dissabte, 15 de gener del 2011

Aquella mañana

Aquella mañana el sol brillaba con fuerza, los rayos penetraron a través de la ventana impactando en su rostro. Primero abrió un ojo, e instantes después el otro. Desde el primer momento sabía que hoy iba a ser un día especial. Casi no había vuelto de su viaje por la ruta de los sueños cuando un misterioso olor entró e inundó su habitación. Me es casi imposible describirlo, olían bien, muy bien, como huele el campo después de la lluvia, aunque no llovía, al menos, tres años.
Cuando volvió en sí, se levantó, eso sí, pausadamente como se abren las flores cuando llega la primavera; una vez incorporado se dirigió hacia el cuarto de baño donde se dispuso a afeitarse, luego se echó agua a la cara como queriendo borrar lo que en el espejo se reflejaba, cosa difícil pues llevaba más de ochenta inviernos viendo como esa imagen se iba deteriorando con el paso de los años. Al mirarse en el viejo espejo, uno de los tantos objetos que había comprado en uno de sus viajes a Londres, se dijo: “Dios mío, acógeme en tu cielo”, (a pesar de su escepticismo en este tema), como queriendo preparar un camino para un final inevitable. Pasados unos minutos se acabó de vestir con la misma ropa del día anterior y se dirigió a la cocina, reducida pero cómoda, donde se hizo un poco de café en el cual mojaba pequeños trozos de pan, que al igual que la vestimenta, también era del día anterior. Fue en este instante donde su mente y sobretodo sus ojos empezaron a ser invadido por numerosos recuerdos, recuerdos de una condena, condena que había sido su cruz, y la cruz su vida, pero que como el mejor de los Cristos la había llevado y la llevaría hasta el día de su muerte, cosa que esperaba desde hacía mucho tiempo y que deseaba con toda su alma.
Una vez desayunado, cogió su bastón, rígido, de color ocre, fiel reflejo de su rostro, y se dispuso a caminar calle abajo, con pasos acompasados, poco a poco, primero un pie y luego despacio, el otro, al igual que un cargador cuando lleva su Nazareno. Ya llevaba casi una hora andando cuando por fin llegó a su destino. En la entrada, un arco adornado con pequeños azulejos de porcelana china, colocados uno tras otro para formar dos palabras: CEMENTERIO MUNICIPAL. Entró y comenzó a pasear por aquel bosque de almas hasta que se detuvo en una de las lápidas en la que se podía leer: MARÍA AUXILIADORA SAAVEDRA PONCE, falleció el día 29 de Febrero. a los 50 años de edad....” y todo lo que sigue normalmente en un sepulcro de estas características. Ante ella, se arrodilló como hace un caballero ante su rey y con la voz entrecortada dijo: “Perdón”, llevaba más de treinta años haciendo lo mismo todos los días, soleados, nubosos, lluviosos, daba igual, tenía que rendir tanta pleitesía como penitencia ante aquella dama, que aunque la había tratado como la mejor de las reinas nunca le había entregado su corazón, el cual estaba escondido en la gruta más profunda de su ser. Y así se despidió de su mujer hasta el día siguiente.
Cuando llegó a su casa (pequeña pero acogedora), abrió el robusto y magnífico armario que compró con el dinero de su primer y último libro (en realidad nunca fue bueno). Cogió unas llaves grandes, doradas, que abrían un arcón y sacó una pequeña caja de cartón. “Mi corazón está aquí y quiero liberarte” –dijo con la mirada perdida en aquella maraña de hojas abrigadas con un manto de secretos, la mayoría de ellas inconfesables y vitalicios-. Cientos de papeles amarillos, blancos en su día, aunque como el camaleón, habían cambiado su aspecto, decenas de cartas, almanaques y amuletos se encontraban en el interior de aquel cofre. Entre todos los recuerdos encontró una fotografía en blanco y negro donde se podía contemplar un semblante angelical, una hermosa figura descalza, vestida completamente de blanco añil, casi celestial y bajo la fotografía la poesía más bella que jamás le habían escrito:
Aunque estés lejos,
Y mis ojos no puedan mirarte,
Ni llegue hasta mí el eco de tus palabras,
Ni pueda susurrar un te quiero en tu oído,
Mi corazón siempre llevará tu imagen,
Y en mi pecho latirá el sonido de tu voz,
Y el viento llevará mi amor hasta tu lecho,
Y en sueños, volaré hasta ti para abrazarte
Para sentir tu rostro en mi pecho,
Tus manos enredarse en mi pelo,
Te vas,
Y te llevas la llave de mil secretos,
Y el secreto de un corazón,
Que cada día
Lleno de esperanza
Buscará a través de un espejo
El reflejo de tu sonrisa
Porque, hasta que vuelvas a mi lado
La soledad será mi mejor amiga.
 
Las lágrimas corrieron rostro abajo saltando cada surco de su vieja piel hasta llegar a las comisuras de sus labios, maldiciendo a Dios y con un fuego que ardía en lo más hondo de su vientre cayó al suelo desconsolado y sin fuerzas para seguir leyendo pero con las justas para mirarla y recordar unos versos de un escritor español: “Qué pena tan grande es / estar juntito del agua / y no poder beber”. Y en ese estado se quedó, agotado por la eterna lucha entre su razón y su corazón.
Al despertar de esta contienda, los pájaros hacían sus últimos cantos del día pues el crepúsculo se acercaba envolviendo todo en su alrededor y tras él la noche. , la ansiada noche, le gustaba la noche porque era lo más parecido a la muerte, los sentidos pierden sus nombres, al menos uno no es consciente de ello. Se agarró a su bastón e hizo un esfuerzo titánico para levantarse, e ipso facto se sentó en la cama que aún estaba sin hacer, puso un poco de música y empezó a ordenar la biblioteca; Marlowe, Oscar Wilde, Shakespeare, Homero, Lorca, todos tenían un lugar en su biblioteca, pero entre todos ellos, uno muy especial, uno anónimo que encontró cuando estudiaba en la Facultad, encuadernado con dos hojas de cartón forradas de ébano y una estampación de un rojo intenso, como teñida de sangre, en la cual había una breve frase que decía: “Para mi único amor”, quizás fueron esas palabras lo que le llamaron tanto la atención, el caso es que lo guardaba cuan pirata guarda su tesoro. Posiblemente el libro perteneció a alguien que pensaba que amor sólo hay uno cuando se trata de un amor verdadero y quizás lo tiró por no ser correspondido, claro que esta era su hipótesis, pero cada persona puede tener una diferente, aunque le gustaba pensar que alguien amó a una persona toda su vida a pesar de no poder compartirla con ella, es decir, que no era el único que tiene esta clase de sentimientos.
Al caer la noche y después de haber cenado, tomó de nuevo su bastón y se marchó sigilosamente hacia la escalera, la cual llamaba “La escalera del cielo” porque cada vez que subía sentía que iba al paraíso, y éste no era otra cosa que su hermosa azotea donde se sumergía en ese océano allende los mares donde cada noche daba rienda suelta a esos sentimientos que desde muy joven había encerrado bajo llave. Se sentó en un banco de madera, pintado en verde, que le daba a la azotea un aspecto más pintoresco y se sentó paulatinamente. Metió la mano entre la chaqueta y la camisa y sacó del bolsillo una pipa (nunca le habían gustado los cigarrillos) y una pequeña bolsa que contenía tabaco de Cuba. Con mucho cuidado echó un poco de tabaco en la pipa y lo prendió con las cerillas que había comprado en la tienda de Doña Manuela, mujer agradable pero que tenía un aspecto terrorífico pues sólo tenía un par de dientes y debía de pesar más de cien kilos, además de ser una fisgona. Luego alzó su vista hacia el firmamento buscando entre el universo una estrella, o mejor dicho, su estrella, esa estrella que era su único lazo en común, el espejo donde se miraban cada noche desde que se conocieron, era como estar en una cárcel donde los barrotes eran sus vidas y aquella estrella fuese el tiempo que les dejan para verse antes de volver otra vez a la realidad. Aún recordaba la noche que junto al mar se prometieron amor eterno y ese astro sería su único lazo de unión, y si todavía estaba vivo es porque pensaba y creía que su amor también subía cada noche a verle.
Poco a poco el tabaco se consumió, limpió la pipa y la guardó en su bolsillo. Así que se despidió y al instante se levantó Descendió del cielo y con reticencia se fue al dormitorio. Cerró la ventana y la oscuridad cayó sobre él de tal manera que parecía haberse caído en un pozo profundo del cual no podía salir. Entretanto, se desnudó a tientas, se metió en la cama y se tapó los oídos como no queriendo escuchar lo que sus sentimientos le gritaban, ese escuadrón de preguntas que bombardeaban su cabeza y a las cuales nunca supo dar respuestas. De este modo se propuso poner fin a tantas incógnitas y cerró sus ojos con todas sus fuerzas, anhelando, un día más, que su anciano corazón se rindiese ante su razón.
A la mañana siguiente, un halo de luz iluminaba su habitación y atravesando la ventana un rayo de luz acarició su rostro, pero esta vez sus ojos no se abrieron y no volvería a abrirse nunca más. Su cuerpo, con la tez pálida, yacía en aquel camastro. Su corazón había caído derrotado ante su razón, en la batalla de su vida. En su dormitorio todo estaba como él lo había dejado la noche anterior, cada recuerdo esparcido por aquel dormitorio de ahora parecía un campo cultivado de ese extraño olor que deja la muerte tras de sí, y centenares de cartas de amor con un mismo remite: Siempre tuyo, Andrés.

Miguel A. Moreno  (relatos cortos-con pluma y papel)

Dreams




Perdoname por amarte

¡Perdóname, como te estoy amando!pero evitar sentimientos que del alma están brotando no es virtud del ser humano.¿cómo se puede evitar seguir respirando? y oler tu perfume que hasta dentro va calando.¡dime cómo evito verte sin que tiemblen mis labios!¿cómo prohibir a los sueños que desarrollen su encanto,cuándo a ti te estoy soñando?perdóname, pero no puedo evitarlo el no acordarme de tus labios,bendito este amor que a mi a llegado,que ha llenado de alegría mis momentos más amargos que despiertan sentimientos que mi alma había olvidado, este sentir tan profundo que mi vida ha transformado,déjame ver tu risa cuando te encuentres a mi lado.No sabes como en mi este amor ha ido cambiando,cambió la monotonía por la emoción y el encanto,cambió la desesperanza por sueños esperanzados.Nunca te pediré nada soy feliz sólo amando,el lugar donde te sientas cuando tu cuerpo cansado necesíta un descanso,como el amor de los sueños porque los sueños son algo que ni el poder de los dioses podrán jamás evitarlos,y cuando un día en mis sueños yo te tenga entre mis brazos,amame como te amo para soñar a mi lado.Y te levantas con un sueño entre tus sábanas,un día,sueñas volver a encontrar ese sueño, lo buscas,pero no lo encuentras un sueño tan real,y a la vez tan confuso.Siento como mi cuerpo tiene sueño,quiere dormir y buscarlo mientras duermo,abrazarlo mientras lo tengo, y besarlo mientras dure mi sueño.Siento como cada noche se marcha,junto a la luz del alba,pero siempre me queda la esperanza,de que cuando el sol se vaya,mi alma se sentirá abrazada.

Almas gemelas

Cuando ese ser celestial que nos ofrece el soplo de la vida, con cada una de sus manos va asignando las almas, lo hace de dos en dos de forma indiscriminada, por primera vez esas almas que habían permanecido unidas, por primera vez se separan desconociendo cada una cual ha sido el destino de la otra.

La vida constituye una permanente búsqueda, asimilamos todo lo que pasa por delante de nuestros ojos y aquello que pensamos que puede enriquecer a nuestra alma, tratamos de conservarlo porque va formándonos y acaba por configurar la personalidad que nos diferenciara de los demás el resto de nuestras vidas.

Pero¡, y nuestra alma gemela?, aquella de la que fuimos separados con nuestro primer aliento, conseguiremos al final encontrarla no nos pasaremos en vano toda la vida buscándola.

El camino también representa una permanente búsqueda, vamos al camino porque deseamos buscar respuestas, encontrarnos y sobre todo aprender, será como nuestra vida en la que vamos asimilando, conociendo y poseyendo muchas cosas y solo algunas continuaran haciendo el camino con nosotros, la fuente de sabiduría que el camino nos ofrece es inmensa, ya que estamos ante el mayor libro de la historia, ese libro que se va escribiendo con las experiencias de los peregrinos durante más de doce siglos y aun sigue escribiéndose y el cúmulo de conocimiento que va acogiendo representa la mayor fuente de sabiduría en la que podemos beber.

Cuando se asignaron nuestras almas, no siguieron un orden establecido, a veces esos renglones torcidos de dios deparan que nuestra mayor felicidad cuando comprobamos que nuestra alma gemela le ha sido otorgada a una persona de nuestro mismo sexo, y por que no, acaso el amor y la felicidad que sentimos al reencontrar a nuestra alma gemela sea algo material y tangible o se trata de algo más elevado, de ese sentimiento y esa sensación en la que dos mentes se llegan a convertir en una sola, porque piensan lo mismo, sienten lo mismo y lo que es mas importante, respiran a la vez

En ocasiones creemos que hemos encontrado a nuestra alma gemela y comenzamos a compartirlo todo con ella, algo similar nos ocurre en el camino, en algunas etapas caminamos con personas con las que nos encontramos muy agusto hasta que nos damos cuenta que llevamos los ritmos descompensados, tratamos de caminar al mismo ritmo, pero al final vemos que siempre hay uno que debe adaptarse y supeditarse al otro, también ocurre lo mismo cuando creemos haber hallado a nuestra alma gemela hasta que nos damos cuenta que no hay un complemento perfecto cuando uno debe ir acomodándose al ritmo que le va imponiendo el otro.

Pero las almas gemelas son la perfección de la creación y además muy tozudas en su búsqueda, en el reencuentro, no se amedrentan ante las adversidades y su único fin es volver a encontrarse y a pesar de los señuelos que hayan ido surgiendo en el camino, siempre hay un momento que el destino hace que vuelvan de nuevo a cruzarse.

Cuando tenemos la mente abierta y sabemos reconocer ese momento entonces es cuando por fin acabamos encontrando la verdadera felicidad que la vida va a depararnos porque ese momento sublime en el que las almas gemelas se reencuentran, no hay que dejarlo pasar ya que entonces esas almas se convierten en una y llegan a conocer el estado más sublime que puede buscar el ser humano, haber encontrado al poseedor de esa alma que es quien únicamente puede llegar a conocer y comprender la suya. »

La marioneta o Carta de despedida

Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso pero, en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco y soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía mientras los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate…
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón…
Escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que ofrecería a la luna.
Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida…
No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer de que ella es mi favorita y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero dejaría que el solo aprendiese a volar. A los viejos, a mis viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas les he aprendido a ustedes los hombres…
He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su puño por vez primera el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.
He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho de mirar a otro hombre hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente de mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo… “
A continuación el texto atribuido a Gabriel García Márquez (algo más extenso)
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Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera. Posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma. A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse! A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría “te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes. Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré. El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles “lo siento”, “perdóname”, “por favor”, “gracias” y todas las palabras de amor que conoces. Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus amigos y seres queridos cuanto te importan.”

Carta atribuida a Gabriel García Márquez, supuestamente enviada a sus amigos tras serle diagnosticado un cancer linfático en 1999.
Lo cierto es que este texto, titulado “La Marioneta”, corresponde (como aclaró en una entrevista el mismo García Márquez) a la obra “Lo Que Le He Enseñado a la Vida” del ventrílocuo mexicano Johnny Welch, que pone en boca de una de sus marionetas, Don Mofles.

divendres, 14 de gener del 2011

Imagina



Imagina las cosas que pudiera hacer contigo,
Imagina la paz y la ternura que sentimos,
Imagina lo dulce y lo divino que sería,
Imagina que juntos estaremos algún día, 
No existe amor igual que el que te puedo dar toda la vida,
Yo sé que puedo ser quien te haga más feliz, mas consentida;
Imagina la noche que te duermas en mis brazos,
Imagina besar todo tu cuerpo muy despacio;
Imagina todito lo que tengo en mi guardado,
Imagina te entrego el corazón, 
no te lo doy, te lo regalo. 
Imagina querernos con locura y sin medida;
Imagina vivir con tanto amor toda la vida; 
No existe amor igual que el que te puedo dar toda la vida,
Yo sé que puedo ser quien te haga más feliz, mas consentida;
Imagina la noche que te duermas en mis brazos,
Imagina besar todo tu cuerpo muy despacio;
Imagina todito lo que tengo en mi guardado,
Imagina te entrego el corazón,
no te lo doy, te lo regalo. 
Mi amor, imagina
Un mundo,
una vida para estar siempre juntos;
Imagina, si puedes
imagínate mi amor, 
cuanto te amo







Leyenda china


Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.   Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó: "¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea ins ensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura" Y la hija respondió: "No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz"    Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: "Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China"    La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc. El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardine ría, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.    En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar p or todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó: "Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles" .









Un sencillo amor




Me gustas porque sí.
Sencillamente mi corazón te quiere.
No hallaría la palabra de íntima alegría 
que te expresara lo que mi alma siente.

Y yo te quiero así.
Tan simplemente como el agua al paisaje,
como el día a la rosa que alza su ufana 
frente a la primavera floreciente.

Te amo con sencilla transparencia, 
con un amor apenas insinuado
que se vuelve silencio en tu presencia. 
Con un tan dulce corazón herido
que si no te dijera que te he amado 
lo sabrías oyendo su latido.

Jorge Montoya Toro




La apariencia no lo es todo



A veces la apariencia no lo es todo... John Blanchard se levantó de la banca, alisó su uniforme de marino y estudió a la muchedumbre que hormigueaba en la Grand Central Station. Buscaba a la chica cuyo corazón conocía, pero cuya cara no había visto jamás, la chica con una rosa en su solapa.
Su interés en ella había empezado trece meses antes en una biblioteca de Florida. Al tomar un libro de un estante, se sintió intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lucida. En la primera página del libro, descubrió el nombre de la antigua propietaria del libro, Miss Hollis Maynell.
Invirtiendo tiempo y esfuerzo, consiguió su dirección. Ella vivía en la ciudad de Nueva York. Le escribió una carta presentándose e invitándola a cartearse. Al día siguiente, sin embargo, fue embarcado a ultramar para servir en la Segunda Guerra Mundial.
Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegaron a conocerse a través de su correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer. Blanchard le pidió una fotografía, pero ella se rehusó.
Ella pensaba que si él realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importar. Cuando finalmente llegó el día en que el debía regresar de Europa, ambos fijaron su primera cita a las siete de la noche, en la Grand Central Station de Nueva York. Ella escribió: "Me reconocerás por la rosa roja que llevaré puesta en la solapa." Así que a las siete en punto, él estaba en la estación, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.
Dejaré que Mr. Blanchard relate lo que sucedió después: "Una joven venia hacia mí, y su figura era larga y delgada. Su cabello rubio caía hacia atras en rizos sobre sus delicadas orejas; sus ojos eran tan azules como flores. Sus labios y su barbilla tenían una firmeza amable y, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada.
Comencé a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su solapa. Al acercarme, una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios. "¿Vas en esa dirección, marinero?" murmuró. Casi incontrolablemente, di un paso para seguirla y en ese momento vi a Hollis Maynell. "Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cuarenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastado. Era bastante llenita y sus pies, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo." "La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Me sentí como partido en dos, tan vivo era mi deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era mi anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu me había acompañado tan sinceramente y que se confundía con el mío.
Y ahí estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente, y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dudé más. Mis dedos afianzaron la gastada cubierta de piel azul del pequeño volumen que haría que ella me identificara. Esto no sería amor, pero sería algo precioso, algo quizá aún mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido.
Me cuadré, saludé y le extendí el libro a la mujer, a pesar de que sentíaa que, al hablar, me ahogaba la amargura de mi desencanto. "Soy el teniente John Blanchard, y usted debe ser Miss Maynell. Estoy muy contento de que pudiera usted acudir a nuestra cita. ¿Puedo invitarla a cenar?"
La cara de la mujer se ensanchó con una sonrisa tolerante. "No sé de que se trata todo esto, muchacho," respondió, "pero la señorita del traje verde que acaba de pasar me suplicó que pusiera esta rosa en la solapa de mi abrigo. Y me pidió que si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo esta esperando en el restaurante que esta cruzando la calle."
No es difícil entender y admirar la sabiduría de Miss Maynell. La verdadera naturaleza del corazón se descubre en su respuesta a lo que no es atractivo. "Dime a quién amas," escribió Houssaye, "y te diré quién eres.".



dijous, 13 de gener del 2011

Morir de amor


Que es morir de Amor
morir de amor por dentro
Es quedarme sin tu luz,
es perderte en un momento.
Como puedo yo
decirte que lo siento?
Que tu ausencia es mi dolor
Que yo sin tu amor...me muero.
Morir de amor
despacio y en silencio sin saber
que todo lo que he dado te llego a tiempo.
Morir de amor,
y no morir tan solo en desamor,
y no tener un nombre que decirle al viento.
Yo no se muy bien
que es lo que esta pasando.
Tengo seco el corazon,
y es de haber llorado tanto.
No me quedan mas
que dos o tres recuerdos.
Una Carta, alguna flor,
un adios muy corto...y un te quiero.
Morir de amor
despacio y en silencio sin saber
que todo lo que he dado te llego a tiempo.
Morir de amor,
y no morir tan solo en desamor,
y no tener un nombre que decirle al viento.




Tu risa




Quítame el pan, si quieres, 
quítame el aire, pero 
no me quites tu risa.

No me quites la rosa, 
la lanza que desgranas, 
el agua que de pronto 
estalla en tu alegría, 
la repentina ola 
de plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo 
con los ojos cansados 
a veces de haber visto 
la tierra que no cambia, 
pero al entrar tu risa 
sube al cielo buscándome 
y abre para mi todas 
las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora 
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto 
ves que mi sangre mancha 
las piedras de la calle, 
ríe, porque tu risa 
será para mis manos 
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño, 
tu risa debe alzar 
su cascada de espuma, 
y en primavera, amor, 
quiero tu risa como 
la flor que yo esperaba, 
la flor azul, la rosa 
de mi patria sonora.

Ríete de la noche, 
del día, de la luna, 
ríete de las calles 
torcidas de la isla, 
ríete de este torpe 
muchacho que te quiere, 
pero cuando yo abro 
los ojos y los cierro, 
cuando mis pasos van, 
cuando vuelven mis pasos, 
niégame el pan, el aire, 
la luz, la primavera, 
pero tu risa nunca 
porque me moriría.

Pablo Neruda



Desde el perdón



"En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad".
Arthur Schopenhauer (Filósofo alemán)




Y llegó el momento, ese que siempre vi venir con las voces de la distancia.
Ese en que las alucinantes luces, lo revestían para no hacérmelo tan real, ni doloroso.

Amarte nunca fue desgarrador, hasta que tú lo inventaste.

Puedo perdonarme por creer en las palabras del egoísmo y del silencio.
Puedo perdonarme ante lo que derrumbé para escaparme.
Si puedo!

Así fui, y el tiempo se encargó del resto. Ese resto que ya no duele, ni carcome como ácido en los huesos y que alguna vez sentí.

El tiempo ha pasado por ti y me lo he ganado yo.
Me ha liberado de las sospechas y me ha hecho ser libre hacia ese horizonte de luz que esperé por años.

Y, traté...si traté, por tantos momentos de protegerte de los desvaríos, mas la ausencia se robó la intención y el tesón...lo siento.

La libertad, oh! Aquella indómita de ti mismo , dejó paso a lo que no tiene valor.

Por lo mismo , en valles de silencios me alejo de las guerras y batallas y las dejo atrás, porque todo ya está perdonado, dando paso a mi gloria.

Me elevo a las nubes para unirme con el sol que entibia mi rostro iluminándolo de los nuevos retoños que ya se gestan de su sonrisa.

Lentamente, retomo mi rumbo, el que dejé por las creencias del amor.

Sabía que fuiste destinado para equivocarte y encontrarte con la gran fuga vestida de vacío.

Estaba escrito en las venas de tu destino, ese que dejó de palpitar un día por las buenas intenciones y que hoy solamente se desgastó en tus propios engaños.

Siempre abandonarás las vivencias buenas y los sentimientos venidos del alma; puros y devotos.
Es tu esencia; sabía que fuiste destinado para dejar a la soledad habitar tu casa;es tu destino. .. ya no lo puedes revertir.

Mientras, yo descanso en la alegría de saberme en el remanso de la libertad, para abrir en una nueva iniciación mis alas.
Y lanzar a los demonios a sus cuevas de desgarros y lágrimas, para dejarme llevar por los vientos a los mares de leales vidas.

Lo merezco, porque ya, todo ha pasado; todo se ha perdonado


Agualuna




El árbol de los amigos

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices
por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.
Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar,
mas otras apenas vemos entre un paso y otro.
A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos. Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.
El primero que nace del brote es nuestro amigo papá y nuestra amiga mamá,
que nos muestra lo que es la vida.
Después vienen los amigos hermanos,
con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros.
Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien.

Mas el destino nos presenta a otros amigos,
los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino.
A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, de corazón.
Son sinceros, son verdaderos.
Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz.

Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón
y entonces es llamado un amigo enamorado.
Ese da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies.
Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo,
tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas.
Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro,
durante el tiempo que estamos cerca.
Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes,
aquellos que están en la punta de las ramas
y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.
El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas,
algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones.
Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron continúan cerca,
alimentando nuestra raíz con alegría.
Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino. Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad.
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única.
Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.
Habrá los que se llevarán mucho,
pero no habrán de los que no nos dejarán nada.
Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida
y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.