dissabte, 19 de març del 2011

Rabindranath Tagore

 
En mi cielo al crepúsculo
Paráfrasis del poema 30 de “El jardinero”

 En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces
y viven en tu vida mis infinitos sueños.
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios,
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.


 
 
Me dijo bajito: “Amor mío, mírame en los ojos.
Me dijo bajito: “Amor mío, mírame en los ojos.
“Le reñí, agria, y le dije: “Vete.” Pero no se fue.
Se vino a mí y me cogía las manos… Yo le dije: “Déjame.”
Pero no se fue.
Puso su mejilla en mi oído. Me aparté un poco,
me quedé mirándolo, y le dije: “¿No te da vergüenza?”
Y no se movió. Sus labios rozaron mi mejilla. Me estremecí,
y le dije: “¿Cómo te atreves, di?” Pero no le dio vergüenza.
Me prendió una flor en el pelo. Yo le dije: “¡Es en vano!”
Pero no cedía. Me quitó la guirnalda de mi cuello, y se fue.
Y lloro y lloro, y le pregunto a mi corazón:
“Por qué, por qué no vuelve?”

Rabindranath Tagore

Me llaman loco... y me alegro

Vuelo


Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.

Amar ... Pero, ¿quién ama? Volar ... Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.

Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.

Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.

Triste instrumento alegre de vestir; apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.

No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.

Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.

Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. EL cielo se eleva. El aire mueve.

Miguel Hernández 

 

Miguel Hernández

Miguel Hernández 
 (1910-1942)

 En Orihuela, un pequeño pueblo del Levante español, rodeada del oasis exuberante de la huerta del Segura, nació Miguel Hernández el 30 de octubre de 1910. Hijo de un contratante de ganado, su niñez y adolescencia transcurren por la aireada y luminosa sierra oriolana tras un pequeño hato de cabras. En medio de la naturaleza contempla maravillado sus misterios: la luna y las estrellas, la lluvia, las propiedades de diversas hierbas, los ritos de la fecundación de los animales. Por las tardes ordeña las cabras y se dedica a repartir la leche por el vecindario. Sólo el breve paréntesis de unos años interrumpe esta vidad para asistir a la Escuela del Ave María, anexa al Colegio de Santo Domingo, donde estudia gramática, aritmética, geografía y religión, descollando por su extraordinario talento. En 1925, a los quince años de edad, tiene que abandonar el colegio para volver a conducir cabras por las cercanías de Orihuela. Pero sabe embellecer esta vida monótona con la lectura de numerosos libros de Gabriel y Galán, Miró, Zorrilla, Rubén Dario, que caen en sus manos y depositan en su espíritu ávido el germen de la poesía. A veces se pone escribir sencillos versos a la sombra de un árbol realizando sus primeros experimentos poéticos. Al atardecer merodea por el vecindario conociendo a Ramón y Gabriel Sijé y a los hermanos Fenoll, cuya panadería se convierte en tertulia del pequeño grupo de aficionados a las letras. Ramón Sijé, joven estudiante de derecho en la universidad de Murcia, le orienta en sus lectura, le guía hacia los clásicos y la poesía religiosa, le corrige y le alienta a proseguir su actividad creadora. El mundo de sus lecturas se amplía. El joven pastor va llevando a cabo un maravilloso esfuerzo de autoeducación con libros que consigue en la biblioteca del Círculo de Bellas Artes. Don Luis Almarcha, canónigo entonces de la catedral, le orienta en sus lecturas y le presta también libros. Poco a poco irá leyendo a los grandes autores del Siglo de Oro: Cervantes, Lope, Calderón, Góngora y Garcilaso, junto con algunos autores modernos como Juan Ramón y Antonio Machado. En el horno de Efén Fenoll, que está muy cerca de su casa, pasa largas horas en agradable tertulia discutiendo de poesía, recitando versos y recibiendo preciosas sugerencias del culto Ramón Sijé que acude allí a visitar a su novia Josefina Fenoll. Desde 1930 Miguel Hernández comienza a publicar poemas en el semanario El Pueblo de Orihuela y el diario El Día de Alicante. Su nombre comienza a sonar en revistas y diarios levantinos.

Primer viaje a Madrid y Perito en lunas
Poseído por la fiebre de la fama, en diciembre de 1931 se lanza a la conquista de Madrid con un puñado de poemas y unas recomendaciones que al fin de nada le sirven. Aunque un par de revistas literarias, La Gaceta Literaria y Estampa, acusan su presencia en la capital y piden un empleo o apoyo oficial para el "cabrero-poeta", las semanas pasan y, a pesar de la abnegada ayuda de un puñado de amigos oriolanos, tiene que volverse fracasado a Orihuela. Pero al menos ha podido tomarle el pulso a los gustos literarios de la capital que le inspiran su libro neogongorino Perito en lunas (1933), extraordinario ejercicio de lucha tenaz con la palabra y la sintaxis, muestra de una invencible voluntad de estilo. Tras este esfuerzo el poeta ya está forjado y ha logrado hacer de la lengua un instrumento maleable. En Orihuela continúa sus intensas lecturas y sigue escribiendo poesía. También sus amigos le preparan alguna actuación en público. En el Casino de Orihuela recita y explica su "Elegía media del toro". Otra vez, en abril de 1933, es en Alicante donde interpreta la misma elegía después de una docta charla de Ramón Sijé sobre Perito en lunas. La prensa local se hace eco del acontecimiento literario alimentando en el joven poeta el ansia y sed de celebridad.
 


Segundo viaje a Madrid
Un día, al salir de su trabajo, en una notaría de Orihuela, conoce a Josefina Manresa y se enamora de ella. Sus vivencias van hallando formulación lírica en una serie de sonetos que desembocarán en El rayo que no cesa (1936). Las lecturas de Calderón le inspiran su auto sacramental Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras, que, publicado por Cruz y raya, le abrirá las puertas de Madrid a su segunda llegada en la primavera de 1934. Allí se mantiene con un empleo que le ofrece José María de Cossío para recoger datos y redactar historias de toreros. En Madrid su correspondencia amorosa no se interrumpe y la frecuente soledad inevitable en la gran ciudad le hace sentir nostalgia por la paz e intimidad de su Orihuela. Las cartas abundan en quejas sobre la pensión, rencillas de escritores, intrigas, el ruido y el tráfico. Así es que en cuanto le es posible vuelve a su pueblo para charlar con los amigos, comer fruta a satisfacción y bañarse en el río. Aunque lentamente, va creándose en Madrid su círculo de amigos: Altolaguirre, Alberti, Cernuda, Delia del Carril, María Zambrano, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda. Entre ellos trata de vender algunos números de la revista El Gallo Crisis, recién fundada por Ramón Sijé, pero tienen que constatar que ésta no gusta a muchos de sus nuevos amigos. Neruda se lo confiesa abiertamente: "Querido Miguel, siento decirte que no me gusta El Gallo Crisis. Le hallo demasiado olor a iglesia, ahogado en incienso". Ramón Sijé teme perder a su gran amigo para sus ideales neocatólicos, pero pronto tienen que constatar que el ambiente de Madrid puede más que los ecos de la lejana Orihuela. Pablo Neruda insiste en sus ingeniosos sarcasmos anticlericales: "Celebro que no te hayas peleado con El Gallo Crisis pero esto te sobrevendrá a la larga. Tú eres demasiado sano para soportar ese tufo sotánico-satánico". Si Ramón Sijé y los amigos de Orihuela le llevaron a su orientación clasicista, a la poesía religiosa y al teatro sacro, Neruda y Aleixandre lo iniciaron en el surrealismo y le sugirieron, de palabra o con el ejemplo, las formas poéticas revolucionarias y la poesía comprometida, influyendo, sobre todo Neruda y Alberti, en la ideología social y política del joven poeta provinciano. Superada esta crisi, Miguel Hernández es ya un poeta hecho y comienza a crear lo más logrado y genial de su obra.
 

La Guerra Civil
El estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 le obliga a tomar una decisión. Miguel Hernández, sin dar lugar a dudas, la toma con entereza y entusiasmo por la República. No solamente entrega toda su persona, sino que también su creación lírica se trueca en arma de denuncia, testimonio, instrumento de lucha ya entusiasta, ya silenciosa y desesperada. Como voluntario se incorpora al 5º Regimiento, después de un viaje a Orihuela a despedirse de los suyos. Se le envía a hacer fortificaciones en Cubas, cerca de Madrid. Emilio Prados logra que se le traslade a la 1ª Compañía del Cuartel General de Caballería como Comisario de Cultura del Batallón de El Campesino. Va pasando por diversos frentes: Boadilla del Monte, Pozuelo, Alcalá. En plena guerra logra escapar brevemente a Orihuela para casarse el 9 de marzo de 1937 con Josefina Manresa. A los pocos días tiene que marchar al frente de Jaén. Es una vida agitadísima de continuos viajes y actividad literaria. Todo esto y la tensión de la guerra le ocasionan una anemia cerebral aguda que le obliga por prescripción médica a retirarse a Cox para reponerse. Varias obritas de Teatro en la guerra y dos libros de poemas que han quedado como testimonio vigoroso de este momento bélico: Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939).
 

El poeta en la cárcel
En la primavera de 1939, ante la desbandada general del frente republicano, Miguel Hernández intenta cruzar la frontera portuguesa y es devuelto a las autoridades españolas. Así comienza su larga peregrinación por cárceles: Sevilla, Madrid. Difícil imaginarnos la vida en las prisiones en los meses posteriores a la guerra. Inesperadamente, a mediados de septiembre de 1939, es puesto en libertad. Fatídicamente, arrastrado por el amor a los suyos, se dirige a Orihuela, donde es encarcelado de nuevo en el seminario de San Miguel, convertido en prisión. El poeta -como dice lleno de amargura- sigue "haciendo turismo" por las cárceles de Madrid, Ocaña, Alicante, hasta que en su indefenso organismo se declara una "tuberculosis pulmonar aguda" que se extiende a ambos pulmones, alcanzando proporciones tan alarmantes que hasta el intento de trasladarlo al Sanatorio Penitenciario de Porta Coeli resulta imposible. Entre dolores acerbos, hemorragias agudas, golpes de tos, Miguel Hernández se va consumiendo inexorablemente. El 28 de marzo de 1942 expira a los treinta y un años de edad. 



Amistad





El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarle, se sabe el valor que tiene.

El amigo es aquel que acude en los buenos momentos al ser llamado y también en los malos momentos sin necesidad de ser llamado.

Un amigo ha de ser como la sangre que acude a la herida sin tener que llamarla.

Los amigos son como ángeles que nos prestan sus alas cuando nos hemos olvidado de volar.

El que dice tener un amigo tiene dos almas gemelas.

La Amistad es como la Vida, alguien te la da y tu te encargas de tratar de hacerla mejor cada día de tu existencia.

El verdadero amigo es aquel que lo sabe todo de ti y sigue siendo tu amigo.

Tu mejor amiga es la conciencia.

Si yo fuera una rica poderosa y mi amiga una esclava a ser vendida, la compraría para estar toda la vida plenamente a su servicio

En ocasiones la vida es tan dura que sólo un amigo puede ayudarte a soportarla.

Un amigo no es una palabra, es un hecho.

Cuando la voz de un enemigo acusa, el silencio de un amigo condena.

Un buen amigo en la juventud, es el mejor paso hacia la madurez.

No es por fastidiar, pero la amistad es un sentimiento tan grande que no se puede medir con ninguna frase

El que tiene un amigo, tiene un tesoro.

Quizá no sea la mejor amiga del mundo pero quiero estar a tu lado en aquellos momentos en los que incluso a mí me odies.

Un amigo es alguien con quien se puede reír a menudo y llorar de vez en cuando.

Un amigo es un amigo, me dijo un amigo mío, que era tan amigo mío y tanta amistad la nuestra, que no supe que pensar, pero le dije muy dolido: un amigo de verdad, no lo dice y lo demuestra...

El amigo no es aquella persona que te pregunta como estas, sino la persona que espera tu contestación

Un amigo es aquel con el que se puede pensar en voz alta.

Un amigo es aquel que conoce tus defectos, y, a pesar de ello, te quiere.

Refranes (B3)

Boca que no habla, Dios no la oye.
Boca seca hace bolsa llena.
Boca sin dientes, casa sin gente.
Boca sin muelas, molino sin piedras.
Boca sucia no habla limpio.
Bocadito regular, que se pueda rodear.
Bocado comido no guarda amigo.
Bocado de pan, rajilla de queso y de la bota un beso.
Bocado engullido, su sabor perdido.
Boda de hongos, llámala bodorrio.
Boda sin borracho tenla a milagro.
Boda y mortaja, del cielo baja.
Bodas en mayo, males las llamo.
Bodas y aguas, como son guiadas.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
Bollo crudo, engorda el culo.
Bollo de monja, carga de trigo.
Bolsa de pedigüeño siempre vacía.
Bolsa llena, quita las penas.
Bolsa que mucho clama, pronto se acaba.
Bolsa, mujer y espada, no quiere andar prestada.
Bolsillo lleno no tiene dueño.
Bolsillo vacío, trapo le digo.
Bondad y dulzura, mas que donaire, hermosura.
Bonita y fina me haga Dios; que rubia y blanca me haré yo.
Bonita, buena y rica con seso, bocadito sin hueso.
Bonitas palabras al más listo engañan.
Bonito era el diablo cuando niño.
Boñiga de vaca en quemadura, pronto la cura.
Boñigas hacen espigas.
Borrachez, de agua; que la de vino es cara y sale a la cara.
Borrego recién pelado, no lo lleves al mercado.
Borregos al anochecer, charcos al amanecer.
Borregos al atardecer charcos al amanecer.
Borriquillo moruno, vivo cual ninguno.
Borrón de escribano no es sin engaño.
Borrón y cuenta nueva.
Bota vacía la sed no quita.
Botas y gabán encubren mucho mal.
Botella vacía y cuento acabado, no valen un cornado.
Boticario que equivoca el tarro, manda al enfermo a mascar barro.
Boticario sin botica, nada significa.
Brasero que calor no da, ¿para qué está?
Breve habla el que es prudente.
Brindo y bebo, y me quedo convidado para luego.
Bromas y chascarrillos para los amiguillos.
Bromeando, bromeando, amargas verdades se van soltando.
Bruto animal es el que no busca deleite espiritual.
Buen abogado, mal cristiano
Buen abogado, mal vecino.
Buen abogado, mal vecino.
Buen alimento, mejor pensamiento.
Buen amigo es el dinero.
Buen amigo es el gato cuando no araña.
Buen amigo ni buen yerno se hallan presto.
Buen amigo y compañero, pero sin tocar el dinero.
Buen amigo, el ya probado en el peligro.
Buen amor y buena muerte, no hay mejor suerte.
Buen arte es el médico que sotierra su yerro.
Buen atiento, poner la capa según viniere el viento.
Buen caballo, buena espada y buena mujer, ¿qué más has de apetecer?.
Buen cazador, mal labrador.
Buen comedor, buen dormidor.
Buen comienzo, agüero de buen término.
Buen compañero, sólo Dios del cielo.
Buen corazón quebranta mala ventura.
Buen disimulo, se tapaba la cara y enseñaba el culo.
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.


Mujeres

 

dijous, 17 de març del 2011

Todavía

 
No lo creo todavía;
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría.

Palpo, gusto, escucho y veo
tu rostro, tu paso largo,
tus manos, y sin embargo
todavía no lo creo.

Tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto.

Nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa.

Sin embargo, todavía
dudo de esta buena suerte,
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía.

Pero venís, y es seguro,
y venís con tu mirada,
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro.

Y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos,
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido.

Y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más todavía. 
 
Mario Benedetti 
 
 

La granja del tesoro

coches-de-epoca
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La granja del tesoro

Según cuenta la historia, que muchos ya conoceréis, un hombre en Nueva York al que le llegó la edad de la jubilación, decidió dar un cambio a su vida y, juntando todos sus ahorros, compró una granja y unos pocos acres de terreno en Portugal. La modesta granja había estado vacía durante más de quince años, desde que su propietario y su esposa murieran sin dejar herederos.
Cuando el nuevo propietario se instaló y se dispuso a poner un poco de orden en la granja, se encontró con que en uno de los almacenes, que antiguamente era usado como granero, habían unas enormes puertas metálicas que impedían el paso a una gran zona del recinto.
Las puertas estaban completamente bloqueadas, pero el jubilado era un tipo con recursos y al día siguiente se dispuso a abrir aquellas puertas equipado con un generador y un par de cortadoras radiales.
Tras muchos esfuerzos, las puertas cedieron y la luz del sol inundó aquel lugar en el que la penumbra había reinado durante los últimos quince años. La sorpresa del jubilado y de su mujer fue mayúscula cuando, tras aquellas puertas encontraron cientos de vehículos de época de alta gama, de todo tipo de marcas y modelos.
La posterior tasación de los vehículos se cifró en unos 35 millones de dólares y los nuevos dueños de la granja tienen pleno derecho a los bienes que allí encontraron.
Una historia increíble, ¿verdad?


Tras investigar un poco sobre esta historia, es posible que esté un poco adornada por el boca a boca y que ni tan siquiera exista el jubilado americano. Según parece, los automóviles podrían pertenecer a un distribuidor de automóviles de los años ochenta, que usaría este lugar como almacén y que hoy en día pertenecen a sus herederos.

http://tejiendoelmundo.wordpress.com


José Zorrilla (1817-1893)

Nació en Valladolid, el 21 de febrero de 1817. Allí transcurrieron los primeros años de su vida, para trasladarse luego a Burgos y Sevilla. Cuando contaba 9 años, se mudó con su familia a Madrid, donde estudió en el Seminario de Nobles, dirigido por los jesuitas.
Fue enviado a estudiar Derecho a Toledo, pero ante el fracaso en sus estudios, regresó a Valladolid. Su pasión se combinaba entre la literatura, el dibujo y las mujeres. Por lo tanto, su padre, hombre severo e inflexible, tomó una drástica determinación: enviarlo a Lerma a cavar viñas. Ante esa decisión, huyó a Madrid, donde se dedicó al arte, pasando miseria.
Su prestigio comenzó con el homenaje leído en memoria de Mariano José Larra, donde cayó desmayado de emoción. Reemplazó al citado escritor como redactor del periódico “El Español” y también escribió para “El Porvenir”.
En julio de 1839 se estrenó su primer drama: “Juan Dándolo” escrito junto a García Gutiérrez. A ésta le siguieron otras obras dramáticas basadas en el estilo del Siglo de Oro español, y plenas de suspenso: “El puñal del godo” (1843), “Don Juan Tenorio” (1844), “Más vale llegar a tiempo que rondar un año” (1845), “El rey loco” (1847), “La creación y el diluvio universal” (1848) y “Traidor, inconfeso y mártir” (1849).
En 1849, fue nombrado miembro de la junta del Teatro español y de la Academia. En 1850 se dirigió a Francia y en 1855, a México, donde fue nombrado director del Teatro Nacional por el emperador Maximiliano.
En sus obras refleja su catolicismo, su españolismo, su inspiración fácil, una musicalidad y plasticidad maravillosas, colorido, energía y vistosidad espontáneas.
Él mismo señaló sus defectos y virtudes en el logro del éxito:
“He aprendido desde joven una cosa muy difícil de poner en práctica: el arte de hablar mucho sin decir nada, que es en lo que consiste generalmente mi poesía lírica…”.
“Mis obras son muy numerosas, pero son las más incorrectas de las producidas por los poetas de nuestro siglo: Me complace y me duele hallarme en esta ocasión de declararlo espontáneamente. Deben mis obras su fama a la época innovadora en que las empecé a publicar, a los alardes de religión y de españolismo de que están salpicadas, a los asuntos populares que tratan, a mi larga ausencia de mi país, a lo novelesca que supone el vulgo mi vida en regiones remotas, y más que todo esto, a la fortuna que a mi ignara osadía acompaña desde mi juventud”.
Sus poemas líricos, fueron publicados en varias colecciones tituladas “Poesías”, en siete volúmenes, que se conoció en 1837, “Cantos del Trovador”, en tres volúmenes (1840-1841), “Vigilias del estío”, “Recuerdos y fantasías” (1844), “La azucena silvestre” (1845), “El desayuno del diablo”, “Un testigo de bronce” y “El cantar del romero” (1886).
Sus leyendas épico-líricas, que él tituló “Leyendas y tradiciones”, constituyen la parte más famosa de su poesía no dramática. Están escritas en romances con los títulos de: “Una aventura de 1360”, “A buen juez, mejor testigo”, “Para verdades: el tiempo, y para justicias: Dios”, “Justicias del Rey Don Pedro” y “El capitán Montoya”. Merece entre estas obras destacarse “Granada”, un extenso poema inconcluso en el cual pensaba evocar la dominación árabe. Publicó dos volúmenes en París, pero nunca lo concluyó.
En 1889, fue homenajeado como poeta laureado de España en Granada por el duque de Rivas.
Víctima de un tumor cerebral, muere durante la intervención quirúrgica que intentaba extraérselo, en 1893, en Madrid.

Sentimientos

Y uno aprende


Después de un tiempo
Uno aprende la sutil diferencia
Entre sostener una mano y encadenar el alma,

Y uno aprende que el amor no significa acostarse
Y una compañía no significa seguridad
Y uno empieza a aprender

Que los besos no son contratos
Y los regalos no son promesas,
Y uno empieza a aceptar sus derrotas 
con la cabeza alta y los ojos abiertos.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,
Que uno realmente es fuerte,
Que uno realmente vale

Y después de un tiempo
Uno planta su propio jardín y 
decora su propia alma
En lugar de esperar a 
que alguien le traiga flores.

Con el tiempo aprendes
Que estar con alguien porque 
te ofrece un buen futuro
Significa que tarde o temprano 
querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo aprendes
Que sólo quien es capaz 
de amarte con tus defectos, 
sin pretender cambiarte
Puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo aprendes
Que si estas al lado de esa persona 
sólo por acompañar tu soledad,
Irremediablemente acabarás 
no deseando volver a verla.

Con el tiempo comprendes que 
los verdaderos amigos son contados,
Y que quien no lucha por ellos
Tarde o temprano se verá 
rodeado sólo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendes
Que disculpar cualquiera lo hace
Pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes
Que si has herido a un amigo de forma dura
Muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Con el tiempo te das cuenta
Que aunque seas feliz con tus amigos,
Algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta
De que cada experiencia vivida con cada persona, 
es única e irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta
De que el que humilla o desprecia 
a un ser humano,
Tarde o temprano sufrirá las mismas 
humillaciones o desprecios.

Con el tiempo aprendes a construir
todos tus caminos en el hoy,
Porque el terreno del mañana 
es demasiado incierto para hacer planes.

Con el tiempo comprenderás
Que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen
Ocasionará que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta
De que en realidad lo mejor no era el futuro,
Sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que,
Aunque seas feliz con los que están a tu lado,
Añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo
Y ahora se han marchado

Con el tiempo aprenderás que 
intentar perdonar o pedir perdón,
Decir que amas decir que extrañas,
Decir que necesitas decir 
que quieres ser amigo,
Ante una tumba ya no tiene sentido.

Y uno aprende y aprende
Y con cada dia uno aprende.
Pero desafortunadamente sólo con el tiempo. 



Al igual que a García Márquez, a Borges se le atribuyeron textos que nada tienen que ver con su estilo y los hicieron circular por todo internet. Copio una aclaración:

Personas ociosas, o desinformadas, o que padecen ambas dolencias, son dadas a atribuir a escritores excelentes la autoría de textos a los que, con piedad, denominaré eufemísticamente "no brillantes".
Jorge Luis Borges ha sido víctima de tales desvaríos más de una vez:

1) Contra la falsa atribución de cierto conjunto de palabras ya nos informó Iván Almeida en "Jorge Luis Borges,autor del poema «Instantes»" (título, ya se ve, paródico de "Pierre Menard, autor del Quijote"):
www.hum.au.dk/romansk/borges/bsol/iainst.htm
2) Contra la falsa atribución de otro cierto conjunto de palabras me ocupé yo en "La novela que Borges jamás escribió":
www.ucm.es/info/especulo/numero26/borgesno.html

Pues bien, el azar me llevó a descubrir que, en alrededor de doscientos sitios de Internet, seres fantasmales atribuyen a Borges la escritura de una prosa, "edificante y reflexiva", titulada, según parece, "Después de un tiempo".
Puede encontrarse, por ejemplo, en foros.uruguaytotal.com/w3t/showthreaded....5&o=93&part= 

Extraido de:
http://www.elclubliterario.com/index.php?option=com_kunena&func=view&catid=62&id=4189&Itemid=3

Era una vez un río

Era una vez un río –dice la vieja tradición oriental – que corría mansamente sobre su cómodo lecho de barro. Sus aguas eran turbias, y en ellas vivían los peces plomizos que buscan su alimento en el lodo. 
Como era muy poco profundo, a ningún ser humano se le había ocurrido hacer un puente sobre él, y se conformaron arrojando en su seno algunas grandes piedras que improvisaban caminos, apenas húmedos por las lentas aguas. Los animales del bosque, simplemente, lo vadeaban por los lugares menos profundos, revolviendo sus entrañas con sus patas. A beber iban al lago cercano, pues las aguas del río eran oscuras y olían mal.
Pero el dios Indra, que todo lo ve, se apiadó del Genio del río, pues sin ser tonto, actuaba como tal, entorpecido por la inercia y la comodidad, ya acostumbrado a que pisoteasen su cuerpo, que era húmedo y hediondo como una víbora muerta Con el paso del tiempo, el río se había conformado con los caminos más suaves, y evitaba los declives violentos.
Era mudo, feo y las bellas ondinas y las hadas de las riberas no se acercaban a él, ni siquiera para fabricar sus espejos mágicos en las noches de luna llena. Uno de los servidores de Indra secó la tierra frente a él y la levantó de manera que lo obligó a desviarse. 
El viejo río, asustado al principio, comenzó a gemir, pero pronto descubrió el placer de saltar sobre las piedras, y con un rugido abatió árboles y se abrió camino, saltando abismos y arremetiendo contra enormes peñascos. Su agua se hizo límpida al filtrarse a través de las arenas y pedruscos, su lecho fue de piedra y a veces de metal, brillando las vetas en su cauce como los ígneos látigos de Indra cuando conduce a los Maruts.
De su seno, otrora oscuro y lóbrego, nació la espuma blanca, pues la blancura no aparece si no hay lucha, si no hay purificación. Lo habitaron los peces irisados que remontan las aguas y las claras lagunas que iba dejando a sus costados, engarzadas en formidables rocas, fueron embeleso de los Elementales de las aguas. 
Lo habitaron los peces irisados que remontan las aguas y las claras lagunas que iba dejando a sus costados, engarzadas en formidables rocas, fueron embeleso de los Elementales de las aguas. 
Lo habitaron los peces irisados que remontan las aguas y las claras lagunas que iba dejando a sus costados, engarzadas en formidables rocas, fueron embeleso de los Elementales de las aguas. 
Con el reflejo titilante de las estrellas hicieron las ninfas sus peines mágicos, y los espejos encantados los extraían de los profundos remansos. Los hombres ya no lo pisotearon, sino que elevaron arcos de triunfo sobre él, a los que llamaban puentes. 
Los animales lo cruzaban nadando, y limpios y brillantes, comentaban luego la fuerza del río. Al final, cuando llegaba a su Madre Ganga, era recibido con ovaciones por las otras aguas, que se abrazaban a las suyas gritando de alegría. 
Y, viendo todo esto y muchas cosas más que no os cuento, Indra pensó en los muchos seres humanos que no aprovechan sus oportunidades y siguen siendo ríos lentos y barrosos, carentes de valor y de gloria. Dos lágrimas corren entonces por su rostro candente, y así aparecen las nubes, y todo en la Naturaleza se vuelve gris y lamenta la estupidez humana.

 Jorge Ángel Livraga


Azafata


dimecres, 16 de març del 2011

Era una vez un río


Ramón de Campoamor


Ramón de Campoamor
(Ramón de Campoamor y Campoosorio; Navia, 1817 - Madrid, 1901) 

Poeta español que gozó, en su tiempo, de gran estima y popularidad. Su obra, no obstante, no superó la revisión de valores efectuada por las generaciones del modernismo y la del 98. En cambio, refleja fielmente las corrientes intelectuales de la época, tales como el positivismo o el tradicionalismo religioso.
Huérfano muy pronto de padre, fue educado por su madre durante su infancia, que pasó en su tierra natal. Estudió latinidad en Puerto de Vega, en la misma provincia, y de allí pasó a Santiago de Compostela, donde cursó Filosofía. A los dieciocho años, en una crisis de misticismo, decidió ingresar en la Compañía de Jesús, pero pronto cambió de idea y, trasladado a Madrid, estudió Lógica y Matemáticas en el convento de Santo Tomás.
Aficionado a la Medicina, se matriculó en el Colegio de San Carlos, pero no tardó mucho tiempo en revelarse en Campoamor su verdadera vocación de poeta; abandonó los estudios académicos, decidido a consagrarse a la Literatura. Se pasaba largas horas en la Biblioteca Nacional leyendo y estudiando las obras de los clásicos españoles y universales. Mientras tanto frecuentaba las tertulias literarias y se había dado a conocer con la publicación de algunas poesías que merecieron elogios.
Sus primeras obras fueron un tomo de Fábulas y otros dos titulados Ternezas y flores (1840) y Ayes del alma (1842). Eran versos fáciles y sentimentales que valieron a nuestro autor el dictado de "poeta de las damas". Muy joven aún, manifestó sus ideas políticas con la publicación de una serie de cuadernos que tituló Historia crítica de las Cortes reformadoras (1837). Pronto entró en la carrera burocrática; se adscribió al partido moderado de Romero Robledo y desde tal posición luchó contra los fundamentos del partido democrático de Castelar. A fines de 1847, el conde de San Luis le nombró jefe político de Castellón de la Plana, y más tarde fue gobernador civil de Alicante y de Valencia (1584).
Campoamor continuaba escribiendo: en 1853 vio la luz El drama universal, poema de cierta extensión al que siguieron otros dos títulos: Colón y El licenciado Torralba. Pero sus obras más importantes y sobre todo más características son las Doloras (1846), los Pequeños poemas (1872-74) y las Humoradas (1886-88). Campoamor se casó con Guillermina Gormande, que no le dio hijos, y en 1861 ingresó en la Academia; en su discurso de recepción desarrolló el tema La metafísica limpia, fija y da esplendor al lenguaje.
Su mujer había aportado una apreciable dote al matrimonio, con lo que Campoamor pasó a ser un pacífico y acomodado burgués, de carácter afable y grata conversación, de rostro simpático, ornado de blancas patillas que le daban el aspecto de banquero acaudalado; vivió una prolongada ancianidad, sólo perturbada por los ataques de gota, rodeado de la admiración de sus contemporáneos, que veían en él a un genio de la poesía y a un excelso filósofo; baste decir que fue comparado con Shakespeare, Dante, Calderón, Goethe...
Lo cierto es que la obra de Campoamor no resiste hoy un examen crítico. Su estilo es prosaico y su pretendida filosofía es de lo más ramplón y superficial. Era un hombre de talento, pero su concepto de la poesía, que expuso en su Poética, es esencialmente equivocado; los aciertos que pueda haber en su obra hacen excepción y pesan muy poco.
Su único mérito es el de haber sido un eco, en verso, de toda una sociedad y un tiempo, pero ese tiempo era, en cuanto a calidad poética, de lo más pobre que pueda darse en cualquier época y país. El gusto y las ideas que entonces predominaban en España sumieron a gran parte de la cultura hispana en la más lamentable inanidad. El fracaso de las guerras coloniales fue el revulsivo que produjo el movimiento intelectual y crítico de la generación del 98. Campoamor y lo que el poeta representaba quedaría superado por insignificante, insípido y anacrónico.
En Madrid, un gélido domingo de febrero (11-02-1901) fallece don Ramón de Campoamor a la edad de 83 años.

Amistad

El amigo leal se ríe de tus chistes, aunque no sean tan buenos; y se conduela de tus problemas, aunque no sean tan graves.

La amistad supera a las circunstancias.

Un amigo es el que a pesar de las distancia se acuerda de los momentos importantes que vivieron.

El amigo seguro se conoce en la acción insegura.

Los amigos se hieren con la verdad para no destruirse con las mentiras.

El amigo es oro y el oro lo encontré en ti.

Los amigos son ángeles que se levantan cuando tus alas han olvidado como volar.

En todo tiempo ama al amigo y es como un hermano en tiempo de angustia

Amistad, cuidado con la palabrita que una palabra jamás termina de tomar significados.

Todo lo debemos consultar con el amigo, mas primero debemos consultar si lo es.

Guarda a un amigo bajo la llave de tu propia vida.

Los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo.

Nunca me enfado por lo que la gente me pide sino por lo que me niega.

La amistad es como una caja de bombones, nunca sabes a quien te va a tocar...

Un amigo es aquel que está a tu lado cuando probablemente preferiría estar en otro sitio.

En la prosperidad nuestros amigos nos conocen. En la adversidad nosotros los conocemos.

La amistad auténtica es aquella que sin sentir aversión por nadie, prefiere a unos pocos por la medida de sus méritos y virtudes y dentro de esos pocos hace de nuevo una selección para exaltar a los que ocupan el primer lugar en su corazón.

Amigo no es la persona que te seca las lágrimas, sino la que evita que las derrames.

Amigo es aquel extraño ser que te pregunta que tal estas y se preocupa por escuchar la respuesta.