suelta corre en mi sueño,
inaugurando tiernos horizontes,
y a mi deseo sube, sin decirlo,
con su licor de meses
y su jardín de cuerpos y abandonos.
Creo que puede ser mi propia sangre,
mi perdido planeta,
este bulto de cálida alegría
y esta mina de fuego.
Para marcar su sitio,
su vestido de rosa entre las rosas,
estoy aquí, viviéndola en mi tacto,
en numerosas muertes
y en la sien desvelada en ruiseñores.
III
Estoy hablando de la rosa
con un hombre dormido.
¿Sabéis que escucha el hombre, en su trasmundo,
como se escucha el mar a medio sueño,
y apenas sabe que la rosa vive
perdida en mi palabra
y en el alcance oscuro de su cuerpo?
Duerme el hombre -mi hombre-
sobre la fiel presencia de la rosa
y sus limpias bondades.
Duerme sobre el abril de las semillas,
sobre su guerra joven
y su memoria de divinos pájaros.
Las sábanas recogen
el goce balbuciente, el "yo te amo",
y alzan una región de dulces pliegues,
secreta, preferida,
donde la rosa casi le despierta.
Yo interpreto la rosa,
pero cae a sus pies y no la mira.
Una extraña vergüenza nos aparta.
Una súbita helada nos castiga.
El hombre duerme y duerme...
Nocturnamente busca lo que es suyo
Tanteando va, por valles de alimento,
y apaga las señales
y encuentra su cabeza en mi cintura.
¿Cómo explicar la rosa y su destino?
¿Su incendio azul y su ribera frágil?
¿Cómo decirle, sin herir su lecho,
mi patria solitaria?
A la tiniebla el paso.
Mi pequeñez tras los sombríos muros.
Ya vendrán voces nuevas, nueva casa,
y el horizonte que me entregue el mundo.
¡Primavera colmada,
para vivir la rosa del dormido!
Dos torcaces mellizas le consienten
y un adiós le desangra
en la rosa humillada y fugitiva.
IV
Cuando vuelvo a tu nombre
hallo mi rosa solitaria
como llama en desvelo.
También en juventud de mil jardines,
sedienta, de tan joven.
Tu sitio de laurel, tu aislada torre,
-entre verdad y nube para el sueño-
permanecen a orilla de los pájaros
que daban corazón a la hojarasca.
Me pongo a ver mi cuerpo de aquel jueves
y mi pañuelo blanco.
Si del adiós venía, sin camino,
¿qué cruz de azar me señaló tu casa?
Porque tú estabas en esbelta sangre
alumbrando secretos en los libros,
midiendo el tiempo con estrellas altas,
huido y buscado dentro del suspiro.
¡Ah, mi asombro dichoso, mi pregunta,
tu voz de caracol, llena de mares!...
Ya estoy al pie del aire, en lo terrestre.
Ya por mis piernas suben los manzanos.
Quería descansar en tu silencio,
ir por tus venas hasta el niño de antes;
tal vez medir el río verde-lágrima
que te pone en los ojos ese bosque.
Y miraba lo tuyo como tuyo:
tu alero y tus ventanas,
la compañera de tu noche antigua,
las tres ángelas, siempre en delantales.
Pero dolía todo por gozoso,
por su virtud de vida,
porque era yo como un panal colmado,
como una luna libre.
Demonios pequeñitos instalaron
aquella niebla en medio de nosotros
y fui, desde la nuez de la tormenta,
la siempre agitadora.
Donde apenas tocamos nuestro suelo
de casi paraíso
¡qué límite cerrado, qué metales
para mi nueva herida!
Sin embargo, mi cielo penetrante
te deja una paloma,
y mi sal, tan amarga y tan activa,
un ramito de aljófar.
Para tu puerta esta señal de ola
y este idioma de olvido para el mundo
¿Hacia dónde mi paso sin deseo?
¿A quién este abandono?
Entre rosales vienen los amantes
con su rosa del día.
Sobre la muerte caen, inmortales,
con sus rojas espinas.
V
Es cierto que llegaste de tu arrojo
hasta mi cuerpo dulce y sorprendido.
Amor había estado entre mis lágrimas.
Nunca en la oscuridad de mis raíces.
Llegaste con tu incendio sobre el agua,
con tu pecho de sal y tu camisa.
Yo habitaba el solar de los recuerdos
y era mi corazón como una isla.
De pronto te miré, dándome el mundo,
sin más poder que tu bandera libre.
¿Qué arboleda lloraba en tu silencio
y qué historia de oleaje en tus heridas?
Sudoroso de fuerza y de trayecto,
íntimo del adiós y del peligro,
en mi suave verano por las rosas
fuiste cálidamente precedido.
Yo adivinaba los secretos gajos
y el hondo valle, más que paraíso...
Todo el horario de palomas súbitas.
Todo el abrazo de mi propio abismo.
Pero la tierra no me aprisionaba
con el nudo caliente de sus limos.
Era del sueño, como flor de nubes,
y era del aire, como golondrina.
Alarmó mi quietud aquel llamarme,
aquella fuerza tuya, detenida.
¿Cómo negar que en el convulso encuentro
tuve la luz terrible y la ventisca?
¡Qué importa que tu rosa nos dejara
tan sólo su aromado torbellino
y que perdure, en el correr del tiempo
el corazón punzante de la espina!
Hablaré de mi suelo poderoso,
de la angustia, la sangre y el olvido.
Tendré un país dorado en la memoria
y en la frente un camino de ceniza.
VI
Veinte rosas han muerto entre mi pulso,
¡veinte cálidas rosas!
Hubo todo un rosal de fuegos altos,
con su frágil aroma.
La nube me dejó sus leves ascuas,
sus deshechas alondras;
y algún amor que va por su misterio
sin la estrella vehemente
ni la antigua corona.
Sigo siendo la fiel... ¿quién ha podido
decir que le traiciono?
¡Cómo no ver que crezco en esta muerte
secreta y poderosa!
La ausencia canta y llora su vacío.
Llora y canta mi rostro.
Vine para sentir, como la brisa,
que por libre estoy sola.
Estas huellas olvidan aquel paso,
aquel puerto de hojas.
Estas manos borraron en el tiempo
las erguidas bellezas
y los pequeños nombres.
¡Ah, sentidme cabal por mi arrebato!
¡Coged mi tarde de oro!
Funda mi voz el peso de mi angustia
en el día de todos.
Estoy de pie porque rompí las redes,
porque huí con mi sombra.
Estoy de pie porque salvé del miedo
el reino de mi frente
y la palabra joven.
Hasta un altar de invierno me dirijo,
hasta una luna sorda;
pero un ramo de paz, un ramo dulce
me sale de la boca.
¡A ti, rosa del aire, rosa pura,
perpetuamente rosa,
las inasibles llamas de mi pecho,
los íntimos silencios
y el ay de mi derrota!
No seré lo que fui: bulto agitado
en medio de las cosas.
El alma libre definió sus rutas
por altos miradores.
Subiendo para hallar nuevos rosales
-ya con clima de otoño-
en delirante viaje voy, de prisa,
al eco de mi labio
y al corazón del polvo.
Por corrientes audaces mi regreso
volverá de la noche.
Dando un largo rodeo sobre el viento
despertará dormidos
mi palabra de ahora.
Hablo al que entiende, nunca al que se queda
apenas en el goce:
detrás de mi laurel baja el camino
que aflige y sobrecoge.
Entre su limpio verde nadie mira
las oscuras memorias,
ni las negadas arpas, ni los hielos
o las muertas palomas.
Ya no tengo mi suave primavera
ni las manos que exploran.
Comprendo que hay un algo no aprendido
debajo de mi paso
sumiso o victorioso.
¡Solitario tormento, casi lágrima,
alcanzando horizontes!
El que dice que me ama, el más amante
de mí sabe tan poco.
Que la desnuda vida, por desnuda
ciega orgullos y ojos.
¡Leed este poema en la mañana
y cortad otra rosa!
Claudia Lars
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Claudia Lars,
Poesías
Tú
Serás ese ángel que con su dulce mirada este presente en mi pensamiento, seré como la brisa suave que te acaricia y te invite a seguir en la ensoñación, seré tu abrigo para resguardarte del frío de la soledad y tu alma inquieta creará un nuevo mañana para encontrarnos en la orilla de mi playa, te seguiré paso a paso desde lejos, puedes percibir mi cariño?, el día que decidas que ésta ilusión termine, en el recuerdo y en el viento seguiré contigo.
Tus alegrías, triunfos y metas las comparto contigo, tus penas y tristezas me las entregaras o junto conmigo las dejaremos correr en el río del olvido; improvisaremos bellos momentos abrazados en la distancia, y aún sin decir nada podremos adivinar nuestros pensamientos, compartir el mismo anhelo.
Nunca olvides que estoy contigo, que acudiré a tu llamada si cierras los ojos y repites mi nombre dos veces, no te sentirás solo porque bajo el cielo de mil estrellas o en la lluvia de noche de primavera yo permanezco a tu lado; soy feliz con tus palabras y con la descripción de nuestro mundo, soy feliz porque hoy estoy contigo en alas del mismo tiempo, soy feliz aunque solo sea un mágico sueño pintado en mil colores o solo en azul marino, soy feliz porque: Estoy contigo.
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Pensaments,
Per a tu
dissabte, 2 de juliol del 2011
Amarte
Amar,es saber que te estoy amando,
es amar cuando te amo,
es pensarte, es extrañarte
si el tiempo nos divide en su celo
es saber que te respiro
es oler el perfume de la gloria
y en las memorias llevar tu recuerdo
Reconocer tu voz ,
Escuchar en el silencio su eco...
Es imaginarte, con unico consuelo
Amarte es juntar todo el amor del universo
y en un jardin conversar los secretos
Amarte, es mirar las estrellas en la noche
y tocar con mis manos sus destellos
para acercarlos a ti
y verlos brillar en tu pelo
amarte es formar ,caminos en el aire
es vivir con la idea de un beso
es agitar las olas del mar,
a la briza del encuentro
amarte es tu cuerpo y es mi cuerpo
es saber que estas ,si no te tengo
es subir al mismo cielo,
es mirar en tus ojos lo eterno
amarte es pintar de amor los deseos
es llevarte, en las distancias
abrazarte con el pensamiento
amarte, es escuchar los sentimientos,
mis sentimientos
tu sentimientos
es mi esperanza y es mi sueño,
Amarte es acariciar
la piel de tu corazon
es saber que sin el
no nacerian estos versos
es contar contigo,hasta en lo incierto
Amarte, es morirme si no estas
Amarte......Es morirme por tus besos
Frases de Paulo Coelho
Solamente pasaba diez minutos con el amor de su vida, y miles de horas pensando en él.
No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.
Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquéllo que desea.
Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan.
En toda historia de amor siempre hay algo que nos acerca a la eternidad y a la esencia de la vida, porque las historias de amor encierran en sí todos los secretos del mundo.
Existen derrotas, pero nadie está a salvo de ellas. Por eso es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños que ser derrotados sin siquiera saber por qué se está luchando.
Cuando menos lo esperamos, la vida nos coloca delante un desafío que pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio.
El peor de todos los pasos es el primero. Cuando estamos listos para una decisión importante, todas las fuerzas se concentran para evitar que sigamos adelante. Ya estamos acostumbrados a esto. Es una vieja ley de la física: romper la inercia es difícil. Como no podemos cambiar la física, concentremos la energía extra y a si conseguiremos dar el primer paso. Después el camino mismo ayuda.
No tenía miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino. Escoger un camino significaba abandonar otros.
Podemos cometer muchos errores en nuestras vidas, menos uno: aquel que nos destruye.
Dios es el mísmo, aunque tenga mil nombres; pero tienes que escoger uno para llamarlo.
Cuando todos los días resultan iguales es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo.
La gran victoria que hoy parece fácil fue el resultado de pequeñas victorias que pasaron desapercibidas.
El camino es el que nos enseña la mejor forma de llegar y nos enriquece mientras lo estamos cruzando.
Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos y por eso la vida vale la pena.
Sed como la fuente que se derrama y no como el tanque que siempre contiene la misma agua.
Siempre es más fácil escuchar una ofensa y no reaccionar que tener el coraje de enzarzarse en un combate con alguien más fuerte.
El tercer síntoma de la muerte de nuestros sueños es la paz. La vida pasa a ser una tarde de domingo, sin pedirnos cosas importantes y sin exigirnos más de lo que queremos dar. Pero, en verdad, en lo íntimo de nuestro corazón, sabemos que lo que ocurrió fué que renunciamos a luchar por nuestros sueños.
Un guerrero acepta la derrota como una derrota, sin intentar transformarla en victoria.
Quiero creer que voy a mirar este nuevo año como si fuese la primera vez que desfilan 365 días ante mis ojos.
divendres, 1 de juliol del 2011
Si me ves
Si me ves cansado fuera del sendero,
ya casi sin fuerzas para hacer camino.
Si me ves sintiendo que la vida es dura,
porque ya no puedo, porque ya no sigo.
Ven a recordarme cómo es un comienzo,
ven a desafiarme con tu desafío.
Muéveme en el alma, vuélveme al impulso,
llévame a mi mismo.
Yo sabré entonces encender mi lámpara
en el tiempo oscuro, entre el viento frío.
Volveré a ser fuego desde brasas quietas,
que alumbre y reviva mi andar peregrino.
Vuelve a susurrarme aquella consigna
del primer paso para un principio.
Muéstrame la garra que se necesita
para levantarse desde lo caído.
Si me ves cansado fuera del sendero,
sin ver mas espacios que el de los abismos.
Trae a mi memoria que también hay puentes,
que también hay alas que no hemos visto.
Que vamos armados de fe y de bravura,
que seremos siempre lo que hemos creído.
Que somos guerreros de la vida plena,
y todo nos guía hacia nuestro sitio.
Que un primer paso, y que un nuevo empeño,
nos lleva a la forma de no ser vencidos.
Que el árbol se dobla, se agita, estremece,
deshoja y retoña, pero queda erguido.
Que el único trecho que da el adelante
es aquel que cubre nuestro pie extendido.
Si me ves cansado fuera del sendero, solitario
y triste, quebrado, herido.
Siéntate a mi lado, tómame las manos,
entra por mis ojos hasta mi escondrijo.
Y dime se puede e insiste, se puede,
hasta que yo entienda que puedo lo mismo.
Que tu voz despierte, desde tu certeza,
al que de cansancio se quedó dormido.
Y, tal vez, si quieres, préstame tus brazos,
para incorporarme, nuevo y decidido.
Que la unión es triunfo cuando hombro con hombro vamos,
¡sí se puede!, con el mismo brío.
Si me ves cansado fuera del sendero,
lleva mi mirada hacia tu camino.
Hazme ver las huellas, que allá están marcadas,
de un paso tras otro por donde has venido.
Y vendrá contigo una madrugada,
la voz insistente para un nuevo inicio.
Que abriré otro rumbo porque si he creído,
que siempre se puede...
se puede, mi amigo.
ya casi sin fuerzas para hacer camino.
Si me ves sintiendo que la vida es dura,
porque ya no puedo, porque ya no sigo.
Ven a recordarme cómo es un comienzo,
ven a desafiarme con tu desafío.
Muéveme en el alma, vuélveme al impulso,
llévame a mi mismo.
Yo sabré entonces encender mi lámpara
en el tiempo oscuro, entre el viento frío.
Volveré a ser fuego desde brasas quietas,
que alumbre y reviva mi andar peregrino.
Vuelve a susurrarme aquella consigna
del primer paso para un principio.
Muéstrame la garra que se necesita
para levantarse desde lo caído.
Si me ves cansado fuera del sendero,
sin ver mas espacios que el de los abismos.
Trae a mi memoria que también hay puentes,
que también hay alas que no hemos visto.
Que vamos armados de fe y de bravura,
que seremos siempre lo que hemos creído.
Que somos guerreros de la vida plena,
y todo nos guía hacia nuestro sitio.
Que un primer paso, y que un nuevo empeño,
nos lleva a la forma de no ser vencidos.
Que el árbol se dobla, se agita, estremece,
deshoja y retoña, pero queda erguido.
Que el único trecho que da el adelante
es aquel que cubre nuestro pie extendido.
Si me ves cansado fuera del sendero, solitario
y triste, quebrado, herido.
Siéntate a mi lado, tómame las manos,
entra por mis ojos hasta mi escondrijo.
Y dime se puede e insiste, se puede,
hasta que yo entienda que puedo lo mismo.
Que tu voz despierte, desde tu certeza,
al que de cansancio se quedó dormido.
Y, tal vez, si quieres, préstame tus brazos,
para incorporarme, nuevo y decidido.
Que la unión es triunfo cuando hombro con hombro vamos,
¡sí se puede!, con el mismo brío.
Si me ves cansado fuera del sendero,
lleva mi mirada hacia tu camino.
Hazme ver las huellas, que allá están marcadas,
de un paso tras otro por donde has venido.
Y vendrá contigo una madrugada,
la voz insistente para un nuevo inicio.
Que abriré otro rumbo porque si he creído,
que siempre se puede...
se puede, mi amigo.
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Pensaments,
Poesías
diumenge, 26 de juny del 2011
Et necessito
Com puc dir, com puc explicar,
que t'estimo més que a no-res en aquest món.
Que ets el millor de la meva existència.
Que vaig a estimar-te tota la meva vida,
perquè ets els meus ulls, la meva sang, les meves forces,
les meves ganes de despertar cada matí.
Que et necessito tant, tant...
que no existeix paraula que pugui
donar a entendre la magnitud
del meu... "Et Necessito"
Que ets part meva i jo sóc part teva,
que puc ser un home complet,
si et tinc al meu costat
i perquè sense tu, jo... no sóc res.
Que t'estimo el màxim del que es pugui
estimar en aquesta vida terrenal,
i que ho faré sempre, igual que ahir,
igual que ara.
Més enllà de la mateixa vida,
més enllà de la mateixa mort.
T'ho prometo amb el cor en la mà
que no hi ha res, ni ningú que faci flaquejar
la barrera del meu amor.
Miquel Martí i Pol
divendres, 24 de juny del 2011
La Marioneta
- Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto - que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen,
despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, - no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que les ofrecería a la luna.
Regaría con lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
No dejaría pasar un solo día
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer - u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están, - al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
- sin saber que envejecen
- cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres.
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido - aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo. - Jonny Welch
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