dijous, 24 de març del 2011

Pedro Calderón de la Barca

PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA
(1601-1681)

Nació en Madrid, el 17 de enero de 1600. Ángel Valbuena Prat, ante la falta de datos biográficos de este autor, dice que constituye “La biografía del silencio” y Menéndez Pelayo, agrega: “Vivió casi entero el Siglo XVII y es el autor que más fielmente lo personifica en su cultura”.
Estudió en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús, en Madrid, y luego, en la Universidad de Salamanca.
Todavía se suceden las opiniones de aceptación y rechazo de parte de la crítica, acerca de acciones violentas y un homicidio, atribuidos a Calderón, en defensa de un hermano suyo, como asimismo un hipotético viaje a Flandes, y algunas acciones militares en España.
En 1651 se ordenó Sacerdote.
Su obra, perteneciente al barroco español, fue editada durante su vida, en cinco etapas, en los años 1637, 1664, 1672 y 1677.
En 1681, envió al Duque de Veragua una carta en la cual menciona ciento diez obras. Hoy se reconocen como suyas, ciento veinte comedias, ochenta autos sacramentales y veinte piezas menores, entre sainetes, jácaras, entremeses y loas.
En sus obras teatrales hubo mucho cuidado de la técnica, con una acción central casi siempre acompañada de un episodio secundario que se entremezcla con el primero, haciendo difícil la comprensión.
Sus numerosos autos sacramentales son representaciones piadosas, donde concretiza los conceptos y abstracciones. La gracia es una dama de radiante belleza, igual que la justicia y la inocencia. La lascivia baila engalanada con sedas rojas, el entendimiento y el albedrío discuten con la mentira y el engaño. Los valores intelectuales toman así cuerpo, voz y gesto. Son ejemplos de este género: “La cena del rey Baltasar”, “Mística y real Babilonia”, “¿Quién hallará mujer fuerte?”, “La viña del Señor”, “La nave del mercader”, “La serpiente de metal”, “El valle de zarzuela”, “El sacro Parnaso”, “La vida es sueño”y “Lo que va de hombre a Dios”.
En sus dramas religiosos, encontramos dos clases de protagonistas:
Los criminales, no faltos de fe, sino entregados a todo tipo de vicios, pecados, crímenes y delitos, generalmente en contra de los valores sociales, pero por razones nobles. En algún momento son tocados por la Gracia Divina y obtienen la conversión. Son ejemplos de lo expuesto, “El purgatorio de San Patricio”, “La devoción de la Cruz”, “La fianza satisfecha”, “Caer para levantar” y “El esclavo del demonio”.
Por otro lado, hallamos los filósofos paganos, que iluminados por su razón desconfían del politeísmo, reconociendo al único Dios. Así sucede en “El José de las mujeres”.
En sus dramas filosóficos, dentro de los cuales su mayor exponente es “La vida es sueño”, se plantean temas como el del libre albedrío o la predestinación y las tensiones psicológicas.
Los dramas trágicos, como “Amar después de la muerte”, es un drama de venganza sobre un cuadro de puro amor. “El médico de su honra” es un cuadro de sombría inmolación en aras de un equivocado sentido de la honra. En “El mayor monstruo, los celos”, describe los furiosos celos de Herodes que, según Flavio Josefo, ordenó por dos veces dar muerte a su esposa Marienne, en caso de que él sucumbiese en su lucha contra Octavio y Marco Antonio. En toda la obra flota un espíritu semejante a la fatalidad griega. El horror se impone sobre los odios y amores de los protagonistas.
En “El Alcalde de Zalamea”, perfecciona el argumento de tres dramas de Lope de Vega: “Fuenteovejuna”, “Peribáñez” y “El mejor Alcalde, el rey”. Origina una situación dramática desarrollándola en un diálogo vivo y candente. Plantea un conflicto de honra, desde el punto de vista de la autoridad y la amistad, en un ambiente de diferentes posiciones sociales.
Entre sus comedias de intriga, podemos citar: “Mejor está que estaba” y “Peor está que estaba”, traducidas al inglés por Lord Bristol. También merecen nombrarse. “El astrólogo fingido”, “Guárdate del agua mansa”, “Casa con dos puertas mala es de guardar”, “Antes que todo es mi dama” y “la banda y la flor”.
En “la dama duende”, refiere las travesuras de Doña Ángela, viuda hermosa, joven y rica que vive en Madrid, en casa de sus hermanos, donde se aloja temporariamente un amigo de éstos, Don Manuel.
Falleció en Madrid, el 25 de mayo de 1681, mientras escribía sus últimos “Autos Sacramentales”, para la fiesta de Corpus Christi de aquel año.


Amistad



 Ser felices en la vida es lo más importante y lo mejor para crear felicidad es la amistad

Los amigos son como los taxis, cuando el tiempo se pone feo, es difícil encontrarlos

La esperanza en ocasiones, hace volverse loca a las personas.

Tener un amigo significa ser el quién soy, confiando del quién seré con el que está a mi lado.

La verdadera amistad es desinteresada, transparente y sincera.

Las minas van y vienen, los amigos no.

¿Qué es un amigo? Una sólo alma morando en dos cuerpos.

Amigos son ángeles que te dan alas cuando las tuyas no se acuerdan de cómo volar.

Para ser amigo del diablo no has de desear nada de él.

Amigos en la vida hay muchos, pero verdaderos solo unos pocos.

El amigo es aquel que aunque sople el viento no se mueve, que aunque no le trates bien ahí se queda, que aunque te enfades, a pesar de ello, siga regalándote una sonrisa cada día aunque las cosas se pongan feas.

Cuando tienes una amigo, lo tratas con respeto, cuando tienes un colega, abusas en exceso

La amistad es tener a alguien con quien compartir el cielo.

Las amigas que se quieren se hieren con la verdad para no destruirse con la mentira...

La verdadera amistad nace cuando desaparece el interés.

La Amistad es como el mar, puede verse el principio pero nunca el final.

La amistad es virtud o esta acompañada de ella y la mueve hacia la Belleza.

No le eches el ramo al muerto, sino la flor al vivo.

No busques un amigo para matar las horas, búscale con horas para vivir.

La amistad es como un lucero, que siempre da luz al cielo.

Los amigos no existen, existen las amistades.

Un amigo es aquel que, sin precedentes, no se deja llevar por comentarios de la gente, es algo incondicional.

La cueva de la mora


Frente al establecimiento de baños de Fitero, y sobre unas rocas cortadas a pico, a cuyos pies corre el río Alhama, se ven todavía los restos abandonados de un castillo árabe, célebre en los fastos gloriosos de la reconquista por haber sido teatro de grandes y memorables hazañas, así por parte de los que lo defendieron como de los que valerosamente clavaron sobre sus almenas el estandarte de la cruz. De los muros no quedan más que algunos ruinosos vestigios; las piedras de la atalaya han caído unas sobre otras al foso y lo han cegado por completo; en el patio de armas crecen zarzales y matas de jaramago; por todas partes adonde se vuelven los ojos no se ven más que arcos rotos, sillares oscuros y carcomidos; aquí un lienzo de barbacana, entre cuyas hendiduras nace la yedra; allí un torreón que aún se tiene en pie como por milagro; más allá los postes de argamasa con las anillas de hierro que sostenían el puente colgante.

Durante mi estancia en los baños, ya por hacer ejercicio, que, según me decían, era conveniente al estado de mi salud, ya arrastrado por la curiosidad, todas las tardes tomaba entre aquellos vericuetos el camino que conduce a las ruinas de la fortaleza árabe y allí me pasaba las horas y las horas escarbando el suelo por ver si encontraba algunas armas, dando golpes en los muros para observar si sonaba a hueco y sorprender el escondrijo de un tesoro, y metiéndome por todos los rincones, con la idea de encontrar la entrada de alguno de esos subterráneos que es fama existen en todos los castillos de los moros.

Mis diligentes pesquisas fueron por demás infructuosas.

Sin embargo, uuna tarde en que, ya desesperanzado de hallar algo nuevo y curioso en los alto de la roca sobre la que se asienta el castillo,renuncié a subir a ella, y limité mi paseo a las orillas del río que corre a sus pies, andando a lo largo de la ribera, vi una especie de boquerón abierto en la peña viva y medio oculto por frondosos y espesísimos matorrales. No sin mi poquito de temor, separé el ramaje que cubría la entrada de aquello que me pareció cueva formada por la naturaleza y que, después que anduve algunos pasos, vi era un subterráneo abierto a pico.

No pudiendo penetrar hasta el fondo, que se perdía entre las sombras, me limité a observar cuidadosamente los accidentes de la bóveda y del piso, que me pareció que se elevaba formando como unos grandes peldaños en dirección a la altura en que se halla el castillo de que ya he hecho mención, y en cuyas ruinas recordé entonces haber visto una poterna cegada. Sin duda, había descubierto uno de esos caminos secretos, tan comunes en las obras militares de aquella época, el cual debió servir para hacer salidas falsas o coger, estando sitiados, el agua del río que corre allí inmediato.

Para cerciorarme de la verdad que pudiera haber en mis inducciones, después que salí de la cueva por donde mismo había entrado, trabé conversación con un trabajador que andaba podando unas viñas en aquellos vericuetos, y al cual me acerqué so pretexto de pedirle lumbre para encender un cigarrillo.

Hablamos de varias cosas indiferentes: de las propiedades medicinales de las aguas de Fitero, de la cosecha pasada y la por venir, de las mujeres de Navarra y el cultivo de las viñas; hablamos, en fin, de todo lo que al buen hombre se le ocurrió, primero que de la cueva, objeto de mi curiosidad.

Cuando, por último, la conversación recayó sobre este punto, le pregunté si sabía de alguien que hubiese penetrado en ella y visto su fondo.

—¡Penetrar en la cueva de la Mora! —me dijo, como asombrado al oír mi pregunta—. ¿Quien había de atreverse? ¿No sabe usted que de esa sima sale todas las noches un ánima?

—¡Un ánima! —exclamé yo, sonriéndome—. ¿El ánima de quién?

— El ánima de la hija de un alcaide moro que anda todavía penando por estos lugares, y se la ve todas las noches salir vestida de blanco de esa cueva, y llena en el río una jarrica de agua.

Por explicación de aquel buen hombre vine en conocimiento de que acerca del castillo árabe y del subterráneo que yo suponía en comunicación con él había alguna historieta, y como yo soy muy amigo de oír todas estas tradiciones especialmente de labios de la gente del pueblo, le supliqué me la refiriese, lo cual hizo, poco más o menos, en los mismos términos que yo, a mi vez, se la voy a referir a mis lectores.

II

Cuando el castillo, del que ahora sólo restan algunas informes ruinas, se tenía aún por los reyes moros, y sus torres, de las que no ha quedado piedra sobre piedra, dominaban desde lo alto de la roca en que tienen asiento todo aquel fertilísimo valle que fecunda el río Alhama, tuvo lugar junto a la villa de Fitero una reñida batalla, en la cual cayó herido y prisionero de los árabes un famoso caballero cristiano, tan digno de renombre por su piedad como por su valentía.

Conducido a la fortaleza y cargado de hierros por sus enemigos, estuvo algunos días en el fondo de un calabozo luchando entre la vida y la muerte, hasta que, curado casi milagrosamente de sus heridas, sus deudos le rescataron a fuerza de oro.

Volvió el cautivo a su hogar; volvió a estrechar entre sus brazos a los que le dieron el ser. Sus hermanos de armas y sus hombres de guerra se alborozaron al verle, creyendo llegada la hora de emprender nuevos combates; pero el alma del caballero se había llenado de una profunda melancolía, y ni el cariño paterno ni los esfuerzos de la amistad eran parte a disipar su estraña melancolía.

Durante su cautiverio logró ver a la hija del alcaide moro, de cuya hermosura tenía noticias por la fama antes de conocerla; pero que cuando la hubo conocido la encontró tan superior a la idea que de ella se había formado, que no pudo resistir a la seducción de sus encantos y se enamoró perdidamente de un objeto para él imposible.

Meses y meses pasó el caballero forjando los proyectos más atrevidos y absurdos: ora imaginaba un medio de romper las barreras que lo separaban de aquella mujer, ora hacía los mayores esfuerzos por olvidarla, y ya se decidía por una cosa, ya se mostraba partidario de otra absolutamente opuesta, hasta que, al fin, un día reunió a sus hermanos y compañeros de armas, hizo llamar a sus hombres de guerra y, después de hacer con el mayor sigilo todos los aprestos necesarios, cayó de improviso sobre la fortaleza que guardaba a la hermosura objeto de su insensato amor.

Al partir a esta expedición, todos creyeron que sólo movía a su caudillo el afán de vengarse de cuanto le habían hecho sufrir arrojándole en el fondo de sus calabozos; pero después de tomada la fortaleza, no se ocultó a ninguno la verdadera causa de aquella arrojada empresa, en que tantos buenos cristianos habían perecido para contribuir al logro de una pasión indigna.

El caballero, embriagado en el amor que, al fin, logró encender en el pecho de la hermosísima mora, no hacía caso de los consejos de sus amigos, ni paraba mientes en las murmuraciones y las quejas de sus soldados. Unos y otros clamaban por salir cuanto antes de aquellos muros, sobre los cuales era natural que habían de caer nuevamente los árabes, repuestos del pánico de la sorpresa.

Y, en efecto, sucedió así: el alcaide allegó de los lugares comarcanos y una mañana el vigía que estaba puesto en la atalaya de la torre bajó a anunciar a los enamorados amantes que por toda la sierra que desde aquellas rocas se descubre se veía bajar tal nublado de guerreros, que bien podía asegurarse que iba a caer sobre el castillo la morisma entera.

La hija del alcaide se quedó al oírlo pálida como la muerte; el caballero pidió sus armas a grandes voces y todo se puso en movimiento en la fortaleza. Los soldados salieron en tumulto de sus cuadras; los jefes comenzaron a dar órdenes; se bajaron los rastrillos, se levantó el puente colgante y se coronaron de ballesteros las almenas.

Algunas horas después comenzó el asalto.

El castillo podía llamarse con razón inexpugnable. Solo por sorpresa, como se apoderaron de él los cristianos, era posible rendirlo. Resistieron, pues, sus defensores una, dos y hasta diez embestidas.

Los moros se limitaron, viendo la inutilidad de sus esfuerzos, a cercarlo estrechamente para hacer capitular a sus defensores por hambre.

El hambre comenzó, en efecto, a hacer estragos horrorosos entre los cristianos; pero sabiendo que, una vez rendido el castillo, el precio de la vida de sus defensores era la cabeza de su jefe, ninguno quiso hacerle traición, y los mismos que habían reprobado su conducta juraron perecer en su defensa.

Los moros impacientes, resolvieron dar un nuevo asalto al mediar la noche. La embestida fue rabiosa, la defensa desesperada y el choque horrible. Durante la pelea, el alcaide, partida la frente de un hachazo cayó al foso desde lo alto del muro, al que había logrado subir con la ayuda de una escala, al mismo tiempo que el caballero recibía un golpe mortal en la brecha de la barbacana, en donde unos y otros combatían cuerpo a cuerpo entre las sombras.

Los cristianos comenzaron a cejar y a replegarse. En este punto la mora se inclinó sobre su amante, que yacía en el suelo, moribundo, y tomándolo en sus brazos con unas fuerzas que hacían mayores la desesperación y la idea del peligro, lo arrastró hasta el patio de armas. Allí tocó a un resorte, se levantó una piedra como movida de un impulso sobrenatural y por la boca que dejó ver al levantarse, desapareció con su preciosa carga y comenzó a descender hasta llegar al fondo del subterráneo.

III

Cuando el caballero volvió en sí, tendió a su alrededor una mirada llena de extravío, y dijo:

—¡Tengo sed! ¡Me muero! ¡Me abraso!

Y en su delirio precursor de la muerte, de sus labios secos, al pasar por los cuales silbaba la respiración sólo se oían salir estas palabras angustiosas:

—¡Tengo sed! ¡Me abraso! ¡Agua! ¡Agua!

La mora sabía que aquel subterráneo tenía una salida al valle por donde corre el río. El valle y todas las alturas que lo coronan estaban llenos de soldados moros, que, una vez rendida la fortaleza, buscaban en vano por todas partes al caballero y a su amada para saciar en ellos su sed de exterminio. Sin embargo, no vaciló un instante, y tomando el casco del moribundo, se deslizó como una sombra por entre los matorrales que cubrían la boca de la cueva y bajó a la orilla del río.

Ya había tomado el agua, ya iba a incorporarse para volver de nuevo al lado de su amante, cuando silbó una saeta y exhaló un grito.

Dos guerreros moros que velaban alrededor de la fortaleza habían disparados sus arcos en la dirección en que oyeron moverse las ramas.

La mora, herida de muerte, logró, sin embargo, arrastrarse a la entrada del subterráneo y penetrar hasta el fondo, donde se encontraba el caballero. Éste, al verla cubierta de sangre y próxima a morir, volvió en su razón y, conociendo la enormidad del pecado que tan duramente expiaban, volvió sus ojos al cielo, tomó el agua que su amante le ofrecía y, sin acercársela a los labios, preguntó a la mora:

—¿Quieres ser cristiana? ¿Quieres morir en mi religión y, si me salvo, salvarte conmigo?

La mora, que había caído al suelo desvanecida con la falta de sangre, hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, sobre la cual derramó el caballero el agua bautismal invocando el nombre del Todopoderoso.

Al otro día, el soldado que disparó la saeta vio un rastro de sangre a la orilla del río, y siguiéndolo entró en la cueva, donde encontró los cadáveres del caballero y su amada, que aún vienen por las noches a vagar por estos contornos.

  Gustavo Adolfo Bécquer

dimecres, 23 de març del 2011

Estar enamorado

 
Estar enamorado, amigos,
es encontrar el nombre justo de la vida.
 
Es dar al fin con la palabra
que para hacer frente a la muerte se precisa.
 
Es recobrar la llave oculta
que abre la cárcel en que el alma está cautiva.
 
Es levantarse de la tierra
con una fuerza que reclama desde arriba.
 
Es respirar el ancho viento
que por encima de la carne se respira.
 
Es contemplar desde la cumbre
de la persona la razón de las heridas.
 
Es advertir en unos ojos
una mirada verdadera que nos mira.
 
Es escuchar en una boca
la propia voz profunda­mente repetida.
 
Es sorprender en unas manos
ese calor de la perfecta compañía.
 
Es sospechar que, para siempre,
la soledad de nuestra sombra está vencida.
 
Estar enamorado, amigos,
es descubrir dónde se juntan cuerpo y alma.
 
Es percibir en el desierto
a cristalina voz de un río que nos llama.
 
Es ver el mar desde la torre
donde ha quedado prisionera nuestra infancia.
 
Es apoyar los ojos tristes
en un paisaje de cigüeñas y campanas.
 
Es ocupar un territorio
donde conviven los perfumes y las armas.
 
Es dar la ley a cada rosa
y al mismo tiempo recibirla de su espada.
 
Es confundir el sentimiento
con una hoguera que del pecho se levanta.
 
Es gobernar la luz del fuego
y al mismo tiempo ser esclavo de la llama.
 
Es entender la pensativa
conversación del cora­zón y la distancia.
 
Es encontrar el derrotero
que lleva al reino de la música sin tasa.
 
 Estar enamorado, amigos,
es adueñarse de las noches y los días.
 
Es olvidar entre los dedos
emocionados la cabeza distraída.
 
Es recordar a Garcilaso
cuando se siente la can­ción de una herrería.
 
Es ir leyendo lo que escriben
en el espacio las primeras golondrinas.
 
Es ver la estrella de la tarde
por la ventana de una casa campesina.
 
Es contemplar un tren que pasa
por la montaña con las luces encendidas.
 
Es comprender perfectamente
que no hay fron­teras entre el sueño y la vigilia.
 
Es ignorar en qué consiste
la diferencia entre la pena y la alegría.
 
Es escuchar a medianoche
la vagabunda confe­sión de la llovizna.
 
Es divisar en las tinieblas
del corazón una pe­queña lucecita.
 
 Estar enamorado, amigos,
es padecer espacio y tiempo con dulzura.
 
Es despertarse una mañana
con el secreto de las flores y las frutas.
 
Es libertarse de sí mismo
y estar unido con las otras criaturas.
 
Es no saber si son ajenas
o si son propias las lejanas amarguras.
 
Es remontar hasta la fuente
las aguas turbias del torrente de la angustia.
 
Es compartirla luz del mundo
y al mismo tiempo compartir su noche obscura.
 
Es asombrarse y alegrarse
de que la luna todavía sea luna.
 
Es comprobar en cuerpo y alma
que la tarea de ser hombre es menos dura.
 
Es empezar a decir siempre
y en adelante no volver a decir nunca.
 
Y es además, amigos míos,
estar seguro de tener las manos puras.
 
Gian Franco Pagliaro

Incoherencias

 
Yo tuve un ideal, ¿en dónde se halla?
Albergué una virtud, ¿por qué se ha ido?
Fui templario, ¿do está mi recia malla?
¿En qué campo sangriento de batalla
me dejaron así, triste y vencido?

¡Oh, Progreso, eres luz! ¿Por qué no llena
su fulgor mi conciencia? Tengo miedo
a la duda terrible que envenena,
y me miras rodar sobre la arena
¡y, cual hosca vestal, bajas el dedo!

¡Oh!, siglo decadente, que te jactas
de poseer la verdad, tú que haces gala
de que con Dios, y con la muerte pactas,
devuélveme mi fe, yo soy un Chactas
que acaricia el cadáver de su Atala...

Amaba y me decías: «analiza»,
y murió mi pasión; luchaba fiero
con Jesús por coraza, triza a triza,
el filo penetrante de tu acero.

¡Tengo sed de saber y no me enseñas;
tengo sed de avanzar y no me ayudas;
tengo sed de creer y me despeñas
en el mar de teorías en que sueñas
hallar las soluciones de tus dudas!

Y caigo, bien lo ves, y ya no puedo
batallar sin amor, sin fe serena
que ilumine mi ruta, y tengo miedo...
¡Acógeme, por Dios! Levanta el dedo,
vestal, ¡que no me maten en la arena! 
 
Amado Nervo 
 
 

Frases de Nietzsche


“Bendito sea el que olvida, porque a él pertenece el paraíso.”

“Bienaventurados sean los olvidadizos ya que vuelven a tropezar con la misma piedra.“

“Cuando se tienen muchas cosas que meter en él, el día tiene cien bolsillos.”

“Cuántos hombres se precipitan hacia la luz, no para ver mejor sino para brillar.”

“Hablando francamente, es preciso que nos encolericemos alguna vez para que las cosas marchen bien.”

“De nadie estamos más lejos que de nosotros mismos.”

“En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón.”

“El casarse es terminar una serie de pequeñas tonterías con una gran estupidez.”

“El cristianismo dio de beber veneno a Eros: éste, ciertamente, no murió, pero degeneró convirtiéndose en un vicio.”

“El gran estilo nace cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme.”

“El Hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza.”

“El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa.”

“El que niega su propia vanidad suele poseerla en forma tan brutal, que debe cerrar los ojos si no quiere despreciarse a sí mismo.”

“El remordimiento es como la mordedura de un perro en una piedra: una tontería.”

“El sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse.”

“Es inhumano bendecir cuando nos han maldecido.”

“Es necesario llevar en sí mismo un caos, para poner en el mundo una estrella danzante.”

“Es preferible morir a odiar y temer: es preferible morir dos veces a hacerse odiar y temer.”

“Fe significa no querer saber la verdad.”

“Haber hecho algo “inmortal” puede llevar a la perdición“

“Hay espíritus que enturbian sus aguas para hacerlas parecer profundas.”

“La buena memoria es a veces un obstáculo al buen pensamiento.”

“La crueldad es uno de los placeres más antiguos de la humanidad.”

“La decisión cristiana de considerar que el mundo es feo y malo ha hecho al mundo feo y malo.”

“La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido.”

“La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño.”

“La mujer comprende al niño mejor que el hombre, pero el hombre es más niño que la mujer.”

“La única diferencia entre Dios y yo es que yo existo.”

“La ventaja de tener mala memoria es que se goza muchas veces de las mismas cosas.”

“La vida es un instinto de desarrollo, de supervivencia, de acumulación de fuerzas, de poder.”

“Lo absurdo de una cosa no prueba nada contra su existencia, es más bien condición de ella.”

“Las personas que brindan su plena confianza creen por ello tener derecho a la nuestra. Es un error de razonamiento: los dones no dan derecho.”

“Lo que me entristece no es que me hayas mentido, sino que ya nunca más podré confiar en ti.”

“Lo que se hace por amor siempre acontece más allá del bien y del mal.”

“Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos.”

“No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada.”

“No es la fuerza de los nobles pensamientos sino su duración lo que hace superiores a los hombres.”

“No querer mortificar, no querer herir a nadie, puede ser lo mismo una muestra de justicia como de timidez.”

“No puedo creer en un Dios que quiera ser alabado todo el tiempo.”

“Olvida uno su falta después de haberla confesado a otro, pero normalmente el otro no la olvida.”

“Para muchos, lo abstracto es fuente de fastidio; para mi, en los buenos días, una intoxicación y una fiesta.”

“¡Preferible vivir en medio del hielo que entre virtudes modernas y otros vientos del sur!”.

“Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.”

“Quien siembra en el espíritu planta un árbol a larga fecha.”

“Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de enfrentar todos los comos.”

“Quien ve mal siempre ve demasiado poco; pero quien oye mal siempre oye demasiado.”

“Si solo se dieran limosnas por piedad, todos los mendigos hubieran muerto de hambre.”

“Sin música la vida sería un error.”

“Todo hábito hace nuestra mano más ingeniosa y nuestro genio más torpe.”

“Todo idealismo frente a la necesidad es un engaño.”

“Un filósofo casado es un personaje de comedia” (cit. en Brennot, Philippe, El genio y la locura[1]).

“Yo no soy un hombre, soy un campo de batalla.”

 

 

Hoy quiero decirte adiós

dimarts, 22 de març del 2011

Enigma

La esperanza de un sueño

Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol.
Muy cerca del camino se encontraba un chapulín. -Hacía dónde te diriges?, le preguntó.
Sin dejar de caminar, la oruga contestó: -Tuve un sueño, anoche soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.
Sorprendido, el chapulín dijo mientras su amigo se alejaba: -Debes estar loco!, Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? -Tú, una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.
Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.
De pronto se oyó la voz de un escarabajo: -Hacía dónde te diriges con tanto empeño?
Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante: -Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo.
El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo: -Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa.
El se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.
Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir. No lo lograrás jamás! -le dijeron-, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.
Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar. -Estaré mejor, fue lo último que dijo, y murió.
Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable.
Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos.
De pronto quedaron atónitos. Aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta.
Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arcoiris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: Una mariposa.
No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría. Se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. Todos se habían equivocado.
Dios nos ha creado para realizar un sueño, vivamos por él, intentemos alcanzarlo, pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos, quizá necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas y entonces, con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo lograremós.

El éxito de la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino.

Lo más grande

El castillo de Windsor
El castillo de Windsor es el castillo habitado más grande del mundo y el más antiguo en ocupación continua.

Ha sido el hogar de soberanos británicos por más de 900 años y en la actualidad es una de las residencias de la Reina Isabel II.

Sus viejos muros pueden contarnos miles de historias de palacio, guerras y conjuras, amores y pasiones. Un castillo de ensueño que en otra época fue un verdadero bastión militar.


                                El palacio más grande del mundo
 El palacio de Istana Nurul Iman es la residencia oficial del Sultán de Brunei, Hassanal Bolkiah. El palacio está situado en una zona frondosa, a orillas del río Brunei al sur de la capital, Bandar Seri Begawan, a pocoskilómetros del centro de la ciudad. Es el palacio residencial más grande del mundo. Fue diseñado por el arquitecto, Leandro V. Locsin y construido por la empresa filipina, Ayala Internacional.
A pesar de que el palacio permanece cerrado al público y existen pocas imágenes del mismo, el uso masivo de programas como Google Earth, han aumentado el conocimiento sobre el diseño y las dimensiones del palacio. Esas imágenes han permitido conocer la existencia de dos grandes edificios en el centro del palacio y cinco edificios más pequeños, a los alrededores del palacio.
Istana Nurul Iman contiene 1788 habitaciones, 257 cuartos de baño, y una superficie de 2’152,782 metros cuadrados. Cuenta además con 5 piscinas, un establo con aire acondicionado, donde se alojan cerca de 200 puras sangres del Sultán, garaje para 110 autos (bastante reducido si se considera que el Sultán es el mayor coleccionista de autos del mundo con más de 5,500 vehículos), un salón para banquetes, el mismo que puede dar cabida a 4000 invitados, y una mezquita que permite recibir 1500 personas. Tiene 18 ascensores.

El hotel más grande el mundo
El hotel más grande del mundo, el espectacular First World de Malasia, tiene más de 6.000 habitaciones y está enclavado cerca de Kuala Lumpur -la capital del país-, en la ciudad de Genting Highlands, un destino comparable con Las Vegas, por la amplia oferta de ocio y entretenimiento.

El hotel, está junto a la First World Plaza, que cuenta con una extensión de 152.000 metros cuadrados de parque temático interior, centro comercial y mucha oferta gastronómica.

En la entrada principal, una exuberante selva tropical le da la bienvenida a los privilegiados huéspedes, seguida por un espacioso patio en el vestíbulo, donde se encuentra la recepción.

El enorme edificio de colorida estética está compuesto por dos torres de 23 pisos cada una, donde se distribuyen un total de 6.118 habitaciones, centros comerciales, restaurantes, bares, casinos, lujosas tiendas y hasta un parque temático, entre otras atractivas propuestas destinadas al esparcimiento.

En la lista de los hoteles más grandes del mundo se encuentran, además del Genting Highlands, el MGM Las Vegas (5.044 habitaciones); Wynn Las Vegas / Encore Las Vegas (4.750 habitaciones), Luxor Las Vegas (4408 habitaciones), Mandalay Bay / THEHotel Las Vegas (4.332 habitaciones), Ambassador City Jomtien Thailand (4.210 habitaciones), Excalibur Las Vegas (4.008 habitaciones), Bellagio Las Vegas (3.993 habitaciones) y el Circus Circus Las Vegas (3.774 habitaciones).

Nocturno (a Rosario)

¡Pues bien!, yo necesito decirte que te adoro,
decirte que te quiero con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto, y al grito en que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.

Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido de tanto no dormir;
que están mis noches negras, tan negras y sombrías,
que ya se han muerto todas las esperanzas mías,
que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir.

De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver,
camino mucho, mucho, y al fin de la jornada,
las formas de mi madre se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer.

Comprendo que tus besos jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás;
y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos,
bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos te quiero mucho más.

A veces pienso en darte mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo y el alma no te olvida,
¿qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida,
qué quieres tú que yo haga con este corazón?

Y luego que ya estaba concluido el santuario,
tu lámpara encendida, tu velo en el altar,
el sol de la mañana detrás del campanario,
chispeando las antorchas, humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar...

¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre y amándonos los dos;
tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma, los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros mi madre como un Dios!

¡Figúrate qué hermosas las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así!
Y yo soñaba en eso, mi santa prometida;
y al delirar en eso con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno por ti, no más por ti.

Bien sabe Dios que ese era mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos cuando me vio nacer!

Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo que existe entre los dos,
¡adiós por la vez última, amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,mi juventud, adiós!

Manuel Acuña


A Blas de Otero


Blas de Otero

Amigo Blas de Otero: Porque sé que tú existes,
y porque el mundo existe, y yo también existo,
porque tú y yo y el mundo nos estamos muriendo,
gastando nuestras vueltas como quien no hace nada,
quiero hablarte y hablarme, dejar hablar al mundo
de este dolor que insiste en todo lo que existe.

Vamos a ver, amigo, si esto puede aguantarse:
El semillero hirviente de un corazón podrido,
los mordiscos chiquitos de las larvas hambrientas,
los días cualesquiera que nos comen por dentro,
la carga de miseria, la experiencia —un residuo—,
las penas amasadas con lento polvo y llanto.

Nos estamos muriendo por los cuatro costados,
y también por el quinto de un Dios que no entendemos.
Los metales furiosos, los mohos del cansancio,
los ácidos borrachos de amarguras antiguas,
las corrupciones vivas, las penas materiales...
todo esto —tú sabes—, todo esto y lo otro.

Tú sabes. No perdonas. Estás ardiendo vivo.
La llama que nos duele quería ser un ala.
Tú sabes y tu verso pone el grito en el cielo.
Tú, tan serio, tan hombre, tan de Dios aun si pecas,
sabes también por dentro de una angustia rampante,
de poemas prosaicos, de un amor sublevado.

Nuestra pena es tan vieja que quizá no sea humana:
ese mugido triste del mar abandonado,
ese temblor insomne de un follaje indistinto,
las montañas convulsas, el éter luminoso,
un ave que se ha vuelto invisible en el viento,
viven, dicen y sufren en nuestra propia carne.

Con los cuatro elementos de la sangre, los huesos,
el alma transparente y el yo opaco en su centro,
soy el agua sin forma que cambiando se irisa,
la inercia de la tierra sin memoria que pesa,
el aire estupefacto que en sí mismo se pierde,
el corazón que insiste tartamudo afirmando.

Soy creciente. Me muero. Soy materia. Palpito.
Soy un dolor antiguo como el mundo que aún dura.
He asumido en mi cuerpo la pasión, el misterio,
la esperanza, el pecado, el recuerdo, el cansancio,
Soy la instancia que elevan hacia un Dios excelente
la materia y el fuego, los latidos arcaicos.

Debo salvarlo todo si he de salvarme entero.
Soy coral, soy muchacha, soy sombra y aire nuevo,
soy el tordo en la zarza, soy la luz en el trino,
soy fuego sin sustancia, soy espacio en el canto,
soy estrella, soy tigre, soy niño y soy diamante
que proclaman y exigen que me haga Dios con ellos.

¡Si fuera yo quien sufre! ¡Si fuera Blas de Otero!
¡Si sólo fuera un hombre pequeñito que muere
sabiendo lo que sabe, pesando lo que pesa!
Mas es el mundo entero quien se exalta en nosotros
y es una vieja historia lo que aquí desemboca.
Ser hombre no es ser hombre. Ser hombre es otra cosa.

Invoco a los amantes, los mártires, los locos
que salen de sí mismos buscándose más altos.
Invoco a los valientes, los héroes, los obreros,
los hombres trabajados que duramente aguantan
y día a día ganan su pan, mas piden vino.
Invoco a los dolidos. Invoco a los ardientes.

Invoco a los que asaltan, hiriéndose, gloriosos,
la justicia exclusiva y el orden calculado,
las rutinas mortales, el bienestar virtuoso,
la condición finita del hombre que en sí acaba,
la consecuencia estricta, los daños absolutos.
Invoco a los que sufren rompiéndose y amando.

Tú también, Blas de Otero, chocas con las fronteras,
con la crueldad del tiempo, con límites absurdos,
con tu ciudad, tus días y un caer gota a gota,
con ese mal tremendo que no te explica nadie.
Irónicos zumbidos de aviones que pasan
y muertos boca arriba que no, no perdonamos.

A veces me parece que no comprendo nada,
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro.
Lo real me resulta increíble y remoto.
Hablo aquí y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro.
Sonámbulo transcurro sin memoria ni afecto,
desprendido y sin peso, por lúcido ya loco.

Detrás de cada cosa hay otra cosa que es la misma,
idéntica y distinta, real y a un tiempo extraña.
Detrás de cada hombre un espejo repite
los gestos consabidos, mas lejos ya, muy lejos.
Detrás de Blas de Otero, Blas de Otero me mira,
quizá me da la vuelta y viene por mi espalda.

Hace aún pocos días caminábamos juntos
en el frío, en el miedo, en la noche de enero
rasa con sus estrellas declaradas lucientes,
y era raro sentirnos diferentes, andando.
Si tu codo rozaba por azar mi costado,
un temblor me decía: «Ese es otro, un misterio.»

Hablábamos distantes, inútiles, correctos,
distantes y vacíos porque Dios se ocultaba,
distintos en un tiempo y un lugar personales,
en las pisadas huecas, en un mirar furtivo,
en esto con que afirmo: «Yo, tú, él, hoy, mañana»,
en esto que separa y es dolor sin remedio.

Tuvimos aún que andar, cruzar calles vacías,
desfilar ante casas quizá nunca habitadas,
saber que una escalera por sí misma no acaba,
traspasar una puerta —lo que es siempre asombroso—,
saludar a otro amigo también raro y humano,
esperar que dijeras —era un milagro—: Dios al fin escuchaba.

Todo el dolor del mundo le atraía a nosotros.
Las iras eran santas; el amor, atrevido;
los árboles, los rayos, la materia, las olas,
salían en el hombre de un penar sin conciencia,
de un seguir por milenios, sin historia, perdidos.
Como quien dice «sí», dije Dios sin pensarlo.

Y vi que era posible vivir, seguir cantando.
Y vi que el mismo abismo de miseria medía
como una boca hambrienta, qué grande es la esperanza.
Con los cuatro elementos, más y menos que hombre,
sentí que era posible salvar el mundo entero,
salvarme en él, salvarlo, ser divino hasta en cuerpo.

Por eso, amigo mío, te recuerdo, llorando;
te recuerdo, riendo; te recuerdo, borracho;
pensando que soy bueno, mordiéndome las uñas,
con este yo enconado que no quiero que exista,
con eso que en ti canta, con eso en que me extingo
y digo derramado: amigo Blas de Otero.


Gabriel Celaya


Eterna sombra


Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.

Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.

Sólo la sombra. Sin rastro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.

Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad del rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.

Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.

Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.

Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.

Soy una abierta ventana que escucha,
por donde ver tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

Miguel Hernández 

 

dilluns, 21 de març del 2011

Rafael Alberti

 RAFAEL ALBERTI
(1902-1999)

Poeta y dramaturgo español, nacido en El Puerto de Santa María(Cádiz). Inicialmente se dedicó a la pintura. Se trasladó a Madrid con su familia, y en 1924 se le concedió el Premio Nacional de Literatura por el primer libro que publicó, Marinero en tierra. Se trata de una obra de un refinado popularismo donde universaliza el mar, que llega a convertirse en un mito.
En 1926, apareció La amante, relato poético de un viaje en automóvil, al que sigue, al año siguiente, un nuevo libro de poemas, El alba del alhelí. Las tres obras se inscriben dentro de la tradición de los poetas anónimos del romancero y Garcilaso de la Vega, aunque con una sensibilidad de poeta vanguardista. En 1929, tuvo lugar un cambio importante en su poesía, cuando publicó Cal y canto, influido por Luis de Góngora y el ultraísmo. También de ese mismo año es Sobre los ángeles. Considerada su obra maestra, es una alegoría surrealista en la que los ángeles representan fuerzas dentro del mundo real. Producto de una intensa crisis personal relacionada con lo que el propio poetacalifica de "amor imposible" y los "celos más rabiosos", contiene imágenes que suponen altas cumbres poéticas. Sus tonos apocalípticos se prolongaron en Sermones y moradas (1930).

Su surrealismo le lleva a introducir asuntos personales en el ámbito de las  cuestiones históricas, lo que supuso en él una inclinación hacia el anarquismo, como demuestra su elegía Con los zapatos puestos tengo que morir, de 1930. Posteriormente se afilió al Partido Comunista español, y publicó,hasta 1937, un conjunto de libros que el autor denominó El poeta en la calle,aparecidos conjuntamente en 1938. También de la misma época son sus obras deteatro, entre las que destaca Fermín Galán (1931). Posteriormente, y de la  misma línea de carácter surrealista y político, escribió obrasteatrales y entre las más conocidas se encuentran El adefesio, de1944, y, de 1956, Noche de guerra en el Museo del Prado. Una nota que hay que destacar en este escritor andaluz es su afición taurina, que le ha llevado a realizar carteles taurinos, escribir muchos y destacados poemas sobre el tema, e incluso salir a los ruedos en la cuadrilla de Ignacio Sánchez Mejías.
Desde el exilio Con su compañera, la también escritora María Teresa León, se vio obligado a exiliarse después de la derrota de la República en la Guerra Civilespañola. Vivió en Argentina hasta 1962. A partir de ese año residióen Roma, y no regresó a España hasta 1977; fue elegido diputado por la provincia de Cádiz. El poeta recoge su vida durante los años de destierro en La arboleda perdida (1959 y 1987).

Entre la poesía no política de Alberti, posterior a 1939, destacan Entre el clavel y la espada, de 1941, y A la pintura, de 1948, un brillante intento de describir un arte en términos de otro. En Retornos de lo vivo lejano, de 1952, y Baladas y canciones del Paraná,libro de poemas publicado el año siguiente, incluye canciones muy cercanas a las de Marinero en tierra que ofrecen un universo nostálgico del que no está ausente la ironía. Algo que vuelve a ocurrir en el primer libro que publicó a su regreso a Europa, Roma,peligro de caminantes, de 1968. Al lado de estos poemarios, están los poemas más estrictamente políticos  inspirados por las circunstancias, como las muy conocidas Coplas de Juan  Panadero, de 1949, y La primavera de los pueblos, de 1961. Entre la producción de Alberti posterior a su regreso a España, cabe destacar el libro de carácter erótico Canciones para Altair, publicado en 1989. Ha recibido muchos premios y reconocimientos, entre ellos el Premio Lenin de la Paz, en 1966, y el Premio  Cervantes, en 1983. El 28 de octubre de 1999 falleció Rafael Alberti, el último exponente de la  generación del 27 y figura clave de la poesía española de todos los tiempos. Un  paro cardiorrespiratorio fue la causa de su muerte, cuando seencontraba en su  casa del Puerto de Santa María, en Cádiz, en la misma ciudad que le vio nacer  hace 96 años.

Por expreso deseo del poeta, sus restos mortales fueron incinerados y sus cenizas serán devueltas a las aguas de la Bahía de Cádiz, a la que tan estrechamente vinculadas han estado su vida y su obra. En el Puerto de Santa  María, localidad de la que era además alcalde honorario, se declararon tres días  de luto y se le rindió un homenaje popular.