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dimecres, 23 de març del 2011

Incoherencias

 
Yo tuve un ideal, ¿en dónde se halla?
Albergué una virtud, ¿por qué se ha ido?
Fui templario, ¿do está mi recia malla?
¿En qué campo sangriento de batalla
me dejaron así, triste y vencido?

¡Oh, Progreso, eres luz! ¿Por qué no llena
su fulgor mi conciencia? Tengo miedo
a la duda terrible que envenena,
y me miras rodar sobre la arena
¡y, cual hosca vestal, bajas el dedo!

¡Oh!, siglo decadente, que te jactas
de poseer la verdad, tú que haces gala
de que con Dios, y con la muerte pactas,
devuélveme mi fe, yo soy un Chactas
que acaricia el cadáver de su Atala...

Amaba y me decías: «analiza»,
y murió mi pasión; luchaba fiero
con Jesús por coraza, triza a triza,
el filo penetrante de tu acero.

¡Tengo sed de saber y no me enseñas;
tengo sed de avanzar y no me ayudas;
tengo sed de creer y me despeñas
en el mar de teorías en que sueñas
hallar las soluciones de tus dudas!

Y caigo, bien lo ves, y ya no puedo
batallar sin amor, sin fe serena
que ilumine mi ruta, y tengo miedo...
¡Acógeme, por Dios! Levanta el dedo,
vestal, ¡que no me maten en la arena! 
 
Amado Nervo 
 
 

diumenge, 13 de març del 2011

Dormir

¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo 
deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño 
es un estado de divinidad. 
El que duerme es un dios... Yo lo que tengo, 
amigo, es gran deseo de dormir. 

El sueño es en la vida el solo mundo 
nuestro, pues la vigilia nos sumerge 
en la ilusión común, en el océano 
de la llamada «Realidad». Despiertos 
vemos todos lo mismo: 
vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego, 
las criaturas efímeras... Dormidos 
cada uno está en su mundo, 
en su exclusivo mundo: 
hermético, cerrado a ajenos ojos, 
a ajenas almas; cada mente hila 
su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!) 

Ni el ser más adorado 
puede entrar con nosotros por la puerta 
de nuestro sueño. Ni la esposa misma 
que comparte tu lecho 
y te oye dialogar con los fantasmas 
que surcan por tu espíritu 
mientras duermes, podría, 
aun cuando lo ansiara, 
traspasar los umbrales de ese mundo, 
de tu mundo mirífico de sombras. 

¡Oh, bienaventurados los que duermen! 
Para ellos se extingue cada noche, 
con todo su dolor el universo 
que diariamente crea nuestro espíritu. 
Al apagar su luz se apaga el cosmos. 

El castigo mayor es la vigilia: 
el insomnio es destierro 
del mejor paraíso... 

Nadie, ni el más feliz, restar querría 
horas al sueño para ser dichoso. 
Ni la mujer amada 
vale lo que un dormir manso y sereno 
en los brazos de Aquel que nos sugiere 
santas inspiraciones. .. 
«El día es de los hombres; mas la noche, 
de los dioses», decían los antiguos. 

No turbes, pues, mi paz con tus discursos, 
amigo: mucho sabes; 
pero mi sueño sabe más... ¡Aléjate! 
No quiero gloria ni heredad ninguna: 
yo lo que tengo, amigo, es un profundo 
deseo de dormir...
Amado Nervo