dimecres, 23 de febrer del 2011

Rafael de León,


Rafael de León
(1908-1982)


Rafael de León y Arias de Saavedra, nació un jueves 6 de febrero del bisiesto 1908 en Sevilla, la actual capital de la región de Andalucía (España), en la misma calle en donde casi 34 años antes nació el conocido poeta Manuel Machado. Era el primogénito de la pareja formada por José de León y Manjón y de María Justa
Arias de Saavedra y Pérez de Vargas, condes de Gómara. A los pocos días de su nacimiento fue bautizado en la iglesia de la Magdalena, y le fueron impuestos los nombres de Rafael María, José, Jerónimo, Doroteo, Alberto, Melchor. Entre los vástagos de familias de la nobleza y la alta burguesía, era muy corriente
atiborrarles de una larga retahíla de nombres que llegaba hasta lo ridículo.
 
El año 1916 ingresa Rafael de León en el internado del colegio jesuita "San Luis Gonzaga" del Puerto de Santa María (Cádiz), pueblo natal del conocido poeta Rafael Alberti, con el que, por ser casi coetáneos coinciden en dicho colegio: Años antes, había pasado por allí el alumno Juan Ramón Jiménez, otro insigne poeta andaluz.Años más tarde, estudiaría en otros colegios privados de órdenes religiosas en las localidades andaluzas del Palo de Málaga y de Utrera (Sevilla). En el año 1926 inicia en la universidad de Granada, los estudios de la carrera de Derecho. Allí llegó a conocer a otro insigne poeta: Federico García Lorca, con quien entabla una buena amistad. Tiene Rafael, -a decir de algunos de sus estudiosos-, una impregnación del estilo poético de García Lorca que se rezuma a través de toda su obra.
En el año 1931 con la caída de la monarquía, se instala en España la II República, y el joven Rafael no parece que la recibe con hostilidad, a pesar de su procedencia de linajes propicios a la monarquia. Lo que sí quedó claro y se trasluce a través de su obra poética, la distancia crítica con la que observa al mundillo de la nobleza. Se cuenta de él -aunque no está bien confirmado- que llegó a escribir un himno a la
República.
No se conoció que Rafael ejerciera trabajo alguno relacionado con sus estudios universitarios, pues se dedicó a vivir de las holgadas rentas paternas, gastando sus dineros en asistir a los cafés cantantes y teatros de variedades de Sevilla. En estos ambientes se sentía Rafael "como pez en el agua" y allí fue haciendo amistades, participando del ambiente liberal y permisivo que concedía el nuevo régimen republicano. En esos ambientes fue donde conoció y colaboró con el letrista Antonio
García Padilla, alias "Kola", -padre de la conocidísima actriz y cantante Carmen Sevilla-, y de aquella relación surgieron algunas canciones conocidas. Como letrista, "Kola" no llegaba ni con mucho a la depurada calidad de Rafael; pero éste, aceptó
de buen grado el ser colaboradores en la firma de canciones, ya que de esa manera se le facilitaba la entrada, por la puerta grande, en ese mundillo hostil para un aristócrata, de la creación artística en los cabarets y salas de moda. Situación muy paralela a la que años más tarde repetiría con el autor teatral Antonio Quintero; y con los letristas Xandro Valerio y Ochaíta; los cuales co-firmaron muchas letras de canciones y algunas poesías con Rafael de León. No es el mismo caso de otro que firmó canciones con él; ya que se trata de Salvador Valverde, un poeta de calidad
nacido en Buenos Aires en el 1895 y muerto en esa misma capital en el 1975.
Por aquella época, estando cumpliendo el servicio militar en un regimiento de Sevilla, conoció a Conchita Piquer cuando actuaba en el Teatro Lope de Vega. Esta conocida canzonetista de la canción andaluza/española, puso voz a muchas de sus mejores creaciones de letras para la canción.
 
Al año siguiente, 1932, Rafael se traslada a Madrid bajo la influencia del gran músico sevillano Manuel Quiroga, que junto con el autor teatral Antonio Quintero, llegaría a formar el prolífico trío "Quintero, León y Quiroga" con el que tienen
registradas más de cinco mil canciones. Al producirse la guerra civil española, Rafael de León se encontraba en Barcelona; allí es encarcelado, como tantos otros del mundo de la farándula, toreros, cantantes, etc. acusado de monárquico o derechista. Y allí en la cárcel, quizás para hacer valer su condición de neutral o tal vez de simpatizante de la causa republicana; quizás por estricto sentido de la verdad, declara tener una buena amistad con destacados poetas republicanos como León Felipe; Federico García Lorca y Antonio Machado. 
Llegan luego los años de posguerra en los que Rafael continúa contactando con el universo de las varietés, que alimentados por los típicos aires de aquella dictadura, de nacionalismo a ultranza y bloqueo internacional, se prestan a la creación de un géneromuy influenciado del tipismo andaluz y que dio en llamarse "folklore español". El régimen dictatorial acogió de mil amores este género que ensalzaba con arte y exageración todo lo español. Es de aquella época triste y gris para la mayoría de los españoles, cuando nuestro poeta-letrista empieza a colaborar con los guiones de una cinematografía ramplona e impregnada también de un excesivo realzamiento del españolismo que tanto gustaba a la España oficial. Es de aquella época también, que bajo la influencia del concepto "hispanidad" se abrieron las fronteras españolas a las músicas que venían de los países hermanos de América. Y así llegaron los boleros y los tangos, muy bien acompañados de los valses peruanos, los sones cubanos y las rancheras y corridos mexicanos, que engancharon con facilidad en los gustos musicales españoles por tratarse de una cultura común. Así se vivió hasta que, por culpa del aperturismo empezaron a verse invadidas las emisoras de radio de unos ritmos extranjeros que nos llegabandesde Estados Unidos, país que acababa de descubrir la dictadura y la abrazaba sin muchos ascos gracias al incalculable regalo que le hacía el régimen franquista para que se adueñaran de un puñado de territorios estratégicos donde asentar sus bases militares. A partir de la década de los sesenta, cae la barreradel aislamiento cultural y muchos jóvenes antifranquistas junto a la progresía izquierdista, en actitud militante comienzan a despreciar ostensiblemente casi toda la música española e hispanoamericana y con ella el conocido estilo de la copla y de la canción andaluza que tan bien había representado el sello "Quintero, León & Quiroga". A partir de esa época, vienen unos años bajos para la obra de canciones y poesías de nuestro gran poeta Rafael de León, el cual un jueves madrileño frío y gris (9-12-82), muere nuestro insigne poeta en el más cruel olvido sin ni siquiera haberse llevado en vida la satisfacción de un merecido homenaje de cariño yagradecimiento a toda su importante y prolífica obra poética.
* * *
Rafael de León pertenece por derecho propio a la denominada "Generación del 27" de los poetas españoles, aunque un incomprensible olvido ha hecho que nunca figure en esa nómina. De ningún poeta español de este siglo que acaba, han sido tan
recitadas sus poesías y tan cantadas las letras de sus canciones, pero incomprensiblemente sigue siendo el gran ausente al hacer recuentos dentro del ámbito de la cultura popular española de posguerra.
La obra poética de Rafael de León, queda dividida en esos dos grandes apartados: poesías propiamente dichas, y
letras para canciones. En muchos casos unas y otras tienen un inconfundible parentesco por derivar, alimentarse o inspirarse las unas de las otras, o viceversa. En casi toda su obra, inspirada en ambientes muy típicos de Andalucía, queda reflejado el gracejo popular andaluz, indicado por las palabras en cursiva, para mejor entender que no pertenecen al correcto lenguaje español. Su primer libro de poesías
«Pena y alegría del amor» aparece publicado en 1941. Un segundo libro titulado «Jardín de papel» aparece el año 1943. Del mismo año se relata que aparece editado en Chile un tercer libro titulado «Amor de cuando en cuando», pero al no tener
certeza en España de su autenticidad, hay quien sospecha que se trata de una de tantas ediciones piratas que ha sufrido la obra de Rafael de León. De las colaboraciones del poeta a la hora de firmar su obras hemos de reseñar lo siguiente:
En colaboración con Antonio Quintero, las poesías «Profecía»; "Romance de la serrana loca" y miles de letras de canciones queharía inacabable esta biografía. En colaboración con Antonio García Padilla "Kola", las letras de las canciones: "Coplas"; "Arturo"; "Cinelandia"; "Cine sonoro"; "La Rajadesa";"La deseada"; "Manolo Reyes"; "Siempre Sevilla"; ...
En colaboración con el argentino Salvador Valverde, el conocidísimo cuplé "Bajo los puentes del Sena" escrito para ser estrenado por la cupletista Raquel Meyer; y las también conocidísimas "¡Ay, Maricruz!"; "María de la O"; "Triniá"; y la inolvidable "Ojos Verdes"; entre otras.  En colaboracióncon Ochaíta, la letra de la conocida canción: "Eugenia de Montijo"; y algunas pocas más.  En colaboración con el poeta Xandro Valerio, las letras de las más conocidas canciones: "Tatuaje" y "La Parrala".

Hacia el final de su dilatada carrera de letrista, escribió para los cantantes Nino Bravo, Raphael y Rocío Dúrcal; y una de sus letras ganó el primer premio del Festival de la Canción de Benidorm, el año 1965 bajo el título de "La luna de Benidorm".Casi todas sus letras fueron musicadas por el prolífico compositor
Manuel Quiroga, pero otras letras fueron musicadas por Juan Solano;Augusto Algueró y Manuel Alejandro.
 
El estilo de estrofa poética más abundantemente empleado es el del romance octosílabo; pero en algunas otras se pueden encontrar estrofas de seguidilla, soleá, copla, romancillo, redondilla, ymás raramente el soneto y la lira. Aunque tiene algunas poesías con versos alejandrinos y rima blanca (sin rima), su obra es en
general una rima de alta sonoridad ya que incluso en muchos de sus romances introduce la rima consonante. Del conjunto de la obra de Rafael de León, en esta página va la parte menos conocida pero de igual o mayor valía que las letras de canciones, en cuanto a la calidad, no así, claro está, en cuanto a la cantidad, que
le ganan por varios miles las canciones a las poesías. Junto a algunas de sus poesías más recitadas y conocidas por todos,hemos rescatado de algún cajón olvidado y tal vez cubiertas de polvo, otras poesías de parecida belleza que incomprensiblemente no han tenido tanto eco.
Muere el 9 de diciembre de 1982.

 

La sociedad



Imposible.


dimarts, 22 de febrer del 2011

"The Time Is Now"









VIRGINIA LABUAT



El fantasma sabio

Una mujer joven había caído muy enferma y estaba a punto de morir.
- Te quiero tanto, – le dijo a su marido
- No querría tener que dejarte.
- Pero si así ocurriera, no cambies nunca mi recuerdo por la compañía de otra mujer.
- Si lo haces, volveré en la forma de un fantasma.
- Seré para ti la causa de problemas sin fin.
Poco después la mujer fallecía. El marido respetó su último deseo durante los tres primeros meses, pero entonces conoció a una joven y se enamoró de ella. Pronto estaban prometidos en matrimonio.
La misma noche del compromiso, un fantasma se le apareció al hombre, acusándolo de no haber cumplido su promesa. Volvió la noche siguiente, y la otra. Parecía saberlo todo. Le contaba exactamente lo que había sucedido durante el día entre él y su nuevo amor. Siempre que hacía un regalo a su prometida, el fantasma se lo describía hasta el último detalle. Podía repetir incluso conversaciones enteras, y eso causaba tal molestia al novio que no podía dormir. Alquien le aconsejó que fuese a contar su problema a un maestro zen que vivía cerca del pueblo, y al fin, deseperado, el pobre hombre recurrió a él en busca de ayuda.
El maestro comentó:
- Tu anterior esposa se transformó en fantasma y se entera de todo cuanto haces. Cualquier cosa que hagas o digas, cualquier regalo que obsequies a tu prometida, ella lo sabe. Ha de ser un fantasma muy inteligente. Deberías sentirte orgulloso. La próxima vez que aparezca, haz un pacto con ella. Dile que, puesto que sabe tanto, no podrás ocultarle nada, y que si contesta a una pregunta, una sola, prometes romper tu compromiso y permanecer soltero el resto de tu vida.
El hombre preguntó:
- ¿Cuál es la pregunta que debo formular?
El maestro respondió:
- Coge un buen puñado de semillas de soja y pregúntale cuántos granos tienes exactamente en la mano. Si no puede contestar, sabrás que el fantasma era solo un producto de tu imaginación, y no volverá a molestarte.
La noche siguiente, cuando llegó el fantasma, el hombre lo aduló y le dijo que era un fantasma muy sabio, ya que lo sabía todo.
- Efectivamente, – le replicó el fantasma.
- Como sé también que fuiste a ver a ese maestro zen esta tarde.
El hombre sugirió:
- Ya que tanto sabes ¿dime cuántos granos tengo en esta mano?
No había allí ya ningún fantasma que pudiese responder a la pregunta.
Fuente: Carne de zen huesos de zen, antología de historias antiguas del budismo zen de Edaf

La cosa más bella


¿El día más bello?
Hoy

¿El obstáculo más grande?
El miedo

¿La raíz de todos los males?
El egoísmo

¿La peor derrota?
El desaliento

¿La primera necesidad?
Comunicarse

¿El misterio más grande?
La muerte

¿La persona más peligrosa?
La mentirosa

¿El regalo más bello?
El perdón

¿La ruta más rápida?
El camino correcto

¿El resguardo más eficaz?
La sonrisa

¿La mayor satisfacción?
El deber cumplido

¿Las personas más necesitadas?
Los padres

¿La cosa más fácil?
Equivocarse

¿El error mayor?
Abandonarse

¿La distracción más bella?
El trabajo

¿Los mejores profesores?
Los niños

¿Lo que más hace feliz?
Ser útil a los demás

¿El peor defecto?
El malhumor

¿El sentimiento más ruin?
El rencor

¿Lo más imprescindible?
El hogar

¿La sensación más grata?
La paz interior

¿El mejor remedio?
El optimismo

¿La fuerza más potente del mundo?
La fe

¿La cosa más bella de todo?
El Amor
 
Fuente: oración de la Madre Teresa de Calcuta 

Muero de ti


No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
 

Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
 

Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

Jaime Sabines 

José de Espronceda

 José de Espronceda
(1808-1842)
 José de Espronceda Delgado nació el 25 de marzo de 1808 en un
lugar situado cerca de Almendralejo (Badajoz) llamado Pajares
de la Vega, perteneciente a la región autónoma de Extremadura
(España). Le fueron impuestos los nombres de José Ignacio Javier
Oriol Encarnación. Su padre, Juan José Camilo de Espronceda y
Pimentel, militar. Su madre, María del Carmen Delgado y Lara.
Espronceda tuvo tres hermanos más, pero murieron al poco tiempo
de nacer.
El mismo año de su nacimiento, España sufrió la invasión del
ejército francés al mando del emperador Napoleón, y se desencadenó
la llamada Guerra de la Independencia. Durante sus primeros años
de vida, Espronceda experimentó el peregrinaje con su familia,
al compás de las vicisitudes de la campaña bélica, empapando
sus ojos infantiles de las grandes miserias y las efímeras
glorias que trae una guerra.
Hacia 1820 la familia de Espronceda se traslada a Madrid.
Al año siguiente se le concedió una plaza en la Academia de
Artillería de Segovia, a petición de su padre, plaza que él
nunca llegó a ocupar pues estudiaba humanidades en el colegio
de San Mateo, bajo la dirección de don Alberto Lista, gran poeta
romántico, lo que muy probablemente influyó en él para decidir su
inclinación hacia el estudio de las letras y hacia la ideología
liberal. En 1823 es ejecutado en la horca el militar liberal
Rafael de Riego y Núñez, por el régimen de la monarquía absolutista
regida por Fernando VII, suceso que fue presenciado por el joven
Espronceda. A los quince años, Espronceda fundó con otros jóvenes
una sociedad masónico-patriótica llamada «Los Numantinos» y él fue
su presidente. Cuando el régimen absolutista descubrió la existencia
de esta célula secreta, que se reunían en el sótano de una céntrica
calle madrileña, encarceló a todos sus miembros. Espronceda fue
condenado a cinco años de reclusión en un convento-prisión de
Guadalajara, pero a las pocas semanas y por influencia de su padre,
que ejercía de coronel, fue absuelto. En aquel convento-prisión
fue donde empezó a escribir el poema épico "El Pelayo", de corte
clásico. En 1826 emprende viaje a Lisboa desde Gibraltar, -colonia
inglesa del sur de Andalucía-, que por aquellos años reunía a gran
cantidad de liberales españoles.
En la capital portuguesa, Espronceda conoció a una joven de 16
años llamada Teresa Mancha, hija de un militar español emigrado
a Lisboa por sus ideas liberales. A finales de 1827 Espronceda
sale para Inglaterra, país donde existía gran número de emigrados
españoles. Tambíen sale para dicho país el militar Mancha con
toda su familia. De allí partiría para Holanda y al poco tiempo
hacia París, donde posiblemente combatió en las barricadas de
la revolución de julio de 1830, uno de cuyos triunfos fue
destronar a la monarquía absolutista de los Borbones.
De aquello saldría el primer monarca liberal-burgués, Luis Felipe
de Orleans. De allí, el poeta intenta pasar a España con una columna
de liberales al mando del guerrillero "Chapalangarra". Fracasaron
totalmente en el intento y nuestro poeta vuelve a París. De allí,
en 1831 se trasladó a Londres, donde la familia Mancha llevaban una
vida de honrada miseria. Cuando Espronceda regresa a Londres,
la situación de estrechez había conducido a Teresa a casarse con
Gregorio del Bayo, rico comerciante vizcaíno-español establecido
en Londres, quien le daba todo a su esposa, menos amor, puesto
que le llevaba muchos años. Al reencontrarse con su amado,
renació en Teresa el recuerdo de su amor en Lisboa, anidando
en ambos la idea de la fuga. Teresa tenía que ir a París con
su marido y allí la esperó Espronceda. En la noche del 15 de
octubre de 1831 ella abandonó el hotel donde se hospedaba y se
fugó con su amante. En 1833, acogiéndose a la amnistía general
a favor de todos los liberales emigrados, los amantes José y Teresa,
pasan a España, a vivir en Madrid, dejando este breve periodo en el
ánimo del poeta, imborrables recuerdos. Pero quien fue capaz de
abandonar a su esposo y a un hijo que había tenido en su matrimonio,
lo fue también al ir olvidando aquel amor e irlo sustituyendo por
caprichos de casquivana. El genio altanero de Espronceda tampoco
contribuyó a la paz del hogar, y así vino a suceder que Teresa
se fugara a Valladolid cierto día con un tal don Alfonso,
abandonando a Espronceda y a Blanca, la hija de ambos. El poeta
logra reunirse con ella en dicha ciudad, durando la reconciliación
poco tiempo, pues Espronceda es nuevamente perseguido por sus ideas
liberales y tiene que refugiarse en casa de un amigo. Teresa, siguió
llevando una vida inquieta, hasta que en 1839 murió de tuberculosis,
siendo enterrada de limosna en Madrid.
Después, Espronceda ingresa en el cuerpo de Guardias de Corps, pero
debido a la publicación de una poesía liberal-patriótica, es expulsado
a Cuéllar, pueblo de Castilla la Vieja, donde escribe su única novela:
"Sancho Saldaña o el castellano de Cuéllar" Vuelve a Madrid y llega a
ser diputado y fundador de varios periódicos de tendencia liberal o
democrática. En 1840 publica dos libros de poesías: "Poesías" y
"Diablo Mundo". Al año siguiente, es destinado a la embajada
española en Holanda. Al poco tiempo regresa a España, para ocupar
el cargo de diputado por la provincia de Almería, y en el año 1842,
un miércoles 25 de mayo, muere Espronceda a la edad de 34 años, como
consecuencia de una difteria a la laringe.
* * *
El estilo poético de José de Espronceda se incluye dentro del género
del romanticismo, corriente político-cultural europea perteneciente
a la primera mitad del siglo XIX. En su verso encendido y lleno de
evocaciones líricas y patrioticas, desde una optica liberal de ver
la vida, puede vislumbrarse el impetu juvenil con el que está escrita
toda su obra poética, que ha sido dividida en tres secciones:
El poema épico; las poesías líricas; sus obras dramáticas.
Entre las poesías líricas destacan "Canto a Teresa", intercalado
en "A Jarifa en una orgía"; "El Diablo Mundo"; "El verdugo";
"El mendigo"; "El sol"; "La Canción del Pirata"; el gran poema
"El Estudiante de Salamanca"; etc.. Por último, el grupo de sus
obras dramáticas, entre las que figuran "Blanca de Borbón", "Ni
el tío ni el sobrino", "Amor venga sus agravios".
Vivimos en una época de escepticismo, que presume de insensible,
racionalista y objetiva, sobre todo cuando se muestran sinceros
mensajes de un joven corazón exaltado y sensible como el de José
de Espronceda; y al ver cómo muy pocos vibran con ellos, se siente
que aumenta la simpatía por el príncipe de los románticos españoles. 

Refranes (10)

Al hombre de trato llano, gusta darle la mano.
Al hombre duro, lanza en mano y vino puro.
Al hombre enfadado dale de lado.
Al hombre harto, las cerezas le amargan.
Al hombre honrado, todo lo cuesta caro.
Al hombre hueco, sopa verde y almendro seco.
Al hombre inocente, Dios le endereza la simiente.
Al hombre jugador y al caballo corredor poco les dura el honor.
Al hombre le falta paciencia y a la mujer le sobra insistencia.
Al hombre listo y tunante, no hay quien le eche el pie delante.
Al hombre mayor, dale honor.
Al hombre osado, la fortuna le da la mano.
Al hombre pobre no le salen ladrones.
Al hombre se le mide de cejas para arriba.
Al hombre valiente, espada corta.
Al hombre y al oso, lo feo lo hace hermoso.
Al hombre, por el verbo, y al toro por los cuernos.
Al ingrato, con la punta del zapato.
Al invierno no se lo come el lobo.
Al lavar de los cestos haremos la cuenta.
Al leñador, caza, y al cazador leña.
Al lobo hay que matarlo en su propia madriguera.
Al loco y al aire, darles calle.
Al loco y al fraile, aire.
Al maestro, cuchillada presto.
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
Al mal cocinero le estorban hasta las cucharas.
Al mal encuentro, darle la mano y mudar asiente.
Al mal hecho, ruego y pecho.
Al mal pagador, más vale darle que prestarle.
Al mal pagador, plazo corto es lo mejor.
Al mal segador, la paja le estorba.
Al mal tiempo buena cara, y al hambre guitarrazos.
Al mal tiempo, alpargatas blancas.
Al marido, amarle como amigo y temerle como enemigo.
Al más chico muerde el perro.
Al mayor peligro, el mayor auxilio.
Al médico, confesor y letrado, no le traigas engañado.
Al mejor cazador se le va una liebre.
Al mejor cazador se le va viva la liebre.
Al mejor nadador se lo lleva el río.
Al mejor pastor, el lobo le roba una oveja.
Al miserable y al pobre todo les cuesta el doble.
Al molino y a la esposa, siempre le falta alguna cosa.
Al músico viejo le queda el compás.
Al niño besa quien besar a la madre quisiera.
Al niño y al mulo, en el culo.
Al padre, si fuere bueno, sírvele, y si malo, súfrele.
Al pagar dinero, pesar y duelo.
Al pan duro, duro con ello. Y al pan caliente, con aceite.
Al pan pan y al vino vino, y el gazpacho con pepino.
Al pan pan y al vino vino.
Al pan se arrima el perro.
Al papel y a la mujer, hasta el culo le has de ver.
Al pasar el río, vale más la cuerda que el trigo.
Al pasar San Antón, sastres al sol.
Al peligro, con tiempo, y al remedio, con tiento.
Al perro más desmedrado dan el mejor bocado.
Al perro que es traicionero, no le vuelvas el trasero.
Al perro y al gato no les pongas en el mismo plato.
Al perro, échale un hueso, y se amansará con eso.
Al pescado dormilón, se lo traga el tiburón.
Al pez, una vez.
Al pie del monte, se ahúma el capote.
Al pobre le falta un poco; al avaro, todo.
Al pobre no hay bien que no le falte ni mal que no le sobre.
Al pobre y al feo todo se le va en deseo.
Al potro que le alabe otro.
Al potro y al niño, con cariño.
Al principio y al fin, abril suele ser vil.
Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.
Al que bebe vino le huele el hocico.
Al que come bien el pan, es pecado darle carne.
Al que de ajeno se viste, en la calle lo desnudan.
Al que Dios ha de ayudar, sábele bien hallar.
Al que Dios se lo da que San Pedro se lo bendiga.
Al que es de muerte, el agua le es fuerte.
Al que es de vida, el agua le es medicina.
Al que esta borracho, todo el mundo le convida.
Al que fortuna lo viste, fortuna le desnuda.
Al que huye del trabajo, el trabajo le persigue.
Al que le caiga el sayo que se lo ponga.
Al que madruga Dios le ayuda.
Al que mucho se agacha, el culo se le ve.
Al que no fuma ni bebe vino, le huele la boca a niño.
Al que no usa bragas, las costuras le hacen llagas.
Al que nunca bebe vino no le fíes ni un comino.
Al que quiere saber, mentiras a él.
Al que se casa una vez, dan corona de paciencia; y al que dos, capirote de demencia.  


 

dilluns, 21 de febrer del 2011

Las Alas Son Para Volar


Cuando un niño empieza a dar sus primeros pasos es muy seguro que en algún momento caerá, aquí lo importante es transmitirle que los golpes son parte del aprendizaje pero que si insiste muy pronto hasta correrá.
 
Las Alas Son Para Volar....

... Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
—Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de olar, me parece que sería penoso que te limitaras a caminar, teniendo las alas que el buen Dios te ha dado. —Pero yo no sé volar –contestó el hijo.
—Es verdad... –dijo el padre y caminando lo llevó hasta el borde del abismo en la montaña.
—Ves, hijo, este es el vacío. Cuando quieras volar vas a pararte aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo y extendiendo las alas, volarás.
El hijo dudó:
—¿Y si me caigo?
—Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que te harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente le dijeron:
—¿Estás loco? ¿Para qué? Tu viejo está medio zafado...
¿Qué vas a buscar volando? ¿Por qué no te dejas de pavadas?
¿Quién necesita volar?
Los más amigos le aconsejaron:
—¿Y si fuera cierto? ¿No será peligroso? ¿Por qué no empiezas despacio?
Prueba tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?El joven escuchó el consejo de quienes lo querían. Subió a la copa de un árbol y, con coraje, saltó... Desplegó las alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas pero igual se precipitó a tierra...
Con un gran chichón en la frente, se cruzó con su padre:
—¡Me mentiste! No puedo volar. Probé y ¡mira el golpe que me di! No soy como tú. Mis alas sólo son de adorno.
—Hijo mío –dijo el padre— para volar, hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.
Es como para tirarse en un paracaídas. Necesitas cierta altura antes de saltar.
"Para volar hay que empezar corriendo riesgos. Si no quieres, quizás lo mejor sea resignarse y seguir caminando para siempre."

Se deja de querer


Se deja de querer...
y no se sabe por qué se deja de querer;
es como abrir la mano y encontrarla vacía
y no saber de pronto qué cosa se nos fue.

Se deja de querer...
y es como un río cuya corriente fresca ya no calma la sed,
como andar en otoño sobre las hojas secas
y pisar la hoja verde que no debió caer.

Se deja de querer...
Y es como el ciego que aún dice adiós llorando
después que pasó el tren,
o como quien despierta recordando un camino
pero ya sólo sabe que regresó por él.

Se deja de querer...
como quien deja de andar una calle sin razón, sin saber,
y es hallar un diamante brillando en el rocío
y que ya al recogerlo se evapore también.

Se deja de querer...
y es como un viaje detenido en las sombras
sin seguir ni volver,
y es cortar una rosa para adornar la mesa
y que el viento deshoje la rosa en el mantel.

Se deja de querer...
y es como un niño que ve cómo naufragan sus barcos de papel,
o escribir en la arena la fecha de mañana
y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.

Se deja de querer...
y es como un libro que aún abierto hoja a hoja quedó a medio leer,
y es como la sortija que se quitó del dedo
y solo así supimos... que se marcó en la piel.

Se deja de querer...
y no se sabe por qué se deja de querer. 

José Ángel Buesa 

Calçotada

Retrato


Esta es mi cara y ésta es mi alma: leed.
Unos ojos de hastío y una boca de sed...
Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe...
Calaveradas, amoríos... Nada grave,
Un poco de locura, un algo de poesía,
una gota del vino de la melancolía...
¿Vicios? Todos. Ninguno... Jugador, no lo he sido;
ni gozo lo ganado, ni siento lo perdido.
Bebo, por no negar mi tierra de Sevilla,
media docena de cañas de manzanilla.
Las mujeres... -sin ser un tenorio, ¡eso no!-,
tengo una que me quiere y otra a quien quiero yo.

Me acuso de no amar sino muy vagamente
una porción de cosas que encantan a la gente...
La agilidad, el tino, la gracia, la destreza,
más que la voluntad, la fuerza, la grandeza...
Mi elegancia es buscada, rebuscada. Prefiero,
a olor helénico y puro, lo "chic" y lo torero.
Un destello de sol y una risa oportuna
amo más que las languideces de la luna
Medio gitano y medio parisién -dice el vulgo-,
Con Montmartre y con la Macarena comulgo...
Y antes que un tal poeta, mi deseo primero
hubiera sido ser un buen banderillero.
Es tarde... Voy de prisa por la vida. Y mi risa
es alegre, aunque no niego que llevo prisa.

Manuel Machado


Refranes (9)


Al aguador, su cuba y no la borla del doctor.
Al alba del puerco, que da el sol a medio cuerpo.
Al alcornoque no hay palo que lo toque; menos la carrasca, que le Casca.
Al amigo cuando lo pruebas, a veces chasco te llevas.
Al amigo falso, tómelo el cadalso.
Al amigo que en apuro está, no mañana, sino ya.
Al amigo que es vicioso, tratarlo poco.
Al amigo que no es cierto, con guiño de tuerto.
Al amigo que no sea de ley, plántalo en lo del rey.
Al amigo reconciliado, con un ojo abierto y el otro cerrado.
Al amigo, nunca lo pruebes.
Al amo listo y avisado, nunca lo engaña el criado.
Al amo que honra, el criado bien le sirve.
Al asno no pidas lana.
Al asno rudo, aguijón agudo.
Al asno y al mulo, la carga al, culo.
Al asno, el palo, y a la mujer, el regalo.
Al avaro, es tristeza hablarle de largueza.
Al ave de paso, cañazo.
Al bien, buscarlo, al mal espantarlo.
Al bien, buscarlo; al mal, esperarlo.
Al bien, deprisa, y al mal, de vagar, te has de llegar.
Al buen amanecer no te lo dejes perder.
Al buen amar, nunca le falta que dar.
Al buen amigo lo prueba el peligro.
Al buen amigo, con tu pan y con tu vino; y al malo, con tu can y tu palo.
Al buen amigo, dale tu pan y dale tu vino.
Al buen corazón la fortuna le favorece.
Al buen día, métele en casa.
Al buen entendedor con pocas palabras basta.
Al buen jugador la pelota le viene.
Al buen pagador, no le duelen prendas.
Al buen segador, nunca se le olvida la hoz.
Al buen vino, buen tocino.
Al buen, regalo; al malo, palo.
Al bueno buscarás y del malo te apartarás.
Al bueno por amor y al malo por temor.
Al bueno, porque te honre, y al malo porque no te deshonre.
Al buey viejo múdale el pesebre y dejará el pellejo.
Al buey viejo no cates abrigo.
Al burro el palo y a la mujer el regalo.
Al burro muerto, la cebada al rabo.
Al burro viejo, la mayor carga y el peor aparejo.
Al caballo y al amigo no hay que cansarlos.
Al cabo de la jornada, no tener nada.
Al cabo de los años mil, vuelven las aguas por donde solían ir.
Al catarro, dale con el jarro.
Al cerdo mas ruin, la mejor bellota.
Al ciego no le aprovecha pintura, color, espejo ni figura.
Al cobre y al estaño, mucho paño.
Al comer chorizos, llaman buenos oficios.
Al comer de las morcillas, ríen la madre y las hijas y al pagar, todos a llorar.
Al comer, al tajadero, al cargar, al cabestrero.
Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.
Al conejo y al villano, despedazarlo con la mano.
Al cuco no cuques y al ladrón no hurtes.
Al desagradecido, desprecio y olvido.
Al descalabrado nunca le falta un trapo, que roto, que sano.
Al desdén con el desdén.
Al desdichado, poco le vale ser esforzado.
Al desganado, darle ajos.
Al destapar las cubas, se ve si es vino.
Al diablo y a la mujer, nunca les falta que hacer.
Al dolor de cabeza, el comer le endereza.
Al endeble todos se le atreven.
Al enemigo honrado, antes muerto que afrentado.
Al enemigo, ni agua.
Al enfermo que es de vida, el agua es medicina.
Al erizo, Dios le hizo.
Al espantado, la sombra le basta.
Al estudiante, el tabaco no le falte.
Al falso amigo, hazle la cruz como al enemigo.
Al flojo cavador, meterlo en medio, y grande azadón.
Al fraile mesurado, mírale de lejos y háblale de lado.
Al freír de los huevos lo veréis.
Al freír será el reír.
Al galán y la dama, el diablo los inflama, y la ocasión le hace la cama.
Al ganado esquilado manda Dios viento moderado.
Al gato goloso y a la moza ventanera, tápales la gatera.
Al gusto estragado, lo dulce le es amargo.
Al haragán y al pobre, todo le cuesta el doble.
Al herrero con barbas y a las letras con babas.
Al hijo de la hija, métele en la vedija; al de la nuera, dale pan y échale fuera.
Al hijo del herrero, de balde le machacan el hierro.
Al hijo del rico no le toques el vestido.
Al hombre afligido, no le des más ruido.
Al hombre aguado, mirarle de lado.
Al hombre casado, su mujer lo hace bueno o malo.
Al hombre de más saber una mujer sola le echa a perder.
Al hombre de rejo, vino recio.

Confianza


Mientras haya
alguna ventana abierta,
ojos que vuelven del sueño,
otra mañana que empieza.
Mar con olas trajineras
—mientras haya—
trajinantes de alegrías,
llevándolas y trayéndolas.
Lino para la hilandera,
árboles que se aventuren,
—mientras haya—
y viento para la vela.
Jazmín, clavel, azucena,
donde están, y donde no
en los nombres que los mientan.
Mientras haya
sombras que la sombra niegan,
pruebas de luz, de que es luz
todo el mundo, menos ellas.
Agua como se la quiera
—mientras haya—
voluble por el arroyo,
fidelísima en la alberca.
Tanta fronda en la sauceda,
tanto pájaro en las ramas
—mientras haya—
tanto canto en la oropéndola.
Un mediodía que acepta
serenamente su sino
que la tarde le revela.
Mientras haya
quien entienda la hoja seca,
falsa elegía, preludio
distante a la primavera.
Colores que a sus ausencias
—mientras haya—
siguiendo a la luz se marchan
y siguiéndola regresan.
Diosas que pasan ligeras
pero se dejan un alma
—mientras haya—
señalada con sus huellas.
Memoria que le convenza
a esta tarde que se muere
de que nunca estará muerta.
Mientras haya
trasluces en la tiniebla,
claridades en secreto,
noches que lo son apenas.
Susurros de estrella a estrella
—mientras haya—
Casiopea que pregunta
y Cisne que la contesta.
Tantas palabras que esperan,
invenciones, clareando
—mientras haya—
amanecer de poema.
Mientras haya
lo que hubo ayer, lo que hay hoy,
lo que venga. 

Pedro Salinas 


Antonio Machado

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Antonio Machado
(1875-1939)

En Sevilla nace en 1875 Antonio Machado y Ruiz, hijo de un estimable folclorista. En 1883 se traslada la familia a Madrid y Antonio, como sus otros hermanos, estudia en la Institución Libre de Enseñanza. Continúa el Bachillerato en los Institutos de San Isidro y Cisneros (aunque no lo terminaría hasta los 25 años). 

Al morir su padre en 1893 y su abuelo en 1895 sobrevienen dificultades económicas y Antonio empieza un trabajo como actor teatral. En 1899 se traslada - con su hermano Manuel - a París donde trabaja como traductor y entra en contacto con la vida literaria parisiense. Posteriormente, en una segunda estancia en París (1902) conoce a Rubén Darío, con quien le unen mutuos lazos de admiración.

La publicación de Soledades (1903) lo revela como poeta extraordinario.

En 1907 obtiene la cátedra de francés en el Instituto de Soria. Allí pasa una etapa fundamental de su vida. En 1909 se casa con Leonor Izquierdo, una muchacha de 16 años, aunque tres años después, en 1912, ésta fallece en Soria. Antonio, desesperado, abandona la ciudad castellana y se traslada a Baeza. No obstante su corazón queda en Soria.

En 1919 se traslada a Segovia donde desarrolla una intensa actividad de cultura popular. Es elegido miembro de la Real Academia Española en 1927. Conoce por entonces a Pilar Valderrama, la Guiomar de sus últimos poemas amorosos. Y en 1931 obtiene una cátedra en el Instituto Calderón, de Madrid (más tarde pasará al Instituto Cervantes).

En Madrid le sorprende la guerra. Firme partidario de la República, tiene que trasladarse a Valencia; en un pueblecito vecino, Rocafort, vive y escribe en defensa de su España, hasta 1938, en que va a Barcelona, para refugiarse al año siguiente en Francia con su madre. Ambos, muy enfermos, son acogidos en un hotelito de Collioure, donde el 22 de febrero de 1939 muere el poeta. 
Tres días después fallece su madre. 


 

Desde mi silencio

 
Soy más fuerte que mis brazos
y más débil que mi llanto;
más triste que mis suspiros,
más alegre que mi canto.
 
Soy la que tú no conoces:
la que vive sepultada
tras los labios y la piel,
tras la frente y la mirada.
 
Soy aquella que no has visto;
soy la que alienta escondida
entre los impenetrables
muros de su propia vida.
 
Pero detrás de mí misma,
desde mi silencio a voces,
soy la que he querido ser:
soy la que tú no conoces. 
 
             Dora Castellanos
 
 

Te amo


Fueron palabras cálidas, desnudas,
nunca escuchadas antes;
rompieron en mis jóvenes oídos
como brisa de abril en los pinares.
Me dijo: “Te amo”, y en sus manos tibias
se encendieron diez águilas reales,
volando sobre mí en círculos breves,
y se alteró mi sangre.
Le respondí: “Yo a ti”, en encogimiento
de malgastar una vez más la frase
tan suspendida en labios
de medio enamorados, medio amantes.
Y nació una tendencia
que arrastraron los años en su cauce.

Dije a algunas “Te quiero”,
y a pocas “Te amo”, siempre vacilante,
como si fuera a profanar un templo,
y temblaran mis pies en sus umbrales.

Tú estabas por nacer, pero vivías
dentro de mí, y yo ya empezaba a amarte;
y cada otra mujer era una sombra
proyectada por ti, fuego distante.

Y hoy, cuando al fin recalas en mi puerto,
de vuelta de otros mares,
rota la arboladura
de tanto capear los temporales,
hoy por primera vez suenan auténticas,
porque nacieron para ti radiantes,
cuando alguien me las dijo
y recibió en respuesta ambigüedades.
Tal vez opiné entonces
que era el amor, como pensé más tarde.
Hoy sé que eran reflejos, espejismos,
vientos perdidos en los olivares.
Como te digo “Te amo”,
antes que a ti no se lo he dicho a nadie. 

Francisco Alvarez Hidalgo 

T'estimo molt

Te deseo


Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado. Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.
Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien confiar sin dudar.
Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas. Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro.
Te deseo además que seas útil, mas no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.
Igualmente, te deseo que seas tolerante, no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia sirvas de ejemplo a otros.
Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.
Te deseo de paso que seas triste. No todo el año, sino apenas un día. Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.
Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.
Te deseo que acaricies un perro, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, sentirás bien por nada.
Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuantas vidas está hecho un árbol.
Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico, y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero
frente a ti y digas: “Esto es mío” sólo para que quede claro quién es el dueño de quién.
Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero que si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.
Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer, y que siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, hablen sobre amor para recomenzar.
Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo más nada que desearte.
Victor Hugo


diumenge, 20 de febrer del 2011

Si uno de los dos

Antes de explicarte
algunas cosas amor mío,
quiero que sepas que en el amor
como en la guerra, no hay nunca
vencedores ni vencidos.
Si uno de los dos pierde,
los dos perdemos;
si uno de los dos gana,
los dos ganamos;
cada fracaso mío te pertenece,
cada victoria tuya, me llena el alma.
si uno de los dos ama,
los dos amamos,
si uno de los dos odia,
los dos odiamos.
Es enemigo mío, quien te lastíma
y aquel que me hace daño, es tu enemigo.
 
No es solamente tuya tu sonrisa, no,
ni únicamente mía mi tristeza.
No es totalmente tuyo tu destino,
no es del todo mío mi camino,
no eres dueña de tu vida,
como yo tampoco soy dueño de mi mismo.
Desde que nos amamos, amor mío,
lo tuyo es mío, y lo mío es tuyo.
Tuyo y mío, como tiene que ser.
 
La lluvia cae sobre nuestro techo,
así, como el sol entra en nuestra casa.
El dolor a veces comparte nuestra mesa,
pero... ¡Cuanto Amor comparte nuestra cama!
Si la vida es buena conmigo,
no lo dudes, será buena contigo.
Que quede bien en claro...
Si uno de los dos pierde, los dos perdemos,
si uno de los dos gana, los dos ganamos.
 

La vasija de cristal

Allá en el lejano Tibet entre el silencio envolvente de un monasterio, un monje budista se disponía a recibir a los niños que se incorporaban como nuevos alumnos, procedentes de las familias que destinaban su primogénito para ingresar en la Secta Budista Roja.
Pensó en el discurso de bienvenida .Debería reflejar su nueva vida dentro de los muros del monasterio y servir de advertencia como guía de experiencias y emociones futuras. Decidió no emplear la palabra en sus enseñanzas sino la evidencia como demostración. Así, eligió una mesa donde colocó un gran recipiente de vidrio translúcido para identificar con la pureza del cristal la trasparencia de sus almas. Al lado puso tres cajas cerradas. Cuando los alumnos llegaron frente a la mesa , el monje se limitó a mirar sus caras de ojos tímidos a la vez que ávidos. El monje preguntó si observaban el recipiente vacío y tras la afirmación de los niños, abrió la primera caja para verter su contenido en el recipiente de cristal. Las piedras redondas como rollos de río llenaron la totalidad de la vasija hasta el borde. El maestro hizo ver que ya no era posible llenarlo más con estas piedras blancas. Seguidamente, tras abrir la segunda caja que contenía piedrecitas a modo de chinas, hizo la misma operación hasta rellenar los huecos del cristal que habían quedado libres entre los rollos de río. Volvió a preguntar a sus alumnos si podrían caber más chinas dentro del vidrio y, ante la negativa de sus cabezas rapadas, destapó el contenido de la última caja cuyos granos de arena ocuparon el espacio vacío hasta llenar el borde del recipiente.
¿Creéis posible que algo más quepa en la vasija de cristal?- preguntó el maestro budista ante su atenta mirada. La negativa fue la respuesta de los niños al ver que no quedaba ni un hueco libre y que no era posible incluir ni un solo grano más de la fina arena.
Entonces fue cuando el maestro mandó traer una jarra de agua, vertiendo su contenido que mojaba poco a poco los rollos, las chinas y la arena, hasta llenar el recipiente de cristal. Las sonrisas iluminaron los rostros de los nuevos alumnos al comprobar el ingenio y sabiduría del maestro que terminó su conciso discurso:
-Así debe ser vuestra vida, como el recipiente de cristal, limpio, claro y transparente. Además, día a día , habréis de llenarlo de contenido, pero sin invertir el orden de las cajas ya que si no sería imposible que todo ello cupiese dentro. Los rollos grandes representan las cosas importantes en el ser humano y serán las que ocupen lugar prioritario. Las chinas son también imprescindibles debiendo ocupar un segundo lugar en vuestros corazones. La arena no debe faltar, aunque represente cosas menos válidas - pero no intrascendentes - a lo largo de la vida.
Así ocuparéis vuestros días, meses y años … Cuando creáis que vuestro tiempo está totalmente aprovechado, pensad que aún hay cosas para llenar esos instantes aparentemente insignificantes y desperdiciados igual que el agua ocupó la totalidad del aire en la vasija de vidrio.

Soledad


Sentado en la puerta de mi cabaña
canto en voz baja.

La mañana, a mis pies,
me mira con sus puros ojos de doncella.
Por el camino ríen y cantan los enamorados.

¡Y nadie viene a acompañarme!

Sentado a la puerta de mi cabaña
sueño a las nubes.

El mediodía me contempla con sus quietos ojos.
En la floresta dorada se miran los amantes.

¡Y nadie viene a acompañarme!

Sentado a la puerta de mi cabaña callo, nostálgico.
La tarde me mira con sus ojos de cervato.

Hacía el río, en la penumbra morada,
se esfuman las parejas.

¡Y nadie viene a acompañarme!

Sentado a la puerta de mi cabaña
suspiro y estoy triste.

La noche me mira con sus ojos estrellados.
En el aire cálido palpitan
besos y caricias.

¡Y nadie viene a acompañarme.


Rabindranath Tagore


Querer con el alma


No preguntes pues ignoro la razón
sólo se que te quiero con el alma
que me das la paz, toda la calma
satisfecho ya luce el corazón

Es sonrisa iniciando la jornada
y estas ganas intensas de vivir
que no puedo ni quiero reprimir
es mi alma feliz y enamorada

Quizás fue la luz de tu mirada
ese brillo de tus ojos infidentes
o el antojo de sentir lo que tu sientes
y al final al olvido fue la nada

Hoy mi mente ya piensa en un futuro
objetivos certeros, trascendentes
un camino distinto, diferente
y cenizas el tiempo que fue duro

Ningo


Refranes (8)


Agua de lluvia, siempre delgada y nunca sucia.
Agua de manantial, no hay otra igual.
Agua de mayo, no cala el sayo.
Agua de mayo, pan para todo el año.
Agua de pozo y mujer desnuda, mandan al hombre a la sepultura.
Agua de primavera, si no es torrencial, llena la panera.
Agua de sierra y sombra de piedra.
Agua de turbión, en una parte pan y en otra non.
Agua del cielo no quita riego.
Agua detenida es mala para bebida.
Agua detenida, no debe ser bebida.
Agua en agosto quita aceite, pan y mosto.
Agua en agosto, azafrán, miel y mosto.
Agua en ayunas, o mucha o ninguna.
Agua en cesto se acaba presto.
Agua encharcada, hervida después de colada.
Agua es calentada, más presto es resfriada.
Agua esperé y tarde sembré, sabe Dios lo que cogeré.
Agua estancada no mueve molino.
Agua estancada, agua envenenada.
Agua estantía, renacuajos de día.
Agua fresca la da el jarro, no de plata sino de barro.
Agua fría y pan caliente, mata a la gente.
Agua hervida es media vida.
Agua limpia de fuente viva.
Agua mansa, traidora y falsa.
Agua no emborracha, ni enferma ni entrampa.
Agua no quebranta hueso.
Agua pasada no mueve molino.
Agua podrida, colada y hervida.
Agua por mayo, pan para todo el año.
Agua por San Juan, quita vino y no da pan.
Agua por Virgen de Agosto, quita aceite y agua el mosto.
Agua que a algo huele o a algo sabe, otro la trague.
Agua que corre, nunca mal coge.
Agua que haya de beber, no la enturbiaré.
Agua que huela, no la bebas.
Agua que no has de beber déjala correr.
Agua que pasa por muchos atanores, no es de las mejores.
Agua que va río abajo, arriba no ha de volver.
Agua tibia, media vida.
Agua trae en el cuerpo luna con cerco.
Agua turbia no hace espejo.
Agua vertida, mujer parida.
Agua y bailar, a hartar. Indica que el agua y la diversión nunca deben faltar.
Agua y luna, tiempo de aceituna.
Agua y sol, tiempo de caracol.
Agua, candela y la palabra de Dios, ningún hombre de bien las negó.
Agua, poca, y jamón, hasta la boca.
Agua, sol y basura, y menos libros de agricultura.
Aguadito para que rinda y saladito para que alcance.
Aguadores y taberneros, del agua hacen dineros.
Aguantando regañinas, se aprenden las artes finas.
Aguardiente, en tienda; y vino en taberna.
Aguarraditas de abril, unas ir y otras venir.
Aguas calmadas estropean los puentes.
Aguas de abril, vengan mil.
Aguja fina, saca la espina.
Aguja que doble, para sastre pobre.
Aguja, sastre y dedal, os darán por medio real.
Ahí esta la madre del cordero.
Ahí lo tienes, si te condenas, que te condenes.
Ahí si hay mucha tela de donde cortar.
Ahogarse hasta en un vaso de agua
Ahora adulador, mañana traidor.
Ahora al bueno le llaman tonto.
Ahora que tengo potro, pongo la vista en otro.
Ahora, hasta los escarabajos empinan la cola.
Ahorra, ahorrador para que gaste el gastado.
Ahorra, ahorrador, que ya vendrá el derrochador.
Ahorrar no es sólo guardar sino saber gastar.
Ahorrar y más ahorra, que contigo vive quien lo ha de gastar.
Aire cierzo, cuando llueve, ¡llueve de cierto!.
Aire colado, ha muchos ha matado.
Aire de Levante, agua delante.
Aire gallego, escoba del cielo.
Ajo ¿por qué no medraste?. Porque para san Martín no me sembraste.
Ajo curado y vino puro, pasan el puerto seguro.
Ajo hervido, ajo perdido.
Ajo que salta del mortero, ya no lo quiero.
Ajo sal y pimiento y lo demás es cuento.
Ajo y cebollino, para con vino.
Ajo y vino puro, y luego verás quien es cada uno.
Ajo, ¿por qué no fuiste bueno?. Porque no me halló San Martín puesto.
Ajo, cebolla, y limón, y déjate de inyección.
Ajo, sal, y pimiento, y lo demás es cuento.
Ajuar de la forastera: dos estacas y una estera.
Al acebuche no hay quien le luche.
Al afligido, su trabajo basta sin que otros le añadan
Al agradecido, más de lo pedido.



Perenne amor

Es perenne el amor que es verdadero
más allá del tiempo y la distancia
sin que importe razón o circunstancia
para siempre inmortal, como el lucero

Es cadena que nunca ha de romper
ni la muerte supera el sentimiento
vigoroso y bravío como el viento
es tibieza que no ha de fenecer

Sensación que sabes en la piel
que la llevas contigo de por vida
obstinada, la mente no la olvida
y en los labios el gusto de la miel

Pura magia, es única razón
es secuela natural del gran cariño
caprichoso y dulce como un niño
es memoria de un tiempo de pasión

Ningo