dilluns, 14 de març del 2011

Amistad


Amigas no son aquellas que te hacen reír con mentiras, son aquellas que te hacen llorar con verdades

La mano de un amigo nunca pesa.

Un amigo es quien te comprende, te quiere y te respeta.

Amigo es la persona con la que puedes pensar en voz alta.

Los mejores amigos se conocen en las peores situaciones.

Los amigos son como los melones: para encontrar uno bueno hay que probar cien

Una amistad sin confianza es como una flor sin perfume.

Es más vergonzoso desconfiar de los amigos que ser engañado por uno de ellos.

Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta...

La comunicación es la base de toda relación sea amistosa o amorosa.

Acepta la ayuda que te ofrezcan pero no la perjudiques bajo ningún concepto.

Puede que no te lleves bien con los familiares, pero no permitas que te pase lo mismo con las amistades puesto que eres tu quien las eligió.

Un amigo fiel es la medicina de la vida.

Un amigo no es aquél que te apoya, ayuda y está contigo en los malos momentos, sino quién estos evita.

Nunca dejes escapar un amigo, te necesita seguro.

La amistad es un don que se consigue con simpatía, hay amigos que no se consiguen todos los días

No nos quejemos de nuestras malas amistades, pues somos nosotros quienes los elegimos, y eso es lo que debemos valorar.

La confianza corrompe la amistad, el mucho contacto la consume, el respeto la conserva.

Un amigo es aquel que te coge de la mano, y te esta tocando el corazón

Un amigo es aquel que entra cuando todo el mundo sale.

Cuando un amigo te pida dinero, piensa que quieres perder: el amigo o el dinero.

diumenge, 13 de març del 2011

Por un amor



El amor, el amor, el amor…
cuantas canciones nos hace cantar,
en cuantas cosas nos hace creer,
cuantas historias nos hace contar.

El amor, el amor, el amor…
como nos hace rejuvenecer,
cuantas montañas nos hace escalar,
cuantos temores nos hace vencer.

El amor, el amor, el amor…
en cuantos puertos nos hace atracar,
en cuantas islas nos hace vivir,
y en cuantos mares naufragar…El amor.

Por un amor... quien no se sintió morir,
quien no se sintió nacer,
morir, nacer más de una vez.
Por un amor... quien no dio todo de si,
quien no se olvido de si,
de su mañana y de su ayer.
Por un amor, por un amor, por un amor,
por un amor, por un amor, por un amor,
yo daría una vez más mi corazón…Mi libertad.

El amor, el amor, el amor…
cuantas palabras nos hace decir,
cuantas promesas nos hace romper,
cuantas mentiras nos hace escribir.

El amor, el amor, el amor…
en cuantos pozos nos hace caer,
en cuantos huertos nos hace robar,
y en cuantos bosques nos hace perder.

El amor, el amor, el amor…
cuando te falta no puedes dormir,
cuando lo tienes no sabes que hacer,
cuando te deja te hace sufrir.

Por un amor... quien no se sintió morir,
quien no se sintió nacer,
morir, nacer más de una vez.
Por un amor... quien no dio todo de si,
quien no se olvido de si,
de su mañana y de su ayer.
Por un amor, por un amor, por un amor,
Por un amor, por un amor, por un amor,
Yo daría una vez más mi corazón…Mi libertad.


Gian Franco Pagliaro

Tú eres más



Vida mía,

miro el mundo con tus ojos y descubro

que es distinto, no es el mundo que veía

desde mi ventanal.

y también descubro que tú eres más,

más que el cielo y el mar. No exagero.

Hay más verde, más azul en tu mirada,

más colores, más paisajes en tu cuerpo,

que en todo lo que vi

y en tu boca hay fruta de un sabor tan dulce

que jamás comí

Un beso tuyo

me emociona, me conmueve más que todo,

más que un amanecer, más que un acto de fe

más que la flor nacida ayer, flor de mi vida.

Esta vida, este mundo, qué seria

sin tu alma, sin tu voz, sin tu sonrisa

sin tu juventud,

qué sería de mi y de esta vida mía

si no estuvieras tú. No te miento.

Lo que miro, lo que veo, no es más bello

de lo que siento aquí, aquí dentro de mi ...

y que cambió mi vida y esta vida mía.

 

Tú eres más que todo,

más que la verdad.

 

Más que el viento, más que el agua,

más que el fuego,

más que el oro, el poder y los gobiernos,

más que la libertad,

más que la razón, más que tantos cuentos

sobre el bien y el mal.

En un mundo

que te cierran los caminos y las puertas

me abriste el corazón,

con tus manos de amor,

sembraste la poesía

en mi y en esta vida mía.



Gian Franco Pagliaro




Dormir

¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo 
deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño 
es un estado de divinidad. 
El que duerme es un dios... Yo lo que tengo, 
amigo, es gran deseo de dormir. 

El sueño es en la vida el solo mundo 
nuestro, pues la vigilia nos sumerge 
en la ilusión común, en el océano 
de la llamada «Realidad». Despiertos 
vemos todos lo mismo: 
vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego, 
las criaturas efímeras... Dormidos 
cada uno está en su mundo, 
en su exclusivo mundo: 
hermético, cerrado a ajenos ojos, 
a ajenas almas; cada mente hila 
su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!) 

Ni el ser más adorado 
puede entrar con nosotros por la puerta 
de nuestro sueño. Ni la esposa misma 
que comparte tu lecho 
y te oye dialogar con los fantasmas 
que surcan por tu espíritu 
mientras duermes, podría, 
aun cuando lo ansiara, 
traspasar los umbrales de ese mundo, 
de tu mundo mirífico de sombras. 

¡Oh, bienaventurados los que duermen! 
Para ellos se extingue cada noche, 
con todo su dolor el universo 
que diariamente crea nuestro espíritu. 
Al apagar su luz se apaga el cosmos. 

El castigo mayor es la vigilia: 
el insomnio es destierro 
del mejor paraíso... 

Nadie, ni el más feliz, restar querría 
horas al sueño para ser dichoso. 
Ni la mujer amada 
vale lo que un dormir manso y sereno 
en los brazos de Aquel que nos sugiere 
santas inspiraciones. .. 
«El día es de los hombres; mas la noche, 
de los dioses», decían los antiguos. 

No turbes, pues, mi paz con tus discursos, 
amigo: mucho sabes; 
pero mi sueño sabe más... ¡Aléjate! 
No quiero gloria ni heredad ninguna: 
yo lo que tengo, amigo, es un profundo 
deseo de dormir...
Amado Nervo






El gigante egoista

Todas las tardes, a la salida de la escuela, los niños se habían acostumbrado a ir a jugar al jardín del gigante. Era un jardín grande y hermoso, cubierto de verde y suave césped. Dispersas sobre la hierba brillaban bellas flores como estrellas, y había una docena de melocotones que, en primavera, se cubrían de delicados capullos rosados, y en otoño daban sabroso fruto.
Los pájaros se posaban en los árboles y cantaban tan deliciosamente que los niños interrumpían sus juegos para escucharlos. -¡Qué felices somos aquí!- se gritaban unos a otros.
Un día el gigante regresó. Había ido a visitar a su amigo, el ogro de Cornualles, y permaneció con él durante siete años. Transcurridos los siete años, había dicho todo lo que tenía que decir, pues su conversación era limitada, y decidió volver a su castillo. Al llegar vio a los niños jugando en el jardín.
-¿Qué estáis haciendo aquí?- les gritó con voz agria. Y los niños salieron corriendo.
-Mi jardín es mi jardín- dijo el gigante. -Ya es hora de que lo entendáis, y no voy a permitir que nadie mas que yo juegue en él.
Entonces construyó un alto muro alrededor y puso este cartel:
Prohibida la entrada.
Los transgresores serán
procesados judicialmente.
Era un gigante muy egoísta.
Los pobres niños no tenían ahora donde jugar.
Trataron de hacerlo en la carretera, pero la carretera estaba llena de polvo y agudas piedras, y no les gustó.
Se acostumbraron a vagar, una vez terminadas sus lecciones, alrededor del alto muro, para hablar del hermoso jardín que había al otro lado.
-¡Que felices éramos allí!- se decían unos a otros.
Entonces llegó la primavera y todo el país se llenó de capullos y pajaritos. Solo en el jardín del gigante egoísta continuaba el invierno.
Los pájaros no se preocupaban de cantar en él desde que no había niños, y los árboles se olvidaban de florecer. Solo una bonita flor levantó su cabeza entre el césped, pero cuando vio el cartel se entristeció tanto, pensando en los niños, que se dejó caer otra vez en tierra y se echó a dormir.
Los únicos complacidos eran la Nieve y el Hielo.
-La primavera se ha olvidado de este jardín- gritaban. -Podremos vivir aquí durante todo el año.
La Nieve cubrió todo el césped con su manto blanco y el Hielo pintó de plata todos los árboles. Entonces invitaron al viento del Norte a pasar una temporada con ellos, y el Viento aceptó.
Llegó envuelto en pieles y aullaba todo el día por el jardín, derribando los capuchones de la chimeneas.
-Este es un sitio delicioso- decía. -Tendremos que invitar al Granizo a visitarnos.
Y llegó el Granizo. Cada día durante tres horas tocaba el tambor sobre el tejado del castillo, hasta que rompió la mayoría de las pizarras, y entonces se puso a dar vueltas alrededor del jardín corriendo lo más veloz que pudo. Vestía de gris y su aliento era como el hielo.
-No puedo comprender como la primavera tarda tanto en llegar- decía el gigante egoísta, al asomarse a la ventana y ver su jardín blanco y frío. -¡Espero que este tiempo cambiará!
Pero la primavera no llegó, y el verano tampoco. El otoño dio dorados frutos a todos los jardines, pero al jardín del gigante no le dio ninguno.
-Es demasiado egoísta- se dijo.
Así pues, siempre era invierno en casa del gigante, y el Viento del Norte, el Hielo, el Granizo y la Nieve danzaban entre los árboles.
Una mañana el gigante yacía despierto en su cama, cuando oyó una música deliciosa. Sonaba tan dulcemente en sus oídos que creyó sería el rey de los músicos que pasaba por allí. En realidad solo era un jilguerillo que cantaba ante su ventana, pero hacía tanto tiempo que no oía cantar un pájaro en su jardín, que le pareció la música más bella del mundo. Entonces el Granizo dejó de bailar sobre su cabeza, el Viento del Norte dejó de rugir, y un delicado perfume llegó hasta él, a través de la ventana abierta.
-Creo que, por fin, ha llegado la primavera- dijo el gigante; y saltando de la cama miró el exterior. ¿Qué es lo que vio?
Vio un espectáculo maravilloso. Por una brecha abierta en el muro los niños habían penetrado en el jardín, habían subido a los árboles y estaban sentados en sus ramas. En todos los árboles que estaban al alcance de su vista, había un niño. Y los árboles se sentían tan dichosos de volver a tener consigo a los niños, que se habían cubierto de capullos y agitaban suavemente sus brazos sobre las cabezas de los pequeños.
Los pájaros revoloteaban y parloteaban con deleite, y las flores reían irguiendo sus cabezas sobre el césped. Era una escena encantadora. Sólo en un rincón continuaba siendo invierno. Era el rincón más apartado del jardín, y allí se encontraba un niño muy pequeño. Tan pequeño era, no podía alcanzar las ramas del árbol, y daba vueltas a su alrededor llorando amargamente. El pobre árbol seguía aún cubierto de hielo y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía en torno a él.
-¡Sube, pequeño!- decía el árbol, y le tendía sus ramas tan bajo como podía; pero el niño era demasiado pequeño. El corazón del gigante se enterneció al contemplar ese espectáculo.
-¡Qué egoísta he sido- se dijo. -Ahora comprendo por qué la primavera no ha venido hasta aquí. Voy a colocar al pobre pequeño sobre la copa del árbol, derribaré el muro y mi jardín será el parque de recreo de los niños para siempre.
Estaba verdaderamente apenado por lo que había hecho.
Se precipitó escaleras abajo, abrió la puerta principal con toda suavidad y salió al jardín.
Pero los niños quedaron tan asustados cuando lo vieron, que huyeron corriendo, y en el jardín volvió a ser invierno.
Sólo el niño pequeño no corrió, pues sus ojos estaban tan llenos de lágrimas, que no vio acercarse al gigante. Y el gigante se deslizó por su espalda, lo cogió cariñosamente en su mano y lo colocó sobre el árbol. El árbol floreció inmediatamente, los pájaros fueron a cantar en él, y el niño extendió sus bracitos, rodeó con ellos el cuello del gigante y le besó.
Cuando los otros niños vieron que el gigante ya no era malo, volvieron corriendo y la primavera volvió con ellos.
-Desde ahora, este es vuestro jardín, queridos niños- dijo el gigante, y cogiendo una gran hacha derribó el muro. Y cuando al mediodía pasó la gente, yendo al mercado, encontraron al gigante jugando con los niños en el más hermoso de los jardines que jamás habían visto.
Durante todo el día estuvieron jugando y al atardecer fueron a despedirse del gigante.
-Pero, ¿dónde está vuestro pequeño compañero, el niño que subí al árbol?- preguntó.
El gigante era a este al que más quería, porque lo había besado.
-No sabemos contestaron los niños- se ha marchado.
-Debéis decirle que venga mañana sin falta- dijo el gigante.
Pero los niños dijeron que no sabían donde vivía y nunca antes lo habían visto. El gigante se quedó muy triste.
Todas las tardes, cuando terminaba la escuela, los niños iban y jugaban con el gigante. Pero al niño pequeño, que tanto quería el gigante, no se le volvió a ver. El gigante era muy bondadoso con todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y a menudo hablaba de él.
-¡Cuánto me gustaría verlo!- solía decir.
Los años transcurrieron y el gigante envejeció mucho y cada vez estaba más débil. Ya no podía tomar parte en los juegos; sentado en un gran sillón veía jugar a los niños y admiraba su jardín.
-Tengo muchas flores hermosas- decía, pero los niños son las flores más bellas.
Una mañana invernal miró por la ventana, mientras se estaba vistiendo. Ya no detestaba el invierno, pues sabía que no es sino la primavera adormecida y el reposo de las flores.
De pronto se frotó los ojos atónito y miró y remiró. Verdaderamente era una visión maravillosa. En el más alejado rincón del jardín había un árbol completamente cubierto de hermosos capullos blancos. Sus ramas eran doradas, frutos de plata colgaban de ellas y debajo, de pie, estaba el pequeño al que tanto quiso.
El gigante corrió escaleras abajo con gran alegría y salió al jardín. Corrió precipitadamente por el césped y llegó cerca del niño. Cuando estuvo junto a él, su cara enrojeció de cólera y exclamó:
- ¿Quién se atrevió a herirte?- Pues en las palmas de sus manos se veían las señales de dos clavos, y las mismas señales se veían en los piececitos.
-¿Quién se ha atrevido a herirte?- gritó el gigante. -Dímelo para que pueda coger mi espada y matarle.
-No- replicó el niño, pues estas son las heridas del amor.
-¿Quién eres?- dijo el gigante; y un extraño temor lo invadió, haciéndole caer de rodillas ante el pequeño.
Y el niño sonrió al gigante y le dijo:
-Una vez me dejaste jugar en tu jardín, hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el Paraíso.
Y cuando llegaron los niños aquella tarde, encontraron al gigante tendido, muerto, bajo el árbol, todo cubierto de capullos blancos.

 Oscar Wilde.


dijous, 10 de març del 2011

Don't you forget about me

Dos lenguas rojas de fuego

Dos rojas lenguas de fuego que,
a un mismo tronco enlazadas,
se aproximan, y al besarse
forman una sola llama;
dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca,
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan;
dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata;
dos jirones de vapor
que del lago se levantan
y al juntarse allá en el cielo
forman una nube blanca;
dos ideas que al par brotan,
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden,
eso son nuestras dos almas.

  Gustavo Adolfo Becquer




Hombre que mira a una muchacha




Para que nunca haya malentendidos
para que nada se interponga
voy a explicarte lo que mi amor convoca

tus ojos que se caen de desconcierto
y otras veces se alzan penetrantes y tibios
tienen tanta importancia que yo mismo me asombro

tus lindas manos mágicas
que te expresan a veces mejor que las palabras
tan importantes son que no oso tocarlas

y si un día las toco es solamente
para retransmitirte ciertas claves

tu cuerpo pendular
que duda en recibirse o entregarse
y es tan joven que enseña a pesar tuyo
es un dato del cual me faltan datos
y sin embargo ayudo a conocerlo

tus labios puestos en el entusiasmo
que dibuja palabras y promete promesas
son en tu imagen para mí los héroes
y son también el ángel enemigo

en mi amor estás toda o casi toda
me faltan cifras pero las calculo
faltan indicios pero los descubro

sin embargo en mi amor hay otras cosas
por ejemplo los sueños con que muevo la tierra
la pobre lucha que libré y libramos
los buenos odios esos que ennoblecen
el diálogo constante con mi gente
la pregunta punzante que me hicieron
las respuestas veraces que no di

en mi amor hay también corajes varios
y un miedo que a menudo los resume
hay hombres como yo que miran tras las rejas
a una muchacha que podrías ser vos

en mi amor hay faena y hay descanso
sencillas recompensas y complejos castigos
hay dos o tres mujeres que forman tu prehistoria
y hay muchos años demasiados años
de inventar alegrías y creerlas
después a pie juntillas

querría que en mi amor vieras todo eso
y que vos muchachita
con paciencia y cautela
sin herirme ni herirte
rescataras de allí la luna el río
los emblemas rituales
los proyectos de besos o de adioses
el corazón que aguarda pese a todo.

Mario Benedetti 

No siempre soy el mismo

 

 

No siempre soy el mismo
a veces soy yo, el que te quiere,
el que te mira y se enternece todavía,
el que camina pausado y nunca falta a una cita,
el que cumple al pie de la letra todos los roles
como un legado genealógico:
El padre, el esposo, el hijo, el trabajador,
el pastor y la oveja, el guardián del faro
que no abandona nunca su puesto,
el sensato, el responsable que tú quieres.



Otras veces soy el otro,
el que extraña mares de vida, puertos de amor,
islas de libertad, el eterno navegante, un cimarrón,
el que quiere todo y cambiar todo al mismo tiempo
y al mismo tiempo quiere estar en todas partes
como el aire, como el cielo,
la contracara de mí, el que no entiendes ni comprendes.



Algunas veces soy aquel,
el que se harta, el que no se aguanta a sí mismo,
el que siempre está a punto de mandar todo al carajo
y empezar de nuevo en ninguna parte,
el que no encuentra su lugar en el mundo,
el que aborrece a todo el mundo
y de paso a ti también, el eterno disconforme,
ese irascible que no soportas.


De vez en cuando soy aquel otro,
el indiferente, el que hace oído sordo a tus reclamos,
el exilado de sí mismo, el que anda por la vida
con su mirada abúlica, con su inercia a cuesta,
el que acepta las cosas así como vienen
indolentemente como un árbol a la orilla del río,
de vez en cuando soy ese hombre distante
al que tú tratas como a un extraño.
Pero tanto yo, como el otro, aquél y aquel otro
tenemos algo en común, te tenemos a ti
y todos, cada uno a su manera, te queremos
y en eso, Amor mío, nadie está en desacuerdo. 



Gian Franco Pagliaro

 

Sueño


 
Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.

Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía…
¡Ahora no te escaparás!

Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!

Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.

Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?

Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.

Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!
 
Antonio Machado 
 
 

Amistad (3)


No porque tu amigo tiene defectos lo dejaras pasar, sino fíjate en sus sentimientos, que son lo principal para la amistad verdadera.

Únicamente sabes lo importante que es un amigo cuando ya lo has perdido...

La amistad es un contrato por el cual nos comprometemos a hacer pequeños favores a los demás, para que los demás nos los hagan grandes.

La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas...

Amigo es aquel que para las buenas viene, y para las malas lo hace sin ser llamado.

La amistad es un legado de Dios para hacer nuestra carga más ligera.

Un amigo es un segundo yo.

La amistad beneficia siempre, el amor causa daño a veces.

Puedes censurar al amigo en confianza, pero debes alabarlo delante de los demás.

Un amigo es lo mejor que puedes tener.

La verdadera amistad es como la fluorescencia, se ilumina cuando todo está oscuro.

Los dolores de los amigos son los dolores propios, pero aunque duelan, es tu deber ayudarles a levantarse.

Un amigo es alguien muy difícil de conseguir, pero aunque no lo creas, hay alguien que siempre va a estar ahí.

El futuro no está escrito, pero por favor, créate uno bueno.

Los verdaderos amigos duran hasta el final, el resto, son etapas del pasado.

Un amigo no es aquel que te cuenta sus alegrías y sus penas, un amigo es aquel que las escucha, sufre, y aconseja.

Mientras se puede amar a quien no nos ama, no se puede ser amigo sin ser correspondido.

La amistad es difícil encontrar, si la tienes, cuídala mucho

La amistad es planta de lento crecimiento que debe sufrir y superar los embotes del infortunio antes de que sus frutos lleguen a completa madurez.

Un amigo es una luz brillando en la obscuridad.

Un amigo es aquel que al verte comportar como un idiota, no piensa que sea un estado permanente.


Refranes (B1)




Bachiller en artes, burro en todas partes
Bachiller en medicina, confunde el vino con la orina.
Bachiller, bala, chilla y sabe leer.
Baco, a muchos ha matado. Neptuno, a ninguno.
Baila Antón según le hacen el son.
Bailar con la más fea.
Bailar la pieza más larga con la moza más fea.
Bailar la trabajosa.
Bailar sin son, o es estar loco, o enorme afición.
Bailar sin son, o es gran fuerza o es gran afición.
Bailarines en cojos paran.
Baile que en burla empieza, acaba en boda.
Bailo bien y me echáis del corro.
Bailo bien, y echáis me del corro.
Baja acá, gallo, que estás encaramado.
Ballesta de amigo, recia de armar y floja de tiro.
Baños, hasta los cuarenta años.
Barba a barba, vergüenza se cata.
Barba de tres colores no la tienen sino traidores.
Barba espesa, honra, barba rala, deshonra.
Barba pone mesa que no pierna tiesa.
Barba remojada, medio afeitada.
Barbas mayores quitan menores.
Barbero, o loco o parlero.
Barco amarrado no gana flete.
Barco en varadero no gana dinero
Barco grande, ande o no ande.
Barco parado no gana flete
Barco sin cubierta, sepultura abierta.
Barco viejo, mal navega.
Barre la nuera lo que ve la suegra.
Barriga caliente, cabeza durmiente.
Barriga lisa no necesita camisa.
Barriga llena no cree en hambre ajena.
Barriga llena, aguanta trabajo.
Barriga llena, corazón contento.
Barriga llena, no cree en hambre ajena.
Barro y cal encubren mucho mal.
Bastante colabora quien no entorpece.
Bastante me ayuda quien no me estorba.
Bautizar es dar nombre, menos al vino que se lo quita.
Bebe agua de río por turbia que vaya, vive en la ciudad por mal que te vaya.
Bebe caldo, vive en alto, anda caliente y vivirás largamente.
Bebe el agua de tu fuente clara, y no busques la encenagada.
Bebe tras el caldo y vaya el médico al diablo.
Bebe vino y come queso, y sabrás que es eso.
Beber con medida alarga la vida.
Beber en Jerez cerveza, no cabe mayor simpleza.
Beber por lo ancho y dar de beber por lo estrecho.
Beber sudando agua fría, catarro o pulmonía.
Beber y comer, son cosas que hay que hacer.
Beber, hasta la hez.
Beber, para comer; y aun eso, sin exceso.
Beberás y vivirás.
Bebido el vino, perdido el tino.
Bebiendo con la bota, aunque bebas mucho, no se nota.
Bebo lo tinto, y meo lo claro
Beldad y hermosura, poco dura; más vale la virtud y la cordura.
Belleza es riqueza, o por ella empieza.Belleza sin talento, veleta sin viento.
Belleza y dinero, primero lo postrero.
Bendita la casa aquella que huele a antiguo toda ella.
Bendita la muerte cuando viene después de buen vivir.
Bendita sea el agua, por sana y por barata.
Bendita sea la herramienta; que pesa, pero alimenta.