dimarts, 15 de febrer del 2011
Lo mejor de mi vida eres tú
Yo me siento al fin feliz
La tristeza no es para mí
Que me importan lo que viví
Si me regalan el futuro no lo quiero sin ti
Ay no me digas no
Si escondes algo dámelo
Porque llegó la hora de estar conmigo
Pues el destino así lo escribió
Si es amor, Abrázame con ganas
Si no lo es, tal vez será mañana
Estando juntos mi mundo se llena de luz
Lo mejor de mi vida eres tú
Me voy de fiesta si quieres ir (quiero ir!)
De buenos aires hasta Madrid (hay ole!)
Y sin dormirnos acabar con parís
Te juro que jamás te vas a arrepentir
Hay no me digas no
Si escondes algo dámelo
Porque llegó la hora de estar conmigo
Pues el destino así lo escribió
Si es amor, Abrázame con ganas
Si no lo es, tal vez será mañana
Estando juntos mi mundo se llena de luz
Lo mejor de mi vida eres tu
Eres tú
Dame dámelo baby
Lo mejor lo mejor
Eres tú
Suéltate el pelo y juega entre las olas (entre las olas)
Sobre la arena a la orilla del mar (la orilla del mar)
Prepárate que la noche no perdona
Ven que nos vamos de marcha otra vez
Mañana, mañana
Porque llego la hora de estar conmigo
Pues el destino así lo escribió
Si es amor, Abrázame con ganas
Si no lo es, tal vez será mañana
Estando juntos mi mundo se llena de luz
Lo mejor de mi vida eres tú
Eres tú
Dame dámelo baby
Lo mejor lo mejor lo mejor
Lo mejor de mi vida eres tu
Lo mejor de mi vida eres tu
Dame dámelo baby
Gala 4
Actuación de el favorito junto a Josh
NOMINACIONES
Duelo de Nominadas
La evolución de los concursantes se aprecia gala tras gala. Cada semana intentan superarse en el escenario y demostrar al jurado todo lo mejor de sí mismos. Aún así, los temidos jueces no pasaron ni un detalle por alto y analizaron en profundidad la actuación de cada uno de los concursantes. Unos superaron el examen con gran éxito, como fue el caso de Naxxo, Nirah o Moneiba, pero otros como Alexandra, Niccó o Josh tuvieron que aguantar el chaparrón de críticas.
Nirah y Moneiba: 'Halo'
Nirah (Noemí Galera): Nirah, bienvenida a 'Operación Triunfo', hija mía. Creo que esta semana has dejado tu frialdad en algún rincón de la Academia. Se ha notado que has trabajado a gusto con Moneiba y daba gusto ver como te brillaban los ojos en el escenario. Creo que has cantado muy bien, muy bien, muy bien y te felicito, aunque es la primera actuación y hay que esperar a ver qué hacen tus compañeros, pero me has gustado mucho.Moneiba (José Antonio Abellán): Coincido con Noemí, me has gustado mucho, pero con este despliegue y este pedazo de canción, yo la hubiera desarrollado más y la hubiera llevado a otro palo, no me hubiera quedado con la imitación. También creo que si la hubierais cantado cada una por separado hubiera quedado mucho mejor, pero bueno, me ha gustado mucho.
Josh: 'Kamikaze'
Josh (Eva Perales): No sé si te voy a llamar Joshua a partir de ahora, porque cada día me despistas más. Esta semana has tenido un día más para preparar la canción, una canción que precisamente era de su lista. Además, por temas internos la has podido hacer a tu manera y aún así, vas y la cagas. Definitivamente, a partir de ahora te voy a llamar Joshua. El día que vuelva Josh, te volveré a llamar Josh. De momento, nene, no escoges bien tus novias, has destrozado la canción.Nahuel: 'Voy a perder la cabeza por tu amor'
Nahuel (Noemí Galera): Está claro que te hemos mareado con cantar moderno y antiguo, encika vamos y te damos un bolero par rematarlo. Aunque has tenido suerte porque era del 78, del 50 te matamos. Has hecho la versión Nahuel, no sé si moderno o antiguo, pero ha sido tu versión. Has trabajado muy bien la expresividad, miradas, sonrisa, has estado como eres tú y a mí me has gustado. Ya veremos qué pasa.
Juan Delgado y Geno: 'Lo mejor de mi vida eres tú'
Juan Delgado (José Antonio Abellán): Me ha encantado el final de la canción. Juan, no puedo decir nada malo, pero espero que nadie le haya cantado esta canción a su pareja por San Valentín. El final muy original, bien.Geno (Eva Perales): No me esperaba lo del beso, viéndoos a los dos cantando esta canción, diciendo eso de 'Lo mejor de mi vida eres tú', de Juan me lo he creído, pero de Geno no, la he visto muy correcta. Con ella me pasa, no que 'sufrocomogeno', sino que 'sufrocongeno'. Has entrado en el programa, es una segunda oportunidad para reinventarse y no debes perderla, la Geno que entró ya sabemos como es y yo quiero ver a la nueva Geno, no a la que sufre, a la sincera, a la de verdad. En ese mensaje Juan lo ha hecho mejor, pero me ha encantado.
Niccó: 'All the lovers'
Niccó (Noemí Galera): Por fin has cantado en solitario. Te ha tocado un tema sin complicación vocal a priori, agradecido, con el que podías mostrar la sensualidad y lucirte. ¿Crees que lo has hecho? De todas maneras, lo tenías todo a huevo y en 'OT' las oportunidades tienen que aprovecharse. Por ahora, no puedo decirte nada más, tendrás que esperar a las nominaciones para saber nuestra opinión final.Naxxo: 'Bad moon rising'
Naxxo (José Antonio Abellán): Eres un privilegiado porque te ha tocado una canción de, la que yo creo, la banda más grande de la historia del rock and roll, de hecho la banda más versionada en la historia de la música. Si hubieras estado en una orquesta en la costa de Mallorca, en Benidorm o en Málaga, yo te pondría un diez alto. Echo de menos, y no el malo, pero echo de menos que no hayas cantado tú, estoy seguro que puedes hacerlo más tú, has ido hacia John Fogerty, que de hecho si cierras los ojos eras John Fogerty cantando. Enhorabuena por la elección de la canción en este caso y enhorabuena porque ha sonado a rock and roll.Coraluna y Ramil: 'La bien pagá'
Coraluna (Eva Perales): Te tengo que decir que estoy alucinada del manejo del abanico y de tu 'acting', de cómo te has puesto en tu piel, ya no sé si eras la prostituta o no, lo que sí tengo claro, Coraluna, es que esta semana has sido tú misma. Has vuelto a tus orígenes y no sé yo si estás mejor guiada. Cada semana has ido progresando, yendo hacia un lugar más bonito y esperaba que hoy me sorprendieras como las otras semanas. Pero bueno, queda mucha noche, mucho amor y mucha nominación, pero me has gustado.Jefferson y Alexandra: 'Man in the mirror'
Jefferson (Noemí Galera): Esto es un temazo de la historia de la música, Michael Jackson, palabras mayores. Me habéis dejado un pelín fría. Esperábamos un poco más de ti, has estado correcto, pero sabemos que puedes dar mucho más. No sabemos si es ese exceso de confianza que tienes en ti mismo, sabes que lo puedes hacer bien, al menos lo que me llega es que eres un tío seguro, disimulas muy bien la inseguridad. Lo que sí es cierto, es que desde luego las clases de Màxim Huerta os han servido de mucho, porque estáis muy sueltos. En cualquier caso, esperaba más de tu actuación y no sé puedes dar mucho más de ti, ahí me quedo, veremos qué pasa luego.Alexandra (José Antonio Abellán): Estamos de acuerdo que quien elige la canción y quien os la asigna no es un amigo, es una canción que cualquiera que hubiera osado interpretar, pues es una frivolidad, porque quieras que no cualquiera va a comparar en el subconsciente con la versión original o con cualquiera de las versiones que Michael Jackson ha hecho. Si esto en vez de ser 'OT' con Pilar Rubio hubiera sido 'Menudas Estrellas' con Bertín Osborne, hubiera quedado hasta bien, pero yo creo que aquí se podría o se debería exigir un poco más. Estaba acordándome de Chenoa, que hizo una versión de esta canción que no tiene nada que ver con la original en cuanto a la estructura, que la grabó en directo en la sala Galileo de Madrid, y era distinto a todo, aquello sorprendía y no te acordabas tanto de Michael Jackson. Creo que ha sido un error la elección de la canción, pero bueno, como decía Noemí, a ver qué pasa.
Roxio: 'Aguas de marzo'
Roxío (Eva Perales): Lo que te pasa se nota, encima de ese escenario, tu falta de seguridad, tu no saber si estoy haciendo lo correcto, se nota cuando cantas. Tienes una virtud que es un inconveniente, eres transparente cantando. Sé inteligente, cura eso que tienes dentro, aprovecha la oportunidad que sois muy poquitos los que tenéis esta oportunidad, comete ese miedo y disfruta, Roxio, disfruta, para tú tranquilidad, todos los artistas tienen un pasado del que reniegan, piensan si empezaron haciendo lo que deberían hacer y que tú te lo plantees es un signo de que eres una gran artista.Álex: 'Fever'
Álex (José Antonio Abellán): 'Enciende las luces, tu mamá no está en casa. Estoy harto de acostarme solo, metámonos en tu coche, solos tú y yo y las estrellas y hagamos un menage a troi'. Es como la de 'Qué alegría de cuando me dijeron' pero en rápido. Y con el matrimonio de esta casa con Digital +, si son listos la aprovecharán para la promo de los viernes por la noche, ya te lo digo yo. Me ha encantado y, con vuestro permiso, quiero aplaudirle también a Marco, que el otro día se quedó algo mosqueado conmigo. Cuando las cosas están bien hechas, bien parecen. Enhorabuena.
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OT 2011
Lamentaciones de otoño
I
Como tantas cosas lejanas
que se acercan sin un rumor,
llegaron las primeras canas
y quizás el último amor.
El amor que pasó deprisa,
y el que nunca llegó a pasar,
entristecieron mi sonrisa
igual que un ciego frente al mar.
Yo sonaba con un cariño
que acaso tuve y se me fue,
y me eché a llorar como un niño
que llora sin saber por qué.
Hoy asoman rostros extraños
sobriamente frente a mí:
Hoy llegan los años huraños
diciéndome: «Estamos aquí».
que se acercan sin un rumor,
llegaron las primeras canas
y quizás el último amor.
El amor que pasó deprisa,
y el que nunca llegó a pasar,
entristecieron mi sonrisa
igual que un ciego frente al mar.
Yo sonaba con un cariño
que acaso tuve y se me fue,
y me eché a llorar como un niño
que llora sin saber por qué.
Hoy asoman rostros extraños
sobriamente frente a mí:
Hoy llegan los años huraños
diciéndome: «Estamos aquí».
II
Y he de morir soñando cosas
que deseé y no conseguí...
Y seguirán naciendo rosas,
pero no serán para mí.
Yo buscaba las cosas bellas
sin importarme en qué lugar.
Y otros mirarán las estrellas
que yo no volveré a mirar.
Y nombrar lo que no se nombra
—un gran silencio y una cruz—,
y penetrar en esa sombra,
yo, que he amado tanto la luz.
que deseé y no conseguí...
Y seguirán naciendo rosas,
pero no serán para mí.
Yo buscaba las cosas bellas
sin importarme en qué lugar.
Y otros mirarán las estrellas
que yo no volveré a mirar.
Y nombrar lo que no se nombra
—un gran silencio y una cruz—,
y penetrar en esa sombra,
yo, que he amado tanto la luz.
III
Tanto sueños que ya se han ido
y que jamás han de volver...
Empezar a morir de olvido,
¡oh, noche sin amanecer!
Apasionadas noches locas,
indeciblemente sin par...
Pero otros besarán las bocas
que yo dejaré de besar.
Agridulce sabor del beso,
áurea isla sin latitud:
Aunque sólo sea por eso,
no te me vayas, ¡Juventud!
No te me vayas todavía,
porque no me quiero quedar
triste de ensueño y de armonía,
igual que un ciego frente al mar.
y que jamás han de volver...
Empezar a morir de olvido,
¡oh, noche sin amanecer!
Apasionadas noches locas,
indeciblemente sin par...
Pero otros besarán las bocas
que yo dejaré de besar.
Agridulce sabor del beso,
áurea isla sin latitud:
Aunque sólo sea por eso,
no te me vayas, ¡Juventud!
No te me vayas todavía,
porque no me quiero quedar
triste de ensueño y de armonía,
igual que un ciego frente al mar.
José Ángel Buesa
Razón de amor
¿Fue como beso o llanto?
¿Nos hallamos
con las manos, buscándonos
a tientas, con los gritos,
clamando; con las bocas
que el vacío besaban?
¿Fue un choque de materia
y materia, combate
de pecho contra pecho,
que a fuerza de contactos
se convirtió en victoria
gozosa de los dos,
en prodigioso pacto
de tu ser con mi ser
enteros?
¿O tan sencillo fue,
tan sin esfuerzo, como
una luz que se encuentra
con otra luz, y queda
iluminado el mundo,
sin que nada se toque?
Ninguno lo sabemos.
Ni el dónde. Aquí, en las manos,
como las cicatrices,
allí, dentro del alma,
como un alma del alma,
pervive el prodigioso
saber que nos hallamos,
y que su dónde está
para siempre cerrado.
Ha sido tan hermoso
que no sufre memoria,
como sufren las fechas,
los nombres o las líneas.
Nada en ese milagro
podría ser recuerdo:
porque el recuerdo es
la pena de sí mismo,
el dolor del tamaño,
del tiempo, y todo fue
eternidad: relámpago.
Si quieres recordarlo
no sirve el recordar.
Sólo vale vivir
de cara hacia ese dónde,
queriéndolo, buscándolo.
¿Nos hallamos
con las manos, buscándonos
a tientas, con los gritos,
clamando; con las bocas
que el vacío besaban?
¿Fue un choque de materia
y materia, combate
de pecho contra pecho,
que a fuerza de contactos
se convirtió en victoria
gozosa de los dos,
en prodigioso pacto
de tu ser con mi ser
enteros?
¿O tan sencillo fue,
tan sin esfuerzo, como
una luz que se encuentra
con otra luz, y queda
iluminado el mundo,
sin que nada se toque?
Ninguno lo sabemos.
Ni el dónde. Aquí, en las manos,
como las cicatrices,
allí, dentro del alma,
como un alma del alma,
pervive el prodigioso
saber que nos hallamos,
y que su dónde está
para siempre cerrado.
Ha sido tan hermoso
que no sufre memoria,
como sufren las fechas,
los nombres o las líneas.
Nada en ese milagro
podría ser recuerdo:
porque el recuerdo es
la pena de sí mismo,
el dolor del tamaño,
del tiempo, y todo fue
eternidad: relámpago.
Si quieres recordarlo
no sirve el recordar.
Sólo vale vivir
de cara hacia ese dónde,
queriéndolo, buscándolo.
Pedro Salinas
El caracol y el rosal
Alrededor del jardín había un seto de avellanos, y al otro lado del seto se extendía n los campos y praderas donde pastaban las ovejas y las vacas. Pero en el centro del jardín crecía un rosal todo lleno de flores, y a su abrigo vivía un caracol que llevaba todo un mundo dentro de su caparazón, pues se llevaba a sí mismo.
–¡Paciencia! –decía el caracol–. Ya llegará mi hora. Haré mucho más que dar rosas o avellanas, muchísimo más que dar leche como las vacas y las ovejas. –Esperamos mucho de ti –dijo el rosal–. ¿Podría saberse cuándo me enseñarás lo que eres capaz de hacer?
–Me tomo mi tiempo –dijo el caracol–; ustedes siempre están de prisa. No, así no se preparan las sorpresas.
Un año más tarde el caracol se hallaba tomando el sol casi en el mismo sitio que antes, mientras el rosal se afanaba en echar capullos y mantener la lozanía de sus rosas, siempre frescas, siempre nuevas. El caracol sacó medio cuerpo afuera, estiró sus cuernecillos y los encogió de nuevo.–¡Paciencia! –decía el caracol–. Ya llegará mi hora. Haré mucho más que dar rosas o avellanas, muchísimo más que dar leche como las vacas y las ovejas. –Esperamos mucho de ti –dijo el rosal–. ¿Podría saberse cuándo me enseñarás lo que eres capaz de hacer?
–Me tomo mi tiempo –dijo el caracol–; ustedes siempre están de prisa. No, así no se preparan las sorpresas.
–Nada ha cambiado –dijo–. No se advierte el más insignificante progreso. El rosal sigue con sus rosas, y eso es todo lo que hace.
Pasó el verano y vino el otoño, y el rosal continuó dando capullos y rosas hasta que llegó la nieve. El tiempo se hizo húmedo y hosco. El rosal se inclinó hacia la tierra; el caracol se escondió bajo el suelo.
Luego comenzó una nueva estación, y las rosas salieron al aire y el caracol hizo lo mismo.
–Ahora ya eres un rosal viejo –dijo el caracol–. Pronto tendrás que ir pensando en morirte. Ya has dado al mundo cuanto tenías dentro de ti. Si era o no de mucho valor, es cosa que no he tenido tiempo de pensar con calma. Pero está claro que no has hecho nada por tu desarrollo interno, pues en ese caso tendrías frutos muy distintos que ofrecernos. ¿Qué dices a esto? Pronto no serás más que un palo seco… ¿Te das cuenta de lo que quiero decirte?
–Me asustas –dijo el rosal–. Nunca he pensado en ello.
–Claro, nunca te has molestado en pensar en nada. ¿Te preguntaste alguna vez por qué florecías y cómo florecías, por qué lo hacías de esa manera y de no de otra?
–No –contestó el caracol–. Florecía de puro contento, porque no podía evitarlo. ¡El sol era tan cálido, el aire tan refrescante!… Me bebía el límpido rocío y la lluvia generosa; respiraba, estaba vivo. De la tierra, allá abajo, me subía la fuerza, que descendía también sobre mí desde lo alto. Sentía una felicidad que era siempre nueva, profunda siempre, y así tenía que florecer sin remedio. Tal era mi vida; no podía hacer otra cosa.
–Tu vida fue demasiado fácil –dijo el caracol.
–Cierto –dijo el rosal–. Me lo daban todo. Pero tú tuviste más suerte aún. Tú eres una de esas criaturas que piensan mucho, uno de esos seres de gran inteligencia que se proponen asombrar al mundo algún día.
–No, no, de ningún modo –dijo el caracol–. El mundo no existe para mí. ¿Qué tengo yo que ver con el mundo? Bastante es que me ocupe de mí mismo y en mí mismo.
–¿Pero no deberíamos todos dar a los demás lo mejor de nosotros, no deberíamos ofrecerles cuanto pudiéramos? Es cierto que no te he dado sino rosas; pero tú, en cambio, que posees tantos dones, ¿qué has dado tú al mundo? ¿Qué puedes darle?
–¿Darle? ¿Darle yo al mundo? Yo lo escupo. ¿Para qué sirve el mundo? No significa nada para mí. Anda, sigue cultivando tus rosas; es para lo único que sirves. Deja que los castaños produzcan sus frutos, deja que las vacas y las ovejas den su leche; cada uno tiene su público, y yo también tengo el mío dentro de mí mismo. ¡Me recojo en mi interior, y en él voy a quedarme! El mundo no me interesa.
Y con estas palabras, el caracol se metió dentro de su casa y la selló.
–¡Qué pena! –dijo el rosal–. Yo no tengo modo de esconderme, por mucho que lo intente. Siempre he de volver otra vez, siempre he de mostrarme otra vez en mis rosas. Sus pétalos caen y los arrastra el viento, aunque cierta vez vi cómo una madre guardaba una de mis flores en su libro de oraciones, y cómo una bonita muchacha se prendía otra al pecho, y cómo un niño besaba otra en la primera alegría de su vida. Aquello me hizo bien, fue una verdadera bendición. Tales son mis recuerdos, mi vida.
Y el rosal continuó floreciendo en toda su inocencia, mientras el caracol dormía allá dentro de su casa. El mundo nada significaba para él.
Y pasaron los años.
El caracol se había vuelto tierra en la tierra, y el rosal tierra en la tierra, y la memorable rosa del libro de oraciones había desaparecido… Pero en el jardín brotaban los rosales nuevos, y los nuevos caracoles se arrastraban dentro de sus casas y escupían al mundo, que no significaba nada para ellos.
¿Empezamos otra vez nuestra historia desde el principio? No vale la pena; siempre sería la misma.
De Hans Christian Andersen .
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Cuentos
Refranes
A heredad vieja, heredero nuevo.
A hija casada, los yernos a la puerta.
A hijo malo, pan y palo.
A hombre de dos caras, hombre de buena espalda.
A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
A hombre desgarbado, dale de lado.
A hombre hablador e indiscreto no confíes tu secreto.
A hombre recién levantado, ni le propongas negocios ni le pidas un prestado.
A honra demasiada, interés hay encubierto.
A hora mala no ladran canes.
A hortelano tonto, patatas gordas
A invierno lluvioso, verano abundoso.
A iros de mi casa y ¿qué queréis con mi mujer?, no hay que responder.
A la aguja buen hilo, y a la mujer buen marido.
A la ballena todo le cabe y nada la llena.
A la bestia cargada el sobornal la mata.
A la boda del herrero, cada cual con su hierro.
A la borrica arrodillada, doblarle la carga.
A la bota, darle el beso después del queso.
A la buena casada, sólo su marido le agrada.
A la buena mujer, poco freno le basta.
A la cabeza, el comer la endereza.
A la cama no te irás sin saber una cosa más.
A la cara más fea, la alegría la hermosea.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
A la col, tocino, y al tocino, vino.
A la corta o a la larga cae el burro con la carga.
A la corta o a la larga el galgo a su liebre mata.
A la cuarta, ni los bueyes.
A la culpa, sigue la disculpa.
A la dama hermosa, por el pico le entra la rosa.
A la fuerza ahorcan.
A la fuerza, ni los bueyes.
A la galga y a la mujer, no le des la carne a ver.
A la gallina apriétale el puño y apretarte bien el culo.
A la gallina y a la mujer le sobran nidos donde poner.
A la guerra, con la guerra.
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.
A la hija mala, dineros y a casarla.
A la hija muda, su madre la entiende.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
A la justicia y a la inquisición chitón.
A la larga el galgo a la liebre mata.
A la larga todo se sabe.
A la larga, lo más dulce amarga.
A la leche nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡Déjate caer, valiente!
A la lengua y a la serpiente hay que temerles.
A la lumbre y al fraile no hurgarle.
A la luz de la tea, no hay mujer fea.
A la mala costumbre, quebrarle la pierna.
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
A la mar madera, y huesos a la tierra.
A la miel, golosas, y al aceite, hermosas.
A la mona que te trae el plato no le mires el rabo.
A la moza ser buena, y al mozo el oficio, no les puede dar mayor Beneficio.
A la moza y a la mula, por la boca le entra la hermosura.
A la moza y al fraile, que no les de el aire.
A la muerte no hay cosechador que la coseche.
A la muerte no hay que temerle ni buscarla, únicamente esperarla.
A la muerte pelada no hay puerta cerrada.
A la mujer bailar y al burro rebuznar, el diablo no les debió enseñar.
A la mujer barbuda o muy velluda, el diablo la sacuda.
A la mujer barbuda, de lejos se la saluda.
A la mujer bella y honesta, casarse poco le cuesta.
A la mujer brava, la soga larga.
A la mujer casada, nunca le falta novio.
A la mujer casta, Dios le basta.
A la mujer del carnicero le medra la carne en la mano.
A la mujer dile tu amor una vez, que el diablo se lo dirá diez.
A la mujer fea, el oro la hermosea.
A la mujer hay que tenerla bien comida, bien amada y bien vestida.
A la mujer honrada su propia estima le basta.
A la mujer loca, más le agrada el pandero que la toca.
A la mujer muy casera, el marido bien la quiera.
A la mujer pedigüeña ponla donde habita la cigüeña.
A la mujer pedigüeña, la persigue la cigüeña.
A la mujer ventanera, tuércele el cuello si la quieres buena.
A la mujer y a la cabra, soga larga. Pero sin perderla de vista.
A la mujer y a la guitarra hay que templarla para usarla.
A la mujer y a la lechuga, por la cintura.
A la mujer y al ladrón, quitarles la ocasión.
A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento.
A la necesidad no hay ley.
A la oveja mansa, cada cordero la mama.
A la puta y al barbero, nadie los quiere viejos.
A la que a su marido encornuda, Señor y tú la ayuda.
A la que bien baila, con poco son le basta.
A la que fue flor, algo le queda de olor.
A la que tenga más de treinta, no la pretendas.
A hija casada, los yernos a la puerta.
A hijo malo, pan y palo.
A hombre de dos caras, hombre de buena espalda.
A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
A hombre desgarbado, dale de lado.
A hombre hablador e indiscreto no confíes tu secreto.
A hombre recién levantado, ni le propongas negocios ni le pidas un prestado.
A honra demasiada, interés hay encubierto.
A hora mala no ladran canes.
A hortelano tonto, patatas gordas
A invierno lluvioso, verano abundoso.
A iros de mi casa y ¿qué queréis con mi mujer?, no hay que responder.
A la aguja buen hilo, y a la mujer buen marido.
A la ballena todo le cabe y nada la llena.
A la bestia cargada el sobornal la mata.
A la boda del herrero, cada cual con su hierro.
A la borrica arrodillada, doblarle la carga.
A la bota, darle el beso después del queso.
A la buena casada, sólo su marido le agrada.
A la buena mujer, poco freno le basta.
A la cabeza, el comer la endereza.
A la cama no te irás sin saber una cosa más.
A la cara más fea, la alegría la hermosea.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
A la col, tocino, y al tocino, vino.
A la corta o a la larga cae el burro con la carga.
A la corta o a la larga el galgo a su liebre mata.
A la cuarta, ni los bueyes.
A la culpa, sigue la disculpa.
A la dama hermosa, por el pico le entra la rosa.
A la fuerza ahorcan.
A la fuerza, ni los bueyes.
A la galga y a la mujer, no le des la carne a ver.
A la gallina apriétale el puño y apretarte bien el culo.
A la gallina y a la mujer le sobran nidos donde poner.
A la guerra, con la guerra.
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.
A la hija mala, dineros y a casarla.
A la hija muda, su madre la entiende.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
A la justicia y a la inquisición chitón.
A la larga el galgo a la liebre mata.
A la larga todo se sabe.
A la larga, lo más dulce amarga.
A la leche nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡Déjate caer, valiente!
A la lengua y a la serpiente hay que temerles.
A la lumbre y al fraile no hurgarle.
A la luz de la tea, no hay mujer fea.
A la mala costumbre, quebrarle la pierna.
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
A la mar madera, y huesos a la tierra.
A la miel, golosas, y al aceite, hermosas.
A la mona que te trae el plato no le mires el rabo.
A la moza ser buena, y al mozo el oficio, no les puede dar mayor Beneficio.
A la moza y a la mula, por la boca le entra la hermosura.
A la moza y al fraile, que no les de el aire.
A la muerte no hay cosechador que la coseche.
A la muerte no hay que temerle ni buscarla, únicamente esperarla.
A la muerte pelada no hay puerta cerrada.
A la mujer bailar y al burro rebuznar, el diablo no les debió enseñar.
A la mujer barbuda o muy velluda, el diablo la sacuda.
A la mujer barbuda, de lejos se la saluda.
A la mujer bella y honesta, casarse poco le cuesta.
A la mujer brava, la soga larga.
A la mujer casada, nunca le falta novio.
A la mujer casta, Dios le basta.
A la mujer del carnicero le medra la carne en la mano.
A la mujer dile tu amor una vez, que el diablo se lo dirá diez.
A la mujer fea, el oro la hermosea.
A la mujer hay que tenerla bien comida, bien amada y bien vestida.
A la mujer honrada su propia estima le basta.
A la mujer loca, más le agrada el pandero que la toca.
A la mujer muy casera, el marido bien la quiera.
A la mujer pedigüeña ponla donde habita la cigüeña.
A la mujer pedigüeña, la persigue la cigüeña.
A la mujer ventanera, tuércele el cuello si la quieres buena.
A la mujer y a la cabra, soga larga. Pero sin perderla de vista.
A la mujer y a la guitarra hay que templarla para usarla.
A la mujer y a la lechuga, por la cintura.
A la mujer y al ladrón, quitarles la ocasión.
A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento.
A la necesidad no hay ley.
A la oveja mansa, cada cordero la mama.
A la puta y al barbero, nadie los quiere viejos.
A la que a su marido encornuda, Señor y tú la ayuda.
A la que bien baila, con poco son le basta.
A la que fue flor, algo le queda de olor.
A la que tenga más de treinta, no la pretendas.
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Refranero
dilluns, 14 de febrer del 2011
Si el hombre pudiera decir lo que ama
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
Luis Cernuda
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Luis Cernuda,
Poesías
Eterna presencia
No importa que no te tenga,
no importa que no te vea.
Antes te abrazaba,
antes te miraba,
te buscaba toda,
te quería entera.
Hoy ya no les pido,
ni a manos ni a ojos,
las últimas pruebas.
Estar a mi lado
te pedía antes;
sí, junto a mí, sí,
sí, pero allí fuera.
Y me contentaba
sentir que tus manos,
me daban tus manos,
sentir que a mis ojos
les dabas presencia.
Lo que ahora te pido
es más, mucho más,
que beso o mirada:
es que estés más cerca
de mí mismo, dentro.
Como el viento está
invisible, dando
su vida a la vela.
Como está la luz
quieta, fija, inmóvil,
sirviendo de centro
que nunca vacila
al trémulo cuerpo
de llama que tiembla.
Como está la estrella,
presente y segura,
sin voz y sin tacto,
en el pecho abierto,
sereno, del lago.
Lo que yo te pido
es sólo que seas
alma de mi ánima,
sangre de mi sangre
dentro de las venas.
Es que estés en mí
como el corazón
mío que jamás
veré, tocaré,
y cuyos latidos
no se cansan nunca
de darme mi vida
hasta que me muera.
Como el esqueleto,
el secreto hondo
de mi ser, que sólo
me verá la tierra,
pero que en el mundo
es el que se encarga
de llevar mi peso
de carne y de sueño,
de gozo y de pena
misteriosamente
sin que haya unos ojos
que jamás le vean.
Lo que yo te pido
es que la corpórea
pasajera ausencia
no nos sea olvido,
ni fuga, ni falta:
sino que me sea
posesión total
del alma lejana,
eterna presencia.
diumenge, 13 de febrer del 2011
Las cartas de amor
Las Cartas de amor mi amor
Son en el fondo ridículas
Las cartas de amor cuando hay amor
Son siempre ridículas
Porque los que se aman si en verdad se aman
Se dicen y escriben palabras de amor ridículas
Porque el amor el amor verdadero
Te hace pensar en forma ridícula
Y te convierte finalmente
En una persona ridícula.
¿Pero quien alguna vez no ha sido ridículo?
¿Quien no ha dicho te amo te adoro mi cielo mi sol
Y ha suplicado hasta el ridículo?
Plebeyo o señor sabio o bruto en cuestiones de amor
Son todos ridículos
Sólo los que nunca han amado los que nunca han creído
Se han salvados de gestos ridículos
Los que por miedo al ridículo
Dicen que el amor es algo ridículo
Y viven así en su mundo ridículo
Todos juntos sin ningún amor atrapados
Entre objetos y proyectos ridículos
Hablando de sus triunfos ridículos
Haciendo discursos ridículos
Comportándose de un modo ridículo
Presumiendo de sus atributos ridículos
Vanagloriándose de su machismo ridículo
Ridiculizando el amor con argumentos ridículos
Pero el amor es sabio no es tonto
Son en el fondo ridículas
Las cartas de amor cuando hay amor
Son siempre ridículas
Porque los que se aman si en verdad se aman
Se dicen y escriben palabras de amor ridículas
Porque el amor el amor verdadero
Te hace pensar en forma ridícula
Y te convierte finalmente
En una persona ridícula.
¿Pero quien alguna vez no ha sido ridículo?
¿Quien no ha dicho te amo te adoro mi cielo mi sol
Y ha suplicado hasta el ridículo?
Plebeyo o señor sabio o bruto en cuestiones de amor
Son todos ridículos
Sólo los que nunca han amado los que nunca han creído
Se han salvados de gestos ridículos
Los que por miedo al ridículo
Dicen que el amor es algo ridículo
Y viven así en su mundo ridículo
Todos juntos sin ningún amor atrapados
Entre objetos y proyectos ridículos
Hablando de sus triunfos ridículos
Haciendo discursos ridículos
Comportándose de un modo ridículo
Presumiendo de sus atributos ridículos
Vanagloriándose de su machismo ridículo
Ridiculizando el amor con argumentos ridículos
Pero el amor es sabio no es tonto
Nunca anida en pensamientos ridículos
Vuela por sobre sus ideales ridículos
Y se posa finalmente en corazones ridículos
Como el tuyo y el mío que no se cansan nunca
De hacer el ridículo.
Vuela por sobre sus ideales ridículos
Y se posa finalmente en corazones ridículos
Como el tuyo y el mío que no se cansan nunca
De hacer el ridículo.
Ultimo deseo
Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos:1 – Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los mejores médicos de la época.2 – Que los tesoros que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas), fueran esparcidos por el camino hasta su tumba, y…3 – Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó a Alejandro cuáles eran sus razones.Alejandro le explicó:1 – Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos NO tienen, ante la muerte, el poder de curar.
2 – Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.
3 – Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo.
Al morir nada material te llevas, aunque creo que las buenas acciones son una especie de cheques de viajero.
“EL TIEMPO” es el tesoro más valioso que tenemos porque ES limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar, nuestro tiempo es nuestra vida. EL MEJOR REGALO que le puedes dar a alguien es tu tiempo.
2 – Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.
3 – Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo.
Al morir nada material te llevas, aunque creo que las buenas acciones son una especie de cheques de viajero.
“EL TIEMPO” es el tesoro más valioso que tenemos porque ES limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar, nuestro tiempo es nuestra vida. EL MEJOR REGALO que le puedes dar a alguien es tu tiempo.
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Fábulas,
Reflexions
El alma tenías
El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles...
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
-soñaba altos muros-
guardándote el alma-
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía
de franca que era,
entradas tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
Augusto
Augusto se había criado en un hogar austero. No pobre, ni siquiera humilde, pero sin dudas austero. Sus padres habían sido gente de trabajo, de aquellos que creen que el trabajo no sólo sirve para vivir, sino por sobre to...do, para asegurarse una vejez digna.
Hacían un culto del sacrificio y el temor a no tener nada en un futuro. Augusto no supo jamás lo que era recibir un par de zapatillas, sino hasta que las que estaba usando ya no resistiesen los embates del tiempo y el tamaño de sus pies. No fue fácil crecer en ese ambiente. Un niño desea cosas que no tienen por qué tener que ver con la necesidad de tenerlas. En su hogar, la necesidad y la obligación, desplazaron al placer y a muchos sueños también. “Para que quieres una pelota nueva si tienes la que te regalamos hace cinco años”. Todavía escuchaba la voz de su padre y podía sentir cómo, tantos años atrás, corrían tímidamente un par de lágrimas por su mejilla. “La ropa es mejor holgada, para que sirva el año que viene también” decía su madre cada vez que era imprescindible comprar alguna prenda. Todavía veía a ese niño en pantalones con marcas de dobladillos que evidenciaban no sólo su crecimiento, sino el tiempo que hacía que ese pantalón había sido comprado.
“Pide a los reyes cosas necesarias, no juguetes que pasan de moda”. Todavía tenía en su mente ese tipo de frases que escuchaba cada año. Aún podía sentir la presión que hacía sobre la lapicera para no escribir en su cartita aquello que realmente deseaba con el corazón ¿Qué le importaba a Augusto niño lo que era necesario? Él quería juguetes, autos, pelotas ¿Por qué no podía pedirles a los reyes lo que se le antojara? ¿Qué tenían que ver ellos con la necesidad de las cosas? Augusto soñaba con barcos, desde muy pequeñito, pero jamás tuvo uno. Los barcos de juguete eran caros y más valía gastar dinero en algo de mayor utilidad.
El niño que fue quería navegar de verdad, sentir el viento sobre su rostro y el agua salpicando sus cabellos. Pidió infinitas veces a sus padres que lo llevasen a navegar, pero era algo costoso en aquellos días y por ende, imposible de conceder. Augusto creció en ese ambiente y sabido es que uno puede escapar sólo en parte de su historia, de las frases escuchadas con frecuencia y menos aún, de los sueños que fue imposible cumplir. Nunca tuvo un libro nuevo, ni su ansiado barco y había aprendido a sacar punta a los lápices con tal pericia que le duraban mucho más tiempo del que deseaba. – “Viejo se es mañana” decía siempre su padre. Hay que guardar para cuando ya no se pueda trabajar. Un día, sin saberlo, decidió que era inútil sufrir por esa vida austera y acotada y se amigó con ella. Comenzó él a prolongar la vida útil de las cosas, a considerar que no hacía falta comprar libros nuevos para la facultad cuando podía adquirirlos usados “total los libros dicen lo mismo, sean nuevos o usados” solía decir. Augusto se transformó en un joven hecho a imagen y semejanza de sus padres. Consiguió un trabajo y más allá de pagar sus estudios, ahorraba todo lo que podía. El mañana lo obsesionaba. El no tener una vejez digna, no poder mantenerse cuando fuese anciano se habían convertido en una amenaza de la que no salió ileso. Se fue endureciendo, de a poco fue olvidando aquellas lágrimas de niño, la lapicera apretada para escribir la cartita a los reyes y sobre todo el sueño de tener un barco. No se trataba de tener o no el dinero suficiente para comprarlo. Augusto era un exitoso profesional. Sin embargo, aquel sueño que de niño había sido tan importante, ahora de grande, se había transformado en algo postergable y casi superficial. Su familia insistía para que cumpliese esa asignatura pendiente, pero jamás accedió. – Hay que pensar en el mañana, no gastaré dinero en un barco – repetía una y otra vez. Sus hijos tenían la misma vida acotada que él había tenido. Olvidó cómo se sentía esa vida de cosas usadas y anhelos no cumplidos y se las hizo vivir también a ellos.
No pudo escapar del mandato familiar y arrastró a su familia a sobrevivir una vida que bien podría haber sido vivida a pleno. Con el paso de los años, la obsesión por el mañana y la vejez fue haciéndose cada vez más fuerte. La jubilación, el retiro, el ahorro, la pensión, eran palabras cada vez más frecuente en el vocabulario de Augusto. Era joven. Apenas si rondaba los cuarenta, pero parecía que en su horizonte ya no había proyectos, ni sueños, sólo recaudos para el futuro. – “Viejo se es mañana” - repetía a sus hijos, tal como su padre hiciera con él. Cierto día, despertó angustiado. Sentía tristeza y desazón. Necesitaba algo que ni él mismo sabía bien qué era. Llovía, el cielo estaba gris y el viento castigaba los árboles. Salió de su casa sin rumbo fijo y de repente se encontró, casi sin saber cómo, en el puerto. Se detuvo a mirar como navegaban aquellos barcos que habían transportado sus sueños de niño y una lágrima se confundió con las gotas de lluvia.
Un impulso desconocido lo arrojó dentro de una embarcación y se encontró rogándole al dueño que lo llevase a navegar. – No es día para navegar – dijo el dueño del barco. – Sólo unos minutos, se lo ruego – insistió Augusto. El dueño del barco accedió. Soltó amarras y en poco tiempo estaban en medio del río. Augusto fue feliz, luego de mucho tiempo y muchos años, fue feliz, pero no era un día para navegar y menos aún para cumplir sueños postergados. Dicen que los sueños jamás deben postergarse pues no se sabe en qué oportunidad pueden llegar a cumplirse. Cada vez llovía más y las ráfagas de viento no eran caricias, sino látigos. La embarcación se dio vuelta y los hombres nada pudieron hacer. El día siguiente, encontraron el cuerpo de Augusto flotando en el río. El viento rozaba su rostro, el agua salpicaba sus cabellos y una sonrisa podía entenderse en su expresión. El sol brillaba como nunca. En la proa de la embarcación, justo al lado del cuerpo de Augusto y como una burla del destino podía leerse un cartel de bronce que decía: “Mañana”.
Romance de la viuda enamorada
Siempre pegada a tu muro
y al filo de tus almenas;
siempre rondando el castillo
de tu amor; siempre sedienta
de una sed mala y amarga
de desengaño y arena.
¿Por qué te querré yo tanto?
¿Por qué viniste a mi senda?
¿Quién hizo brillar tus ojos
en la noche de mi pena?
¿Qué lluvia de mal cariño
quiso convertirme en yedra,
que va creciendo y creciendo
pegada a tu primavera?
¡Ay, qué montaña de amor
tengo sobre mi cabeza!
¡Ay, qué río de suspiros
pasa y pasa por mi lengua!
Yo estaba en mis campos hondos,
allí en Castilla la Vieja,
durmiéndome entre molinos
y coplas rubias de siega
y era mi vida una noria
monótona y polvorienta.
Mis hijos venían del campo
con sus camisas abiertas
y en el pulso de sus hombros
reclinaba mi cabeza.
Así, un día y otro día,
allí en Castilla la Vieja...
Una tarde (por los nardos
subía la primavera...)
una tarde vi tu sombra
que venía por la senda
dentro de un traje de pana,
tres vueltas de faja negra
y una voz dura y redonda
lo mismo que una pulsera.
-Buenas tardes, ¿Hay trabajo?
-Sí- te dije toda llena
de un escalofrío lento
que me sacudió las venas
y que me quitó de encima
diez años de vida muerta,
bordando en mi enagua oscura
una rosa dulce y tierna.
-Está bien- fueron tus gracias,
y, doblando la chaqueta,
te sentastes a mi lado
en el borde de la senda.
Vive este amor de silencio
y entre silencio se quema,
en una angustia de horas
y en un sigilo de puertas.
El pueblo ya lo murmura
en una copla que rueda
todo el día por el campo
y, de noche, en la taberna.
Dicen que si soy vïuda,
y sacan el muerto a cuestas;
dicen que si por mis hijos
me debía dar vergüenza...
Dicen, tantas cosas, tantas
que las paredes se llenan
de vidrios y maldiciones
y hasta a veces de blasfemias.
Mi hijo el mayor (veinte años,
dulce y moreno) con pena
me habló esta mañana: -Madre,
ese traje no te sienta,
ni esas flores, ni ese pelo,
ni ese pañuelo de hierbas...
Yo no me atreví a mirarlo
y me sentí muy pequeña,
como si fuese mi madre
la que hablándome estuviera.
-Por nosotros, tú no debes
vestirte de esa manera...
¡Ay, por vosotros! Os di
todo el trigo de mi era;
todavía de vosotros
mi cintura tiene huellas
¡Sangre mía que anda y vive
y a mí me va haciendo vieja!
¿Pero es que yo ya no tengo
derecho a querer? ¿Qué ciega
ley me prohíbe que al sol
deje mis rosas abiertas?
¿Y que me mire al espejo
y que me vista de fiesta
y que en mi jardín antiguo
florezca la primavera...?
¡Ay, qué montaña de amor
tengo sobre la cabeza!
¡Ay, qué río de suspiros
pasa y pasa por mi lengua!
¡Canten, hablen, cuenten, digan,
pueblo, niños, hombres, viejas,
que yo de tanto quererle
no sé si estoy viva o muerta!
¡Quiero y quiero y quiero y quiero!
Están en flor mis macetas;
cien ruiseñores heridos
cantan amor en mis venas
y me duele la garganta
y está mi voz hecha piedra
de tanto decir: "¡Te quiero
como a ninguno quisiera!"
y al filo de tus almenas;
siempre rondando el castillo
de tu amor; siempre sedienta
de una sed mala y amarga
de desengaño y arena.
¿Por qué te querré yo tanto?
¿Por qué viniste a mi senda?
¿Quién hizo brillar tus ojos
en la noche de mi pena?
¿Qué lluvia de mal cariño
quiso convertirme en yedra,
que va creciendo y creciendo
pegada a tu primavera?
¡Ay, qué montaña de amor
tengo sobre mi cabeza!
¡Ay, qué río de suspiros
pasa y pasa por mi lengua!
Yo estaba en mis campos hondos,
allí en Castilla la Vieja,
durmiéndome entre molinos
y coplas rubias de siega
y era mi vida una noria
monótona y polvorienta.
Mis hijos venían del campo
con sus camisas abiertas
y en el pulso de sus hombros
reclinaba mi cabeza.
Así, un día y otro día,
allí en Castilla la Vieja...
Una tarde (por los nardos
subía la primavera...)
una tarde vi tu sombra
que venía por la senda
dentro de un traje de pana,
tres vueltas de faja negra
y una voz dura y redonda
lo mismo que una pulsera.
-Buenas tardes, ¿Hay trabajo?
-Sí- te dije toda llena
de un escalofrío lento
que me sacudió las venas
y que me quitó de encima
diez años de vida muerta,
bordando en mi enagua oscura
una rosa dulce y tierna.
-Está bien- fueron tus gracias,
y, doblando la chaqueta,
te sentastes a mi lado
en el borde de la senda.
Vive este amor de silencio
y entre silencio se quema,
en una angustia de horas
y en un sigilo de puertas.
El pueblo ya lo murmura
en una copla que rueda
todo el día por el campo
y, de noche, en la taberna.
Dicen que si soy vïuda,
y sacan el muerto a cuestas;
dicen que si por mis hijos
me debía dar vergüenza...
Dicen, tantas cosas, tantas
que las paredes se llenan
de vidrios y maldiciones
y hasta a veces de blasfemias.
Mi hijo el mayor (veinte años,
dulce y moreno) con pena
me habló esta mañana: -Madre,
ese traje no te sienta,
ni esas flores, ni ese pelo,
ni ese pañuelo de hierbas...
Yo no me atreví a mirarlo
y me sentí muy pequeña,
como si fuese mi madre
la que hablándome estuviera.
-Por nosotros, tú no debes
vestirte de esa manera...
¡Ay, por vosotros! Os di
todo el trigo de mi era;
todavía de vosotros
mi cintura tiene huellas
¡Sangre mía que anda y vive
y a mí me va haciendo vieja!
¿Pero es que yo ya no tengo
derecho a querer? ¿Qué ciega
ley me prohíbe que al sol
deje mis rosas abiertas?
¿Y que me mire al espejo
y que me vista de fiesta
y que en mi jardín antiguo
florezca la primavera...?
¡Ay, qué montaña de amor
tengo sobre la cabeza!
¡Ay, qué río de suspiros
pasa y pasa por mi lengua!
¡Canten, hablen, cuenten, digan,
pueblo, niños, hombres, viejas,
que yo de tanto quererle
no sé si estoy viva o muerta!
¡Quiero y quiero y quiero y quiero!
Están en flor mis macetas;
cien ruiseñores heridos
cantan amor en mis venas
y me duele la garganta
y está mi voz hecha piedra
de tanto decir: "¡Te quiero
como a ninguno quisiera!"
Refranes
A canto de pájaro y a gracia de niño no invites a ningún amigo.A canto de sirenas oídos de pescadores.
A capa vieja no le dan oreja.
A carne de lobo diente de perro.
A carne de lobo, hambre de can.
A carne dura, diente de perro.
A carne mala, buena salsa.
A carnero castrado no le tientes el rabo.
A casa de tu hermana, una vez a la semana.
A casa de tu hermano no irás cada verano.
A casa de tu tía, más no cada día.
A casa del amigo rico, irás siendo requerido, y a casa del necesitado, irás sin ser llamado.
A casa del cura, ni por lumbre vas segura.
A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.
A casa vieja, portada nueva.
A catarro gallego, tajada de vino.
A cautela, cautela y media.
A celada de bellacos, más vale por los pies que por las manos.
A cena de vino, desayuno de agua.
A clérigo hecho fraile, no le fíes tu comadre.
A comer, sé tu el primero; a pelear, el postrero.
A como come el mulo, caga el culo.
A consejo ido, consejo venido.
A consejo ruin, campana de madera.
A cordero extraño no agasajes en tu rebaño.
A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.
A cualquiera se le muere un tío.
A cuenta de los gitanos, roban muchos castellanos.
A cuenta del tío rico trabajaba Perico
A dineros pagados, brazos quebrados.
A Dios de rodillas, al rey de pie, y al demonio en el canapé.
A Dios rogando y con el mazo dando.
A Dios y a su altar, lo mejor has de dar.
A Dios, llamaron tú.
A Dios, lo mejor.
A Dios, nada se le oculta.
A donde entra mucho vino todos los vicios hacen camino.
A donde las dan, allí las toman.
A donde se cree que hay chorizos, no hay clavos donde colgarlos.
A donde te duele, ahí te daré.
A dónde vas a ir que más valgas.
A donde vas bien A donde más se tiene.
A dos días buenos, cientos de duelos.
A embestida de hombre fiero, pies, para que os quiero!
A enemigo que huye, puente de plata.
A enfermedad ignorada, pocas medicinas y a estudiarla.
A escote nada es caro.
A ese precio, no habría ya vara en la tienda.
A espalda vuelta, no hay respuesta.
A fácil perdón, frecuente ladrón.
A falta de caballos, troten los asnos.
A falta de corazón, buenas las piernas son.
A falta de faisán, buenos son rábanos con pan.
A falta de gallina, bueno es caldo de habas.
A falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos.
A falta de hombres buenos, a mi padre hicieron alcalde.
A falta de manos, buenos son pies.
A falta de olla, pan y cebolla.
A falta de pan, buenas son tortas.
A falta de trigo, venga centeno.
A falta de vaca, buenos son pollos con tocino.
A falta vieja, vergüenza nueva.
A feria vayas que más valgas.
A ferias y fiestas, con pollinos y mujeres ajenas.
A fin de año, remienda tu paño.
A flores nuevas, afeite perdido.
A fortuna adversa no hay casa enhiesta.
A fuego y a boda va la aldea toda.
A fuerza de constancia y fina intriga, un elefante desfloró a una hormiga.
A fuerza de duros caen los más fuertes muros.
A fuerza de martillar, el herrador deja de herrar.
A fuerza de probaturas perdió el virgo la Juana.
A fullero viejo, flores nuevas.
A galgo mojado, liebre enjuta.
A galgo viejo echadle liebre y no conejo.
A gallego pedidor, castellano tenedor.
A gata vieja, rata nueva.
A gato escaldado una vez nomás lo atrapan.
A golpe dado no hay quite.
A golpe de mar, pecho sereno.
A gracias de niño y canto de pájaros, no convides a tu amigo.
A gran arroyo, pasar postrero.
A gran calva, gran pedrada.
A gran pecado, gran misericordia.
A gran solicitud, gran ingratitud.
A gran subida, gran caída.
A grandes cautelas, otras mayores.
A grandes males, grandes remedios.
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Refranero
Si, quiero que entres en mis sueños,
en mi tienes un lugar;
te abro las puertas de mi alma,
deseo te puedas quedar.
...En mi instala los besos
en el mas bello rincón,
toma de mi los que quieras,
quiero llenarte de amor.
Yo necesito tus brazos,
me hace falta tu calor,
tómame y aprieta fuerte
y así dame de tu amor.
Sueños de hadas,
lírica en flor,
universos de esperanzas,
arco iris de color,
presenciando nuestro amor.
Juego, me río, te toco,
tu me haces ser así.
Caigo en ti y así te beso,
deseo hacerte feliz.
Si deseas ten mis manos
quédate aquí junto a mi.
Una ternura y te salvo,
quiero que seas para mi.
Magia en mi alma,
gran sensación,
muchas hadas de colores
presenciando mi ilusión.
Lluvia de besos,
canción de amor,
yo quiero entrar en tu vida,
déjame ser tu pasión.
Sueños y versos,
así es mi amor,
bailemos bajo la luna,
quiero ser siempre tu amor.
en mi tienes un lugar;
te abro las puertas de mi alma,
deseo te puedas quedar.
...En mi instala los besos
en el mas bello rincón,
toma de mi los que quieras,
quiero llenarte de amor.
Yo necesito tus brazos,
me hace falta tu calor,
tómame y aprieta fuerte
y así dame de tu amor.
Sueños de hadas,
lírica en flor,
universos de esperanzas,
arco iris de color,
presenciando nuestro amor.
Juego, me río, te toco,
tu me haces ser así.
Caigo en ti y así te beso,
deseo hacerte feliz.
Si deseas ten mis manos
quédate aquí junto a mi.
Una ternura y te salvo,
quiero que seas para mi.
Magia en mi alma,
gran sensación,
muchas hadas de colores
presenciando mi ilusión.
Lluvia de besos,
canción de amor,
yo quiero entrar en tu vida,
déjame ser tu pasión.
Sueños y versos,
así es mi amor,
bailemos bajo la luna,
quiero ser siempre tu amor.
Duende del Bosque
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Poesías
dissabte, 12 de febrer del 2011
Me sobra el corazón
Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.
Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos de mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.
No puedo con mi estrella.
Y busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.
Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.
Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.
Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?
Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?
Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.
Me sobra corazón.
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.
Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos de mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.
No puedo con mi estrella.
Y busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.
Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.
Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.
Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?
Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?
Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.
Me sobra corazón.
Hoy, descorazonarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.
Miguel Hernández
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